Tradiciones argentinas · Unidad 76 de 252
Unidad 76 · 122 TRADICIONES ARGENTINAS
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
122 TRADICIONES ARGENTINAS
ron los tipógrafos por patrono á San Juan Ante-Portam-Latinam). — ¡Ya pareció aquello! Tras esta huella prosigo muchas noches sin sueño. Ella rescatará de muchos errores á la humanidad. La presión de un sueño que milagro me revela y juzgas un mal, proporcionará mucho bien: alimento intelectual y también material que redimirá de doble miseria.
Desde tiempo atrás, ensayando diversos métodos de impresión, no había descubierto más sencillo descubrimiento que el revelado por la casualidad. Pero desde ese primer estampado que dio origen á la impresión, hasta la llegada de ella aquí, transcurrieron sólo trescientos cincuenta años. A la imprenta descubierta en un Estado libre de Alemania, la República de Venecia dio aliento y abrigo. De Holanda á Inglaterra y de Francia á España, todavía retardó mucho en venir de Misiones á Córdoba, y de ésta á Buenos Aires. Fué también en Venecia la primera aparición de La Ga:(etta, antes que el más viejo periódico del mundo (The EngUs Mercurio, juHo 23 de 1538, que vimos en el Museo Británico); y si demoró, como todo progreso, en llegar á la madre patria tanto como de España aquí, después del primer periódico en Lima, bajo la redacción de Cabello, fundó éste aquí El Telégrafo, que con las primeras luces del siglo vino á alumbrar la región del Plata.
En todas partes hubo diario antes que imprenta; pero entre nosotros, veinte años después de establecida, recién apareció, cien años después que en Misiones se imprimiera la primera hoja en esta América. Viejo como el mundo es el periódico, y sin remontarnos á lo referido por Tácito en sus Anales sobre la publicación de Los Fastos y El Acta diurna, especie de gacetillas locales fijadas en los sitios más concurridos (periódico en embrión), mentidero público, gradas de pretil, plaza, ferias entre los romeros ó expectativos de puertos, que acudían á oir y propagar exageraciones del navegante, que «miente como un viajero,» nació el noticiero, el propagador, gacetilla parlante, manuscrita antes de impresa. Correos, Gacetas, Papeles nuevos. Mercurios, Telégrafos y cuanto almanaque ó anuncios han inundado el planeta.
No vamos á seguir la genealogía de esta numerosísima ñimilia de hojas impresas, que inauguradas el siglo xv en Venecia, Ga^etta (del nombre de la moneda de tres cuartos que por ella se pagaba), siguió caminito de Genova á Holanda, donde germinó la semilla del más ilustre hijo de Maguncia, hasta nuestro Telégrafo, que sin duda por inaugurarse como la prim«r Gaceta en Francia (1609), mal verso encabezaba, como el anuncio de la protegida por Richelieu, todo en verso; ni siquiera de la primera que en América (Gaceta de Boston) publicó Franklin en 17 19. Basta re-