Viajando · Unidad 15 de 24
Unidad de lectura 15
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
—Y cuál es el más preferido de sus libros?, le interrogué.
—El que estoy escribiendo, me contestó sin lifubear,
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pues como Ud. que también es del oficio, lo sabe, es propensión común a todos los autores, olvidar muy luego su
producción de ayer; pero si Ud. me preguntara cuál ha sido
el más remunerativo de mis libros, le contestaría que Los Cuatro Jinetes, que sacando mi nombre de los linderos
de las naciones de habla española, ha labrado mi cele-
bridad mundial, si así puedo llamarla, y sobre todo ha contribuido como ningún otro, a proporcionarme una perfecta holgura financiera, que me hace mirar sin temores el porvenir. La riqueza no es foda la felicidad: pero hace grato y risueño el vivir. No es asi?
Y me contó a este respecto una curiosa anécdota, de sabor personal si se quiere; pero quizás digna de ser frascrita. Hela aquí: j | |
Estando hace años en París, precisamente en la época de la guerra europea y en plena actividad periodística en lavor de los Aliados, se le presentó a su estudio una escritora o traductora norteamericana ofreciéndole tres. cientos dólares por el derecho de traducir al inglés y publicar en los Estados Unidos su reciente libro Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis; proposición, como se ve, bas.
tante modesta; pero que él, falto de dinero entonces, no tuvo inconveniente en aceptar, sin siquiera sospechar que
vendía por un plato de lentejas toda una fortuna.
Y efectivamente, la traducción, mediante una propaganda
muy bien conducida por la Casa editora, The Dulton Company, tuvo tanto éxito que dos años después se libraba a la curiosidad inagotable de esa gran nación, nada menos que la 150 edición, estimándose que hasta
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“el presente han sido vendidos al público alrededor de diez
millones de ejemplares de la citada obra. Dues bien, la extraordinaria popularidad adquirida en tal forma por los Four fHlorsemen of Apocalipsis hizo muy
popular el nombre del señor Blasco Ibáñez en los Esta-
dos Unidos y posteriormente indujo a una poderosa lirma cinematográlica a formularle la muy ventajosa proposición de 200,000 dólares o sea de $ 1.600,000 chilenos. por los derechos de reproducir en la pantalla su ya famoso libro. Don Vicente aceptó la oferta, la firma gastó dos millones de dólares en la ejecución del flm y durante todo un año se mantuvo en la pantalla de los 48 Estados de la Unión, con un éxito ruidosísimo, el fantástico desfile apocalíptico nacido en el cerebro privilegiado del señor Blasco Ibáñez.
He ahí el origen de la popularidad mundial de que hoy disfruta la producción de nuestro entrevistado, pues al film citado, no tardaron en seguirle Sangre y Arena, Mare Nostrum y Los Enemigos de la Mujer. que por años y años, siguen circulando por todos los teatros que se de-
<dican a fales exhibiciones. Y desde entonces, en confor-
midad a contratos firmados en Nueva York, todo romance que escriba el señor Blasco Ibáñez debe aparecer primeramente vertido al inglés, en los Estados Unidos y sólo después de ésto le es posible a los numerosos editores de otras partes del mundo, incluso España, su patria, reproducir y publicar su trabajo.
Sabido es, por lo demás, que las producciones del se- 'ñor Blasco Ibáñez corren traducidas en todos los idiomas vivos de la tierra. El día en que le visité me fué dado
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ver sobre su escritorio una lujosa traducción china de sus Cuatro Jinetes, y así las hay en alemán, francés, inglés, italiano, scheco-eslavo, japonés, etc.
Tenemos, pues, en resumen, que la /eonina compra de derechos de la señora Carlota Brewster, que sólo le significó a don Vicente una utilidad de trescientos dólares, ha venido a traducirse a la larga, no sólo en una considerable fortuna personal y una renta anual de bastante entidad, a fítulo de autor, si no también en infinitos honores y altas
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distinciones académicas, entre las cuales él se complace
en citar con prelerencia la que le fué otorgada en 1920 por la Universidad norteamericana Jorge Wáshington, al
nombrarlo Doctor en Artes y Letras, en cuya suntuosa |
ceremonia su entonces Presidente y hoy Embajador de los
Estados Unidos en Chile, Mr. William C. Collier, dijo. A
que después de la Biblia, no había en el mundo libro + más reproducido y en más diversos idiomas que los Cua- | tro Jinetes, agregando al término de su elegioso discurso
los honrosos conceptos que siguen:
—En vuestra persona, señor, vemos resplandecer la mo- | derna gloria de la literatura española. Habéis escrito mu- + cho y vuestros lectores, diseminados en el Universo entero, k se cuentan por millones. Vuestro Cuatro Jinetes han hecho ya, en su galope triunfal, la vuelta del Mundo y vuestra lecundidad os revela uno de los genios literarios Ñ
con que hoy cuenta y enorgullece la Humanidad.
Difícil sería hacer un encomio más amplio, caluroso y |
justiciero.
Debo agregar que para recibir este honorífico título el J
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señor Blasco Ibáñez se trasladó expresamente a los Estados Unidos, donde residió cerca de un año, siendo muy festejado por la prensa y personalidades neoyorquinas de toda especie y todavía que, aprovechando este viaje, visitó también a México, durante la administración Carranza, originando así su discutido libro sobre esa revollosa República, que le ha significado las diatrivas y acusaciones de venalidad literaria, que tanto han dañado su reputación personal, al ftachársele de exagerado mercantilismo plumario.
Como las antiguas y perserverantes actividades republicanas o si se quiere antirealistas del señor Blasco Ibáñez le tienen cerradas las puertas de su patria y dejándose conducir por su temperamento de artista y de gran señor, ha hecho en un rincón privilegiado de la Cofe d'azur, mirando al Mediterráneo y vecino a las fronteras Írancoitalianas, una residencia soñada y faraónica, al decir de quienes la conocen. Ahí, en Mentón, próximo a Monte Carlo y a Niza y para recordar quizás las preciadas huertas y los [ragantes jardines de Valencia, ha construído como lo decía, una mansión maravillosa, bautizada Fontana-KRosa, en la cual se aisla gran parte del año, que dedica a la insaciable lectura y a escribir, en poético e incomparable ambiente, los numerosos romances brotados de su privilegiado espíritu. Loable fin para una existencia fan vivida!
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Miré el reloj y vi con admiración que mi inferviw había durado ya cerca de dos horas; pero antes de despedirme quise aún formularle una última pregunta, sobre el futuro de sus actividades literarias, a lo que afectuosamente contestó:
—Tengo ya casi terminados y probablemente aparecerán antes de que concluya este año, tres nuevo libros, hasta cierto punto complementarios entre sí, que he venido madurando desde mi visita a la América y cuyos títulos son: La Riqueza del Gran Kan, en el cuál relato las peripecias de Colón que buscando las Indias, o si Ud.
quiere la Tartaria, fropezó con la América; El Caballero
de la Virgen, en que figura como protagonista el novelesco explorador Balvoa, descubridor del mar Pácilico y por último El Oro y la Muerte, que describe la fantástica conquista del Derú, donde el oro de Atahualpa nunca satisfizo las ambiciones insaciables de Dizarro. Puede que más tarde y en otros libros, que empiezan ya ha
bullir en mi imaginación. me refiera a las proezas roman-
cescas de Magallanes, Hernán Cortés y Pedro de Valdivia, para cuyas confecciones me serán preciosas las investigaciones y narraciones tan meritorias de Barros
Arana, Vicuña Mackenna, Errázuriz y Medina que, muy
leidas y anotadas, tengo en mi biblioteca de Mentón. 9)
Había así llegado el momento de despedirme y al agra: Y
(*) Cinco meses después de escrito este artículo, el gran novelista
murió súbitamente en su famosa residencia de Mentón y con tal motivo
toda la prensa mundial ha hecho jusficieramente el elogio de su incomparable personalidad literaria.
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decerle su deferente y afectuosa acogida, quizo aun exremar sus amabilidades obsequiándome, con cariñosa dedicaloria, su último libro, El Papa del Mar, y su más reciente fotografía, que he de conservar como precioso recuerdo en mi hogar santiaguino.
Minutos después estaba ya en plena Avenida, camino del Bosque de Bolonia, el más hermoso y aristocrático de los promenades de Paris; pero al llegar a L'Efoil tuve la fantasía de subir a la espléndida terraza que corona el
Arco del Triunfo, y cobija a su sombra la llama oscilante del Soldado-desconocido, y pude contemplar desde ahí, a través de un sol muriente de primavera, la más hermosa de las arterias parisienses. )
A lo lejos se dibujaban ftenuemente los palacios de las Tullerías, teatro romántico de antiguos placeres reales; más acá y siempre en línea recta, se erguía majestuosa la columna egipcia de la Concordia, en cuya plaza circular, en la époea del Terror, la guillotina segó tantas cabezas, de nobles y plebeyos, de Girondinos y Jacobinos y siguiendo aún con la maravillada vista por los extensos Campos Elíseos, entre floridos jardines, árboles —umbrosos y residencias señoriales, llegamos por fin a la propia Dlaza de L'Efoil centro radial de seis amplias Avenidas que, en sus nombres recuerdan y perpetuan las infinitas proezas del gran Napoleón, ídolo imperecedero de la Francia monárquica y de la Francia republicana.