Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) · Unidad 4 de 27

CAPITULO I.

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Un quidam caporal Italiano, De patria Perusino á lo que entiendo, De ingenio Griego, y de valor Romano,

Llevado de un capricho reverendo, Le vino en voluntad de ir á Parnaso, Por huir de la corte el vario estruendo.

Solo y á pie partióse, y paso á paso Llegó donde compró una mul antigua De color parda, y tartamudo paso:

Nunca á medroso pareció estantigua Mayor, ni menos buena para carga, Grande en los huesos, y en la fuerza exigua:

Corta de vista, aunque de cola larga, Escrecha en los hijares, y en el cuero Mas dura que lo son los de una adarga.

Era de ingenio cabalmente entero, Caia en qualquier cosa facilmente Asi en Abril, como en el mes de Enero.

Enfin sobre ella el poeton valiente Llegó al Parnaso, y fue del rubio Apolo Agasajado con serena frente.

Contó, quando volvió el poeta solo Y sin blanca á su patria, lo que en vuelo Llevó la fama deste al otro polo.

Yo que siempre trabajo y me desvelo Por parecer que tengo de poeta La gracia, que no quiso darme el cielo:

Quisiera despachar á la estafeta Mi alma, ó por los aires, y ponella Sobre las cumbres del nombrado Oeta.

Pues descubriendo desde alli la bella Corriente de Aganipe, en un saltico Pudiera el labio remojar en ella:

Y quedar del licor süave y rico El pancho lleno: y ser de alli adelante Poeta ilustre, ó al menos manifico.

Mas mil inconvenientes al instante Se me ofrecieron, y quedó el deseo En cierne, desvalido, é ignorante.

Porque en la piedra que en mis hombros veo, Que la fortuna me cargó pesada, Mis mal logradas esperanzas leo.

Las muchas leguas de la gran jornada Se me representaron que pudieran Torcer la voluntad aficionada,

Si en aquel mismo instante no acudieran Los humos de la fama á socorrerme, Y corto y facil el camino hicieran.

Dixe entre mí: si yo viniese á verme En la dificil cumbre deste monte, Y una guirnalda de laurel ponerme;

No envidiaria el bien decir de Aponte, Ni del muerto Galarza la agudeza, En manos blando, en lengua Radamonte.

Mas como de un error siempre se empieza, Creyendo á mi deseo, di al camino Los pies, porque di al viento la cabeza.

Enfin sobre las ancas del destino, Llevando á la eleccion puesta en la silla Hacer el gran viage determino.

Si esta cavalgadura maravilla, Sepa el que no lo sabe, que se usa Por todo el mundo, no solo en Casulla.

Ninguno tiene, ó puede dar escusa De no oprimir desta gran bestia el lomo, Ni mortal caminante lo rehusa.

Suele, tal vez ser tan ligera, como Va por el aire el aguila, ó saeta, Y tal vez anda con los pies de plomo.

Pero para la carga de un poeta, Siempre ligera, qualquier bestia puede Llevarla, pues carece de maleta.

Que es caso ya infalible, que aunque herede Riquezas un poeta, en poder suyo No aumentarlas, perderlas le sucede.

Desta verdad ser la ocasion arguyo, Que tu, ó gran padre Apolo, les infundes En sus intentos el intento tuyo.

Y como no le mezclas ni confundes En cosas de agibilibus rateras, Ni en el mar de ganancia vil le hundes;

Ellos, ó traten burlas, ó sean veras, Sin aspirar á la ganancia en cosa, Sobre el convexo van de las esferas:

Pintando en la palestra rigurosa Las acciones de Marte, ó entre las flores Las de Venus mas blanda y amorosa.

Llorando guerras, ó cantando amores La vida como en sueño se les pasa, O como suele el tiempo á jugadores.

Son hechos los poetas de una masa Dulce, süave, correosa y tierna, Y amiga del hogar de agena casa.

El poeta mas cuerdo se gobierna Por su antojo valdio y regalado, De trazas lleno, y de ignorancia eterna. Absorto en sus quimeras, y admirado De sus mismas acciones, no procura Llegar á rico, como á honroso estado.

Vayan pues los leyentes con letura, Qual dice el vulgo mal limado y bronco, Que yo soy un poeta desta hechura.

Cisne en las canas, y en la voz un ronco Y negro cuervo, sin que el tiempo pueda Desbastar de mi ingenio el duro tronco:

Y que en la cumbre de la varia rueda Jamas me pude ver solo un momento, Pues quando subir quiero, se está queda.

Pero por ver si un alto pensamiento Se puede prometer feliz suceso, Seguí el viage á paso tardo y lento.

Un candeal con ocho mis de queso Fue en mis alforjas mi reposteria, Util al que camina, y leve peso.

A dios dixe á la humilde choza mia, A dios, Madrid, á dios tu, prado, y fuentes Que manan nectar, llueven ambrosía.

A dios, conversaciones suficientes A entretener un pecho cuidadoso, Y á dos mil desvalidos pretendientes.

A dios, sitio agradable y mentiroso, Do fueron dos gigantes abrasados Con el rayo de Jupiter fogoso.

A dios teatros publicos, honrados Por la ignorancia que ensalzada veo En cien mil disparates recitados.

A dios de S. Felipe el gran paseo, Donde si baxa, ó sube el Turco galgo, Como en gaceta de Venecia leo.

A dios, hambre sotil de algun hidalgo, Que por no verme ante tus puertas muerto, Hoy de mi patria, y de mi mismo salgo.

Con esto poco á poco llegué al puerto, A quien los de Cartago dieron nombre, Cerrado á todos vientos y encubierto.

A cuyo claro y singular renombre Se postran quantos puertos el mar baña, Descubre el sol, y ha navegado el hombre.

Arrojose mi vista á la campaña Rasa del mar, que truxo á mi memoria Del heroyco Don Juan la heroyca hazaña.

Donde con alta de soldados gloria, Y con proprio valor y airado pecho Tuve, aunque humilde, parte en la vitoria.

Alli con rabia y con mortal despecho El Otomano orgullo vió su brio Hollado y reducido á pobre estrecho.

Lleno pues de esperanzas, y vacio De temor, busqué luego una fragata, Que efetuase el alto intento mio.

Quando por la, aunque azul, liquida plata Ví venir un bagel á vela y remo, Que tomar tierra en el gran puerto trata.

Del mas gallardo, y mas vistoso estremo De quantos las espaldas de Neptuno Oprimieron jamas, ni mas supremo.

Qual este nunca vió bagel alguno El mar, ni pudo verse en el armada, Que destruyó la vengativa Juno.

No fué del Vellocino á la jornada Argos tan bien compuesta y tan pomposa, Ni de tantas riquezas adornada.

Quando entraba en el puerto la hermosa Aurora por las puertas del oriente, Salia en trenza blanda y amorosa.

Oyose un estampido de repente, Haciendo salva la real galera, Que despertó y alborotó la gente.

El son de los clarines la ribera Llenaba de dulcisima harmonia, Y el de la chusma alegre y placentera.

Entrabanse las horas por el dia, A cuya luz con distincion mas clara Se vió del gran bagel la bizarria.

Ancoras echa, y en el puerto pára, Y arroja un ancho esquife al mar tranquilo Con musica, con grita y algazara.

Usan los marineros de su estilo, Cubren la popa con tapetes tales Que es oro, y sirgo de su trama el hilo.

Tocan de la ribera los umbrales, Sale del rico esquife un caballero En hombros de otros quatro principales.

En cuyo trage y ademan severo Vi de Mercurio al vivo la figura, De los fingidos dioses mensagero.

En el gallardo talle y compostura, En los alados pies, y el Caduceo, Simbolo de prudencia y de cordura;

Digo, que al mismo paraninfo veo, Que truxo mentirosas embaxadas A la tierra del alto coliseo.

Vile, y apenas puso las aladas Plantas en las arenas venturosas Por verse de divinos pies tocadas:

Quando yo revolviendo cien mil cosas En la imaginacion, llegué á postrarme Ante las plantas por adorno hermosas.

Mandóme el dios parlero luego alzarme, Y con medidos versos y sonantes, Desta manera comenzó á hablarme:

O Adán de los poetas, ó Cervantes! Qué alforjas y qué trage es este, amigo? Que asi muestra discursos ignorantes.

Yo, respondiendo á su demanda, digo: Señor, voy al Parnaso, y como pobre Con este aliño mi jornada sigo.

Y él á mí dixo: ó sobrehumano, y sobre Espiritu Cilenio levantado! Toda abundancia, y todo honor te sobre.

Que enfin has respondido á ser soldado Antiguo y valeroso, qual lo muestra La mano de que estás estropeado.

Bien sé que en la Naval dura palestra Perdiste el movimiento de la mano Izquierda, para gloria de la diestra.

Y sé que aquel instinto sobrehumano Que de raro inventor tu pecho encierra, No te le ha dado el padre Apolo en vano.

Tus obras los rincones de la tierra, Llevandolas en grupa Rocinante, Descubren, y á la envidia mueven guerra.

Pasa, raro inventor, pasa adelante Con tu sotil disinio, y presta ayuda A Apolo; que la tuya es importante:

Antes que el escuadron vulgar acuda De mas de veintemil sietemesinos Poetas, que de serlo están en duda.

Llenas van ya las sendas y caminos Desta canalla inutil contra el monte, Que aun de estar á su sombra no son dinos.

Armate de tus versos luego, y ponte A punto de seguir este viage Conmigo, y á la gran obra disponte.

Conmigo segurisimo pasage Tendrás, sin que te empaches, ni procures Lo que suelen llamar matalotage.

Y porque esta verdad que digo, apures, Entra conmigo en mi galera, y mira Cosas con que te asombres y asegures.

Yo, aunque pense que todo era mentira, Entré con él en la galera hermosa, Y vi lo que pensar en ello admira.

De la quilla á la gavia, ó estraña cosa! Toda de versos era fabricada, Sin que se entremetiese alguna prosa.

Las ballesteras eran de ensalada De glosas, todas hechas á la boda De la que se llamó Malmaridada.

Era la chusma de romances toda, Gente atrevida, empero necesaria, Pues á todas acciones se acomoda.

La popa de materia extraordinaria, Bastarda, y de legitimos sonetos, De labor peregrina en todo, y varia.

Eran dos valentisimos tercetos Los espaldares de la izquierda y diestra, Para dar boga larga muy perfetos.

Hecha ser la crugia se me muestra De una luenga y tristisima elegia, Que no en cantar, sino en llorar es diestra.

Por esta entiendo yo que se diria Lo que suele decirse á un desdichado, Quando lo pasa mal, pasó crugia.

El arbol hasta el cielo levantado De una dura cancion prolija estaba De canto de seis dedos embreado.

El, y la entena que por él cruzaba De duros estrambotes, la madera De que eran hechos claro se mostraba.

La racamenta, que es siempre parlera, Toda la componian redondillas, Con que ella se mostraba mas ligera.

Las jarcias parecian seguidillas De disparates mil y mas compuestas, Que suelen en el alma hacer cosquillas.

Las rumbadas, fortisimas y honestas Estancias, eran tablas poderosas, Que llevan un poema y otro á cuestas.

Era cosa de ver las bulliciosas Vanderillas que al aire tremolaban, De varias rimas algo licenciosas.

Los grumetes, que aqui y alli cruzaban, De encadenados versos parecian, Puesto que como libres trabajaban.

Todas las obras muertas componian O versos sueltos, ó sextinas graves, Que la galera mas gallarda hacian.

Enfin con modos blandos y süaves, Viendo Mercurio que yo visto havia El bagel, que es razon, letor, que alabes,

Junto á sí me sentó, y su voz envia A mis oidos en razones claras, Y llenas de suavisima harmonia,

Diciendo: entre las cosas que son raras Y nuevas en el mundo y peregrinas, Verás, si en ello adviertes y reparas.

Que es una este bagel de las mas dinas De admiracion, que llegue á ser espanto A naciones remotas y vecinas.

No le formaron maquinas de encanto, Sino el ingenio del divino Apolo, Que puede, quiere, y llega, y sube á tanto.

Formóle, ó nuevo caso! para solo Que yo llevase en él quantos poetas Hay desde el claro Tajo hasta Pactolo.

De Malta el gran Maestre, á quien secretas Espias dan aviso que en oriente Se aperciben las barbaras saetas;

Teme, y envia á convocar la gente Que sella con la blanca cruz el pecho, Porque en su fuerza su valor se aumente.

A cuya imitacion Apolo ha hecho Que los famosos vates al Parnaso Acudan, que está puesto en duro estrecho.

Yo, condolido del doliente caso, En el ligero casco, ya instruido De lo que he de hacer, aguijo el paso.

De Italia las riberas he barrido, He visto las de Francia y no tocado, Por venir solo á España dirigido.

Aqui con dulce y con felice agrado Hará fin mi camino á lo que creo, Y seré facilmente despachado.

Tu, aunque en tus canas tu pereza veo, Serás el paraninfo de mi asunto, Y el solicitador de mi deseo.

Parte, y no te detengas solo un punto, Y á los que en esta lista van escritos Diras de Apolo quanto aqui yo apunto.

Sacó un papel, y en él casi infinitos Nombres vi de poetas, en que havia Yangueses, Vizcainos, y Coritos.

Alli famosos vi de Andalucia, Y entre los Castellanos vi unos hombres, En quien vive de asiento la poesia.

Dixo Mercurio: quiero que me nombres Desta turba gentil, pues tu lo sabes, La alteza de su ingenio con los nombres.

Yo respondi: de los que son mas graves Diré lo que supiere, por moverte A que ante Apolo su valor alabes. El escuchó. Yo dixe desta suerte.

VIAGE AL PARNASO.