Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) · Unidad 14 de 27
JORNADA I. — parte 1
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SCENA I.
_Salen_ CIPION _y_ JUGURTA.
CIPION.
Esta dificil y pesada carga Que el senado Romano me ha encargado, Tanto me aprieta, me fatiga y carga, Que ya sale de quicio mi cuidado: Guerra de curso tan estraño y larga, Y que tantos Romanos ha costado, Quién no estará suspenso al acabarla, O quién no temerá de renovarla?
JUGURTA.
Quién, Cipion? quien tiene la ventura Y el valor nunca visto, que en tí encierras, Pues con ello y con él está segura La victoria y el triunfo destas guerras.
CIPION.
El esfuerzo regido con cordura Allana al suelo las mas altas sierras, Y la fuerza feroz de loca mano Aspero vuelve lo que está mas llano: Mas no hay que reprimir á lo que veo. La furia del exercito presente, Que olvidado de gloria y de trofeo Yace embebido en la lascivia ardiente: Esto solo pretendo, esto deseo Volver á nuevo trato á nuestra gente, Que enmendado primero el que es amigo, Sujetaré mas presto al enemigo. Mario?
_Sale_ GAYO MARIO.
GAYO MARIO.
Señor?
CIPION.
Haz que á noticia venga De todo nuestro exercito en un punto, Que sin que estorbo alguno le detenga Parezca en este sitio todo junto, Porque una breve platica ó arenga Les quiero hacer.
GAYO MARIO.
Harelo en este punto.
CIPION.
Camina, porque es bien que sepan todos Mis nuevas trazas y sus viejos modos.
_Vase_ GAYO MARIO.
JUGURTA.
Séte decir, señor, que no hay soldado Que no te tema juntamente y te ame; Y porque ese valor tuyo estremado De Antartico á Calisto se derrame, Cada qual con feroz animo osado, Quando la trompa á la ocasión le llame, Piensa de hacer en tu servicio cosas Que pasen las hazañas fabulosas.
CIPION.
Primero es menester que se refrene El vicio que entre todos se derrama, Que si este no se quita, en nada tiene Con ellos que hacer la buena fama: Si este daño común no se previene, Y se dexa arraigar su ardiente llama, El vicio solo puede hacernos guerra Mas que los enemigos desta tierra.
_Dentro se echa este vando, haviendo primero tocado á recoger el atambor_.
Manda nuestro General Que se recojan armados Luego todos los soldados En la plaza principal, Y que ninguno no quede De parecer á esta vista, So pena que de la lista Al punto borrado quede.
JUGURTA.
No dudo yo, señor, sino que importa Regir con duro freno la milicia, Y que se dé al soldado rienda corta Quando él se precipita en la injusticia: La fuerza del exercito se acorta Quando va sin arrimo de justicia, Aunque mas le acompañen á montones Mil pintadas vanderas y esquadrones.
_A este punto han de entrar los mas soldados que pudieren, y_ GAYO MARIO, _armados á la antigua, sin arcabuces, y_ CIPION _se sube sobre una peñuela que está en el tablado, y mirando á los soldados, dice:_
CIPION.
En el fiero ademan, en los lozanos Marciales aderezos y vistosos Bien os conozco, amigos, por Romanos; Romanos digo, fuertes y animosos; Mas en las blancas delicadas manos Y en las teces de rostros tan lustrosos Allá en Bretaña pareceis criados, Y de padres Flamencos engendrados. El general descuido vuestro, amigos, El no mirar por lo que tanto os toca, Levanta los caidos enemigos, Y vuestro esfuezo y opinion apoca. Desta ciudad los muros son testigos Que aun hoy están qual bien fundada roca, De vuestras perezosas fuerzas vanas, Que solo el nombre tienen de Romanas. Pareceos, hijos, que es gentil hazaña Que tiemble del Romano nombre el mundo, Y que vosotros solos en España Le aniquileis y echeis en el profundo? Qué floxedad es esta tan estraña? Qué floxedad? si mal yo no me fundo, Es floxedad nacida de pereza, Enemiga mortal de fortaleza. La blanda Venus con el duro Marte Jamas hacen durable ayuntamiento: Ella regalos sigue, él sigue el arte Que incita á daños, y á furor sangriento: La Cipria diosa estese agora á parte, Dexe su hijo nuestro aloxamiento: Que mal se aloxa en las marciales tiendas Quien gusta de banquetes y meriendas. Pensais que solo atierra la muralla El ariete de ferrada punta, Y que solo atropella la batalla La multitud de gente y armas junta? Si el esfuerzo y cordura no se halla Que todo lo previene y lo barrunta, Poco aprovechan muchos esquadrones, Y menos infinitas municiones. Si á militar concierto se reduce Qualquier pequeño exercito que sea, Vereis que como sol claro reluce, Y alcanza las victorias que desea: Pero si á floxedad él se conduce, Aunque abreviado el mundo en él se vea, En un momento quedará deshecho Por mas reglada mano y fuerte pecho. Averguenceos, varones esforzados, Ver que á nuestro pesar con arrogancia Tan pocos Españoles y encerrados Defiendan este nido de Numancia. Diez y seis años son y mas pasados, Que mantienen la guerra y la jactancia De haver vencido con feroces manos Millares de millares de Romanos. Vosotros os venceis, que estais vencidos Del baxo antojo femenil liviano, Con Venus y con Baco entretenidos, Sin que á las armas estendais la mano. Correos agora, sino estais corridos, De ver que este pequeño pueblo Hispano Contra el poder Romano se defienda, Y quando mas rendido, mas ofenda. De nuestro campo quiero en todo caso Que salgan las infames meretrices, Que de ser reducidos á este paso Ellas solas han sido las raices. Para beber no quede mas de un vaso, Y los lechos un tiempo ya felices, Llenos de concubinas, se deshagan, Y de fagina y en el suelo se hagan. No me huela el soldado á otros olores, Que al olor de la pez y de resina, Ni por gulosidad de los sabores Traiga aparato alguno de cocina, Que el que busca en la guerra estos primores, Muy mal podrá sufrir la corazina: No quiero otro primor ni otra fragrancia En tanto que Español viva en Numancia. No os parezca, varones, escabroso Ni duro este mi justo mandamiento, Que al fin conocereis ser provechoso, Quando aquel consigais de vuestro intento. Bien sé se os ha de hacer dificultoso Dar á vuestras costumbres nuevo asiento; Mas sino las mudais, estará firme La guerra, que esta afrenta mas confirme. En blandas camas, entre juego y vino Hallase mal el trabajoso Marte; Otro aparejo busca, otro camino, Otros brazos levantan su estandarte; Cada qual se fabrica su destino; No tiene aqui fortuna alguna parte; La pereza fortuna baxa cria, La diligencia imperio y monarquia. Estoy con todo esto tan seguro De que al fin mostrareis que sois Romanos, Que tengo en nada el defendido muro Destos rebeldes barbaros Hispanos, Y asi os prometo por mi diestra y juro Que si igualais al animo las manos, Que las mias se alarguen en pagaros, Y mi lengua tambien en alabaros.
_Miranse los soldados unos à otros, y hacen señas à uno de ellos_, GAYO MARIO, _que responda por todos, y asi dice:_
GAYO MARIO.
Si con atentos ojos has mirado, Inclito General, en los semblantes Que á tus breves razones han mostrado Los que tienes agora circunstantes, Qual havreis visto sin color, turbado, Y qual con ella, indicios bien bastantes De que el temor y la verguenza á una Los aflixe, molesta, é importuna: Verguenza de mirarse reducidos A terminos tan baxos por su culpa, Que viendo ser por tí reprehendidos No saben á su falta hallar disculpa: Temor de tantos yerros cometidos; Y la torpe pereza que los culpa, Los tiene de tal modo, que se holgaran Antes morir que en esto se hallaran. Pero el lugar y tiempo que les queda Para mostrar alguna recompensa, Es causa que con menos fuerza pueda Fatigar el rigor de tal ofensa: De hoy mas con presta voluntad y leda El mas minimo de estos cuida y piensa De ofrecer sin reves á tu servicio La hacienda, vida y honra en sacrificio. Admite pues de sus intentos sanos El justo ofrecimiento, señor mio, Y considera alfin que son Romanos, En quien nunca faltó del todo el brio. Vosotros, levantad las diestras manos En señas que aprobais el voto mio.
SOLDADOS.
Todo lo que aqui has dicho confirmamos, Y lo juramos.
TODOS.
Sí juramos.
CIPION.
Pues arrimada á tal ofrecimiento Crecerá desde hoy mas mi confianza, Creciendo en vuestros pechos ardimiento, Y del viejo vivir nueva mudanza; Vuestras promesas no se lleve el viento, Hacedlas verdaderas con la lanza, Que las mias saldran tan verdaderas Quanto fuere el valor de vuestras veras.
SOLDADO.
Dos Numantinos con seguro vienen A darte, Cipion, una embaxada.
CIPION.
Porqué no llegan ya? en qué se detienen?
SOLDADO.
Esperan que licencia les sea dada.
CIPION.
Si son embaxadores, ya la tienen.
SOLDADO.
Embaxadores son.
CIPION.
Dales entrada, Que aunque descubra cierto ó falso pecho El enemigo, siempre es de provecho. Jamas la falsedad vino cubierta Tanto con la verdad, que no mostrase Algun pequeño indicio, alguna puerta Por donde su maldad se investigase: Oir al enemigo es cosa cierta Que siempre aprovechó, antes que dañase, Y en las cosas de guerra la experiencia Muestra que lo que digo, es cierta ciencia.
_Entran dos Embaxadores Numantinos_, PRIMERO _y_ SEGUNDO.
PRIMERO.
Si nos das, buen señor, grata licencia De decir la embaxada que traemos, Do estamos, ó ante sola tu presencia, Todo á lo que venimos te diremos.
CIPION.
Decid, que á donde quiera doy audiencia.
PRIMERO.
Pues con ese seguro que tenemos, De tu real grandeza concedido, Dare principio á lo que soy venido. Numancia, de quien yo soy ciudadano, Inclito General, á tí me envia Como al mas fuerte Cipion Romano, Que ha cubierto la noche, ó visto el dia, A pedirte, señor, la amiga mano En señal de que cesa la porfia Tan trabada y cruel de tantos años, Que ha causado sus propios y tus daños. Dice que nunca de la ley y fueros Del Romano senado se apartára, Si el insufrible mando y desafueros De un consul y otro no la fatigára: Ellos con duros estatutos fieros Y con su estrecha condicion avara Pusieron tan gran yugo á nuestros cuellos, Que forzados salimos dél y de ellos, Y en todo el largo tiempo que ha durado Entre ambas partes la contienda, es cierto Que ningun General hemos hallado Con quien poder tratar de algun concierto. Empero agora, que ha querido el hado Reducir nuestra nave á tan buen puerto, Las velas de la guerra recojemos, Y á qualquiera partido nos ponemos. Y no imagines que temor nos lleva A pedirte las paces con instancia, Pues la larga experiencia ha dado prueba Del poder valeroso de Numancia: Tu virtud y valor es quien nos ceba, Y nos declara que será ganancia Mayor de quantas desear podremos Si por señor y amigo te tenemos. A esto ha sido la venida nuestra: Respondenos, señor, lo que te place.
CIPION.
Tarde de arrepentidos dais la muestra, Poco vuestra amistad me satisface, De nuevo ejercitad la fuerte diestra, Que quiero ver lo que la mia hace, Ya que ha puesto en ella la ventura La gloria mia, y vuestra desventura: A desverguenza de tan largos años Es poca recompensa pedir paces: Seguid la guerra, renovad los daños, Salgan de nuevo las valientes haces.
EMBAXADOR SEGUNDO.
La falsa confianza mil engaños Consigo trae: advierte lo que haces, Señor, que esa arrogancia que nos muestras, Renovará el valor en nuestras diestras; Y pues niegas la paz, que con buen zelo Te ha sido por nosotros demandada, De hoy mas la causa nuestra con el cielo Quedará por mejor calificada, Y antes que pises de Numancia el suelo, Probarás do se estiende la indignada Furia de aquel que siendote enemigo, Quiere serte vasallo y fiel amigo.
CIPION.
Teneis mas que decir?
PRIMERO.
No: mas tenemos Que hacer, pues tu, señor, ansi lo quieres, Sin querer la amistad que te ofrecemos, Correspondiendo mal á ser quien eres. Pero entonces verás lo que podemos, Quando nos muestres tu lo que pudieres: Que es una cosa razonar de paces, Y otra romper por las armadas haces.
CIPION.
Verdad dices, y ansi para mostraros Si sé tratar en paz, y obrar en guerra, No quiero por amigos aceptaros, Ni lo seré jamas de vuestra tierra, Y con esto podeis luego tornaros.
SEGUNDO.
Que en esto tu querer, señor, se encierra?
CIPION.
Ya he dicho que sí.
SEGUNDO.
Pues sús al hecho: Que guerras ama el Numantino pecho.
_Salense los Embaxadores y_ QUINTO FABIO, _hermano de_ CIPION _dice_.
El descuido pasado nuestro ha sido El que os hace hablar de aquesa suerte; Mas ya ha llegado el tiempo, ya es venido, Do vereis nuestra gloria y vuestra muerte:
CIPION.
El vano blasonar no es admitido De pecho valeroso, honrado y fuerte, Templa las amenazas, Fabio, y calla, Y tu valor descubre en la batalla, Aunque yo pienso hacer que el Numantino Nunca á las manos con nosotros venga Buscando de vencerle tal camino, Que mas á mi provecho le convenga: Yo haré que abaxe el brio y pierda el tino, Y que en sí mesmo su furor detenga. Pienso de un hondo foso rodeallos, Y por hambre insufrible subjetallos: No quiero ya que sangre de Romanos Colore mas el suelo desta tierra: Basta la que han vertido estos Hispanos En tan larga, reñida, y cruda guerra: Exercitense agora vuestras manos En romper y cabar la dura tierra, Y cubranse de polvo los amigos Que no lo estan de sangre de enemigos: No quede de este oficio reservado Ninguno que le tenga preminente: Trabaje el decurion como el soldado, Y no se muestre en esto diferente: Yo mismo tomare el hierro pesado, Y romperé la tierra facilmente. Haced todos qual yo, y vereis que hago Tal obra con que á todos satisfago.
QUINTO FABIO.
Valeroso señor y hermano mio, Bien nos muestras en esto tu cordura, Pues fuera conocido desvario Y temeraria muestra de locura, Pelear contra el loco airado brio Destos desesperados sin ventura: Mejor será encerrallos, como dices, Y quitarles al brio las raices. Bien puede la ciudad toda cercarse, Sino es la parte por do el rio la baña.
CIPION.
Vamos, y venga luego á efectuarse Esta mi nueva poco usada hazaña, Y si en nuestro favor quiere mostrarse El cielo, quedará subjeta España Al senado Romano solamente Con vencer la soberbia de esta gente.
SCENA II.
_Sale una doncella coronada con unas torres y trae un castillo en la mano, la qual significa_ ESPAÑA, _y dice:_
ESPAÑA.
Alto, sereno, y espacioso cielo, Que con tus influencias enriqueces La parte que es mayor desde mi suelo, Y sobre muchos otros le engrandeces, Muevate á compasion mi amargo duelo, Y pues al afligido favoreces, Favoreceme á mí en ansia tamaña, Que soy la sola desdichada España. Bastete ya que un tiempo me tuviste Todos mis fuertes miembros abrasados, Y al sol por mis entrañas descubriste El reyno escuro de los condenados: A mil tiranos, mil riquezas diste, A Fenices y Griegos entregados Mis reynos fueron, porque tu has querido, O porque mi maldad lo ha merecido. Será posible que contino sea Esclava de naciones estrangeras, Y que un pequeño tiempo yo no vea De libertad, tendidas mis banderas? Con justisimo titulo se emplea En mí el rigor de tantas penas fieras, Pues mis famosos hijos y valientes Andan entre sí mesmos diferentes. Jamas en su provecho concertaron Los divididos animos briosos, Antes entonces mas los apartaron Quando se vieron mas menesterosos; Y ansi con sus discordias convidaron Los barbaros de pechos codiciosos A venir y entregarse en mis riquezas, Usando en mí y en ellos mil cruezas. Sola Numancia es la que sola ha sido Quien la luciente espada sacó fuera, Y á costa de su sangre ha mantenido La amada libertad suya primera: Mas ay! que veo el termino cumplido, Y llegada la hora postrimera Do acabará su vida y no su fama, Qual Fenix renovandose en la llama! Estos tan muchos timidos Romanos, Que buscan de vencer cien mil caminos, Rehuyen de venir mas á las manos Con los pocos valientes Numantinos. O si saliesen sus intentos vanos, Y fuesen sus quimeras desatinos, Y esta pequeña tierra de Numancia, Sacase de su perdida ganancia! Mas ay! que el enemigo la ha cercado No solo con las armas contrapuestas Al flaco muro suyo, mas ha obrado Con diligencia estraña y manos prestas, Que un foso por la margen trincheado Rodea la ciudad por llano y cuestas; Sola la parte por do el rio se estiende, De este ardid nunca visto se defiende. Ansi estan encogidos y encerrados Los tristes Numantinos en sus muros; Ni ellos pueden salir ni ser entrados, Y estan de los asaltos bien seguros; Pero en solo mirar que están privados De exercitar sus fuertes brazos duros, Con horrendos acentos y feroces La guerra piden ó la muerte á voces. Y pues sola la parte por do corre Y toca á la ciudad el ancho Duero, Es aquella que ayuda y que socorre En algo al Numantino prisionero, Antes que alguna maquina ó gran torre En sus aguas se funde, rogar quiero Al caudaloso conocido rio, En lo que puede ayude el pueblo mio. Duero gentil, que con torcidas vueltas Humedeces gran parte de mi seno, Ansi en tus aguas siempre veas envueltas Arenas de oro qual el Tajo ameno, Y ansi las ninfas fugitivas sueltas, De que está el verde prado y bosque lleno, Vengan humildes á tus aguas claras, Y en prestarte favor no sean avaras, Que prestes á mis asperos lamentos Atento oido, ó que á escucharlos vengas, Y aunque dexes un rato tus contentos, Suplicote que en nada te detengas: Si tú con tus continos crecimientos Destos fieros Romanos no me vengas, Cerrado veo ya qualquier camino A la salud del pueblo Numantino.
_Sale el_ RIO DUERO _con otros muchachos vestidos de rio como él, que son tres riachuelos que entran en_ DUERO.
DUERO.