Tradiciones argentinas · Unidad 53 de 252

Unidad 53 · 86 TRADICIONES ARGENTINAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

86 TRADICIONES ARGENTINAS

vaqueano de los lenguaraces con el no menos ducho de los capataces, fueron á detener riendas lejos, muy lejos del punto de partida.

— Hasta aquí no más, hermano — dijo el indio viejo y plantó estaca.

— Pero bien: este es el largo, ¿y el ancho?

— El de dos caballos.

— ¡Otri! ¿Y cómo vamos á poblar estancia así?

— ¡Esto diciendo Cacique y dando vuelta rienda!

No hubo más. Como el trato había sido doscientas yeguas por extensión alcanzada en el galope de un caballo, desde que se levanta hasta que se acuesta el sol, y éste se había dirigido de Norte á Sur, otras doscientas yeguas hubo de pagar para cuadrar el campo en segundo galope de sol á sol y de Este á Oeste.

Estas grandes áreas así vendidas sin papel pintado, dinero ó escritura, por los indios á los primeros pobladores de nuestra campaña, valieron más que las adquiridas ante cartularios de ante mi y doy fe, en cuanto al respeto en las invasiones de indios hasta el siglo pasado y después de título de posesión.

Y como aunque las autoridades subsiguientes no respetaran mucho título tan en el aire, afirmado sólo por el galope de un caballo, el del más antiguo ocupante fué sin duda siempre el mejor. Con el andar del tiempo, mucho se retacearon áreas sin Hmites fijos; pero la mitad de la mitad ó fracción cualquiera valorizada por la población ha sido el origen de muchas fortunas, contándose á la fecha así las más cuantiosas, no por el mayor número de fincas, sino por el de más leguas de tierra.

Mucho es lo que ha crecido la propiedad urbana, pero más ha centupHcado el valor de la propiedad rural.

Y como para muestra basta un botón, sobrará recordar que si la primera manzana que referimos sobre la plaza principal fué vendida por una yegua blanca y un traje de paisano hace tres siglos, noventa años há el valor de la legua al otro lado de San Borombón sólo era de veintiséis pesos, vendiéndose otras á diez y seis.

Después de ciento treinta años, doscientos descendientes de ese progresista hacendado cuentan hoy su bienestar, resultado de aquellos primitivos mil duros que hábilmente sembrados produjeron innumerable cosecha.

Entre ellos hubo ministros, gobernadores, legisladores, magistrados, abogados, médicos, militares, sacerdotes, comerciantes, literatos, estancieros y estadistas que dejaron su paso honorable marcado en este suelo. Porque D. Antonio no fué un simple pionnier, sino también una inteli-

gencia despejada, alentada por la mejor voluntad de aprender y enseñar cuanto útil encontraba á su paso. Así dedicó á cada uno de sus hijos á diferentes carreras é industrias hasta enviar uno á paso de muía caminito á Chuquisaca, de cuya Universidad volvió con las borlas doctorales.

¡Cuánto alcanza el trabajo perseverante, impulsado por una firme voluntad! ¡Cuántos, como el Antonio Calañesito de nuestro cuento, pobres en España, son hoy ricos en Buenos Aires!

Campamento en las Lajas