Teatro selecto, tomo 3 de 4 · Capítulo real 11 de 196

ESCENA X

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

CELIA, DON FÉLIX. — LAURA.

CELIA.

_(Ap. á D. Félix.)_ Fuera está de casa Fabio, Mi señor; el tiempo es este Mejor para entrar á hablarla.

D. FÉLIX.

Vida y ventura me ofreces.

CELIA.

Disimula que llamado De mí á entrar aquí te atreves.— ¿Señor Don Félix, qué es esto? ¿Cómo os entrais...

D. FÉLIX.

Celia, tente.

CELIA.

Hasta aquí?

D. FÉLIX.

Celia, por Dios, Que calles.

LAURA.

¿Qué ruido es ese?

CELIA.

¿Qué ha de ser? Que hasta esta sala Se ha entrado el señor Don Félix, Sin mirar, sin advertir, Que si acaso ahora viniese Mi señor, tú...

LAURA.

¿Caballero, Pues qué atrevimiento es este? ¿Cómo en mi casa, en mi cuarto, Os entrais de aquesta suerte?

D. FÉLIX.

Como quien morir desea Nada mira, nada teme; Y si mi muerte ha de ser Venganza de tus desdenes, Quiero morir á tus ojos, Por hacer feliz mi muerte.

LAURA.

_(A Celia.)_ Tú tienes la culpa desto.

CELIA.

¿Yo, señora?

LAURA.

Si tuvieses Cerrada esa puerta tú...

CELIA.

Cerrada estaba.

D. FÉLIX.

No tienes Que reñir á Celia, que ella De mi error ¿qué culpa adquiere? Yo sólo tengo la culpa; Ríñeme á mí solamente; Castígame solo á mí, Sino es ya que á reñir llegues A Celia, por la costumbre Con que la inocencia ofendes.

LAURA.

Dices bien; error es mio De que me he dejado siempre Llevar, pues no habiendo tú Escrito á Nise papeles, No habiendo entrado en su casa, Y no habiendo ella ido á verte A la tuya, yo cruel, Colérica é impaciente, Inocente te persigo, Que eres tú muy inocente. Y siendo así, que yo soy Tan desigual, tan aleve, Tan injusta, tan mudable, ¿Qué me buscas? ¿qué me quieres?

D. FÉLIX.

Sólo quiero persuadirte Al engaño que padeces De tus celos.

LAURA.

¿Quién te ha dicho Que yo tengo celos, Félix?

D. FÉLIX.

Tú misma te contradices.

LAURA.

¿De qué suerte?

D. FÉLIX.

Desta suerte. O tienes celos, ó no: Si dices que no los tienes, ¿Para qué finges enojos, Laura, de lo que no sientes? Si los tienes, ¿por qué, Laura, Desengañarte no quieres, Pues ninguno al desengaño Celoso la espalda vuelve? Luego para disculparme, O para satisfacerte, Si los tienes, has de oirme, O hablarme si no los tienes.

LAURA.

Si fuera argumento tal, Que negarse no pudiese, Quien está enojada está Celosa, muy sutilmente Arguyeras; mas si no Se sigue precisamente, Pues puedo estar enojada Sin que á estar celosa llegue, Ni yo tengo que escucharte, Ni tú que decirme tienes.

D. FÉLIX.

Pues, vive Dios, que has de oirme Antes que de aquí me ausente, Celosa ó quejosa.

LAURA.

¿Iráste Si te oigo?

D. FÉLIX.

Sí.

LAURA.

Pues dí, y véte.

D. FÉLIX.

Negarte que yo he querido, Laura, á Nise...

LAURA.

Oye, detente. ¿Y es estilo de obligarme, Modo de satisfacerme, Decirme, cuando aguardaba Mil rendimientos corteses, Mil finezas amorosas, Fuesen verdad ó no fuesen, Que hay duelos de amor, adonde Queda bien puesto el que miente, Decirme en mi misma cara Que á Nise has querido? Advierte Que con lo mismo que piensas Que desenojas, ofendes.

D. FÉLIX.

Si no me oyes hasta el fin...

LAURA.

¿Desto disculparte puedes?

D. FÉLIX.

Sí.

LAURA.

_(Ap.)_ ¡Plegue á amor!

D. FÉLIX.

Oye pues.

LAURA.

¿Iráste?

D. FÉLIX.

Sí.

LAURA.

Pues dí, y véte.

D. FÉLIX.

Negarte que yo he querido, Laura, á Nise, fuera error; Mas pensar tú que este amor Es como el que te he tenido, Mayor error, Laura, ha sido; Pues si á Nise un tiempo amé, No fué amor, ensayo fué De amar tu luz singular, Que, para saber amar A Laura, en Nise estudié.

LAURA.

A ciencias de voluntad Las hace el estudio agravio; Pues amor, para ser sabio, No va á la universidad; Porque es de tal calidad, Que tiene sus libros llenos De errores propios y ajenos; Y así en su ciencia verás Que los que la cursan más Son los que la saben ménos.

D. FÉLIX.

Pues explíqueme mejor Otro ejemplo: nace ciego Un hombre, y discurre luego Cómo será el resplandor Del sol, planeta mayor, Que rumbos de zafir gira; Y cuando por fe le admira, Cobra en una noche bella La vista; y es una estrella La primer cosa que mira. Admirando el tornasol De la estrella, dice: «Sí, Este es el sol; que yo así Tengo imaginado al sol;» Pero cuando su arrebol Tanta admiracion le ofrece, Sale el sol y le oscurece. Pregunto yo: ¿ofenderá Una estrella, que se va, A todo un sol que amanece? Yo así que ciego vivia De amor, cuando no te amaba, Como ciego imaginaba Cómo aquel amor sería: Adoraba lo que via, Presumiendo que era así El amor; mas ¡ay de mí! Que no ví al sol, ví una estrella, Y entretúveme con ella Hasta que el sol mismo ví.

LAURA.

Eso no: pues si me doy Por entendida contigo, Que Nise fué mi sol digo, Y que yo su estrella soy. Pruébolo: pues si yo estoy Contigo la noche fria, Y ella de dia te envía A llamar, y estás con ella, ¿Quién será el sol ó la estrella? ¿Cúya es la noche ó el dia?

D. FÉLIX.

¡Vive Dios, Laura, que son Engaños tuyos, y plegue Al cielo, que si la he visto, Que un rayo me dé la muerte, Desde que á Ocaña viniste! ¿Qué más desengaños quieres De lo que cuenta de mí, Que escuchar que ella lo cuente; Pues es el mayor desaire Del duelo de las mujeres, Confesar sus celos, donde Lo escucha de quien los tiene?

LAURA.

Yo sé que han sido verdades, Y no engaños aparentes.

D. FÉLIX.

¿De qué lo sabes?

LAURA.

De que Es mal que á mí me sucede, Y no puede ser mentira: Porque de los males suele Decirse, Félix, que fueron Astrólogos excelentes, Porque siempre adivinaron, Y dijeron verdad siempre.

D. FÉLIX.

Por lo ménos ya confiesas Que son celos, y los sientes.

LAURA.

¿Si me estás dando tormento, Es mucho que los confiese?

D. FÉLIX.

Si tanto aprietan fingidos, Ciertos, ¿qué...?

CELIA.

Mi señor viene.

LAURA.

Véte por aquesta puerta De esotro cuarto; pues tiene Puerta á la calle.

D. FÉLIX.

Dí, ¿cómo Quedamos?

LAURA.

Como quisieres.

D. FÉLIX.

Yo querré desenojada...

LAURA.

A verme esta noche vuelve, Que quiero verte esta noche, Aunque de Nise me acuerde.

D. FÉLIX.

¡Ay, Laura, cuánto te engañas!

LAURA.

¡Ay, cuánto me agravias, Félix!

CELIA.

¡Ay, cuánto no sirve una Casa que dos puertas tiene!