Tradiciones argentinas · Unidad 40 de 252

Unidad 40 · 68 TRADICIONES ARGENTINAS

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68 TRADICIONES ARGENTINAS

costa, contiguo al nuevo colegio, casa adecuada para ejercicios, y señalando fincas, cuyos alquileres costeaban los alimentos de ejercitantes.

Justificado queda el título de esta tradición; la iglesia votiva que tuvo por origen un susto, aislada por las continuas inundaciones de terceros, amenazada por el desembarco de invasiones en el inmediato puerto, y víctima de incendio la nave primitiva de San José, todos los elementos obstacularizaron su ensanche, y ella, su manzana y barrio han pasado muchos años con el Jesús en la boca. Más de una generación vivió allí en continuo susto. El primer obús «Mangoré,» fundido en la sacristía, fué armado en batería sobre la cima de "su barranca, temiéndose que atrajera el fuego de todas las escuadras, que arrasarían las casuchas diseminadas en sus laderas. El escape de más de un demente tapiadas tuvo puertas y'ventanas muchas veces, y las repetidas fugas de criminales de los viejos claustros é inseguras prisiones (cárcel San Juan) dejaron sin uno. blanca á cuanta negra habitaba entre aquellos tugurios del bajo, viviendo blancos y negros pálidos de susto en susto, pues apenas hubo cólera^, fiebre amarilla, epidemia ó peste alguna que no eligiera por foco aquel, de ninguna higiene, de locos, enfermos, presidiarios y pestilentes, en el mismo solar que la Caridad devuelve transformado en jardín de infantes.

Otra causa justificativa de la iglesia del susto, que continuamente inquietaba el barrio, fué el haber sido la primera á que se concedió «derecho de asilo.» Apenas hubo ladrón que no aprovechara de los que dormían á pierna suelta, con todo abierto, en largas siestas, para transportar sin la voluntad de su dueño cuanto á mano encontrara á los pajonales de la boca, y con frecuencia esos discípulos de Caco entraban atropellando perros y beatas madrugadoras que á la del alba concurrían, misa á que se veían obligados cuando la justicia venía pisándoles los talones. También continuos combates, bajo el simulado nombre de elecciones, tuvieron en sobresalto á los estudiantes de Medicina hasta el año del incendio, en que se le quemaron los libros al cura_, por cual chamusquina todo mal nacido ó peor casado que dificultoso encuentra comprobación de partidas, declárase vecino de la parroquia, bautizado ó casado en época anterior á la desaparición de los libros parroquiales. Y en tan estrecho perímetro que espacio tuvo para tan múltiples instalaciones, lo hubo también para la fundición del primer obús por el ingeniero D. Ángel de Monasterio. Antes que las doce Sibilas, colgadas hoy en la sacristía, presenciaran desde su alta galería las buenas obras de párrocos tan meritorios como el presbítero Fernández, víctima de su caridad durante la primera epidemia; el activo Flores, los ilustrados Duprat y Kiernan; en aquel recinto fué transformada en