Tradiciones argentinas · Unidad 110 de 252

Unidad 110 · 170 TRADICIONES ARGENTINAS

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170 TRADICIONES ARGENTINAS

antigua prenda. Aunque desde el primer momento le fué ofrecido con toda espontaneidad, el general Paz le (fijo que bien lo necesitaba, pero que sólo lo admitiría aceptándole las tres onzas que en su mano puso.

— Pero esto es tres veces más de su valor — contestó el doctor.

— Pero es que tres veces más de su valor intrínseco tiene esta joya de familia — replicó el general, — si, como usted recuerda, ha señalado la hora de su casamiento, de su destierro y tantas horas solemnes en su vida.

Y disimulando así el medio indirecto de hacerle aceptar algún socorro en su necesidad, que era extrema, contaba después muy satisfecho el general cordobés cómo le había buscado la vuelta á la austeridad del abogado portejio.

Tan raro el general como el doctor, no siempre hicieron buenas migas desde el primer día, pues algún chisme de campamento llegó á circular de que bien podía haber sido mandado por la comisión de Montevideo para que, introduciéndose en sus consejos, dirigiera al general.

Disipadas las desconfianzas que rodean á un recién venido, se le dio la Auditoría de guerra del ejército en el campamento de Villanueva en Corrientes. Entonces solía frecuentar la mesa del general, tan frugal^ que los traviesos ayudantes la evitaban siempre que el ayuno no era obligatorio.

De tan claras y tan largas visitas en sus vistas fiscales y de fino y nada corto oído como auditor, ilustrado y severo, en Buenos Aires y Montevideo, en el Paraguay, Brasil y Bolivia, en todas partes dejó recuerdos de su recto proceder, como luminosa huella de su paso.

Cuantos le conocieron acabaron por hacer completa justicia á su incansable contracción y su desinterés, superior á todo encarecimiento.

Minucioso en detalles, era una de sus manías la de tener todo enumerado, hasta las piezas de su ropa interior. Jamás se ponía la camisa número cinco, sin haber usado el número cuatro. Si en Corrientes no hacía esto, como cuando le conocimos barriendo en mangas de camisa, era porque en la pobreza de campamento sus camisas eran nones y no llegaban á tres.

Nacido, como queda dicho, en tiempos del Virrey de las gallinas, cuando el marqués de Loreto dejó preso, hasta que se comiera todas, al paisano que se las obsequiaba por haberle despachado favorablemente el acto de justicia soHcitado, falleció durante el gobierno del doctor Obligado.

Pero era en tiempos de D. Pastor, cuyo honrado gobierno hizo época, según los viejos que se van. Llamóse su ministro de Hacienda D. Juan Bautista Peña, y el de Guerra no fué otro que el mismo general Paz.

Entre ministros como el sabio Dr. Vélez Sarsfield, D. Valentín Alsina, el Dr. D. Francisco de las Carreras, el coronel Mitre (D. Bartolo), don Norberto de la Riestra, D. Domingo Olivera, hacía digno pendant un fis-