Tradiciones argentinas · Unidad 182 de 252
Unidad 182 · 284 TRADICIONES ARGENTINAS
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
284 TRADICIONES ARGENTINAS
Lástima que éstos no hayan también pasado de moda, como el viejo balcón de la calle Defensa
Y estos dos personajes que débil tabique separó un día sus viviendas, á larga, á muy larga distancia vivieron siempre. Muralla más ancha que la de China les alejaba en los extremos de una santa revolución por conquistar algo, todavía á medio conquistar. La más alta expresión de nuestros políticos el uno, el más famoso caudillo de poncho y cuchillo el otro, avanzando por opuestas sendas, al fin de sus días casi llegaron á encontrarse. ¡Cuánto progresara el país si el brazo fuerte del gaucho hubiera coadyuvado á la genial iniciativa del estadista! ¡Cuántos años menos retardado la Constitucionalidad Argentina, evitando ante todo el encumbramiento del déspota que las divisiones intestinas encumbraron!
La partida de billar languidecía. Después de largas horas de juego, apenas la espectabilidad de los jugadores atraía algún interés
Entre la espesa humareda de cigarros, el ruido de bolas, el rumor de comentarios sotto-voce, oíanse, cual ráfagas entrecortadas, diálogos á medio concluir
— Todavía no ha aprendido á evitar pifias — decía uno.
— ¡Conque sabe hasta la carambola de retruco! — agregaba otro.
— En eso del billar, taco en mano y. atacar — canturreaba dando vuelta alrededor de la mesa, con el taco levantado en seguimiento de la colorada, un general todo pelos.
— No da hoy en bola, mi general — dijo en cordobés de sobrepaso un mirón.
— Puede que no, pues á lo que estoy acostumbrado es á voltear, echar abajo, llevar todo por delante,
Y diciendo y haciendo, de un fuerte tacazo derribó cuanto palo había sobre la mesa.
Sin ser aquélla una casa de juego, se jugaba fuerte en ocasiones, como la en que otro viejo general se ganó tres mil onzas, que bien sembraditas formaron la fortuna de honorable familia patricia, en la que el más entusiasta y generoso de sus descendientes acaba de ofrecer tres millones para repeler la invasión amenazante.
El juego continuaba, y los diálogos de una á otra banda, entre el ruido de tacos y carambolas
Militares, doctores, comerciantes, mirones que nunca se miraron bien, seguían observando las alternativas de una partida que casi llegó á ser partida histórica.
Bernardino Rivai