Teatro y novela (artículos criticos) 1903-1906 · Unidad 12 de 35

Unidad 12 · EL TEATRO CATALÁN

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

EL TEATRO CATALÁN

BORRAS EN MADRID

^ A tartana entró en el pueblo y por espacio de un C^ largo cuarto de hora fué dando tumbos por aquellas calles en cuesta. A cada instante parecía que el destartalado vehículo iba á derrumbarnos, á precipitarse por las pendientes de la villa construida como en escalones en la orilla del mar. Diríase que á sus fundadores les faltó sitio para edificar, y encerrados entre la montaña y el agua no tuvieron más remedio que ir levantando las casas una sobre otra en una especie de gradería. Por algo, aquel pueblo fué bautizado con el nombre pintoresco de La Escala, Jamás hubo mayor correspondencia entre el título y la cosa. La noche, á pesar de hallarnos en plena primavera (en el mes de Abril), y al borde del cálido Mediterráneo, estaba muy fría. Al desembocar por las encrucijadas de aquel pueblecito de pescadores nos daba en la cara un viento fresco y fuerte, el conocido allí por Tramontana, capaz de arrancar de raíz las casas más sólidas y adn los pedruscos de la costa, de

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roca maciza. El' frío de la noche y el traqueteo de la tartana, veníamos de bastante lejos, nada menos que de Gerona, nos avivaba el deseo de descansar, de arrimarnos á un buen fuego mientras servían la caliente y olorosa sopa. ¿Se lograrían al cabo nuestros deseos? Lo iba dudando porque el viejo carricoche prorrumpía en lamentos de sus goznes, en desconsolados chirridos de sus ruedas. Acaso había llegado nuestro último momento, y la tartana en un supremo esfuerzo se partiría haciéndonos rodar por la empinadísima cuesta de la estrecha calle.

De pronto se Retuvo la tartana en brusca sacudida, y nos dimos de cabezadas unos contra otros. Era lo único que nos faltaba para poner el postrer sello de paliza y de molimiento á nuestros huesos. Estábamos en la puerta de la casa que servía de fonda ó posada en La Escala, Bajamos y una moza garrida y muy hermosa cogió los equipajes. Penetramos en la pieza que hacía las veces de comedor, de recibimiento y de cocina. En torno de la mesa descubrí una porción de caras conocidas.

[Rusiñol! ¡Utrillo! ¡Vilumara! Fué grata sorpresa, ¿Quién podía suponer encontrarse allá en un rincón de la provincia de Gerona, junto al golfo de Rosas, casi en las proximidades de la raya de Francia, tocando á las últimas estribaciones de los Pirineos, á aquellos buenos amigos, que yo creía estaban en Barcelona?

Santiago Rusiñol con su señora, Utrillo y Vilumara habían ido á La Escala á recoger pedruscos, vidrios, medallas, todo lo que próvidamente se encuen-

— ostra en las vecinas ruinas de la délebre y antiquísima ciudad de Ampurias, que fué un tiempo orgullo y gloria de la España romana.

Ellos iban á La Escala en busca de piedras y yo en busca de votos como candidato á la diputación á Cortes, por aquel distrito del Ampurdán. Para el caso era igual, y puede que yo saliera más chasqueado y descalabrado que mis buenos amigos. Nos pusimos á comer y después á charlar, y concertamos un trato, por el cual nos ayudábamos mutuamente en nuestras repetidas empresas. Yo escribiría acerca de sus pedruscos, vidrios y medallas, y ellos hablarían en mis meetings de propaganda electoral. Trato hecho.

Me acuerdo muy bien que era un día de Semana Santa, creo que Domingo de Ramos. Y Utrillo, que es hombre de fino ingenio, de gracia natural, de inagotable humor comenzó á ensayar su primer discurso:

«Ciudadanos, correligionarios : hoy hace veinte siglos que entró en Jerusalén subido en un pollino, entre palmas y flores, el diputado por la circunscripción de Judea Nuestro Señor Jesucristo, como si dijéramos el primer republicano de la tierra.

»Ciudadanos: que no se repita la historia, que no vengan el Jueves y el Viernes de una pasión afrentosa, tras la entrada en triunfo en Jerusalén. Que este sea un eterno Domingo de Ramos...»

Y nosotros, muertos de risa, aplaudíamos el debut del elocuente y un tanto impío discurso. Después, ya no volvimos á hablar de política. Hablamos de arte.

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tema cien veces más conforme con nuestra naturaleza, espíritu y vocaciones.

Quedamos citados para asistir algunos días después en Barcelona al estreno de LI Héroe, el drama antimilitarista y antipatriotero de Rusiñol, el pintor poeta ó el poeta-pintor, que es una de las mayores inteligencias de Cataluña, que es honra y gloria de España. ¡El escándalo que se armó en la representación de V Héroe! Los militares entraron en el teatro de Romea, queriendo romper. las butacas, prender fuego al teatro. La autoridad gubernativa suspendió la función, no permitió que se volviera á hacer por motivo de orden público, y se formó una causa que creo tramitó el fuero de guerra. Me separé de mis buenos amigos para seguir mis trapisondas electorales, no más afortunadas que el estreno del Heroe^ y ya no los volví á ver en un año. Y pensaba que les habrían fusilado ó estarían en presidio por el delito de pensar, cuando la otra noche me los tropecé en el teatro de la Comedia de Madrid en pleno triunfo, en pleno triunfo del arte catalán en otro tiempo tan abominado. Pero esto merece capítulo aparte...

Lleva ocho días de trabajar en el teatro dé la Comedia la compañía del gran actor Enrique Borras, y excepción hecha de Lo puhill^ (drama de Serafí Pitarra), y Lo nuvi^ (drama de Feliú y Codina), por ser

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ambas producciones artísticas anticuadas, surannéeSy todas las noches es inmenso, es colosal, el triunfo del actor Borras, á quien se le califica por sus admiradores de Zacconi español. Tiene, sin embargo, enemigos declarados, críticos severos que hablan de sus efectismos y «latiguillos» y que libran batalla muy recia con los que le proclaman el primero de los actores de España. El público se inclina á su favor, aunque sin participar de tanto entusiasmo y de tanta idolatría.

La mayor ovación ha sido hasta ahora la conseguida por Borras en Terra Baixa, Acaso se deba, no tan sólo al talento notable del actor y á las situaciones de gran efectismo dramático en que abunda la obra, sino también y principalmente á que este drama por haberse representado antes en castellano por la compañía Mendoza-Guerrero en el teatro Español, lo conocen y lo entienden los espectadores. Porque es un esfuerzo tremendo, un verdadero esfuerzo de comprensión el que necesitan hacer nuestras damas y galanes de Madrid para penetrar el sentido de cosas y acciones habladas en lengua catalana tan diferente del idioma oficial. Esta es la prueba más acabada, más concluyente del mérito harto discutido de Borras. Es tal su fuerza dramática, tan grande la emoción que produce en el auditorio haciendo tipos populares, personajes de alpargata, que aun representando, no en catalán, en japonés, se haría aplaudir por las gentes.

Al principio íbamos al teatro de la Comedia, á deleitarnos en la espléndida dramática catalana unos

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cuantos iniciados no más, los que por ser de la antigua coronilla de Aragón entendemos y saboreamos la llengua de Ansias March y de los Usatges. Catalanes, valencianos, mallorquines y un poco los aragoneses, íbamos al coliseo de la calle del Príncipe, con «1 decidido propósito de aplaudir á Borras, de imponerlo al fin y á la postre á críticos y á espectadores. Desde el primer día, en el reducido cenáculo triunfó Borras y fué glorificado el arte catalán con los aplausos del público, con los artículos entusiastas de la prensa unánime. Pero la alta sociedad, el gran público de las noches de moda, el que no forma reputaciones pero consagra los éxitos, permanecía retraído y se iba al Circo de Parish, al teatro Moderno, á la cuarta de Apolo y de la Zarzuela,^ á todas partes, menos á la Comedia. ¡Trabajillo nos costó decidirles á ir, resignarse al aplauso casi sin entender el catalán! Fueron al cabo, fueron la noche pasada, y la victoria ha sido completa, total, nunca vista en Madrid desde hace muchos años, desde los tiempos de la gloriosa competencia entre Vico y Calvo.

El teatro ©staba resplandeciente, lleno de bote en bote, sin una localidad vacía. Allí en palcos y butacas había un público selecto, el de las grandes noches, el que acude á los turnos segundos del Real, á los lunes y miércoles del Español, á \os jueves del ' Circo, á todas las grandes solemnidades. En un palco el presidente del Consejo Sr. Maura acompañado de su hermano, de sus hijos y del ministro de la Gobernación. En otro palco el ex presidente del Congreso Sr. Marqués de la Vega de Armijo acompaña-

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do de su hermosísima sobrina y del general Bargés y señora. En butacas Canalejas y Labra y varios diputados republicanos, liberales y conservadores. Esparcidos por la sala casi todos los autores dramáticos castellanosde nombradla y fama, tales como Eugenio Selles, Dicenta, Vital Aza, Ramos Carrión, los hermanos Quintero, Francos Rodríguez, etc. Sólo se notaba la ausencia de Pérez Galdós y de Echegaray, ausencia que se explicaba sabiendo que el uno estaba escribiendo más que de prisa el tomo que va pronto á salir de Los Episodios Nacionales y el otro se encuentra recluido en su casa por causa de salud. Y allí se veía á nuestros grandes actores á María Tubau, á María Guerrero, á Fernando Díaz de Mendoza, á Thuillier recién llegado de América. Y luego toda la juventud intelectual de prestigio y de autoridad en el campo de las letras, sin faltar eminencias de la prensa como Mariano de Cavia. Y por fin los críticos de El Imparcialy del Heraldo^ de El Liberal^ de La Correspondencia^ del Diario Universal^ de España, de El PaiSy de todos los periódicos de Madrid. Mujeres elegantísimas, hermosas, deleite del espíritu y de los ojos, entre las cuales descollaba por su belleza la hija de Santiago Rusiñol;

Comenzó la representación de Terra Batxa de Quimera, y desde el primer acto aquello fué un triunfo único, memorable, pocas veces presenciado en Madrid. Maura aplaudía sin cesar porque como buen mallorquín entiende perfectamente el catalán. Canalejas y Labra aplaudían sin descanso ni interrupción. Y al final de cada acto el público se ponía

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en pie y prorrumpía en delirantes ovaciones agitando pañuelos y sombreros, dando vivas y bravos á Borras y al arte catalán» Cuando bajó el telón por última vez al concluir el drama, el entusiasmo del auditorio rayó en frenesí. Y después todas las noches al salir á la calle Borras y Rusiñol la gente aplaude y vitorea con tal y tan estruendoso griterío que Madrid parece una ciudad oxigenada en plena revolución artística. ¿Será este éxito cosa definitiva, ó producto de las circunstancias, gloria pasajera y efímera? Por lo mismo que ha sido tan grande me parece excesivo y me da que pensar. ¿Necesitaremos todos un poco de tiempo y de calma, algo así como un juicio de revisión?

En el primer entreacto de Terra Baixa corrí al cuarto de Borras á estrechar su mano á abrazarle, á gritar sin pensamiento alguno regionalista, encendido en el santo amor al arte: ¡Vixca Cataluynal Porque por esta vez el ¡Vixca Cataluynal no significa la victoria de exclusivismos particularistas, de bandos de región, sino el comulgar catalanes y castellanos en el mismo amor á la patria grande, á España, que tiene tan ilustres hijos. No es la política con sus mezquindades, con sus ruines divisiones la que nos hace abrazar, gozar con el triunfo de nuestros hermanos, es el arte, el arte con tan extraordinaria y masculina y vigorosa personalidad como el de Cataluña.

Gritando entusiasmado ¡Vixca Cataluynal entré en el cuarto de Borras y allí estaban mis amigos de La Escala^ Santiago Rusiñol, Utrillo, Vilumara, allí

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estaban una pléyade de ilustres artistas en la pintura, en la escultura, en la prensa, en el teatro, en la crítica, tales como Ramón Casas — el premiado con primera medalla en la Exposición Nacional por su cuadro ¡Revoltal — MaifFren, Jordá, Vives, Rovira, etcétera, etc.

Y cuando nos cansamos de darnos abrazos mutuos, cuando celebramos con el alma entera el triunfo del arte encarnado -por Borras, el gran actor, al que llaman, con un tanto de exageración, el Zacconi español, una voz, la del ingeniosísimo Utrillo dominó el tumulto haciendo esta observación justísima en que se mezclaba la alegría y el asombro de la victoria alcanzada:

— «Araj ara, no meu esperaba, ¡ Aquet home-^XQ^' riéndose á Borras — encara va á surtí diputat per Madrit..!

Y un / Viva Españal resonó sincero y entusiástico lanzado á pleno pulmón por primera vez desinteresado y verdadero de todos aquellos bravos, inteligentes, cultísimos catalanes.

Borras es joven, tiene apenas treinta y seis años y se encuentra por consiguiente en la plenitud de sus facultades. Muchos autores castellanos — aprovechando este instante de justa fan?a ó de loca moda — se lo robarían de buena gana á los catalanes para que fue-

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ra el intérprete de sus dramas y comedias. Tal vez piensen que con él no habría temor á que fracasasen las obras, repercutiendo en el padre natural el aplau* so al padre postizo, Y con esta esperanza se ha armado ya toda una cruzada para trasplantarle no ya sólo de población, de teatro, sino de lengua, de arte. Cierto que si estos éxitos de ahora se confirman, será en provecho de autores y de actor, de la dramaturgia española y de su feliz encarnación. Por muchos que sean los que hablen el catalán, son infinitamente menos que los que hablan el castellano: aquéllos se cuentan por miles; éstos por millones. Y luego incorporado Borras á la escena nacional, trabajando en el idioma grande y no en el chico , seria artista de exportación, tendría por delante el ancho campo, el vastísimo mercado de América...

Ahí está el peligro; en la trasplantación, que probablemente le será funesta á Borras. Se hace bien aquello en que se piensa, y Borras piensa en catalán, teniendo que traducir al castellano cada concepto, cada frase y hasta cada sílaba. ¿Se concibe á un actor que tenga que entretenerse en esa operación mental, sujeto á esa tortura, respondiendo así á las inspiraciones del momento, á la rápida visión de los efectos emocionales? «Esperaos — ós dirá en el pasaje más culminante — ahora voy á traducir». Será una insensatez traducirlo á él, obligarle á que pierda lo que positivamente vale por lo que se confía que valdrá. Borras, de frac ó de levita en el teatro moderno castellano; Borras, de trusa y sombrero con plumas en el teatro clásico , estará como disfra-

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zado, perdida su condición nativa y honrosísima de hombre de blusa ó de alpargata, de obrero del campo ó de obrero de la fábrica. Y después no parece sino que el catalán sea el chino y que no puedan comprenderlo y aplaudirlo en América. Pues qué^ ¿no aplauden y comprenden á las compañías italianas, francesas, portuguesas? En cuanto descubrimos algo, en el orden de la actividad que sea, nos ponemos á trabajar para perderlo. Y lo más extraño del caso es que son los catalanes, los que á toda hora se proclaman superhombres, los que muestran mayor afán en empujar á Borras por ese camino de perdición. ¡Estábamos ante un Resurrexit del arte y de la escena españoles, merced á la reivindicación del arte y de la escena catalanes, y todos se empeñan en cantar el De Profundis! Me alegraré equivocarme; el tiempo pronunciará la ardua sentencia...

a6 de Janio de 1904.