Tradiciones argentinas · Unidad 57 de 252

Unidad 57 · 92 TRADICIONES ARGENTINAS

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92 TRADICIONES ARGENTINAS

do la marea civilizadora, dilatando fronteras y conquistas en el desierto hasta Resistencia,, y en sus veinte años de gobernación en el Chaco sembró de pueblos sus riberas, descollando las colonias de Avellaneda, Víctor Manuel, Las Garzas, Ocampo, Las Toscas, Florencia, San Antonio, Resistencia y Timbó. Hermano del ilustrado coronel que fundara el primer regimiento de artillería de montaña al pie de los Andes, dilató el nombre de ese otro inolvidable marino que arribara el primero á Nahuel-Huapi, y en las fronteras más avanzadas hacia los cuatro vientos, el general obligado se creyó, como los soldados de su raza, á dejar bien puesto allí su nombre.

En una de esas fronteras ensanchadas por su esfuerzo, en aquella hermosa región donde el suave algodonero y la dulce caña florecen, y también sentimientos tan suaves y dulces, fué donde se produjo el sucedido que tradicionamos.

Til

Ya los más atolondrados hablaban de pedir la separación del sindicado, con la única razón de porque sí, cuando el jefe llamó reservadamente á su alojamiento al taciturno, diciéndole:

— Usted no me ha tomado la cigarrera

— Señor comandante, lo he afirmado bajo palabra

— Ya lo sé; ¿pero tiene usted inconveniente en decirme por qué no quiso seguir el movimiento de sus compañeros que tan espontáneamente vaciaron sus bolsillos?

— Lo que de ningún modo demostraba que no pudieran ocultar la cigarrera en otra parte. ¡Aunque líbreme Dios de sospechar de ninguno de mis compañeros!

— ¡Perspicaz es el alférez! No lo he llamado para apercibirle; menos para que delate á nadie. La cigarrerita ha parecido: le hablo paternalmente. ¿Quiere usted decirme por qué no imitó el ejemplo de sus compañeros?

— Ante todo por propio decoro, y también por otra causa. Si estamos solos, diré á usted lo que no hubiera declarado ante sumario.

Y mirando á todos lados como abochornado, agregó en voz baja y entrecortada, casi empapada en lágrimas:

— Tengo una madre muy pobre, que llegó á empeñar sus ropas para que yo concluyera la educación militar. Aunque la asisto con mi pequeño sueldo desde que empecé á ganar doce pesos en el colegio, muchos días falta el pan en su rancho. Desde que conseguí hacerla venir cerca del