Tradiciones de América · Unidad 9 de 54
Unidad 9 · TRADICIONES DE AMÉRICA. 37
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
TRADICIONES DE AMÉRICA. 37
mano derecha sobre la cabeza de Tuey, le dijo con ternura :
« Has dormido diez años encantado con el amor divino de mi corazón ; mis cabellos te han aprisionado largo tiempo. Vagoniona quiere que mi raza inmortal desaparezca, para que no escalen el cielo ni conozcan el camino de la eternidad, los hijos de la muerte y de la vida... Cúmplase su voluntad : mi martirio es la redención de la raza de Haiti. ..
Adonaya es la escogida : que ella te adore tanto como la diosa Tinima, hija inmortal de Vagoniona. »
Y poniendo sobre la cabeza de los amantes la verde guirnalda que adornaba su frente, tendiendo las alas al cielo, desapareció entre la pálida claridad de la plateada luna...
Adonaya y Tuey, sorprendidos, se abrazaron amorosísimamente.
La noche recogió su manto de oscuridad profunda.
Por la mañana el sol alumbró la tierra. Y desde entonces , aquel lugar risueño y misterioso se llamó valle de Yumuri. Las cuevas
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donde vivieron, Aicoroa y Adonaya, cuevas del Yumuri ; y las orillas del rio donde estuvo encantado Tuey, y exonde por la primera vez se oyó el canto del ruiseñor, rio del Yumuri...
Esta es la tradición de Tinima, hija de la luz y de Vagoniona , padre de los hombres.
KENA-KENA
KENA-KENA
Al pié del Ilimani hay una aldea rodeada de árboles y de arroyos cristalinos, y mas cerca del alta cumbre una pequeña ermita : su puerta está adornada de guirnaldas esculpidas primorosamente en la piedra : sus ventanas son ojivales , y el altar y la Virgen los labró la mano del Monje blanco.
Del Monje blanco que allí hacia oración; que
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allí celebraba la misa el despuntar la aurora ; que allí curaba á los enfermos ; era consuelo de los afligidos; amparaba á los débiles, y allí vivía amado de los habitantes de los caseríos y de las tribus que se ocultaban en el corazón de la sierra.
Pero habiendo muerto hacia siglo y medio , de su vida no quedaba sino la tradición , y al lado del altar de la ermita dos piedras sepulcrales : en la de la derecha se leia : Kena-Kena, y en la de izquierda, el Monje blanco.
Los aldeanos llevaban el dia de difuntos , coronas de ciprés á la tumba del Monje; y en la fiesta de la resurrección, coronas de mirto á la tumba de Kena-Kena.
Las tradiciones de los pueblos son su historia; Kena-Kena era una tradición muy melancólica ; y al contarla las vírgenes de América derramaban lágrimas.
Refieren, que á media hora de la ermita habia un arroyuelo : por sus arenas rodaban sin que nadie los codiciara, granos y pepitas de oro. Al bajar de la cumbre, antes de pasar besando el muro de la ermita , formaba un remanso