Tradiciones argentinas · Unidad 83 de 252

Unidad 83 · 130 TRADICIONES ARGENTINAS

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130 TRADICIONES ARGENTINAS

renta mil dólars por un solo telegrama, envía excursiones científicas hasta el centro del África y vapores á todas partes.

Si debe pasar de mano en mano, de generación en generación la antorcha de la verdad, ¿cómo olvidar reconocimiento á los que esparcen la verdad, á los que entre nosotros dieron los primeros pasos en no trillada senda?

En la prensa, como en toda empresa, vencer los primeros pasos es lo más difícil. Largo trayecto ha recorrido entre nosotros el periodismo en su primer siglo. Alcemos la primera columna miliaria, como los romanos levantaban de trecho en trecho jalones en el camino de la civilización, para dejar señalada la primera etapa en el término del siglo.

La prensa es un poder y una fuerza, ariete que golpeando diariamente abre brecha en los más gruesos muros de la rutina. Ante esa débil hoja de papel hasta el más poderoso palidece. Aun Napoleón suprimió los periódicos cuando empezó su despotismo. «Yo he visto temblar los más bravos caudillos acostumbrados á afrontar impávidos el cañón, ante la artillería dt los tipógrafos,» exclamaba con palabra vibrante el elocuente periodista Juan Carlos Gómez, al dictarnos un curso de derecho en las aulas de la Universidad. Poco tiempo pasó y bien de cerca palpamos la comprobación de su aserto, al encontrar á nuestro regreso quemada la imprenta en que fundamos El Nacionalista, fustigador del caudillo Cáceres, en la capital de Corrientes. No consiguiendo apagar sus fuegos á ponchazos, melenudos de su escolta guaraní la prendieron fuego en la misma casa del patriota Serapio Mantilla, donde cuarenta años antes el gobernador Ferré fundara el primer periódico; y en el mismo año que la Imprenta nacida en esa provincia (1707, Misiones) obsequiara Rivadavia al gobierno de Salta, concluían allí sus restos llevados por Ascasubi, fundiéndose los últimos tipos en balas de plomo, para rechazar (1867) las montoneras de caudillos como Várela, Potrillo, Minuet y Barsoviana, intentando civilizar con sus chuzas, al apagar las luces que la Imprenta esparce. Así, desde los primeros débiles bracitos que manejaron la prensa de Niños Expósitos, digno de recuerdo es Santos el cordobesito, quien venía discutiendo con el carretero Félix Juárez porque no cuidaba con los respetos debidos los sagrados útiles de imprenta destinados á civilizar la Pampa que cruzaba, ya que por conducirla había cobrado cuarenta pesos sin afianzar quiebras. Éste, como el negro esclavo de Aguiar, que resultó buen tipero, Oliver, Ortiz, Jambin, marinero escapado de la barca Americana, fueron los pri-