Una excursión a los indios ranqueles · Unidad 9 de 243

Unidad 9 · i\\ EXCÜHSlÓlN \ LOS JMHOS KVMHKLES 19

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El paso del Lechuzo» con su nombre de mal agüero, es una excelente emboscada y cuentan sobre él las más extrañas historias de fechorías hechas allí por los indios.

Lo cruzamos al trote, azotando las ramas, caballos y jinetes; al salir de la espesura piqué yo el mío con las espuelas, y diciéndole a fray Marcos, — Oiga padre, — me puse al galope seguido por el buen franciscano, que no tenía entonces, como no tiene ahora, para mí más defecto que haberme maltratado un excelente caballo moro que le presté.

Él ayudante y los tres soldados que me acompañaban quedáronse un poco atrás y nada pudieron oír de nuestra conversación.

El Padre tenía su imaginación llena de las ideas de los gauchos que han solido ir a los indios por sn gusto o vivir cautivos entre ellos.

Consideraba mi empresa la más arriesgada, no tanto por el peligro de la vida, sino por la fe púnica de los indígenas. Me hizo sobre el particular las más benévolas reflexiones, y por último, dándome una muestra de cariño, me dijo : "Bien, Coronel; pero cuando Vd. se vaya, no me deje a mí, Vd. sabe que soy misionero".

Yo he cumplido mi promesa y él Su palabra. Los preparativos para la marcha se hicieron en el fuerte Sarmiento, donde a la sazón se hallaba una comisión de indios presidida por Achauentrú, diplomático de monta entre los Ranqueles, y cuyos servicios me han sido relatados por él mismo.

Ya calcularás, que los preparativos debían reducirse a muy poca cosa. En las correrías por la Pampa lo esencial son los caballos. Yendo uno bien montado, se tiene todo; porque jamás faltan vichos que bolear, avestruces, gamas, guanacos, liebres, gatos monteses, o peludos, o mulitas, o piches, o matacos que cazar.

Eso es tener todo, andando por los campos, — tener que córner.

A pesar de esto yo hice preparativos más formales. Tuve que arreglar dos cargas de regalos y otra de charqui riquísimo, azúcar, sal, yerba y café. Si alguien llevó otras golosinas debió comérselas en la primera jornada, porque no se vieron.

Los demás aprestos consistieron en arreglar debidamente las monturas y arreos de todos los que debían acompañarme para que a nadie le faltara maneador, bozal con cabestro, manea y demás útiles indispensables, y en preparar los caballos, componiéndoles los vasos con la mayor prolijidad.

Cuando yo me dispongo a una correría sólo una cosa me preocupa grandemente, — los caballos.