Tradiciones argentinas · Unidad 84 de 252

Unidad 84 · DOCTOR P. OBLIGADO I3I

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DOCTOR P. OBLIGADO I3I

meros tipógrafos, en tan reducido número, que veinte años después, en el del Telégrafo, donde se ofrece en almoneda un título de Castilla y una negra, sin grietas ni goteras, con todas sus entradas y salidas libres de servidumbre (tan palurdo como el negro pregonero el cartulario que igual formulario usaba para la venta, así de predio rústico ó de esclava), se anunciaba «que el próximo viernes no saldrá número, porque de los dos componedores el mejorcito se halla con tercianas.» Pero así éstos como Vertiz y Basavilbaso, promotores, y Aguiar, Sotoca, Dantas y Garrigós, impresores, dignos son de recuerdo.

La Imprenta ilustra y corrompe. Órgano de la multiplicidad del pensamiento, faro que guía, suelen sus eclipses esparcir tinieblas, convertida en ludibrio, picota de infamia ó canal de injurias. No consideramos la que vive del pugilato, de la difamación, el escándalo y la crónica verde. Este es el reverso de la medalla, la nota disonante en todas partes, la sombra en toda obra de hombre. Los que convierten el santo apostolado de la prensa en canal de difamación por donde desbordan las pasiones enconadas, los que inventaron el chantagc con la palabra impresa, esos tales son los Judas de su apostolado, desvirtúan su misión y cometen simonía.

El diario que antes del periódico escrito, no por haber nacido en el noticiero de corrillo de barrio, ha dejado de elevarse á la altura, no se puede vivir hoy sin él, no se comprende la vida en ningún centro sin este eco del mundo. Prueba al canto: iMás alto que la ambulancia de sus heridos, y al pie del telégrafo, esa otra imprenta del aire, acaba de establecer el ejército inglés en el desierto del África el vagón de su imprenta, y si los hoers aislados de sus semejantes sienten algo en medio de sus victorias, es sólo que sin prensa, aislados, sin comunicación con el mundo no pueden hacer saber cómo un puñado de patriotas decididos en todo momento, antes que dejarlo pisar por la invasión, saben defender el suelo sagrado de la patria.

Pero extraliminamos la tradición.

El que encendiera el primer horno de donde se nos reparte el alimento intelectual que nos sostiene, el pan nuestro de cada día, ¿no merece siquiera una memoria?

¿Debemos guardar silencio alrededor de los que produjeron la mayor resonancia?

Licitamos á patrocinar el monumento que deberá levantarse sobre la piedra que en el centenario de la introducción de la Imprenta se colocó en la plaza cuyo nombre recuerda el de Belgrano, primer periodista argentino, al frente de la que lleva el nombre del Secretario de la Junta, perio-