Tradiciones argentinas · Unidad 147 de 252
Unidad 147 · 225 TRADICIONES ARGENTINAS
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225 TRADICIONES ARGENTINAS
pirados por amor patrio que de temor á venganzas que todo retraimiento suscitaba. Rouget de i'Isle fué perseguido por soldados franceses á quienes llevara á la victoria, arrastrados por su inspiración. Parera, salvado de un modo trágico, tuvo que huir á la Colonia, de la casa de su comprovinciano Larrea, escondido dentro de la caja de su piano, donde no es probable fuera tamborilleando la marcha que le ha hecho célebre, hasta inscribirse, en honor del catalán D. José Blas Parera, su nombre en una de las calles de esta capital, casualmente la en que esta tradición escribimos. Después de ensayarse en la de Thompson, Luca y el Consulado, se cantó el himno acompañado al piano por Parera en la Casa de Comedias, la noche del 25 de mayo de 1813, como el año siguiente al pie de la Pirámide (recién construida por el maestro Cañete), y luego en la Escuela de 'la Patria, en los campamentos, en la América, resonando como la voz sagrada de la patria desde un polo hasta el otro. Más de ochenta años ha exaltado el espíritu bélico, y sensible es que antes de terminar el siglo en que nació, decrezca el entusiasmo por la patria, de que ese himno es el Verbo.
Pocos días há, visitando un modesto cuartel de veteranos, grato nos fué observar cuánto contribuyen á la educación del soldado hasta los lemas sobre puertas y cuadras, cuadros de episodios como los de Falucho, Cabral, el sargento Vasconcellos, y en libros de lectura, las más resaltantes hazañas de los primeros soldados que legaron ejemplo en su heroicidad. En contrarias reflexiones^ ¡cuánto conduele notar que ya no se canta el himno al pie de la Pirámide, sin duda porque las mañanas de mayo amanecen más frías que aquéllas en que nuestros padres iban á cantarlo en las más crudas; en que los abuelos, entre las nieves de la Cordillera, sólo tenían para entrar en calor el entusiasmo con que sus estrofas electrizan!....
Ni un ladrillo de nuestro monumento de mayo, ni una sílaba del himno debe suprimirse; que ello no obsta para abrir á los cuatro vientos esta tierra de promisión á los hombres de buena voluntad que la prefieran para alzar su tienda de trabajo.
A sellar esta tradición con palabras más autorizadas vienen como de molde éstas del poeta de las tradiciones, pues no está de más recordar que si argentino fué el autor del Himno de Chile, argentino también era quien decretó el del Perú.
«En 1 82 1 — refiere el ilustre Palma, — el protector del Perú, D. José de
San Martín, convocó á un certamen musical, del que resultaría premiada la composición que se declarase digna de ser adoptada por Hnnno nacional de la República. De las seis presentadas, la del maestro Alcedo, también fraile en su origen, obtuvo la palma. Apenas terminada su ejecución en el clavicordio del Sr. Riglos (argentino, hermano de"D. Miguel), cuando el general San Martín, poniéndose de pie, exclamó:
— »¡He aquí el Himno nacional del Perú!
»En la noche del 4 de septiembre, festejando la rendición del Callao, se cantó en el teatro por vez primera. La ovación de que en esa noche fué objeto el humilde maestro Alcedo es indescriptible para nuestra pluma. Mejores versos que los de D. José de la Torre ligarte merecía el magistral y solemne himno de Alcedo. Las estrofas inspiradas en el patrioterismo que por esos días dominaba, son pobres como pensamiento y desdichadas en cuanto á corrección de formas. Hay en ello mucho de fanfarronería portuguesa y poco de la verdadera altivez republicana; pero, con todos sus defectos, no debemos consentir jamás que la letra de la canción nacional se altere ó cambie. Debemos acatarla como sagrada reliquia que nos legaron nuestros padres, los que con su sangre fecundaron la Libertad y la República. No tenemos derecho (que sería sacrilega profanación) á corregir ni una sílaba en esas estrofas^ en las que se siente á veces palpitar el varonil espíritu de nuestros mayores.»
Ni de encargo corresponderían mejor tan sensatas reflexiones^ aplicadas á todos los himnos que consagran la revolución por la independencia de América, como al que tradicionamos, cuya última estrofa es:
«Al gran pueblo argentino salud, u
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