Tradiciones argentinas · Unidad 37 de 252
Unidad 37 · IGLESIA DEL SUSTO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
IGLESIA DEL SUSTO
Entre las diversas enseñanzas que recuerda la historia de la manzana de San Telmo, no es la menos digna de recoger la de cómo aun deleznables sentimientos suelen producir resultados benéficos. Ocasiones hay que hasta de los males que nos afligen se extrae algún bien, cual de las negras entrañas del carbón brillantes que deslumhran. No creemos sea permitido hacer matar toreros por caridad, como no ha mucho en la plaza del Retiro, ni que loterías, bien sean de beneficencia, conviertan en jugadores á vagabundos ú ociosos; pero verdad es que del temor á un naufragio surgió la iglesia de nuestro cuento, la de Bernardinas en Salta y otras muchas Iglesias votivas.
Ya por los años de 1605 señalóse esa alta barranca para hospital, y desde el de San Martín hasta el actual Patronato de la Infancia, en las transformaciones de la misma manzana hubo sucesivamente: cuna y escuela, taller de obreros, capilla, iglesia, residencia de novicios, hospicio, beaterío, manicomio, escuela de Medicina, sala de autopsias, cementerio,, cárcel de menores, de mujeres, correccional y fábrica de cañones en el mismo lugar donde hoy juegan los niños sin madre.
Mal consejero es el miedo; pero lejos, muy lejos nos llevarían las deducciones de todo lo bueno á que ha dado margen.
Fué el «San Telmo» uno de los más fuertes bergantines de la matrícula de Sevilla, que á los ochenta días de zarpar del puerto (Sanlúcar de Barrameda), recia pamperada luchaba por estrellarlo sobre las breñas del Brasil.
DOCTOR P. OBLIGADO 65
Tres días sin comer ni dormir no eran los menores sufrimientos del pasajero de cámara, pero sí mayores las tormentas del alma, que le enflaquecían más que el prolongado ayuno.
La verdad es que tenía de qué asustarse ese devoto de la Virgen cuando en su barco ensanchábase vía de agua durante la más hermosa tempestad: el palo trinquete caía astillado por un rayo, y el mayor seguía gimiendo al blandirse, amenazando quedar en dos, ó en medio palo. En lo crítico de la tempestad, mandó el capitán aligerar la nave, echando carga al mar, y al ir á arrojar el cajón de una imagen de talla, su dueño, abrazado á ella, pidió que no lo hicieran. Desesperado en su aflicción, rogaba á la Virgen de Betlem, á Nuestra Señora del Socorro, protectora de navegantes, á la Candelaria, á San Telmo, y encomendándose á todos los santos del cielo, hizo voto de construir iglesia si salvaba de tan inminente peligro. Poco á poco, empezando á serenarse su espíritu y el mar, divisó en lo alto del mástil ese luminoso meteoro eléctrico que corona de resplandores intermitentes las puntas más elevadas, llamado por los marinos /«ggos de San Telmo, y que antiguamente creíanse los espíritus de Castor y Pólux bajando alrededor de las naves.
Sólo una formaron por mucho tiempo las manzanas entre las calles Defensa, San Juan, Colón y Comercio. El primitivo hospital, que el plano de Caray señala contiguo á la cuadra de Mercedarios, trasladado á la huerta de Betlemitas, alejóse luego á la residencia de novicios de los jesuítas; pero si éstos se desprendieron bien pronto de los enfermos, no así del terreno, que recién á su expulsión reivindicó el Estado. Enajenada con posterioridad su parte inferior, poseyóla hasta 183 1 D. Tomás Fair, á quien la compró el gobierno. Años después. Rozas hizo donación de ella al doctor Lahitte, compensando sus gestiones diplomáticas sobre Tarija, que no reivindicó, vendiéndola luego éste. Después de la caída del tirano sobrevino pleito de reivindicación entre la municipalidad, que sostiene ser primitiva dueña de cuanto dentro del municipio se encuentra, y el gobierno, á quien se le desconocía autorización para vender.
Este breve litis, que apenas cuenta medio siglo, le mencionamos sólo como dato ilustrativo en la celeridad de la justicia, que sigue y seguirá por los siglos, no obstante la aprobación judicial que del remate se hizo de esa barranca. Aquí, de donde salieron los últimos jesuítas, llegaron las primeras hermanas de Caridad, coincidencia como la de que, empezando por cementerio de sus primeros habitantes, se haya transformado en cuna de inocentes, donde exclamaciones y sonrisas infantiles borran de la memoria lamentos de los que tantos años sufrieron.