Tradiciones argentinas · Unidad 60 de 252

Unidad 60 · 98 TRADICIONES ARGENTINAS

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98 TRADICIONES ARGENTINAS

El 19 de enero de 1621, el primer ilustrísimo D. Pedro Carranza consagraba en catedral la iglesia mayor, y el 12 de mayo del año siguiente pronunció el auto de erección, estableciendo las dignidades en su primer cabildo.

Dos religiosos también andaluces, muy hábiles en todas artes, llegaron con el carmelita Carranza, quienes enriquecieron y adornaron la episcopal.

Por sesenta años continuó su construcción, y aunque era la catedral que más duró, en 1752 se fué al suelo,

¿A que no adivinan ustedes por qué? Por los continuos pleitos, odios y rencores en que se hallaban este vecindario y comerciantes, alentados por abogados que, recalcitrantes como ergotistas, introdujéronse al fin.

¿Lo creen ustedes? Pues yo tampoco; pero obispo tan casuista como el limo. Agramonte así lo afirma y ratifica al dar parte de que á las siete de la mañana del viernes 24 de marzo de 1752 cayó la catedral de esta ciudad.

La nueva, que sobre tales ruinas se alzaba, tardó más en hacerse que en deshacerse el frente por dos torres adornado.

Prueba de que éstas no sólo existieron en el modelo que el canónigo Seguróla donó al Museo, encontramos en el viejo expediente de marras, mandando demolerse la fachada y torres de la catedral y construirse de nuevo.

Y como para destruir torres parece debieran haber sido construidas, testimonio irrefutable es de que las tales torres de la catedral existieron.

A pedido del mayordomo Sr. D. Manuel Basavilbaso, la comisión de ingenieros nombrada por el virrey dictaminaba que era forzoso demolerlas desde los cimientos y poner otro frontispicio que en altura, longitud y magnificencia correspondiera al cuerpo de la iglesia recién terminada.

El arquitecto Manuel Alvarez de Rocha, que dirigía la obra, defendió las torres de nuestro cuento, que al fin resultaron torrecitas de morondanga.

Pero el Sr. José Custodio de Saá y Faria, que tanto anduvo enredando la lista allá por Misiones, en cuestión de límites, más larga que la pared medianera de nuestros buenos primos de ultracordillera, como aquí dragoneando de arquitecto, logró hacer aprobar su proyecto y plano presentado el 6 de marzo de 1778, y esas torres, sí, quedaron en el papel.

Y como desde entonces inveterada costumbre- era en esta tierra de-