Viajando · Unidad 13 de 24

Unidad 13 · Sa UA O IV VEGA

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Sa UA O IV VEGA

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Las inversiones medias por cada turista durante su corta o larga residencia en París subió pues, a 1,028 dólares, | o sea, al cambio actual de 25 francos por dólars, a la cantidad de 25,600 francos por persona, muy próxima. como se ve, a la invertida por los ingleses.

Y otro tanto, aunque en menor escala, se puede decir. de las inversiones hechas por los turistas que provienen | de España, Alemania, Argentina y Brasil, que siguen a los ingleses y norteamericanos en fausto y en dispendio personal. |

Dara completar estas informaciones sumarias sobre las.

inversiones medias de diversas colonias de residentes even» |

fuales en esta Nación y que suman como se ve cantidades enormes, quiero agregar todavía un dato elocuente y. decisivo.

Hará unos tres meses se hizo en esta capital el censo de la población y según él, Daris cuenta actualmente al. rededor de un millón de extranjeros (aunque no todos ellos se les puede seguramente clasificar de turistas) y si. se estima para cada uno, un gasto medio de 200 Írancos. diarios (sin contar inversiones o compras extraordinarias) se tendría así que los extranjeros invertirían en esta plaza | una suma próxima a 200 millones de francos diarios.

Antes de consignar esta cantidad, que a primera vista se la puede estimar ultra-exagerada, la he consultado con muchos residentes chilenos y no le han hecho reparos, pero aún fuertemente castigada siempre resultaría una cifra inmensa, superior a lo que muchos piensan.

Hay que considerar para ello no sólo el alto costo de la vida actual, sino el hecho real de que aquí a los extranjeros

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se les carga la mano en todo, ciertos como están que vienen para divertirse y para gastar y que nedie regatea.

En Paris, por lo general, el nativo vive muy sobriamente, y sus horas de ocio las destina al hogar o a diversiones de poco costo. Su gran placer es visitar los

parques gratuitos de Luxemburgo y del Bosque de Bolo-

nia, eftc., destinando los días festivos a salir con sus familias a visitar museos o a recorrer en los environ los maravillosos parques y castillos de Chantilly, Saint Germain, Versalles, Saint Cloud, Rambouillet y Fonteneblau, etc.; mientras que los turistas llenan los hoteles y restaurats. caros y baratos, y los music-hall y los cabareís, donde jubilosamente y sin reparos, pagan en cien francos una bulaca y en doscientos francos una botella de champagne, que en el comercio encontrarían fácilmente por la

cuarta parte de ese valor. Viven, pues, cegados por la

luz fantástica de los cabarets y apuran hasta el delirio las horas del placer y de los halagos,-que pagan sin regateos y hasta con agrado.

De ahí que todos están conformes en declarar que París no podría vivir sin el contigente de dinero que le aportan los extranjeros, lo que tradujo correctamente un Ministro de Hacienda al decir hace poco en el Parlamento:

- —+«El turismo constituye en Francia la fuente más poderosa de sus actividades económicas y el renglón más alto de sus exporfaciones invisibles» .

Quieran los acontecimientos que nuestros dirigentes en Chile, que fanto se preocupan ahora de incrementar nuestras fuentes productivas, sepan aprovechar las enseñanzas anotadas en esta información, seguros como deben estarlo

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de que ellas son hijas de la realidad y no de la fantasía como más de alguno podría suponerlo.

El turismo es hoy día, más que un agrado, una a fuente indispensable de recursos en la vida económica de las. naciones. |

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Zurich, 1.2 Julio de 1927.

Y siguiendo nuestro interrumpido viaje, el Viérnes 10 de Junio, a las 2 P. M. partimos hacia el Oriente desde la Gare du Nord de Bruxelle y después de cruzar planicies culfivadas y cacerios semi-ocultos entre forestas, pasamos por las colinas envolventes de Lieja, el rincón más industrial y progresista de la agotada Bélgica y a las 5.40 P. M. nos _deteníamos en Herbersthal, para llenar formalidades de frontera y luego después enfrábamos ya a tierra alemana, a la región reheniana, de tanta fama por sus yacimientos carboníferos y las codicias que supieron despertar en los Aliados. Entrada ya la noche, nuestro tren se detuvo en Colonia, la más importante y antigua de las ciudades de “esa zona, como que su construcción data de cincuenta años antes de Jesucristo. ;

Ahí sólo nos quedamos tres días; fiempo que estimamos suficiente para visitar la ciudad, tachonada de cúpu-

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las y altos edificios y gozar de su hermosísimo río, ornados de puentes soberbios y magníficos.

Colonia es como se sabe, la gran metrópolis comer- |

cial y científica del Bajo-Rhin y de Westfalia y como pre-

dilecta hija del antiguo Imperio Romano, aun se la caracte- |

" riza por su alamada Universidad, por sus centros de cul.

tura social y sobre todo, por sus fastuosas iglesias, la

más importante de las cuales es la Catedral, edificada |

hace ya siete siglos, en 1248, que constituye una reliquia |

arquitectónica de inapreciable valor y de digna admira-

ción. En su exferior semeja notablemente al Duomo de |

Milán, sin tener las suntuosidades internas del monumen=.

to italiano y en su conjunto, de estilo netamente gótico, es sin duda alguna, uno de los templos más suntuosos de la Europa Central, superior aun a la iglesia de Sainf Efienne de Viena, que tanto enorgullece a los austriacos.

La ciudad que como todas las de Alemania, se distingue por su extraordinaria limpieza y su espléndida pavimentación, se visita con creciente agrado; pero sin duda lo que constituye el principal atractivo regional, es su río, el Rhin, de aguas mansas y azuladas y de riberas pobladas por innúmeras villas y progresistas poblaciones. Le navegamos durante todo un día, camino de Bohon, Coblenza y Wiesbaden, pasando por las arcadas de sus puentes fantásticos, modelos de ingeniería, y admirando a uno y otro lado, a través de verdes campiñas y sombreadas forestas de pinos, muchas ciudades importantes, cuyos

nombres figuran con honor en las actividades de la ense-'

ñanza y de las industrias alemanas. Es digno también de estudiar en Colonia todo lo refe-

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rente a la culfura-social, que ha llegado a un alto grado de perfección, como me lo decía un distinguido y compe. tente amigo, que había representado recientemente a Chile en la Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra, - agregándome:

—En esa Conferencia, la más importante celebrada hasta hoy sobre tan debatido tema, quedaron de manifiesto dos hechos irrefutables:

1. Que en materia de codificación de bienestar social. la nación más progresista y adelantada en Europa, es sin duda alguna, la Alemania, y

2. Que en la citada nación, la ciudad, o más propiamente dicho la zona en que hay mayores progresos prácticos que observar es la de Colonia, capital del BajoRhin.

De ahí que, a pesar de nuestra escasa preparación en la materia nos inferesáramos también por visitar y conocer sus Cajas de Retiro y Seguro Obrero, que reunen, según los técnicos, cuanto la ciencia y previsión humanas han podido hasta ahora crear en alivio de las condicio nes de suyo tristes de los trabajadores, por lo cual no acerlamos a explicarnos el por qué nuestro Gobierno haya ido a buscar expertos en la materia, a fécnicos austriacos, de Viena, que es una ciudad dolorosamente agobiada por un régimen soviético, que clama al cielo, siendo que en Colonia habría podido encontrar cuanto hay de bueno y de experimentado en la ciencia social que tanto preocupa hoy y con justicia, a las naciones de todos los Continentes.

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Satisfecha nuestra curiosidad en Colonia, confinuamos viaje, siempre al Oriente, y en ocho horas de grato caminar por las zonas industriales de Diseldorff, Dusburg, Essen, Dormund y Hanover, nuestro tren hizo 580 kms. de travesía, dejándonos por último en Berlín, la histórica | y hermosa capital del Reich, que irradia su ciencia y su. poderío por toda la Europa Central y que a todo viajero, igual que en París, Londres y Nueva York, aturde con la vida y movimientos propios de las grandes ciudades, de las grandes urbes mundiales. | z

Inútil y hasta infantil sería que nos deftuviéramos en la descripción de las preciosidades vistas; de los parques y panoramas recorridos y de los museos, palacios, teatros y cabareís frecuentados, ya que todo aquello figura. con lujo de detalles, en los boedecker regionales; pero a lo menos debemos hacer recuerdo grato y especialísimo de una mansión lujosa, de un lucido palacio que ornamenta la hermosa avenida Tiergarten y que ostenta con orgu- > llo los colores de nuestro escudo nacional. Nos referimos al palacio de nuestra Legación, cuya adquisición y posterior arreglo se deben únicamente a la gentileza del Gobierno alemán y a las diligencias de nuestro amigo y primo don Luis de Porto Seguro, actual Ministro de Chile en Berlín. |

La historia de estos hechos es muy sencilla y digna de e ser consignada. ba,

El Gobierno alemán, recordando el tributo de dineros y afectos gastados por el de Chile para atender en la isla Quiriquina a los tripulantes náulragos del «Dresden», co-

mandado por el glorioso Almirante von Spee en la pasada guerra y de los demás buques cañoneados en los mares del Dacífico, entregó a nuestro representante la apreciable cantidad de un millón de marcos oro, (dos millones de pesos chilenos), sin otra obligación que la de invertirla dentro del país. Pues bien, en conformidad a esa exigencia y previamente autorizado por nuestro Gobierno, el Sr. Porto Seguro adquirió en cuatrocientos mil marcos, o sea por la mitad de la deuda-hipotecaria que afectaba enfonces a ese predio, un lucido palacio, ubicado, como “se ha dicho, en una de las avenidas de más renombre en la capital, la Tiergarden-strasss, el que después, en forma adecuada a su futuro destino y con severa suntuosidad, supo también transformar, al tenor de las necesidades modernas de una Legación, sin olvidar por supuesto, la ornamentación externa y el aderezo de lujosas salas de recepciones diplomáticas. | |

Todo es en él chic, serio y confortable.

El estreno de esta suntuosa y ya querida mansión, por feliz coincidencia, se ha verificado durante nuestra estada en Berlín, al festejar el matrimonio del afaché-militar, co, “ronel Ludwig, con una distinguida señorita berlinesa, hija del difunto general Dupleci, de origen [rancés; pero perteneciente a una familia radicada en Alemania desde hace ya más de cien años.

A esa recepción asistieron como doscientas personas

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de gran élife, de las cuales quizás cuarenta eramos chi-. lenos y el saldo, amigas y amigos de los contrayentes,

muchos de los cuales ostentaban en su pecho preciadas | condecoraciones de alta nobleza o de glorias militares de la pasada guerra. |

Fué un grato consorcio chileno-alemán, cuyo recuerdo | habrá de perdurar por largos años entre los asistentes.

Entre los comensales llamó desde un comienzo nuestra | atención un apuesto y atrayente joven, casi un muchacho, que a fodos tenía cautivado ya por su buen reír y sus. maneras de fina aristocracia. Y era natural, como que se | trataba nada menos que del príncipe imperial don Luis. Ferdinando de Prusia, segundo y muy mimado hijo del ex Kronprinz y nieto por consiguiente del ex Emperador Guillermo de Alemania. j

El príncipe es un joven bastante alto, de rostro lampino y de fisonomía extraordinariamente simpática. Habla correctamente el español y tiene modales del todo ajenos a los estiramientos propios de un personaje real y que, hasta podría en alguna ocasión, ceñir la corona imperial, dada su extremada popularidad en todos los centros juveniles y universitarios de Berlin.

Le fuí presentado por el Ministro y al término de nuestra grala charla, de quizás media hora, afectuosamente le dijimos:

—Y Ud. no ha pensado alguna vez visitar a Chile, donde tantas afecciones se tienen por su patria y connacionales?

—Ya lo creo, nos contestó sin titubear, y tanto es así

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que me parece ya cosa resuelta que mis próximas vacaciones universitarias las pase en su país, como una de las anteriores logré pasarlas en la Argentina, haciendo una vida gaucha que nunca olvidaré. Y para que Ud. aprecie la sinceridad de estos propósitos debo decirle y aquí está Oscar Blanco que sabrá confirmarle mis palabras, que precisamente mis mejores amigos de Berlín están en la mucha- -chada sud-americana. |

Quedan pues notificadas las lindas chilenitas y la alegre juventud sanfiaguina que proximamente tendrán por aquellos mundos a un principe muy simpático y atrayente, muy llano y jovial; no de calzón corto y bucles dorados, como los que figuran en los cuentos de Hofíman y los soñados por la cabecita romántica de María Cenicienta, sino un otro, a la moderna, de porte gallardo y sonrisa alable, con pantalones ox/ord y que baila maravillosamente el charlestón.

—Venir a Berlín y no visitar a Postdam, es lo mismo que estar en París y no ir a Versalles o a Viena y no conocer Schoenbrun, nos dijo cierto día un distinguido compatriota que lleva ya largos años de residencia en Europa. Y esta es la verdad porque el simil es perfecto, ya que tales environs, a la par de haber sido moradas de reyesías ya destronadas, contienen palacios y Museos de “inapreciables valores y curiosidades históricas imprescindibles de conocer.

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Fuimos pues a Dostdam deseosos de admirar esplendores | reales, y como nuestra ida coincidiera con una mañana

extraordinariamente luminosa y Íresca, pudimos gozarla en | toda su plenitud, recorriendo presurosos, calzadas inmejorables y navegando desde Wannsee, un brazo de agua | cristalina que nos condujo así, en forma poética, al fan-|

tástico palacio Sanssoucí, que siglos atrás habitara Fede-.

rico el Grande, con su corte de sabios, literatos, filósofos

y truanes. | Recorriendo las severas y decoradas salas de ese pa.

lacio. ilustradas por el pincel de Wateau, de súbito lle

gamos a una de ellas, la antigua morada de Voltaire, cuyas paredes y puertas, por curiosa anfinomia, se caracterizaban por una abigarrada pintura de monos y papagayos, que

no dejó de sorprendernos, y entonces un buen amigo que

nos acompañaba, nos dijo al oído: :

—Esta es la pieza que hasta su muerte ocupó el gran

filósofo francés, el cáustico patriarca de Ferney y con las

características decoraciones de sus paredes, quiso el gran

Monarca, con curioso humorismo, retratar la fealdad y -

la charlatanería proverbiales de su ilustre e inseparable

amigo. : Y siguiendo así, jira novedosa, entre palacios y parques

del más refinado gusto, topamos de improviso con un | viejo y desmantelado molino de viento, cuyas grandes aspas recordaban paisajes de Holanda, sino las aventuras trua-

nescas del Quijote, del héroe de Cervantes.

—Y este mamotreto, este singular ingerto, preguntamos a |

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nuestro complaciente guía, cómo ha venido a parar a este

nido de relinado buen gusto?

Y supimos entonces de labios amigos una curiosa his-

toria que a la par de traducir una de las genialidades del poderoso Monarca, encierra además una lección moral,

que los pueblos nunca deben olvidar.

Hela aquí:

Cuenta la tradición que ande. el gran Edna daba por terminado su programa de embellecer Postdam, cons-

“fruyendo palacios y parques inimitables y -encerrando en

ellos preciosidades infinitas, topó su vista con ese Molinomonstruo, que afeaba el conjunto y sobre todo que molestaba, la quietud reclamada por su corte de sabios y poetas, con sus ruidos estridentes. Dictó entonces un úkase ordenando su inmediata demolición, y no fué poca su sor-

presa cuando se impuso que su dueño, un humilde y anónimo

campesino regional, se negara altivamente a respetarlo, invocando ante el Juez lugareño sus títulos de inveterado dominio. !

—El rey puede hacer todo lo que él quiera, dijo el humilde desposeído; pero afortunadamente hay leyes en Prusia que amparan mis derechos y presentó al Juzgado su demanda, produciéndose así un ruidoso juicio entre el Monarca más poderoso y autorifario entonces de la tierra y un débil y desconocido molinero que pedía a la Justicia amparo y respeto a lo suyo, invocando el viejo adagio charbonier est maitre chez lui, en el cual venció el débil a despecho de la autoridad, y entonces el sabio y poderoso Emperador, ante la estupelacción de los palaciegos»

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visitó en persona al molinero para felicitarlo por su triunfo y proponerle amigable transacción con la adquisición del Molino, lo que no le fué difícil conseguir.

—¿Para destruirlo?

—Por lo contrario, para mantenerlo en sitio inviolable, diciendo a sus aduladores y a la posteridad una frase que siempre se cita con orgullo en Alemania y que hasta grabada se la encuentra en una placa de bronce adherida al viejo monumento. |

—Son mis deseos, dijo, que este Molino se conserve incólume donde está, al lado de mis palacios y en el centro de mis parques, como una manifestación imperecedera y eternamente viva, de que la justicia de mi reino, tanto ampara a los grandes y poderosos, como a los chicos y desvalidos que manifiesten dignidad y conciencia de lo propio.

Y es así como las desvensijadas aspas del viejo y caduco Molino siguen aún trabajosamente, a la vera de las reliquias de Sanssouci, cantando a las generaciones un himno de respeto y de autonomía a la Justicia, a la ciega Justicia llamada a amparar el derecho de los débiles y a moderar el apetito de los fuertes. |

Terminado que fué nuestro programa berlinés, supimos en la Legación que en Dresden, importante ciudad sajona ubicada a unos 180 kilómetros hacia el sur, casi ya en los linderos de la Scheco-Slovaquia, se acababa de inaugurar una gran Exposición del Papel y sus Derivados, y

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allá nos encaminamos, con el propósito de visitar algo que seguramente inferesaría en nuestro país.

Esa gran ciudad, que baña el Elba y embellecen cien palacios de cúpulas doradas, se precia de poseer una tela de Ralael tan hermosa que acuden a contemplarla diaria- “mente miles de personas, y tan valiosa, "que su director, además de un seguro por diez millones de marcos, ha creído conveniente protegerla de noche, rodeándola de una curiosa malla eléctrica, que terminaría súbitamente con la vida del osado que pretendiera su robo; pero para nosotros, como lo decíamos, lo que más nos atraía al visitar la ciudad, era el estudio de la exposición papelera. inaugurada sólo días atrás.

En Dresden desde hace tiempo se acostumbra a celebrar año a año, un gran torneo industrial, al cual acuden de toda ia Europa ciento y miles de visitantes, siendo su objetivo o tema siempre diverso. |

En 1922, la cerámica; en 1923, el sport; en 1924, las industrias textiles; en 1925, las construcciones obreras; en 1926, la horticultura, y ahora, la industria del papel y en especial el aprovechamiento de la celulosa forestal. |

—Qué cosa de mayor interés para nuestro país, poseedor de tantos bosques y tributario de tantas adquisiciones?

No es del caso hacer en estas páginas historia de la industria que mofivaba la Exposición; pero permíifasenos a lo menos un recuerdo afectuoso para sus iniciadores y algunas observaciones sobre la importancia mundial que ella encierra.