Tradiciones argentinas · Unidad 77 de 252

Unidad 77 · DOCTOR P. OBLIGADO 123

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DOCTOR P. OBLIGADO 123

cordar como progenitores de nuestros diarios el que en 1750 apareció en Madrid (después de El Aviso, semanario del sábado), ya con real privilegio, excepción que á él y sus descendientes no evitó que la Santa Inquisición apagara de un soplo. Llamábase aquel padre de la prensa en nuestro idioma Diario noticioso, curioso, erudito, comercial, público y económico, título con que en 1790 publicó otro en Lima el mismo Cabello^ cuyos periódicos pendieron siempre de capilar tan sutil como su homónimo, en quien eran tan ralos que no llegó á peinarlos en plural.

Pero como enunciamos, veinte años antes de éste periódico que nació en verso y murió en lo mismo, por satírica Letrilla que indigestó, llegaba la Imprenta cojeando en el mismo metro desde las sierras, que siguiendo fatal ley de atavismo, de ese mal del metro ó versos cojos adolecieron cuantos gacetilleros vinieron á este mundo.

Y no podemos decir enfermedad de la época, que de todos los tiempos ha sido la versomanía,, desde el Salterium, primera impresión de Gutenberg, la Gaceta de Richelieu, el Mercurio en España, la primera impresión en América, Salmo (Misiones, 17C1), Letrilla del devocionario de Santa Teresa (primer impreso en Buenos Aires, 1780), El Telégrafo, hasta el último diario que acaba de aparecer en el país.

En uno de los viajes en que el Sr. Basavilbaso regresaba de recorrer las postas que estableció hasta Potosí, trayendo en sus petacas el célebre cuzqueño Rivera, autor del primer grabado en Buenos Aires y tal vez el mismo en que Concolorcobo, autor de la primera Guia de ciegos caminantes, elogiaba su actividad por la propaganda de las luces, descansando en Córdoba (colegio de'jesuítas sin jesuítas), cuyos cofrades ayudara á embarcar en este puerto, mal de su grado, bajó á sestear al sótano más fresco. Allí halló tirados los restos de la imprenta que esos misioneros consiguieron introducir, en la que apenas tiempo hubieron de una sola impresión, encontrando entre los huérfanos de jesuítas uno, que por reunir en su nombre el de todos los santos, no le habían alcanzado para pronombre. La tradición le recuerda Santo á secas_, aunque con el tiempo llegó á ser Santos de Carolla, sin duda por haber nacido en la hacienda de ese nombre. Chacra de los Colegiales, colonia hoy limítrofe á Jesús María, y otra de tantas propiedades de los pobres jesuítas* tal vez bajo el mismo rancho que un siglo más tarde visitamos en ruinas, por señalarse como cuna del poeta Rivera Indarte que el general Mitre llamaba «el Tirteo argentino.» Usaba el huérfano por única almohada la vieja prensa, cuyos restos se ve-