Tradiciones argentinas · Unidad 55 de 252

Unidad 55 · 90 TRADICONES ARGENTINAS

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90 TRADICONES ARGENTINAS

Los días pasaban y la tabaquera de cocodrilo exornada de oro y plata no aparecía. Ni que alguno de esos anfibios de laguna inmediata se la hubiera tragado. El subteniente seguía retirándose el primero, observándosele el bultito sospechoso en el bolsillo. Los concurrentes empezaban también á retirar sus asientos del suyo, haciendo el vacío hasta dejarle solo y aislado al último de la mesa.

Al alejamiento de compañeros fuese agregando el de la palabra. Algunas manos ya no se le extendían; otras oprimían fríamente la suya. El jefe nada decía, pero los subalternos decían demasiado, formándose atmósfera insostenible al sospechado.

Ya se tramaban sordamente murmuraciones contra el que, si para unos estaba convicto, para pocos era el oficial digno que inconscientemente había dado lección de delicadeza. Serio, silencioso, imperturbable, seguía él cumpliendo todas sus obligaciones, observando al pie de la letra la Ordenanza, en cuyo examen acababa de obtener die:{, y alejándose precipitadamente con el bulto acusador.

Y en tanto no aparece la dorada cigarrera, que se había hecho humo antes de convertirse en tal su contenido, y en lo mismo el honrado ladroncito á quien se inculpaba su traspapelamiento, prendiendo un puro^ echemos párrafo aparte hablando de bueyes perdidos; que tal parecerá recordar ese hermoso sentimiento de amor filial que tan escaso se va haciendo, como los diamantes del Cabo en esa lejana región donde al fulgor de los cañonazos de la más poderosa de las naciones, la más pequeña aparece al mundo dando ejemplo de amor patrio.

La antigua Roma, cabeza del mundo, antes que todos los vicios la prostituyeran, que toda virtud deificaba, levantó un templo á la Piedad en el mismo sitio de la cárcel, al través de cuyas rejas una joven madre prolongó la vida de su propio padre condenado á morir de hambre, visitándole cada día y sustentándole á sus pechos.

Escena en algo semejante dio origen á nuestra iglesia del mismo nombre (calle déla Piedad), alzada sobre los ruinosos cuartos de otra hija que se sacrificó por su padre, donde hoy relumbra á la mayor altura ampulosa . media naranja de templo que nunca terminará, según la profecía de los ingenieros Canales, que pretendieron enmendar la plana á su colega señor Pellerini.

Sin mencionar notables ejemplos que en el aniversario de la patria las piadosas damas de la Sociedad de Beneficencia presentan cada año al pue-