Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) · Unidad 5 de 27
CAPITULO II.
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Colgado estaba de mi antigua boca El dios hablante; pero entonces mudo, Que al que escucha, el guardar silencio toca.
Quando dí de improviso un estornudo, Y haciendo cruces por el mal aguero, Del gran Mercurio al mandamiento acudo,
Miré la lista, y ví que era el primero El Licenciado JUAN DE OCHOA, amigo Por poeta y christiano verdadero.
Deste varon en su alabanza digo Que puede acelerar y dar la muerte Con su claro discurso al enemigo.
Y que si no se aparta y se divierte Su ingenio en la Gramatica Española, Será de Apolo sin igual la suerte;
Pues de su poesia al mundo sola Puede esperar poner el pie en la cumbre, De la inconstante rueda, ó varia bola.
Este que de los comicos es lumbre, Que el Licenciado POYO es su apellido, No hay nube que á su sol claro deslumbre.
Pero como está siempre entretenido En trazas, en quimeras, é invenciones, No ha de acudir á este marcial ruido.
Este que en lista por tercero pones: Que HIPOLITO se llama DE VERGARA, Si llevarle al Parnaso te dispones,
Haz cuenta que en él llevas una jara, Una saeta, un arcabuz, un rayo, Que contra la ignorancia se dispara.
Este, que tiene como mes de Mayo Florido ingenio, y que comienza ahora A hacer de sus comedias nuevo ensayo,
GODINEZ es. Y estotro que enamora Las almas con sus versos regalados, Quando de amor ternezas canta ó llora,
Es uno, que valdrá por mil soldados, Quando á la estraña y nunca vista empresa Fueren los escogidos y llamados:
Digo que es DON FRANCISCO, el que profesa Las armas y las letras con tal nombre, Que por su igual Apolo le confiesa.
Es DE CALATAYUD su sobrenombre. Con esto queda dicho todo quanto Puedo decir con que á la invidia asombre.
Este que sigue es un poeta santo, Digo famoso: MIGUEL CID se llama, Que al coro de las musas pone espanto.
Estotro que sus versos encarama Sobre los mismos hombros de Calisto, Tan celebrado siempre de la fama,
Es aquel agradable, aquel bien quisto, Aquel agudo, aquel sonoro y grave Sobre quantos poetas Febo ha visto:
Aquel que tiene de escribir la llave Con gracia y agudeza en tanto estremo, Que su igual en el orbe no se sabe:
Es DON LUIS DE GONGORA, aquien temo Agraviar en mis cortas alabanzas, Aunque las suba al grado mas supremo.
O tu, divino espiritu, que alcanzas Ya el premio merecido á tus deseos, Y á tus bien colocadas esperanzas:
Ya en nuevos y justisimos empleos, DIVINO HERRERA, tu caudal se aplica, Aspirando del cielo á los trofeos.
Ya de tu hermosa Luz clara y rica El bello resplandor miras seguro En la que alma tuya beatifica:
Y arrimada tu yedra al fuerte muro De la inmortalidad, no estimas quanto Mora en las sombras deste mundo escuro.
Y tú DON JUAN DE JAUREGUI, que á tanto El sabio curso de tu pluma aspira, Que sobre las esferas le levanto:
Aunque Lucano por tu voz respira, Dexale un rato, y con piadosos ojos A la necesidad de Apolo mira:
Que te están esperando mil despojos De otros mil atrevidos, que procuran Fertiles campos ser, siendo rastrojos.
Y tú, por quien las musas aseguran Su partido, DON FELIX ARIAS, siente, Que por su gentileza te conjuran:
Y ruegan que defiendas desta gente Non sancta su hermosura, y de Aganipe Y de Hipocrene la inmortal corriente.
Consentiras tu á dicha participe Del licor suavisimo un poeta, Que al hacer de sus versos sude y hipe?
No lo consentirás, pues tu discreta Vena abundante y rica, no permite Cosa que sombra tenga de imperfeta.
Señor, este que aqui viene se quite, Dixe á Mercurio, que es un chacho necio, Que juega, y es de satiras su embite.
Este sí que podrás tener en precio, Que es ALONSO DE SALAS BARBADILLO, A quien me inclino y sin medida aprecio.
Este que viene aqui, si he de decillo, No hay para que le embarques, y asi puedes Borrarle. Dixo el dios: gusto de oillo.
Es un cierto rapaz, que á Ganimedes Quiere imitar, vistiendose á lo godo, Y asi aconsejo que sin él te quedes.
No lo harás con éste desse modo, Que es el gran LUIS CABRERA, que pequeño Todo lo alcanza, pues lo sabe todo.
Es de la historia conocido dueño, Y en discursos discretos tan discreto, Que á Tacito verás, si te le enseño.
Este que viene es un galan, sugeto De la varia fortuna á los baibenes, Y del mudable tiempo al duro aprieto.
Un tiempo rico de caducos bienes, Y ahora de los firmes é inmudables Mas rico, á tu mandar firme le tienes.
Pueden los altos riscos siempre estables Ser tocados del mar, mas no movidos De sus ondas en cursos variables.
Ni menos á la tierra trae rendidos Los altos cedros Boreas, quando airado Quiere humillar los mas fortalecidos.
Y éste que vivo exemplo nos ha dado: Desta verdad con tal filosofía DON LORENZO RAMIREZ es DE PRADO.
Deste que se le sigue aqui, diria Que es DON ANTONIO DE MONROI, que veo En ello qué es ingenio y cortesia.
Satisfacion al mas alto deseo Puede dar de valor heroico y ciencia, Pues mil descubro en él y otras mil creo.
Este es un caballero de presencia Agradable, y que tiene de Torcato El alma sin alguna diferencia.
De DON ANTONIO DE PAREDES trato, A quien dieron las musas sus amigas En tierna edad anciano ingenio y trato.
Este que por llevarle te fatigas, Es DON ANTONIO DE MENDOZA, y veo Quanto en llevarle al sacro Apolo obligas.
Este que de las musas es recreo, La gracia, y el donaire, y la cordura, Que de la discrecion lleva el trofeo:
Es PEDRO DE MORALES, propria hechura Del gusto cortesano, y es asilo Adonde se repara mi ventura.
Este, aunque tiene parte de Zoílo, Es el grande ESPINEL, que en la guitarra Tiene la prima, y en el raro estilo.
Este, que tanto allá tira la barra, Que las cumbres se dexa atras de Pindo, Que jura, que vocea, y que desgarra,
Tiene mas de poeta que de lindo, Y es JUSEPE DE VARGAS, cuyo astuto Ingenio y rara condicion deslindo.
Este, á quien pueden dar justo tributo La gala y el ingenio, que mas pueda Ofrecer á las musas flor y fruto,
Es el famoso ANDRES DE BALMASEDA, De cuyo grave y dulce entendimiento El magno Apolo satisfecho queda.
Este es ENCISO, gloria y ornamento Del Tajo, y claro honor de Manzanares, Que con tal hijo aumenta su contento.
Este que es escogido entre millares DE GUEVARA LUIS VELEZ es el bravo, Que se puede llamar quitapesares.
Es poeta gigante, en quien alabo El verso numeroso, el peregrino Ingenio, si un Gnaton nos pinta, ó un Davo.
Este es DON JUAN DE ESPAÑA, que es mas dino De alabanzas divinas que de humanas, Pues en todos sus versos es divino.
Este por quien de Lugo están ufanas Las musas, es SILVEIRA, aquel famoso, Que por llevarle con razon te afanas.
Este que se le signe, es el curioso Gran DON PEDRO DE HERRERA, conocido Por de ingenio elevado en punto honroso.
Este, que de la carcel del olvido. Sacó otra vez á Proserpina hermosa, Conque á España y al Dauro ha enriquecido,
Verasle en la contienda rigurosa, Que se teme y se espera en nuestros dias, Culpa de nuestra edad poco dichosa,
Mostrar de su valor las lozanias. Pero qué mucho, si es aqueste el doto Y grave DON FRANCISCO DE FARIAS?
Este, de quien yo fui siempre devoto Oraculo y Apolo de Granada, Y aun deste clima nuestro y del remoto,
PEDRO RODRIGUEZ es. Este es TEJADA, De altitonantes versos, y sonoros Con magestad en todo, levantada.
Este, que brota versos por los poros, Y halla patria y amigos donde quiera, Y tiene en los agenos sus tesoros,
Es MEDINILLA, el que la vez primera Cantó el romance de la tumba escura, Entre cipreses puestos en hilera.
Este, que en verdes años se apresura Y corre al sacro lauro, es DON FERNANDO BERMUDEZ, donde vive la cordura.
Este es aquel poeta memorando, Que mostró de su ingenio la agudeza En las selvas de Erifile cantando.
Este que la coluna nueva empieza, Con estos dos que con su ser convienen, Nombrarlos, aun lo tengo por baxeza.
MIGUEL CEJUDO, y MIGUEL SANCHEZ vienen Juntos aqui, ó par sin par! en estos Las sacras musas fuerte amparo tienen.
Que en los pies de sus versos bien cumpuestos, Llenos de erudicion rara y dotrina, Al ir al grave caso serán prestos.
Este gran caballero, que se inclina A la leccion de los poetas buenos, Y al sacro monte con su luz camina,
DON FRANCISCO DE SILVA es por lo menos: Qué será por lo mas? O edad madura, En verdes años de cordura llenos!
DON GABRIEL GOMEZ viene aqui, segura Tiene con él Apolo la vitoria, De la canalla siempre necia y dura.
Para honor de su ingenio, para gloria De su florida edad, para que admire Siempre de siglo en siglo su memoria,
En este gran sugeto se retire Y abrevie la esperanza deste hecho, Y Febo al gran VALDES atento mire.
Verá en él un gallardo y sabio pecho, Un ingenio sutil y levantado, Con que le dexe en todo satisfecho.
FIGUEROA es estotro el Dotorado, Que cantó de Amarili la constancia En dulce prosa y verso regalado.
Quatro vienen aqui en poca distancia Con mayusculas letras de oro escritos, Que son del alto asunto la importancia.
De tales quatro siglos infinitos Durará la memoria, sustentada En la alta gravedad de sus escritos.
Del claro Apolo la real morada Si viniere á caer de su grandeza, Será por estos quatro levantada.
En ellos nos cifró naturaleza El todo de las partes, que son dinas De gozar celsitud, que es mas que alteza.
Esta verdad, gran CONDE DE SALINAS, Bien la acreditas con tus raras obras, Que en los terminos tocan de divinas
Tu, el de ESQUILACHE PRINCIPE, que cobras De dia en dia credito tamaño, Que te adelantas á tí mismo y sobras:
Serás escudo fuerte al grave daño, Que teme Apolo con ventajas tantas, Que no te espere el esquadron tacaño.
Tú, CONDE DE SALDAÑA, que con plantas Tiernas pisas de Pindo la alta cumbre, Y en alas de tu ingenio te levantas.
Hacha has de ser de inextinguible lumbre, Que guie al sacro monte, al deseoso De verse en él, sin que la luz deslumbre.
Tú, el de VILLAMEDIANA, el mas famoso De quantos entre Griegos y Latinos Alcanzaron el lauro venturoso:
Cruzarás por las sendas y caminos Que al monte guian, porque mas seguros Lleguen á él los simples peregrinos.
A cuya vista destos quatro muros Del Parnaso caerán las arrogancias De los mancebos sobre necios duros.
O quántas, y quan graves circunstancias Dixera destos quatro, que felices Aseguran de Apolo las ganancias!
Y mas si se les llega el de ALCAÑICES, Marques insigne, harán (puesto que hay una En el mundo no mas) cinco Fenices.
Cada qual de por sí será coluna, Que sustente y levante el edificio De Febo sobre el cerco de la luna.
Este (puesto que acude al grave oficio, En que se ocupa) el lauro y palma lleva, Que Apolo da por honra y beneficio.
En esta ciencia es marabilla nueva, Y en la Jurispericia unico y raro, Su nombre es DON FRANCISCO DE LA CUEVA.
Este, que con Homero le comparo, Es el gran DON RODRIGO DE HERRERA, Insigne en letras, y en virtudes raro.
Este, que se le sigue es el DE VERA DON JUAN, que por su espada y por su pluma Le honran en la quinta y quarta esfera.
Este, que el cuerpo y aun el alma bruma De mil, aunque no muestra ser christiano, Sus escritos el tiempo no consuma.
Cayóseme la lista de la mano En este punto, y dixo el dios: con estos Que has referido está el negocio llano.
Haz que con pies y pensamientos prestos Vengan aqui, donde aguardando quedo La fuerza de tan validos supuestos.
Mal podrá DON FRANCISCO DE QUEVEDO Venir, dixe yo entonces; y él me dixo: Pues partirme sin él de aqui no puedo.
Ese es hijo de Apolo, ese es hijo De Caliope musa, no podemos Irnos sin él, y en esto estaré fijo.
Es el flagelo de poetas memos, Y echará á puntillazos del parnaso Los malos que esperamos y tememos.
O, señor, repliqué, que tiene el paso Corto, y no llegará en un siglo entero. Deso, dixo Mercurio, no hago caso.
Que el poeta que fuere caballero, Sobre una nube entre pardilla y clara Vendrá muy á su gusto caballero.
Y el que nó, pregunté, qué le prepara Apolo? qué carrozas? ó qué nubes? Qué dromedario? ó alfana en paso rara?
Mucho, me respondió, mucho te subes En tus preguntas, calla y obedece. Sí haré, pues no es infando lo que jubes.
Esto le respondí, y él me parece Que se turbó algun tanto; y en un punto El mar se turba, el viento sopla y crece.
Mi rostro entonces, como el de un difunto Se debió de poner, y sí haria, Que soy medroso á lo que yo barrunto.
Vi la noche mezclarse con el dia, Las arenas del hondo mar alzarse A la region del aire, entonces fria.
Todos los elementos vi turbarse, La tierra, el agua, el aire, y aun el fuego Vi entre rompidas nubes azorarse.
Y en medio deste gran desasosiego Llovian nubes de poetas llenas Sobre el bagel, que se anegara luego,
Si no acudieran mas de mil sirenas A dar de azotes á la gran borrasca, Que hacia el saltarel por las entenas.
Una, que ser pensé Juana la Chasca, De dilatado vientre y luengo cuello, Pintiparado á aquel de la tarasca,
Se llegó á mí, y me dixo: de un cabello Deste bagel estaba la esperanza Colgada á no venir á socorrello.
Traemos, y no es burla, á la bonanza, Que estaba descuidada oyendo atenta Los discursos de un cierto Sancho Panza.
En esto sosegose la tormenta, Volvió tranquilo el mar, serenó el cielo, Que al regañon el zéfiro le ahuyenta.
Volvi la vista, y vi en ligero vuelo Una nube romper el aire claro De la color del condensado yelo.
O marabilla nueva! ó caso raro! Vilo, y he de decillo, aunque se dude Del hecho que por brujula declaro.
Lo que yo pude ver, lo que yo pude Notar fue, que la nube dividida En dos mitades á llover acude.
Quien ha visto la tierra prevenida Con tal disposicion, que quando llueve, Cosa ya averiguada y conocida,
De cada gota en un instante breve Del polvo se levanta ó sapo, ó rana, Que á saltos, ó despacio el paso mueve:
Tal se imagine ver (ó soberana Virtud!) de cada gota de la nube Saltar un vulto, aunque con forma humana.
Por no creer esta verdad estube Mil veces, pero vila con la vista, Que entonces clara y sin legañas tuve.
Eran aquestos vultos de la lista Pasada los poetas referidos, A cuya fuerza no hay quien la resista.
Unos por hombres buenos conocidos, Otros de rumbo y hampo, y Dios es Christo, Poquitos bien, y muchos mal vestidos.
Entre ellos parecióme de haver visto A DON ANTONIO DE GALARZA el bravo, Gentilhombre de Apolo, y muy bien quisto.
El bagel se llenó de cabo á cabo, Y su capacidad á nadie niega Copioso asiento, que es lo mas que alabo.
Llovió otra nube al gran LOPE DE VEGA, Poeta insigne, á cuyo verso ó prosa Ninguno le aventaja, ni aun le llega.
Era cosa de ver marabillosa De los poetas la apretada enjambre, En recitar sus versos muy melosa.
Este muerto de sed, aquel de hambre: Yo dixe, viendo tantos con voz alta, Cuerpo de mi con tanta poetambre!
Por tantas sobras conoció una falta Mercurio, y acudiendo á remedialla, Ligero en la mitad del bagel salta.
Y con una zaranda que alli halla, No sé si antigua, ó si de nuevo hecha, Zarandó mil poetas de gramalla.
Los de capa y espada no desecha, Y destos zarandó dos mil y tantos, Que fue neguilla entonces la cosecha.
Colabanse los buenos y los santos, Y quedabanse arriba los granzones, Mas duros en sus versos que los cantos.
Y sin que les valiesen las razones, Que en su disculpa daban, daba luego Mercurio al mar con ellos á montones.
Entre los arrojados se oyó un ciego, Que murmurando entre las ondas iba De Apolo con un pésete y reniego.
Un sastre (aunque en sus pies flojos estriba, Abriendo con los brazos el camino) Dixo: sucio es Apolo, asi yo viva.
Otro (que al parecer iba mohino, Con ser un zapatero de obra prima) Dixo dos mil, no un solo desatino.
Trabaja un tundidor, suda, y se anima Por verse á la ribera conducido, Que mas la vida que la honra estima.
El esquadron nadante reducido A la marina, vuelve á la galera EL rostro con señales de ofendido.
Y uno por todos dixo, bien pudiera Ese chocante embaxador de Febo Tratarnos bien, y no desta manera.
Mas oigan lo que dixo: yo me atrevo A profanar del monte la grandeza, Con libros nuevos, y en estilo nuevo.
Calló Mercurio, y á poner empieza Con gran curiosidad seis camarines, Dando á la gracia ilustre rancho y pieza.
De nuevo resonaron los clarines, Y asi Mercurio lleno de contento, Sin darle mal aguero los delfines, Remos al agua dió, velas al viento.
VIAGE AL PARNASO.