Tradiciones de América · Unidad 10 de 54

Unidad 10 · TRADICIONES DE AMÉRICA. 43

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

TRADICIONES DE AMÉRICA. 43

apacible, rodeado de madreselvas y romerillos. A un lado del remanso, bañaban las cristalinas aguas una piedra de mármol negro veteada de color de fuego ; y al otro, el tronco y las raices de un sauce corpulento.

Sobre la piedra negra, cuentan que el primer dia del mes de mayo de 1700 , estaba sentada una niña como de ocho años de edad. Las piernecillas las tenia desnudas, y con ellas revolvía la corriente, queriendo lavarse una mancha de sangre que tenia en el pié derecho, aunque mientras mas la frotaba mas y mas se avivaba su color purpúreo.

Hacia media hora que la niña luchaba con las aguas del arroyo, y con su mancha de sangre ; cuando de la espesura de la selva salió el Monje blanco.

a Kena-Kena, le dijo melancólicamente, no te fatigues en vano ; esa mancha no se borrará nunca, la heredaste de tu madre y con ella bajarás al sepulcro. »

Tan niña como era Kena-Kena, inclinó la cabeza; pensó en la historia de su nacimiento, y de sus ojos principiaron á brotar abundantes

44 TRADICIONES DE AMERICA.

lágrimas. Ardiendo salian de su corazón para ir á sumergirse en el curso frió del arroyo, y también caian en él las flores agostadas de los árboles.

Las lágrimas son las flores del alma ; y las flores son las lágrimas de los árboles ; flores y lágrimas cubren el sepulcro de la vida.

El Monje taciturno miraba lleno de melancolía la triste Kena-Kena.

Un pastor habia dicho á la niña, « que en la hora en que 1 abándose en el río, desapareciera la mancha de sangre de su pequeño pié, encontraría á su padre y á su madre, y dejaría de ser huérfana sobre la tierra. »

El Monje blanco , que era para todos los nacidos en Ilimani la voz de Dios, le habia quitado para siempre esta esperanza.

Y la niña tenia hambre , sin encontrar pan ; estaba desnuda y helada, sin hallar abrigo... y continuaba sin levantar los ojos de la corriente, cuando el Monje paso á paso, fué llegando al arroyo, y también se sentó sobre la piedra de mármol negro.

Dos horas lloró la niña y dos horas el Monje ;

TRADICIONES DE AMÉRICA. 45

con sus brazos cruzados, envuelto en su ropaje como la nieve, tuvo fijos silenciosamente los ojos sobre la tierra : parecía una nube tempestuosa dormida en la cumbre del monte.

Del tronco del sauce , que bañaba sus ramas en el remanso, un ruiseñor cantó con melodiosa .ternura; ¿era que también se lamentaba el infeliz pajarillo?

La niña alzó la frente al oirlo, y enjugó sus lágrimas , y fatigada de la pena , sin desplegar sus labios , recostó la cabeza sobre el pecho del Monje, y con sus ojos azules como el color del espacio en los dias serenos, lo miró dulcemente.

La mirada de Kena-Kena cayó sobre el corazón del ermitaño , como la lluvia sobre la yerba de los campos abrasados.

Y se quedó dormida; y el Monje hizo oración , velando el sueño de aquel lirio pudoroso de inocencia.

La niña soñó en el paraíso, y de vez en cuando invocaba á la Madre de Dios ; y su boca fresca y delicada, como las hojas de las amapolas color de rubí , que se abren al despuntar