Teatro selecto, tomo 3 de 4 · Capítulo real 12 de 196
ESCENA PRIMERA
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
LAURA, CELIA _por una puerta, y por otra_ MARCELA Y SILVIA _con mantos_, HERRERA.
LAURA.
Tú seas muy bien venida A esta casa.
MARCELA.
Y tú seas, Amiga, muy bien hallada.
LAURA.
Con tal visita, ya es fuerza Que lo esté.
MARCELA.
Yo pienso ántes, Que te has de hallar mal con ella; Que vengo á darte cuidado.
LAURA.
Yo le tengo, hasta que sepa En qué te puedo servir.— Llega aquesas sillas, Celia, Que aquí estaremos mejor Que en el estrado.
HERRER.
Quisiera Saber á qué hora vendré.
MARCELA.
Al anochecer, Herrera, Podrá venir.
HERRER.
El sereno A esa hora tiene más fuerza.
_(Vase.)_
MARCELA.
Mi amiga eres, Laura hermosa, A quien dió naturaleza Noble sangre, claro ingenio; ¿Pues de quién con más certeza Me fiaré, que de quien es Mi amiga, noble y discreta?
LAURA.
Con tan grandes prevenciones La proposicion empiezas, Que ya, más que tú decirla, Estoy deseando saberla.
MARCELA.
¿Estamos solas?
LAURA.
Sí estamos.— Celia, salte tú allá fuera.
MARCELA.
No importa que Celia lo oiga.
LAURA.
Prosigue pues.
MARCELA.
Oye atenta. Mi hermano Don Félix, Laura, Por amistad que profesan Él y un noble caballero Desde sus edades tiernas, Le trajo á casa estos dias, Que Aranjuez, sagrada esfera Del cuarto Felipe, cifra La luz del cuarto planeta. Este hospedaje en efecto Fué con tan vana advertencia, Que para traerle á casa, La primer cosa que ordena Es, que retirada yo A un cuarto pequeño della, Les deje á los dos el mio, Y que tal recato tenga, Que escondida siempre dél, Ni alcance, Laura, ni entienda Que vivo en casa; que así (¡Mas qué accion tan poco atenta!) Pensó sanear la malicia De que Ocaña no dijera Que traia á casa un huésped Tan mozo, teniendo en ella Una hermana por casar: Y fué aquesto de manera, Que retirada á este cuarto Que te he dicho, áun una puerta Que sale al cuarto de Félix (Porque nunca presumiera Que habia mas casa), la hizo Cubrir con una antepuerta, Y por ella á aderezarle Sola Silvia sale y entra. Dejemos, pues, á Lisardo, Que, sin que jamás entienda Que hay mujer en casa, vive Con este descuido en ella; Dejemos tambien á Félix, Que con esto sólo piensa Que curó en salud el daño De que me hable y que me vea; Y vamos á mí, que viendo La prevencion con que intenta Mi hermano ocultarme, hice De la prevencion ofensa; Porque no hay cosa que tanto Desespere á la más cuerda, Como la desconfianza. ¡Cuánto ignora, cuánto yerra En esta parte el honor! Que es como el que olvidar piensa Una cosa, que el cuidado De olvidarla es quien la acuerda; Es como el que desvelado Se quiere dormir por fuerza, Que llamando al sueño, es El sueño quien le despierta; Y es como el que halla en un libro Borradas algunas letras, Que por sólo estar borradas, Le da más gana de lêrlas. Este recato, en efecto, En Félix mi hermano, esta Curiosidad, Laura, en mí, O este destino en mi estrella, Despertaron un deseo De saber si el huésped era, Como gallardo entendido, Cosa que quizá no hiciera A no habérmelo vedado; Que en fin la culpa primera De la primera mujer, Esto nos dejó en herencia. Y para poder mejor Hablarle, sin que supiera Quién era la que le hablaba, Fuí una mañana á esas huertas, Paso de Aranjuez, por donde Habia de pasar por fuerza. Llaméle pensando, Laura, Que el hablarle no tuviera Mayor empeño que hablarle Por curiosidad ó tema. Mas ¡ay, que es fácil la entrada, Cuanto difícil la vuelta Del más hermoso peligro! Dígalo el mar desde afuera, Convidando con la paz A cuantos á verle llegan, Cuando jugando las ondas Unas con otras se encuentran; Pues el que más confiado Pisó su inconstante selva Ese lloró más perdido La saña de sus ofensas. Yo así apacible juzgué El mar de amor; pero apénas Reconocí sus halagos, Cuando sentí sus violencias. Pensarás que este cuidado Sólo alcanza, sólo llega A hallarme hoy enamorada; Pues más mal hay que el que piensas Porque de amor y de honor Estoy corriendo tormenta. Hoy, pues, Lisardo á Don Félix (Que yo detras de la puerta, Que te he dicho, lo escuchaba) De todo le daba cuenta, Si (no importa declararme) No se lo estorbara Celia. Doblada quedó la hoja, Y temo que por las señas Del rostro, que ya me vió Lisardo, ó por la cautela Con que le hablé, ó por haber Seguídome hasta tan cerca De casa, puedan en Félix Moverse algunas sospechas; Y así, ántes que el discurso A enlazarse, Laura, vuelva, Me importa hablar á Lisardo, Para cuyo efecto queda Silvia ya con un papel, En que le digo que venga A verme á esta casa, donde Yo he de estar...
LAURA.
Detente, espera; Que has usado neciamente, Marcela, de la licencia De la amistad: pues primero Que á ese Lisardo escribieras, Ni á mi casa le llamaras, Debieras mirar, debieras Advertir desde la tuya, Los inconvenientes desta.
MARCELA.
Ya, Laura, los he mirado, Sin que corran por tu cuenta.
LAURA.
¿De qué manera? Si yo...
MARCELA.
Escucha de qué manera. Tu casa tiene dos cuartos, Y del uno cae la puerta A otra calle: á Silvia dije Que le trajese por ella; De suerte que entrando, Laura, Por donde saber no pueda, En fin, como forastero, Si es casa tuya, ¿qué arriesgas?
LAURA.
Arriesgo el que lo pregunte, Y lo que hoy no sabe, sepa Mañana, y piense que yo Soy la tapada.
MARCELA.
Que adviertas, Te pido, que yo he de estar De visita y descubierta, Como si fuera mi casa, Dentro de la tuya mesma.
LAURA.
Cuando el verte á tí me libre A mí con esa cautela, ¿Cómo me podré librar Del peligro de que venga Mi padre, y halle aquí un hombre?
MARCELA.
¿Luego ha de venir por fuerza Hoy, y luego han de cogernos En el primer hurto? Esta Fineza has de hacer por mí, Pues es tan digna fineza De tu sangre y mi amistad.
LAURA.
_(Ap.)_ ¡Oh quién decirla pudiera El tercer inconveniente, Pues no es el de menor pena Que acierte á venir Don Félix, Y me halle á mi hecha tercera De su hermana y de su amigo!