Tradiciones argentinas · Unidad 42 de 252
Unidad 42 · DOCTOR P. OBLIGADO 7 1
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DOCTOR P. OBLIGADO 7 1
Doce jóvenes aficionados, entre los que se contaban algunos oficiales de marina, toldaron un hueco de la ciudad, que, en su macizo central, cada manzana contaba uno, si no dos.
Triple hilera de sillas, perniquebradas las más, alinearon para las señoras; toscas tablas figurando bancos, y suelo pelado como su pie, para mestizas y cuarteronas de tenteempié.
La vela mayor del buque figuraba como telón de boca, y en tan improvisado corral, no mucho más raquítico que el de la Pacheca, chulos y currutacas quedaron con la boca abierta, aplaudiendo, antes y después de media docena de loas y versiadas de confección doméstica. Primero es la honra y La vida es sueño, del padre Calderón.
Lo dado á comedias que fueron siempre nuestros abuelos y el entusiasmo de improvisados autores hizo recibir con aplauso delirante esa primera tentativa dramática.
Si rezongos de sacristía provocó, de sus rincones no salieron; que la muy noble y muy leal ciudad de Buenos Aires, que acababa de ser así declarada por el padre, no podía dejar de aparecer tal al celebrar la coronación del hijo
Cuando años después se trató de establecer el Teatro permanentemente, entonces sí se levantó polvareda por naves y confesonarios, subiendo hasta el pulpito, desde el que se le anatematizaba.
Oigamos lo que un padre de campanillas, ó más bien monigote ó sacristán de cencerro, entre dos sorbos del aromático somomusco de las Clarisas, atorándose, exclamaba:
— Escandalizado he salido de la celda á respirar un poco, cuando me han ido con el cuento de que hasta las familias más decentes asistieron anoche á esa Casa de comedias ó de farsas, equivalente á casa de escándalo entre histriones y faranduleras.
— Pero si su paternidad me permite — replicaba el más leguleyo de los contertulianos en la botica, frente á San Francisco, — todavía en la corte se representan los Autos Sacramentales, pasos y pasillos que Calderón, Tirso de Molina, Lope de Vega y otros padres de la Iglesia han escrito con tanto aplauso; pues tengo oído á la confesada del padre Brizuela, que en Madrid hasta su guía espiritual acudía á comedias después de toros y riña de gallos, y asomaba por el balconcito de los frailes (así llamadas las claraboyas más altas por ellos frecuentadas).
— Lo cual sólo prueba que los abusos y malas costumbres es lo que