Tradiciones argentinas · Unidad 36 de 252

Unidad 36 · 62 TRADICIONES ARGENTINAS

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62 TRADICIONES ARGENTINAS

lio, pues por ser la más grande hasta hoy, se llama la Reina de las campanas. Fundida en 1733, en la aleación de sus metales hállanse bronces de cañones de todas las naciones que la poderosa Rusia sometiera. De seis metros de altura y otros tantos de diámetro, pesa doscientos cuarenta y seis mil quinientos kilogramos. Desprendiéndose del campanario de la iglesia de Iván Velick, se rasgó, saltando un gran bloque. Posteriormente alzada sobre pedestal de mampostería, se suben cuatro escalones para penetrar en ella por el boquete abierto al romperse en su caída. El viajero se encuentra como en una pieza de gruesos muros de bronce de veinte metros cuadrados, amplitud mayor que la de los dormitorios de muchos hoteles.

Al salir de ella nuestro ilustrado cicerone Mr. Bawer, cónsul de España en Moscow, nos hizo notar, entre la infinidad de nombres grabados en el interior de la reina de las campanas, bajo el nombre del duque de Osuna, embajador de España aUí para la coronación de Nicolás I, el de Villanokoff, apellido del célebre teniente de la guardia argentina D. Benigno Villanueva, cuyas hazañas durante la guerra de Crimea le hicieron ascender hasta general del ejército ruso, y de quien el general Paz hace honroso recuerdo en sus Memorias.

El día de la coronación de Alejandro III no encontramos mejor augurio para saludarle que los deseos de que sea digno émulo del fundador de su dinastía, el Miguel de nuestro cuento, quien en su largo reinado de treinta años esparció las mejores semillas. Él, ante todo, daba oídos á su propio corazón, siguiendo sus nobles inspiraciones, pues que en las heladas estepas de la Rusia, como en las ardientes riberas argentinas, en todas partes el corazón del hombre es su destino.

Sin creerse como el fatuo que declaró en Francia «el Estado soy yo,» grandes servicios prestó á su patria: consohdando el poder de la Rusia, ;abriendo sus puertos al comercio europeo y desplegando actividad sin igual, echó las bases de obras que impulsaron la civiHzación en tan vasto país. De aquí puede decirse que la Rusia vino al mundo, ó se reveló ante las naciones «cuna de los czares» que fundaron la unidad de la antigua Rusia: lo fué entre ellos la de Pedro el Grande, reformador del imperio, á quien dio nueva capital en la que con su nombre fundara: «Ciudad de Pedro.»

Al salir del Kremlin tan amado de los rusos, parecíanos haber encontrado dentro de su histórica campana algo como un eco de su antigua gloria, allí donde el águila protectora fijó su nido en medio de las verdes colinas, cubriendo, al desplegar sus alas gigantescas, toda la Santa Rusia.

Muchos son los rusos que ya han arribado á esta lejana ribera en busca de lo que allí no encontraron. Esperamos que un día no lejano pueda

desde el Kremlin gritarse: «Ya no la vida por el c:(ar,y> sino: «El czar per su pueblo!»

La joven Rusia sabe que si es poderosa la corona que hoy ciñe la frente de su soberana, hay otra más grande y esplendente tejida entre las bendiciones del pueblo, que sólo llega á obtenerla el que se sacrifica por él.

Post-scriptum. — Asi como la Naturaleza en su desenvolvimiento suele presentar las más raras coincidencias, la historia supera en sus extraordinariedades las más exaltadas fantasías. Ya no una humilde campesina elevada al más poderoso trono, como en el origen de la familia Romanoff, sino una pobre esclava de abyecto padre nacida, que llegó á vender su propia sangre, es la mujer que hoy se sienta por segunda vez en el trono, rigiendo cuatrocientos millones de seres humanos. De esclava á emperatriz ha llegado la ilustrada Yin-Ling en el país de las maravillas. Citamos el hecho en comprobación de que no es fantasía lo que narramos, pues que en China como en Rusia pastoras y esclavas en más de una ocasión llevaron con dignidad electro.

Somos todos de la misma masa, y así en el uno como en el opuesto extremo de la tierra, no sólo en la República, el último puede llegar á ser el primero. El joven czar, que fué saludado en Cronstadt como una esperanza para la Francia, se presenta hoy como una esperanza para la humanidad. Después de dar mayor libertad á los siervos al inaugurar la inmensa vía férrea transiberiana, proponiendo el desarme de las naciones ofrece la paz, la deseada paz sobre la tierra.