Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) · Unidad 7 de 27
CAPITULO IV. — parte 1
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
Esta unidad sigue disponible para lectura, pero no se incluye en el índice de búsqueda porque forma parte de una continuación técnica, contiene metadatos editoriales, repite un título o no alcanza entidad suficiente como página independiente.
Suele la indignacion componer versos, Pero si el indignado es algun tonto, Ellos tendrán su todo de perversos.
De mí yo no sé mas, sino que pronto Me halle para decir en tercia rima Lo que no dixo el desterrado al Ponto.
Y asi le dixe á Delio: no se estima, Señor, del vulgo vano el que te sigue Y al arbol sacro del laurel se arrima.
La envidia y la ignorancia le persigue, Y asi envidiado siempre y perseguido El bien que espera, por jamas consigue.
Yo corté con mi ingenio aquel vestido, Con que al mundo la hermosa _Galatea_ Salió para librarse del olvido.
Soy por quien _La Confusa_ nada fea Pareció en los teatros admirable, Si esto á su fama es justo se le crea.
Yo con estilo en parte razonable He compuesto _Comedias_, que en su tiempo Tuvieron de lo grave y de lo afable.
Yo he dado en Don Quixote pasatiempo Al pecho melancolico y mohino En qualquiera sazon, en todo tiempo.
Yo he abierto en mis _Novelas_ un camino, Por do la lengua Castellana puede Mostrar con propriedad un desatino.
Yo soy aquel que en la invencion excede A muchos, y al que falta en esta parte, Es fuerza que su fama falta quede.
Desde mis tiernos años amé el arte Dulce de la agradable poesia, Y en ella procuré siempre agradarte.
Nunca voló la pluma humilde mia Por la region satirica, baxeza Que á infames premios y desgracias guia.
Yo el soneto compuse que asi empieza, Por honra principal de mis escritos: _Voto á Dios que me espanta esta grandeza_.
Yo he compuesto _Romances_ infinitos, Y el de los zelos es aquel que estimo, Entre otros que los tengo por malditos.
Por esto me congojo y me lastimo De verme solo en pie, sin que se aplique Arbol que me conceda algun arrimo.
Yo estoy, qual decir suelen, puesto á pique Para dar á la estampa al gran _Persiles_, Con que mi nombre y obras multiplique.
Yo en pensamientos castos y sotiles, Dispuestos en soneto de á docena, He honrado tres sugetos fregoniles.
Tambien al par de _Filis_ mi _Filena_ Resonó por las selvas, que escucharon Mas de una y otra alegre cantilena.
Y en dulces varias rimas se llevaron Mis esperanzas los ligeros vientos, Que en ellos y en la arena se sembraron.
Tuve, tengo y tendré los pensamientos, Merced al cielo que á tal bien me inclina, De toda adulacion libres y esentos.
Nunca pongo los pies por do camina La mentira, la fraude y el engaño, De la santa virtud total ruina.
Con mi corta fortuna no me ensaño, Aunque por verme en pie, como me veo, Y en tal lugar, pondero asi mi daño.
Con poco me contento, aunque deseo Mucho. A cuyas razones enojadas, Con estas blandas respondió Timbreo:
Vienen las malas suertes atrasadas, Y toman tan de lejos la corriente, Que son temidas, pero no escusadas.
El bien les viene á algunos derepente, A otros poco á poco y sin pensallo, Y el mal no guarda estilo diferente.
El bien que está adquirido, conservallo Con maña, diligencia y con cordura Es no menor virtud, que el grangeallo.
Tu mismo te has forjado tu ventura, Y yo te he visto alguna vez con ella, Pero en el imprudente poco dura.
Mas si quieres salir de tu querella, Alegre, y no confuso, y consolado Dobla tu capa, y sientate sobre ella.
Que tal vez suele un venturoso estado, Quando le niega sin razon la suerte, Honrar mas merecido, que alcanzado.
Bien parece, señor, que no se advierte, Le respondí, que yo no tengo capa. El dixo: aunque sea asi, gusto de verte.
La virtud es un manto con que tapa Y cubre su indecencia la estrecheza, Que esenta y libre de la envidia escapa.
Incliné al gran consejo la cabeza. Quedeme en pie: que no hay asiento bueno, Si el favor no le labra, ó la riqueza.
Alguno murmuró, viendome ageno Del honor que pensó se me debia, Del planeta de luz y virtud lleno.
En esto pareció que cobró el dia Un nuevo resplandor, y el aire oyóse Herir de una dulcisima harmonia.
Y en esto por un lado descubrióse Del sitio un esquadron de ninfas bellas, Con que infinito el rubio dios holgóse.
Venia enfin, y por remate dellas Una resplandeciendo, como hace El sol ante la luz de las estrellas.
La mayor hermosura se deshace Ante ella, y ella sola resplandece Sobre todas, y alegra y satisface.
Bien asi semejaba, qual se ofrece Entre liquidas perlas y entre rosas La aurora que despunta y amanece.
La rica vestidura, las preciosas Joyas que la adornaban, competian Con las que suelen ser marabillosas.
Las ninfas que al querer suyo asistian En el gallardo brio y bello aspecto, Las artes liberales parecian.
Todas con amoroso y tierno afecto, Con las ciencias mas claras y escogidas, Le guardaban santisimo respeto.
Mostraban que en servirla eran servidas, Y que por su ocasion de todas gentes En mas veneracion eran tenidas.
Su influjo y su reflujo las corrientes Del mar y su profundo le mostraban, Y el ser padre de rios y de fuentes.
Las yerbas su virtud la presentaban, Los arboles sus frutos y sus flores, Las piedras el valor que en sí encerraban.
El santo amor castisimos amores, La dulce paz su quietud sabrosa, La guerra amarga todos sus rigores.
Mostrabasele clara la espaciosa Via, por donde el sol hace contino Su natural carrera y la forzosa.
La inclinacion, ó fuerza del destino, Y de qué estrellas consta y se compone, Y como influye este planeta ó sino.
Todo lo sabe, todo lo dispone La santa y hermosisima doncella, Que admiracion como alegria pone.
Preguntele al parlero, si en la bella Ninfa alguna deidad se disfrazaba, Que fuese justo el adorar en ella.
Porque en el rico adorno que mostraba, Y en el gallardo sér que descubria, Del cielo, y no del suelo semejaba.
Descubres, respondió, tu boberia, Que ha que la tratas infinitos años, Y no conoces que es la Poesia.
Siempre la he visto envuelta en pobres paños, Le repliqué: jamas la vi compuesta Con adornos tan ricos y tamaños:
Parece que la he visto descompuesta, Vestida de color de primavera En los dias de cutio y los de fiesta.
Esta que es la poesia verdadera, La grave, la discreta, la elegante, Dixo Mercurio, la alta y la sincera,
Siempre con vestidura rozagante Se muestra en qualquier acto que se halla, Quando á su profesion es importante.
Nunca se inclina, ó sirve á la canalla Trobadora, maligna y trafalmeja, Que en lo que mas ignora, menos calla.
Hay otra falsa, ansiosa, torpe y vieja, Amiga de sonaja y morteruelo, Que ni tabanco, ni taberna dexa.
No se alza dos, ni aun un coto del suelo, Grande amiga de bodas y bautismos, Larga de manos, corta de cerbelo.
Tomanla por momentos parasismos, No acierta á pronunciar, y si pronuncia, Absurdos hace, y forma solecismos.
Baco donde ella esta, su gusto anuncia, Y ella derrama en coplas el poleo, Compa, y vereda, y el mastranzo, y juncia.
Pero aquesta que ves, es el aseo, La gala de los cielos y la tierra, Con quien tienen las musas su bureo,
Ella abre los secretos y los cierra, Toca y apunta de qualquiera ciencia La superficie y lo mejor que encierra.
Mira con mas ahinco su presencia, Verás cifrada en ella la abundancia De lo que en bueno tiene la excelencia.
Moran con ella en una misma estancia La divina y moral Filosofia, El estilo mas puro y la elegancia.
Puede pintar en la mitad del dia La noche, y en la noche mas escura El alba bella que las perlas cria.
El curso de los rios apresura, Y le detiene, el pecho á furia incita, Y le reduce luego á mas blandura.
Por mitad del rigor se precipita De las lucientes armas contrapuestas, Y da vitorias, y vitorias quita.
Verás como le prestan las florestas Sus sombras, y sus cantos los pastores, El mal sus lutos y el placer sus fiestas,
Perlas el Sur, Sabea sus loores, El oro Tiber, Hibla su dulzura, Galas Milan, y Lusitania amores.
Enfin ella es la cifra, do se apura Lo provechoso y honesto, y deleitable, Partes con quien se aumenta la ventura.
Es de ingenio tan vivo y admirable, Que á veces toca en puntos que suspenden, Por tener noséque de inescrutable.
Alabanse los buenos, y se ofenden Los malos con su voz, y destos tales Unos la adoran, otros no la entienden.
Son sus obras heroicas inmortales, Las liricas suaves, de manera Que vuelven en divinas las mortales.
Si alguna vez se muestra lisongera, Es con tanta elegancia y artificio, Que no castigo, sino premio espera.
Gloria de la virtud, pena del vicio Son sus acciones, dando al mundo en ellas De su alto ingenio, y su bondad indicio.
En esto estaba, quando por las bellas Ventanas de jazmines y de rosas, Que amor estaba á lo que entiendo en ellas;
Divisé seis personas religiosas Al parecer de honroso y grave aspeto, De luengas togas, limpias y pomposas.
Preguntele á Mercurio, por qué efeto Aquellos no parecen y se encubren, Y muestran ser personas de respeto?
A lo que él respondió: no se descubren Por guardar el decoro al alto estado Que tienen, y asi el rostro todos cubren.
Quién son, le repliqué, si es que te es dado Decirlo? Respondióme: no por cierto, Porque Apolo lo tiene asi mandado.
No son poetas? Sí. Pues yo no acierto A pensar por qué causa se desprecian De salir con su ingenio á campo abierto.
Para qué se embobecen y se anecian, Escondiendo el talento que da el cielo A los que mas de ser suyos se precian?
Aqui del Rey: qué es esto? qué recelo, O zelo les impele á no mostrarse Sin miedo ante la turba vil del suelo?
Puede ninguna ciencia compararse Con esta universal de la poesia, Que limites no tiene do encerrarse?
Pues siendo esto verdad, saber querria Entre los de la carda, cómo se usa Este miedo, ó melindre, ó hipocresia?
Hace Monseñor versos, y rehusa Que no se sepan, y él los comunica Con muchos, y á la lengua agena acusa
Y mas que siendo buenos, multiplica La fama su valor, y al dueño canta Con voz de gloria, y de alabanza rica.
Qué mucho pues? sino se le levanta Testimonio á un Pontifice poeta, Que digan que lo es? por Dios que espanta.
Por vida de Lanfusa la discreta, Que si no se me dice quien son estos Togados de bonete y de muceta:
Que con trazas y modos descompuestos Tengo de reducir á behetria, Estos tan sosegados y compuestos.
Por Dios, dixo Mercurio, y á fe mia, Que no puedo decirlo, y si lo digo, Tengo de dar la culpa á tu porfia.
Dilo, señor, que desde aqui me obligo De no decir que tu me lo dixiste, Le dixe: por la fe de buen amigo.
El dixo: no nos cayan en el chiste, Llegate á mí, dirételo al oido, Pero creo que hay mas de los que viste.
Aquel que has visto alli del cuello erguido, Lozano, rozagante y de buen talle, De honestidad y de valor vestido:
Es el DOTOR DON FRANCISCO SANCHEZ: dalle Puede qual debe Apolo la alabanza, Que pueda sobre el cielo levantalle.
Y aun mas su famoso ingenio alcanza, Pues en las verdes hojas de sus dias Nos dá de santos frutos esperanza.
Aquel que en elevadas fantasias, Y en éstasis sabrosos se regala, Y tanto imita las acciones mias,
Es el MAESTRO ORENSE, que la gala Se lleva de la mas rara eloquencia Que en las aulas de Atenas se señala.
Su natural ingenio con la ciencia, Y ciencias aprendidas le levanta Al grado que le nombra la excelencia.
Aquel de amarillez marchita y santa, Que le encubre de lauro aquella rama, Y aquella hojosa y acopada planta:
FRAY JUAN BAPTISTA CAPATAZ se llama, Descalzo y pobre, pero bien vestido, Con el adorno que le da la fama.
Aquel que del rigor fiero de olvido Libra su nombre con eterno gozo, Y es de Apolo y las musas bien querido,
Anciano en el ingenio, y nunca mozo, Humanista divino, es segun pienso El insigne DOCTOR ANDRES DEL POZO.
Un Licenciado de un ingenio inmenso Es aquel, y aunque en trage Mercenario Como á señor le dan las musas censo:
RAMON se llama, auxilio necesario Con que Delio se esfuerza y vé rendidas Las obstinadas fuerzas del contrario.
El otro, cuyas sienes ves ceñidas Con los brazos de Dafne en triunfo honroso, Sus glorias tiene en Alcalá esculpidas.
En su ilustre teatro vitorioso Le nombra el cisne en canto no funesto, Siempre el primero como á mas famoso.
A los donayres suyos echó el resto Con propiedades al gorron debidas, Por haverlos compuesto ó descompuesto.
Aquestas seis personas referidas, Como están en divinos puestos puestas, Y en sacra religion constituidas:
Tienen las alabanzas por molestas, Que les dan por poetas y holgarian Llevar la loa sin el nombre acuestas.
Porqué, le pregunté, señor porfian Los tales á escribir y dar noticia De los versos, que paren y que crian?
Tambien tiene el ingenio su codicia, Y nunca la alabanza se desprecia, Que al bueno se le debe de justicia,
Aquel que de poeta no se precia, Para qué escribe versos y los dice? Porqué desdeña lo que mas aprecia?
Jamas me contenté, ni satisfice De hipocritas melindres. Llanamente Quise alabanzas de lo que bien hice.
Con todo quiere Apolo, que esta gente Religiosa se tenga aqui secreta, Dixo el dios que presume de eloquente.
Oyose en esto el son de una corneta, Y un trapa, trapa, aparta, afuera, afuera, Que viene un gallardisimo poeta.
Volví la vista y vi por la ladera. Del monte un postillon y un caballero Correr, como se dice, á la ligera.
Servia el postillon de pregonero Mucho mas que de guia, á cuyas voces En pie se puso el esquadron entero.
Preguntóme Mercurio: no conoces Quien es este gallardo, este brioso? Imagino que ya le reconoces.
Bien, le respondi: que es el famoso Gran DON SANCHO DE LEIVA, cuya espada Y pluma harán á Delio venturoso.
Venceráse sin duda esta jornada Con tal socorro: y en el mismo instante, Cosa que parecia imaginada,
Otro favor no menos importante Para el caso temido se nos muestra, De ingenio, y fuerzas, y valor bastante.
Una tropa gentil por la siniestra Parte del monte se descubrió: ó cielos, Que dais de vuestra providencia muestra!
Aquel discreto JUAN DE VASCONCELOS Venia delante en un caballo vayo, Dando á las musas Lusitanas zelos.
Tras él el capitan PEDRO TAMAYO Venia, y aunque enfermo de la gota, Fue al enemigo asombro, fue desmayo.
Que por él se vió en fuga, y puesto en rota, Que en los dudosos trances de la guerra Su ingenio admira y su valor se nota.
Tambien llegaron á la rica tierra, Puestos debaxo de una blanca seña, Por la parte derecha de la sierra
Otros, de quien tomó luego reseña Apolo: y era dellos el primero El joven DON FERNANDO DE LODEÑA:
Poeta primerizo insigne, empero En cuyo ingenio Apolo deposita Sus glorias para el tiempo venidero.
Con magestad real, con inaudita Pompa llegó, y al pie del monte para Quien los bienes del monte solicita:
El Licenciado fue JUAN DE VERGARA El que llegó, con quien la turba ilustre En sus vecinos medios se repara.
De Esculapio y de Apolo gloria, y lustre, Sino digalo el santo bien partido, Y su fama la misma envidia ilustre.
Con él fue con aplauso recebido El docto JUAN ANTONIO DE HERRERA, Que puso en fil el desigual partido.
O quien con lengua en nada lisongera, Sino con puro afecto en grande exceso, Dos que llegaron alabar pudiera!
Pero no es de mis hombros este peso, Fueron los que llegaron los famosos Los dos Maestros CALVO Y VALDIVIESO.
Luego se descubrió por los undosos Llanos del mar una pequeña barca Impelida de remos presurosos:
Llegó, y al punto della desembarca El gran DON JUAN DE ARGOTE Y DE GAMBOA En compañia de DON DIEGO ABARCA,
Sugetos dinos de incesable loa, Y DON DIEGO XIMENEZ Y DE ENCISO Dió un salto á tierra desde la alta proa.
En estos tres la gala y el aviso Cifró quanto de gusto en sí contienen, Como su ingenio y obras dan aviso.
Con JUAN LOPEZ DEL VALLE otros dos vienen Juntos alli, y es PAMONES el uno, Con quien las musas ogeriza tienen.
Porque pone sus pies por do ninguno Los puso, y con sus nuevas fantasias Mucho mas que agradable es importuno.
De lexas tierras por incultas vias Llegó el brabo Irlandes DON JUAN BATEO, Xerxes nuevo en memoria en nuestros dias,
Vuelvo la vista, á MANTUANO veo, Que tiene al gran Velasco por Mecenas, Y ha sido acertadisimo su empleo.
Dexarán estos dos en las agenas Tierras, como en las proprias dilatados Sus nombres, que tú, Apolo, asi lo ordenas.
Por entre dos fructiferos collados (Habrá quien esto crea, aunque lo entienda?) De palmas y laureles coronados, El grave aspecto del ABAD MALUENDA Pareció, dando al monte luz y gloria, Y esperanzas de triunfo en la contienda.
Pero de qué enemigos la vitoria No alcanzará un ingenio tan florido? Y una bondad tan digna de memoria?
DON ANTONIO GENTIL DE VARGAS, pido Espacio para verte, que llegaste De gala y arte, y de valor vestido;
Y aunque de patria Ginoves, mostraste Ser en las musas castellanas doto, Tanto que al esquadron todo admiraste.
Desde el Indio apartado del remoto Mundo llegó mi amigo MONTESDOCA, Y el que anudó de Arauco el nudo roto.
Dixo Apolo á los dos: á entrambos toca Defender esta vuestra rica estancia De la canalla de verguenza poca.
La qual de error armada y de arrogancia Quiere canonizar y dar renombre Inmortal y divino á la ignorancia.
Que tanto puede la aficion, que un hombre Tiene á sí mismo, que ignorante siendo, De buen poeta quiere alcanzar nombre.
En esto otro milagro, otro estupendo Prodigio se descubre en la marina, Que en pocos versos declarar pretendo
Una nave á la tierra tan vecina Llegó, que desde el sitio donde estaba, Se ve quanto hay en ella, y determina.
Demás de quatro mil salmas pasaba, Que otros suelen llamarlas toneladas, Ancha de vientre y de estatura brava:
Asi como las naves que cargadas Llegan de la oriental india á Lisboa, Que son por las mayores estimadas.
Esta llegó desde la popa á proa Cubierta de poetas, mercancia De quien hay saca en Calicut y en Goa.
Tomole al roxo dios alferecia Por ver la muchedumbre impertinente, Que en socorro del monte le venia.
Y en silencio rogó devotamente, Que el vaso naufragase en un momento Al que gobierna el humido tridente.
Uno de los del numero hambriento Se puso en esto al borde de la nave, Al parecer mohino y mal contento:
Y en voz, que ni de tierna ni suave Tenia un solo adarme, gritando (Dixo tal vez colerico, y tal grave)
Lo que impaciente estuve yo escuchando, Porque vi sus razones ser saetas, Que iban mi alma y corazon clavando.
O tú, dixo, traidor, que los poetas Canonizaste de la larga lista, Por causas y por vias indiretas:
Dónde tenias, Magancés, la vista Aguda de tu ingenio, que asi ciego Fuiste tan mentiroso coronista?
Yo te confieso, ó barbaro, y no niego Que algunos de los muchos que escogiste Sin que el respeto te forzase ó el ruego,
En el debido punto los pusiste; Pero con los demas sin duda alguna Prodigo de alabanzas anduviste.
Has alzado á los cielos la fortuna De muchos, que en el centro del olvido Sin ver la luz del sol, ni de la luna,
Yacian: ni llamado, ni escogido Fue el gran pastor de Iberia, el gran BERNARDO, Que de la VEGA tiene el apellido.
Fuiste envidioso, descuidado y tardo, Y á las Ninfas de Henares y Pastores, Como á enemigos les tiraste un dardo,
Y tienes tu poetas tan peores Que estos en tu rebaño, que imagino Que han de sudar, si quieren ser mejores.
Que si este agravio no me turba el tino, Siete trobistas desde aqui diviso, A quien suelen llamar de torbellino,
Con quien la gala, discrecion y aviso Tienen poco que ver, y tu los pones Dos leguas mas allá del paraiso.
Estas quimeras, estas invenciones Tuyas te han de salir al rostro un dia, Si mas no te mesuras y compones.
Esta amenaza y gran descortesia Mi blando corazon llenó de miedo, Y dió al traves con la paciencia mia.
Y volviendome á Apolo con denuedo Mayor del que esperaba de mis años, Con voz turbada y con semblante acedo,
Le dixe: con bien claros desengaños Descubro, que el servirte me grangea Presentes miedos de futuros daños.
Haz, ó señor, que en publico se lea La lista que Cilenio llevó á España, Porque mi culpa poca aqui se vea.
Si tu deidad en escoger se engaña, Y yo solo aprobé lo que él me dixo, Porqué este simple contra mí se ensaña?
Con justa causa y con razon me aflixo, De ver como estos barbaros se inclinan A tenerme en temor duro y prolixo.
Unos, porque los puse me abominan: Otros, porque he dexado de ponellos, De darme pesadumbre determinan.