Tradiciones argentinas · Unidad 65 de 252
Unidad 65 · EL PRIMER BAILE
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
EL PRIMER BAILE
CRÓNICA DE LA ÉPOCA DEL VIRREY DE LOS TRES SIETES
Magnífico estuvo el baile, como que todo contribuyó á su mayor realce, cuanto de ingenio, gracia y elegancia había por aquellos tiempos en esta ciudad. Unas con su belleza; con sus atractivos de espíritu, belleza de mejor quilate, las menos, y recargadas las más de alhajas, polvos y lunares, encontrábase en los salones del Alcázar de los virreyes, la noche del 26 de octubre de 1777, aquel «todo el mundo» que no falta en cortes ni aldeas.
Militares y comerciantes, pocos nobles, mucho alcalde, estancieros y advenedizos muy estirados, del estado llano, que con nombres y trajes de nobles, en demasiada llaneza se expresaban
¡Pero qué más, si hasta las monjas estuvieron de baile en aquel que coronaba las fiestas de la inauguración del virreinato!
Es decir, concurrieron á él, si no con la ligereza de sus pies, con la habilidad de sus manos; como que las mejores pastas, dulces y confituras, no duros confites y canelones de Córdoba, eran, si no fina, especial factura de capuchinas.
Las catahnas con sus flores, los dominicos con sus pavos y demás fruta de corral, los franciscanos con toda clase de hortalizas; hasta San Antonio tuvo allí su representante en los congéneres de su marrano y lechoncitos adobados, que, servidos á media noche, produjeron magníficas indigestiones.
También la de estos frailes, como la iglesia más cercana, había presta-
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do SUS viejas alfombras y flamantes candelabros de plata que, con la herencia de los jesuítas, les llegaran de misiones.
Desde antes de prenderse todas sus luces en el salón espléndidamente adornado, notábase en el rincón de las zetas el dialecto en crescendo de vascos, y agudas voces como las que hoy se han retirado al otro lado de Barracas. Hablaban en voz alta y en montón: Zavalas, Zapatas, Zavaletas, Zeballos, Zúñigas, Zarrateas, Zaráchagas, Zorrillas, Zuloagas, Zarragas, Zubizarretas, Zuvirías; en el mismo salón donde luego danzaban, paseaban y chismografiaban en voz baja, entre las primeras doncellas del virreinato, las de Anzoátegui, Uriburu, Arteaga, Echenagucía, Echegaray, Elizalde, Sagastizabal, Ibaceta, Gorriti^ Ezcurra, Garmendia, Triarte, Mujica, Olavarria, Ortiz, Otamendi, Beracochea
Vascos como langostas llovieron de Barracas y otros puntos á saludar al único rey que nos ha visitado un siglo más tarde, cuando llegó por estos barrios D. Carlos, el pretendiente. Este fuerte erizado de cañones para defender la majestad de uno de sus abuelos, lo encontrara convertido en salón presidencial, abierto á todos los bienvenidos. No menos antecesores de los honrados vascos que alzaron entre nosotros su tienda de trabajo, acudieron á la recepción del virrey vascongado, menos por lo de primer vice que por lo de vencedor de portugueses.
No teniendo costumbre de seguir las crónicas que por hogaño se estilan, haciendo danzar todas las letras del alfabeto, sólo recordaremos de paso que en la primera contradanza de honor, frente al virrey, acompañando á la alcaldesa, señora de Zarratea, y al almirante, marqués de Casa Tilly, con la señora del Correo (Basavilvaso), hacía vis á vis el alcalde de de vara larga y la señora de Riglos, y el esposo de ésta á la Mariquita Rospillosi, célebre por su ingenio, digna sobrina del primer abogado de campanillas que vino al país, sabio maestro de todos los doctores del virreinato.
Después de tres horas de baile, en la última cuadrilla ya hacían ojitos tiernos, entre otros jóvenes oficiales adornados por el fresco laurel de la victoria, Diego de Alvear á la Balbastro; Arce á la Zarratea; frente á Olaguer, que figuraba con la bella Azcuénaga; Saavedra acompañando á la Escalada en danzas y contradanzas, hasta que bien pronto se enredó la danza en pasos y medios pasos, como que en todos los pasos buenos y malos acompañaron por toda su vida estas patriotas abuelas del virreinato á tan ilustres militares, cuyos descendientes después de un siglo siguen esparciendo la semilla de la elegancia en nuestra culta sociedad y nobles ejemplos de honradez tradicional.
Si algún cronista clarovidente hubiera asistido al primer baila del virreinato, no habría dejado de recordar, en el salón de honor, el rincón de los