Tradiciones argentinas · Unidad 111 de 252
Unidad 111 · DOCTOR P. OBLIGADO I7I
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
DOCTOR P. OBLIGADO I7I
cal como el Dr. Perrera. ¡Lástima que fiscal semejante no dejara semilla!
Lleno de talento y buenas cualidades, cual el general cuadrado que exigía Napoleón, del que era modelo el digno general Paz, ese otro recto ciudadano fué un porteño honrado por los cuatro costados.
Decía de este último, el primero, que escribir era su entretenimiento, su diversión, su única pasión dominante, á punto de haber dejado algunas toneladas de papel escrito de su puño.
Pero si de elogios se hizo digno el Dr. Perrera, ¡cuántos no merece su buena y abnegada esposa! Pobre, humilde y sumisa toda su vida, despierta un día relativamente rica y con casa por el capricho de la suerte. A la primera palabra de su marido, sin objeción alguna, sin la menor vacilación, tira la suerte al pozo, dando espaldas á la fortuna.
Andando el tiempo, en muchos años de Juez, no conocimos otro fiscal al de esta tradición parecido.
¿Cuántas mujercitas conocéis, queridos lectores, semejantes á la fiscala de este cuento, que no lo es?
Depósito de las aguas corrientes
D. Santiago Liniers y Bremont, penúltimo virrey en Buenos Aires
EL PRIMER DÍA DE GLORIA
— ¿Y cuál será el último cañonazo en esta tierra de tanto ruido y humo?
— Sábese donde se dispara el primero. ¡Misterio es del destino dónde resonará el postrero!
En esta tradición nos referimos sólo al último cañonazo del primer día de gloria, en que por vez primera tronaron á bala en las calles de esta ciudad.
La mañana del martes 12 de agosto de 1806 no apareció el sol en nuestro cielo; pero brillante y esplendente se levantó el sol de la victoria en nuestra historia.
Poco después de las diez avanzaron los soldados del pueblo desde la plaza de toros, y antes de las doce no se oía ya un tiro.
Ardua y laboriosa fué la gestación de la reconquista, pero tras dos horas de fuego incesante el valor de nuestros reclutas apagó el de los soldados ingleses, que, empezando por retirar sus avanzadas desde los cantones de San Miguel, se reconcentraron en la plaza principal, encerrándose luego en el fuerte.
El general Liniers hacía esfuerzos supremos deteniendo á sus tropas entusiastas y ardorosas por lanzarse á la carga.
El fuerte tiroteo de los migueletes á la vanguardia se había interrumpido, y temiendo que fueran ellos cortados, dirigióse Liniers con toda la tropa en columnas paralelas por las calles de la Merced y Catedral.