Tradiciones argentinas · Unidad 39 de 252

Unidad 39 · DOCTOR P, OBLIGADO 67

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DOCTOR P, OBLIGADO 67

habían transcurrido veinte años cuando todos ellos naufragaron en tierra durante la noche del 3 de juho de 1767. El secretario del gobernador Bucarelli, Verlanga, el mayor González, D. Domingo Basavilbaso, su )'erno D. Vicente Azcuénaga, el cajero del gobernador, D. Julián Espinosa y la compañía de granaderos del Fijo, bajo la más furiosa tormenta de agua y granizo, llegaron á llamar á la puerta de la Virgen de Betlem, é indicándoles caminito de su expulsión, quedaron en belén los buenos padres.

El Sr. de Cevallos donó la hermosa imagen de la Virgen y dineros para la iglesia de la promesa. El gobierno de Salcedo amplió terreno para ello. Contiguo al hospicio y su capilla, el Sr. Tagle hizo construir casa de ejercicios; luego el Sr. Lezica, benefactor tan especialista en obras pías, como Pinelli, autor de planos de todas las iglesias de su tiempo, la concluyó. Todavía el Sr. Sánchez Velazco con tan cuantiosas limosnas cooperó, que le nombraron síndico perpetuo. Pero he aquí como un jesuíta cuenta á otro su mérito y servicios en la obra nacida por susto á un naufragio:

«No podían los jesuítas del primitivo colegio acudir á todas partes, ni al alto de San Pedro, que una profunda zanja dejaba cortado.

«Acertó allegar de Europa, en 1734, D. Ignacio de Cevallos, caballero montañés, vecino de Buenos Aires, trayendo una copia de la milagrosísima imagen de Nuestra Señora de Betlem que se venera en el hospital de Antón Martín en la corte de Madrid. Llegaba con designio de erigir una capilla en dicho alto de San Pedro en que colocarla, y fundar una capellanía para que auxiHara á los pobres. Aconsejóle el obispo que entregase la imagen á los jesuítas, quienes fundando en dicho sitio una residencia cumplirían el voto de Cevallos. Luego ellos le sugirieron que ofreciera una buena cantidad de dinero al contado, y otra mayor á su vuelta de España, adonde regresaba por las diligencias de su fundación. Solicitóse del obispo y del gobernador las licencias respectivas, donando ese gran solar de dos manzanas, y mientras se solicitaba del rey licencia para el colegio, fué erigido el hospicio. Escribieron á Su Majestad el gobernador Salcedo, el obispo Arregui y el Cabildo, de la ventaja del hospital, iglesia, colegio, concediéndose después de muchos trámites, por cédula del 17 de septiembre de 1746, que al hospicio se agregara un colegio.»

Pero la verdad es que la generosa piedad de D. Melchor de Tagle fué la que coronó la obra de munificencia del señor Cevallos, labrando á su