Tradiciones argentinas · Unidad 106 de 252

Unidad 106 · ¡QUÉ ESCAPADA:

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¡QUÉ ESCAPADA:

El reo estaba en capilla, si ilusión de tal pudiera formar la sudada jerga extendida al pie de un ombú, que poco le había resguardado del sol, frente al centinela de vista.

Triste y silencioso, resignado, pero no abatido seguía, cuando observando al lancero que lo custodiaba, vio correr una lágrima por su rugosa faz bronceada.

— ¿Por qué estás triste? — le preguntó.

Y sin más preámbulo agregó el tape:

—Han fusilado á su hermano, señor, y á usía le van á pegar cuatro tiros

— Poca cosa, hijo; no te aflijas por mí, ya me han tirado tantos

—Sí, mi comendante; pero de ésta no escapa. Se acaba de ordenar en la lista que después del toque de diana debemos formarle el cuadro

El destacamento hallábase acampado cerca ael Arroyo de la Leche, á inmediaciones de la actual Villa Colón (Entre-Ríos).

Adelante, la vanguardia; á retaguardia, el cuartel general; en la gran

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guardia, bajo el ombú, el prisionero incomunicado; grupos diversos de soldados alrededor de los fogones por todas partes humeando, y entre el verdeobscuro de la selva de espinillos y ceibales, blanqueando algunas carpas de oficiales.

Unos milicos churrasqueaban, otros tocaban la guitarra, y las banderolas coloradas de la caballería, en altas lanzas flameando á lo largo hasta la vecina ribera del Uruguay.

Majestuoso y sereno descendía éste, ya algo obscurecido por las primeras sombras de la oración, cerca de la costa argentina, mientras que allá á lo lejos, en la otra banda, la luna llena y hermosa, saliendo tras4os verdes sauzales, empezaba á platear la mansa corriente.

Algo alentado al encontrar una gota de afecto humano en medio de tantos duros corazones, sin perder el sentenciado su sangre fría, dijo al centinela:

— Mira, tengo necesidad de una necesidad

Con la venia del sargento de guardia le acompañó algunos pasos hacia la entrada del montecillo inmediato, sin haber advertido que bien carca pastaba un parejero atado.

Al tiempo que le decía á su antiguo soldado: vjDate vuelta, che!, ni para esto se puede estar sin testigo,» rápido arrancó la estaca, y saltando sobre el caballo, con la agilidad del gaucho más hábil se láfizó á escape

Al ruido del galope, el centinela, dando media vuelta, gritó:

-¡Cabo de guardia, el preso se escapa

Cuando los soldados desprevenidos se incorporaban, dirigiéndose unos á sus caballos, tomando sus lanzas ó tercerolas otros, el fugitivo iba ya á distancia.

Perseguido luego por cuantos encontraron caballo á mano en que saltar, acorraláronle en círculo que iban estrechando hacia el río.

Llegado á la barranca, poco elevada en aquel punto, llamado desde entonces el «Salto de Hornos,» echó éste el poncho á la cara de su malacara.

Al faltarle la tierra le sobró el agua, y tras ruidosa zambullida vióse salir nadando á lo lejos caballo y caballero

Sofrenando sobre la barranca á pique los carabineros de la guardia, inútiles fueron sus tiros, cuyas balas de caballería daban siempre en cualquier parte, menos en el blanco.

Ruma y otro indiazo resuelto, resbalándose el chiripá, se echaron al río