Tradiciones argentinas · Unidad 64 de 252
Unidad 64 · 102 TRADICIONES ARGENTINAS
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102 TRADICIONES ARGENTINAS
Tal vez cuando la catedral era de paja hubo más sincera devoción; pero el tiempo la ha consagrado como santuario de la fe de un pueblo, en el cual el que confía vive tranquilo.
Todo se desarrolla por el crecimiento progresivo; y la capital de la república cuenta con^ la mitad apenas de las sesenta iglesias requeridas para el culto de medio millón de católicos, exigiéndose ya una metropolitana digna de la nación Existen capillas y templos de todos los cultos, griegos, rusos y sinagogas.
Hoy que no sabemos dónde estamos, no porque recién hayamos perdido la brújula y extraviada siga la nave de la República, sin norte y expuesta á estrellarse entre los escollos que ante ella se levantan, sino porque no tenemos punto fijo astronómico, desde que cayó la farola de la Aduana, que guiaba en tenebrosa noche al navegante del Plata, y podría de su alta mole levantarse la nueva luz que condujese á nuestro puerto á todos los bienvenidos de los cuatro extremos de la tierra.
Y á no temer imitar lo del indio pedigüeño de nuestro cuento, después de pedir para la chata catedral torres mejores que las de antaño y en su reloj la hora oficial (nunca los canónigos pierden horas), á semejanza de la vecina en la Prensa, en cuya cúpula luminosa reemplace la mencionada farola transparente, proyectaríamos Seminario, á ella anexo, en el que se instruyan jóvenes sacerdotes, á quienes cumple volver el brillo de otros tiempos á la cátedra sagrada, donde resonaron los acentos más elocuentes de fe sincera y de santo patriotismo.
Y para cerrar con broche de oro esta tradición más larga que la obra de la catedral, majestuosa metrópoli, de amplísimas columnas, en cuyas sacristías se exhiben cuadros más largos aún que sus escaños, recordaremos
que vino Dios á orar en ella , es decir, su m.ismísimo representante aquí
en la tierra, descendió á rogar por este pueblo, bajo las altas bóvedas, que adornaban banderas rendidas de tres naciones.
El domingo 2 de enero de 1824, apeñuscamiento de deyotas, estrujábanse por estar más cerca á tres sacerdotes abstraídos por igual fervor al pie del altar de San Pedro, orando detrás del primer Nuncio Apostólico, arzobispo Muzzi. Recorriendo diversas capillas, venían de admirar la milagrosa imagen del Crista de Buenos Aires; y en la que hoy guarda los restos del fundador de la independencia americana, la magnífica tela del Cristo de Van-Dick, aún no substituida por mala copia del pintor napolitano demasiado listo para alzarse con el original. El porte majestuoso del
bello romano descollaba entre el argentino y chileno que le acompañaban.
¿Qué pedirían en sus oraciones aquellas almas piadosas? Con el andar del tiempo, el Sr. Cienfuegos, arribando á su tierra amada, llegó á ser obispo de Chile. El doctor Escalada quedó en casa^ 3iCon la? llaves de la casa, primer arzobispo de esta archidiócesis. El joven italiano Juan María Mastai pidió sin duda las llaves de San Pedro, y dejándole el Pontífice *su Silla, le tocaron las llaves del cielo al tomar el nombre de Pío IX. El de nuestra santa catedral, y nosotros á sus pies recibiendo en Roma su bendición, al recordarle los tiempos que tradicionamos, una misma santa plegaria nos unió pidiendo por la prosperidad de la patria argentina.
La catedral de Buenos Aires en 1900