Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) · Unidad 10 de 27
CAPITULO VI.
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De una de tres causas los ensueños Se causan, ó los sueños, que este nombre Les dan los que del bien hablar son dueños.
Primera, de las cosas de que el hombre Trata mas de ordinario: la segunda Quiere la medicina que se nombre,
Del humor que en nosotros mas abunda. Toca en revelaciones la tercera, Que en nuestro bien mas que las dos redunda.
Dormí, y soñé, y el sueño la tercera Causa le dió principio suficiente, A mezclar el ahito y la dentera.
Sueña el enfermo, á quien la fiebre ardiente Abrasa las entrañas, que en la boca Tiene de las que ha visto alguna fuente.
Y el labio al fugitivo cristal toca, Y el dormido consuelo imaginado Crece el deseo, y no la sed apoca.
Pelea el valentisimo soldado Dormido, casi al modo que despierto Se mostró en el combate fiero armado.
Acude el tierno amante á su concierto, Y en la imaginacion dormido llega Sin padecer borrasca á dulce puerto.
El corazon el avariento entrega En la mitad del sueño á su tesoro, Que el alma en todo tiempo no le niega.
Yo, que siempre guardé el comun decoro En las cosas dormidas y despiertas, Pues no soy Troglodita ni soy Moro;
De par en par del alma abrí las puertas, Y dexé entrar al sueño por los ojos Con premisas de gloria y gusto ciertas.
Gocé durmiendo quatro mil despojos, Que los conté sin que faltase alguno, De gustos que acudieron á manojos.
El tiempo, la ocasion, el oportuno Lugar correspondian al efeto, Juntos y por sí solo cada uno.
Dos horas dormí, y mas á lo discreto, Sin que imaginaciones ni vapores El celebro tuviesen inquieto.
La suelta fantasia entre mil flores Me puso de un pradillo, que exhalaba De Pancaya y Sabea los olores.
El agradable sitio se llevaba Tras sí la vista que durmiendo, viva Mucho mas que despierta se mostraba.
Palpable vi, mas no sé si lo escriba, Que á las cosas que tienen de imposibles, Siempre mi pluma se ha mostrado esquiva.
Las que tienen vislumbre de posibles, De dulces, de suaves y de ciertas Explican mis borrones apacibles.
Nunca á disparidad abre las puertas Mi corto ingenio, y hallalas contino De par en par la consonancia abiertas.
Cómo puede agradar un desatino Si no es que de proposito se hace, Mostrandole el donaire su camino?
Que entonces la mentira satisface Quando verdad parece, y está escrita Con gracia, que al discreto y simple aplace.
Digo, volviendo al cuento, que infinita Gente vi discurrir por aquel llano, Con algazara placentera y grita:
Con habito decente y cortesano Algunos, á quien dió la hipocresia Vestido pobre; pero limpio y sano.
Otros de la color que tiene el dia Quando la luz primera se aparece Entre las trenzas de la aurora fria.
La variada primavera ofrece De sus varias colores la abundancia, Con que á la vista el gusto alegre crece.
La prodigalidad, la exorbitancia Campean juntas por el verde prado Con galas que descubren su ignorancia.
En un trono del suelo levantado, (Do el arte á la materia se adelanta Puesto que de oro y de marfil labrado)
Una doncella ví desde la planta Del pie hasta la cabeza asi adornada, Que el verla admira, y el oirla encanta.
Estaba en él con magestad sentada, Giganta al parecer en la estatura, Pero aunque grande, bien proporcionada.
Parecia mayor su hermosura Mirada desde lejos, y no tanto Si de cerca se ve su compostura.
Lleno de admiracion, colmo de espanto, Puse en ella los ojos, y vi en ella Lo que en mis versos desmayados canto.
Yo no sabré afirmar si era doncella, Aunque he dicho que sí, que en estos casos La vista mas aguda se atropella.
Son por la mayor parte siempre escasos De razon los juicios maliciosos En juzgar rotos los enteros vasos.
Altaneros sus ojos y amorosos Se mostraban con cierta mansedumbre, Que los hacia en todo estremo hermosos.
Ora fuese artificio, ora costumbre, Los rayos de su luz tal vez crecian, Y tal vez daban encogida lumbre.
Dos ninfas á sus lados asistian, De tan gentil donaire y apariencia, Que miradas las almas suspendian.
De la del alto trono en la presencia Desplegaban sus labios en razones, Ricas en suavidad, pobres en ciencia.
Levantaban al cielo sus blasones, Que estaban por ser pocos ó ningunos, Escritos del olvido en los borrones.
Al dulce murmurar, al oportuno Razonar de las dos, la del asiento, Que en belleza jamas le igualó alguno,
Luego se puso en pie, y en un momento Me pareció, que dió con la cabeza Mas allá de las nubes, y no miento:
Y no perdió por esto su belleza, Antes mientras mas grande, se mostraba Igual su perfecion á su grandeza:
Los brazos de tal modo dilataba, Que de do nace adonde muere el dia Los opuestos estremos alcanzaba.
La enfermedad llamada hidropesia Asi le hincha el vientre, que parece Que todo el mar caber en él podia.
Al modo destas partes asi crece Toda su compostura, y no por esto, Qual dixe, su hermosura desfallece.
Yo atonito esperaba ver el resto De tan grande prodigio, y diera un dedo Por saber la verdad segura, y presto.
Uno, y no sabré quien, bien claro y quedo Al oido me habló, y me dixo: espera, Que yo decirte lo que quieres puedo.
Esta que ves, que crece de manera, Que apenas tiene ya lugar do quepa, Y aspira en la grandeza á ser primera:
Esta que por las nube sube y trepa Hasta llegar al cerco de la luna (Puesto que el modo de subir no sepa.)
Es la que confiada en su fortuna Piensa tener de la inconstante rueda El exe quedo, y sin mudanza alguna.
Esta que no halla mal que le suceda, Ni le teme atrevida y arrogante, Prodiga siempre, venturosa y leda:
Es la que con disignio extravagante Dió en crecer poco á poco hasta ponerse Qual ves en estatura de gigante.
No dexa de crecer por no atreverse A emprender las hazañas mas notables, Adonde puedan sus estremos verse.
No has oido decir los memorables Arcos, anfiteatros, templos, baños, Termas, porticos, muros admirables:
Que á pesar y despecho de los años, Aun duran sus reliquias y entereza, Haciendo al tiempo y á la muerte engaño?
Yo, respondi por mí, ninguna pieza Desas que has dicho, dexo de tenella Clavada y remachada en la cabeza.
Tengo el sepulcro de la viuda bella, Y el Coloso de Rodas alli junto, Y la lanterna que sirvió de estrella.
Pero vengamos de quien es al punto Esta, que lo deseo. Haráse luego, Me respondió la voz en baxo punto.
Y prosiguió, diciendo: á no estar ciego Huvieras visto ya quien es la dama: Pero enfin tienes el ingenio lego.
Esta que hasta los cielos se encarama Preñada, sin saber como, del viento, Es hija del deseo y de la fama.
Esta fue la ocasion y el instrumento En todo y parte de que el mundo viese No siete marabillas, sino ciento.
Corto numero es ciento: aunque dixese Cien mil y mas millones, no imagines, Que en la cuenta del numero excediese.
Esta conduxo á memorables fines, Edificios que asientan en la tierra, Y tocan de las nubes los confines.
Esta tal vez ha levantado guerra, Donde la paz suave reposaba Que en limites estrechos no se encierra.
Quando murió en las llamas, abrasaba El atrevido fuerte brazo y fiero, Esta el incendio horrible resfriaba.
Esta arrojó al Romano caballero En el abismo de la ardiente cueva, De limpio armado, y de luciente azero.
Esta tal vez con marabilla nueva, (De su ambiciosa condicion llevada) Mil imposibles atrevida prueba.
Desde la ardiente Libia hasta la helada Citia lleva la fama su memoria, En grandiosas obras dilatada.
Enfin ella es la altiva vanagloria, Que en aquellas hazañas se entremete, Que llevan de los siglos la vitoria.
Ella misma á sí misma se promete Triunfos y gustos, sin tener asida A la calva ocasion por el copete.
Su natural sustento, su bebida, Es aire, y asi crece en un instante Tanto, que no hay medida á su medida.
Aquellas dos del placido semblante Que tiene á sus dos lados, son aquellas Que sirven á la maquina de Atlante.
Su delicada voz, sus luces bellas, Su humildad aparente, y las lozanas Razones, que el amor se cifra en ellas,
Las hacen mas divinas que no humanas, Y son, (con paz escucha y con paciencia) La adulacion y la mentira hermanas.
Estas están contino en su presencia, Palabras ministrandole al oido, Que tienen de prudentes aparencia.
Y ella qual ciega del mejor sentido, No ve que entre las flores de aquel gusto, El aspid ponzoñoso está escondido.
Y asi arrojada con deseo injusto En cristalino vaso prueba y bebe El veneno mortal, sin ningun susto.
Quien mas presume de advertido, pruebe A dexarse adular, verá quan presto Pasa su gloria como el viento leve.
Esto escuché: y en escuchando aquesto, Dió un estampido tal la gloria vana, Que dió á mi sueño fin dulce y molesto.
Y en esto descubrióse la mañana, Vertiendo perlas y esparciendo flores, Lozana en vista, y en virtud lozana.
Los dulces pequeñuelos ruiseñores Con cantos no aprendidos le decian Enamorados della mil amores.
Los silgueros el canto repetian, Y las diestras calandrias entonaban La musica, que todos componian.
Unos del esquadron priesa se daban, Porque no los hallase el dios del dia En los forzosos actos en que estaban.
Y luego se asomó su señoria, Con una cara de tudesco roja, Por los balcones de la aurora fria.
En parte gorda, en parte flaca y floja, Como quien teme el esperado trance, Donde verse vencido se le antoja.
En propio toledano y buen romance Les dió los buenos dias cortesmente, Y luego se aprestó al forzoso lance.
Y encima de un peñasco puesto enfrente Del esquadron, con voz sonora y grave Esta oracion les hizo de repente.
O espiritus felices, donde cabe La gala del decir, la sutileza De la ciencia mas docta que se sabe!
Donde en su propia natural belleza Asiste la hermosa poesia Entera de los pies á la cabeza!
No consintais por vida vuestra y mia, (Mirad con que llaneza Apolo os habla) Que triunfe esta canalla que porfia.
Esta canalla digo que se endiabla, Que por darles calor su muchedumbre, Ya su ruina, ó ya la nuestra entabla.
Vosotros de mis ojos gloria y lumbre, Faroles do mi luz de asiento mora, Ya por naturaleza, ó por costumbre,
Haveis de consentir que esta embaidora, Hipocrita gentalla se me atreva, De tantas necedades inventora?
Haced famosa y memorable prueba De vuestro gran valor en este hecho, Que á su castigo y vuestra gloria os lleva.
De justa indignacion armad el pecho, Acometed intrepidos la turba, Ociosa, vagamunda, y sin provecho.
No se os dé nada, no se os dé una burba, (Moneda Berberisca, vil y baxa) De aquesta gente, que la paz nos turba.
El son de mas de una templada caja, Y el del pifaro triste y la trompeta, Que la colera sube, y flema abaxa;
Asi os incite con virtud secreta, Que despierte los animos dormidos En la facion que tanto nos aprieta.
Yá retumba, ya llega á mis oidos Del esquadron contrario el rumor grande, Formado de confusos alaridos.
Ya es menester, sin que os lo ruegue, ó mande, Que cada qual como guerrero experto, sin que por su capricho se desmande,
La orden guarde y militar concierto, Y acuda á su deber como valiente Hasta quedar, ó vencedor ó muerto.
En esto por la parte de poniente Pareció el escuadron casi infinito De la barbara, ciega, y pobre gente.
Alzan los nuestros al momento un grito Alegre, y no medroso; y gritan, arma, Arma resuena todo aquel distrito; Y aunque mueran, correr quieren al arma.
VIAGE AL PARNASO.