Tradiciones argentinas · Unidad 192 de 252

Unidad 192 · DOCTOR P. OBLIGADO 299

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DOCTOR P. OBLIGADO 299

confites á los escueleros de nuestro barrio, llamándoles desde su balcón sobre la antigua Confitería de los Suidos (actual Bazar Colón), nos había dicho, al vernos pasar con libros descuajaringados, un sábado más temprano;

— Mira, hijito: si el sábado que viene ya sabes leer en carta y me lees de corrido con pocos puntos este viejo mamotreto, te voy á llevar donde has de divertirte.

Y como difícil es dejar sin cumplir promesa á muchacho pedigüeño, ofrecimos todos los trompos y bolitas de que disponíamos al mayor de clase, porque nos repasara las letras más indispensables para deletrear patitas de mosca, en cuya desciíración se nos ofrecía premio desconocido. Grata fué nuestra sorpresa cuando antiguo pergamino de hermosa letra sacó de lo más hondo de su cómoda la buena señora, tan aficionada á chicos, caramelos y pastillas de benjuí con que zahumaba la peladita calientapiés, disputando aquéllos los confites que repartían sus numerosas mulatillas. Resumen era de su contenido lo que á la espera de prenderse los fuegos artificiales refería esta señora al primero que representó la España en el país, D. Vicente Casares, quien con la cruz de Carlos IV al pecho celebraba la pérdida de este su virreinato.

Menos atención prestábamos á la contienda de los sobrinos de la casa, Marquitos Suárez y Tomasito Armstrong, sobre quién había ayudado mejor la misa esa mañana, el uno en La Merced y el otro en el Colegio, que á la narración de la Sra. D.^ Javiera Riglos, ante el anciano de blancas patillas abiertas, tan perfumadas como su lustroso cráneo. Abstraía nuestra atención, porque ésta la misma referencia era que leyéramos el último sábado frente á la imagen de Santa Ana y cuyo premio ofrecido fué llevarnos á presenciar los fuegos en la noche del 25 de mayo desde el balcón de Riglos:

«Pues, aunque en sociedad tan reducida corro la nuestra todos nos conocemos — decía, — si bueno es ser, no está de más haber sido, y así estaba recordando á estos niños, que, si por lo de Villanueva descienden de la más antigua familia, pues desde el siglo pasado vareaban plata numerosos esclavos en la huerta de su casa solariega frente á la de mis padres, en aquella cuadra (antes del Colegio) deudos tienen enterrados dentro de esta Catedral (el arcediano Riglos), por la nuestra más remota y nobilísima es su alcurnia.»

Y como el caballero español sabía de qué pie cojeaba la aristocrática dama, tan perfumada de incienso como de rapé, alentábale á seguir el mismo tema, que resumimos:

«Oriunda de Tudela es la familia de Riglos. Desde los años «[500, en