Tradiciones argentinas · Unidad 201 de 252

Unidad 201 · DOCTOR P. OBLIGADO 311

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DOCTOR P. OBLIGADO 311

Rozas concurría allí los sábados á rezar la Salve, en medio de su familia y servidumbre, con caridad tan indiscreta, que alguna noche llegó á concluir su rosario agregando:

— Un padrenuestro y una avemaria para que el canónigo Palacios no siga viviendo mal con D.* Pepa G. . . — y la aludida se hallaba de cuerpo presente.

D Eusebio de la Santa Federación y el mulato Biguá no eran los únicos locos en Palermo.

Poco después del almuerzo, sonriente y satisfecha, corría Manuelita al despacho del oficial mayor con las solicitudes en que consiguiera hacer escribir al margen la palabra concedido por la férrea mano paterna que todo lo aplastaba

Como día de recepción, los miércoles eran de mayor concurrencia en su sala, y aunque el almuerzo fuera temprano, si bien no tarde la comida, pues se acostumbraba cenar, solía servirse ligero lunch en el bosque de las magnolias ó en la barca. A ésta se dirigía la niña, pasadas las horas de calor, con sus íntimas: las Canevá, Larrazábal, Gómez, Velázquez, Pinedo, y sus tías, la hermosa Agustina, Mercedes la poetisa, María Josefa la chismosa, Gregoria la compasiva, acompañadas de caballeros, bajo los verdes sauzales, hacia el barco varado, cuyo piano llegó á tocar Esnaola y Marotto en dúos conelviolín del inolvidable Sivori. Subiendo iban la estrecha escalera cuando llegó el ministro de Su Majestad británica, D. Enrique Southern, diplomático de poncho cabalgando sobre recado criollo, recordando á la señorita que venía en apero nacional por haber ofrecido acompañarla así en su paseo á caballo.

No obstante disculparse ella haber olvidado caería en miércoles el día indicado, oyendo Rozas el diálogo, á media escalera agregó:

— A un representante de la Gran Bretaña no es conveniente desairar.

Y mientras servía el té sobre cubierta, la fiel mucama Eugenia fué á traer el caballo de la señorita.

Agregáronse á la cabalgata improvisada Juana Sosa y Angela Saravia, no sin hacer Rozas la selección de los acompañantes, de modo á serle urgentísima una copia encargada á D. Juan Camaña, primer pendolista y taquígrafo entonces, y marido después de la Saravia, en cuya personería fueron dos de sus sobrinos más buenos mozos: Franklin Bond y Luchito Mansilla con Ladislao Martínez y Herrera

Se emprendió el galope por el camino perfectamente regado todas las tardes, y también todo colorado como los carritos aguateros. Desde el en-