Viajando · Unidad 21 de 24

Unidad 21 · LA EUROPA ACTUAL

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

LA EUROPA ACTUAL

Al estimable compañero de viaje Don José Luis Troncoso.

A nuestro arribo a esta capital, después de la interesante jira turística que acabamos de realizar a través de las más importantes naciones de La Europa, algunos. amigos y periodistas han tenido a bien [ormularnos preguntas sobre diversos tópicos relacionados con la estabilidad social, política y económica del viejo mundo, aún no repuesto de los estragos de la gran guerra. Para satisfacer tales consultas hemos redactado este arfículo en el cual, sin pretensiones de decirlo todo y como juicio meramente personal, pasamos a exponer algunas impresiones y reflexiones que esperamos sean leídas y apreciadas con la sinceridad en que han sido escritas.

Seguiremos para ello el propio itinerario de nuestro viaje y limifándonos a estampar sumariamente sólo lo más digno

de considerar.

La primera nación que nos fué dado visitar en la Eu-

170 > entra ros ¿Miainta (Vio

ropa fué /falia, en la cual pasamos cinco semanas de ,

inolvidable recorrido, admirando sus más hermosas y flo-

recientes ciudades, desde Génova hasta Nápoles, (vía Mi-

lán, Venecia, Florencia, Derugia, Asís y Roma), y circuns-

tancialmente estudiando la eficacia de la acción depurativa y constructiva del tan discutido gobierno del señor Mussolini.

Muchos recordarán el pasado reciente de esta nación, que unida a Alemania y al Austria por un tratado solemne, de defensa y ataque, tan pronto como estallara la gran conflagración de 1914, comprendiendo que su situación geográfica y mediterránea, la convertiría a corto plazo, en una deplorable y segura víctima del poderío de la escuadra inglesa, resolvió primeramente mantenerse neutral y sabiamente presionada después, hacer nada menos que causa común con los propios enemigos de sus ex aliados...

Terminada y liquidada la guerra, Italia obtuvo las compensaciones did solicitadas y su pabellón pasó a flamear como dueño y señor en las costas del Adriático: pero cuando empezaba a saborear sus éxitos, fué de súbito presa, en su régimen interno, de las intemperancias anárquicas de un partido político que adueñándose en forma violenta del poder, la tuvo al borde de un precipicio muy hondo y muy pavoroso.

Electivamente, el comunismo-soviético, que hoy tiene agónico al gran Imperio ruso, se enseñoreó en la ltalia en tal forma y con tanta intemperancia, que antes de un lustro de dominio, desorganizó las industrias, destruyó la movilización y todo lo maleó, llegándose así a producirse en

el Reino, un caos tan espantoso y tan desconcertante que |

sólo logró salvarse gracias a la acción oportuna y decidida de un hombre, Mussolini, que conociendo, como anñ _tiguo militante, muy de cerca las modalidades y doctrinas disolventes de ese partido, organizó con elementos civiles y apropiados, una expedición salvadora, que al penetrar victoriosamente en Roma, logró imponer a la Corona ame- =drentada y a los políticos corrompidos y a la propia chuzma ensoberbecida, su mandato imperativo y su voluntad de hierro, inquebrantable, para convertirse desde entonces en Capo del Goberno.

A grandes males, grandes remedios.

Fué entonces, como lo decíamos, cuando Mussolini aniquiló a golpes despiadados el comunismo, declarando, al iniciar su prolífico Gobierno, que adoptaría como divisa propia, las relevantes declaraciones revolucionarias francede sas de 1780, sólo que trocaría la igualdad, por la jerarquía; la liberfad, por la disciplina y la fraternidad, por el nacionalismo.

Si las teorías se juzgan por los éxitos, hay que conveUnir, después de cinco años de experiencia, que este ilustre mandatario no sólo supo obrar en momentos muy oportu- “nos, cuando se iniciaba la agonía de su patria, sino también con extraordinario talento y energías constructivas, porque la ltalia de hoy se parece poco a la Italia de Nitti. Todas las impresiones recogidas nos permiten pues decir que el indiscutible resurgimiento de la nacionalidad italiana se viene victoriosamente laborando a la sombra de la tran- 1 quilidad y del trabajo, que ha logrado imponer el facismo, la doctrina y el imperio de Mussolini.

| ¿Por lo demás, justo es decir, que el señor Mussolid

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después de dolosos actos de violencia, que juzgó indispen-

sable realizar, ha contado y sigue contando con la aceptación pasiva del pueblo y la cooperación inteligente de sus Ministros, que él supo elegir y selectar entre sus más preparados y [ervientes partidarios. De ahí que en lfalia se queme hoy tanto incienso al facismo y a su ilustre jele y fundador y en ello habrá de perpetuarse hasta que el poderío, en su común y humana degeneración, no engendre, como suele acontecer, las arbitrariedades y el despotismo.

Estos temores por lo demás, son hijos de las enseñanzas de la historia, ya que no debe nunca olvidarse que en la antigua Roma, el Senado dispuso que los vencedores fueran siempre acompañados por esclavos que cuidaran de decirles al oído:

—Acuérdate que eres hombre......

Las adulaciones suelen malear los criterios más lirmes. De

ahí que siempre sea útil que los Dioses bajen a la Tierra.

Cuentan que en cierta ocasión en el palacio de Versalles, uno de los grandes aduladores de Luis XIV, el dramaturgo Moliere, dijo al célebre Monarca:

—Los reyes ilustrados como vos, tienen, como el mismo Dios, la visión sagrada de las necesidades.

Dresente ahí el renombrado abate Bosuet, maestro del

Delfín. y juzgando quizás sacrílegas estas expresiones, hijas

del servilismo a los magnates, no pudo reprimir su indignación de católico ferviente y exclamó en alta voz, ante los cortesanos y ante el propio Rey, para que todos lo oyeran:

—Oh Dioses de carne y de sangre! Oh Dioses de ba-

rro y de polvo! Vosotros moriréis, como los demás hom-

bres. Vemos aquí, agregó, mucha ostentación, muchos do-

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-celes, muchas columnas e infinitas manifestaciones de gran- '_deza; pero quienes se adornan con tanto esplendor, no son Dioses, no son imágenes vivas de la divinidad. Son meros ídolos mudos, que aspiran el olor del incienso; pero que se manifiestan incapaces de labrar la felicidad de los hombres. |

Entramos después a Suiza, país legendario y pintoresco

que recorrimos desde Ginebra, por el sur, hasta Zurich, por el norte, admirando sus paisajes maravillosos y el ab- "negado trabajar de sus hijos. Esta nación, como se sabe, se mantuvo neutral en la pasada guerra; pero para hacer respetar tan preciosa prerrogaliva hubo de gastar tanto esfuerzo y tanto dinero, que sus finanzas se resintieron profundamente; por lo cual su población, que se caracteriza por un espíritu de orden ancestral y de abnegada contracción, se le vea todavia triste y penosamente subyugada, ante la pesadumbre de grandes y aplastantes contribuciones.

—No es verdad que contrista el alma el ver una colectividad tranquila y trabajadora, condenada por años y lustros de años, a la dura y pesada tarea del trabajo sin divisar por de pronto, otra compensación que satisfacer en dinero y en sudores lo que el Estado requiere para la satisfacción de sus compromisos y obligaciones?

Una impresión similar nos dejó la visita -a Bélgica sólo que ahí se observaba mayor latiga y mayores decepciones y hasta si se quiere una voluntad más deprimida para re-

construir el poder industrial de antes, por el temor, quizás

y > fundado, que un nuevo vendaval político venga a hechar

por tierra lo edificado a costa de tantos sacrificios personales y colectivos. |

Sabido es que desde las guerras napoleónicas y quizás desde época más lejana aún, la Bélgica parece condenada a ser el campo de batalla de la Europa.

e. e

La situación actual de la Francia también es de serias inquietudes, porque a pesar de haber mediana y penosa-

mente resuelto su problema financiero, valorando y estabi-

lizando el franco, fiene en su inferno, con el comunismo,

una granada traidora, que cualquier día puede explotar.

Hace poco, con mofivo de la electrocución en los Estados Unidos de los anarquistas Sacco y Vanzefti, se formaron

a nuestra presencia, en los más populares boulevares de Darís, asonadas y barricadas tales, que la policia sólo logró barrer a costa de muy duros sacrificios, lo que hace

presumir y temer que en la campaña electoral del próximo : año, donde habrá de librarse la batalla definitiva entre los elementos avanzados de los partidos extremos y los que y prohijan el orden, se puedan producir dolorosas sorpresas,

dado el carácter levantizco e impulsivo de su pueblo.

Como se recordará además, la Francia pasó, año y medio atrás, por una crisis politica-económica de suma gra- "vedad, en que la libra esterlina llegó a cotizarse en 250 “francos y en que los Ministerios, por prestigiosos que fue- 3 ran, caían y caían, derrumbados al embate de las pasiones de los hombres y de la acción corrosiva de un parlamenfarismo sin control, hasta que el peligro común impuso el. “estado de tregua actual, encabezado por Poincaré; pero | para ello ha sido necesario que los Partidos abdicaran' de sus programas y todavía que se resolvieran a dotar al primer Ministro de facultades extraordinarias, tan dictatoriales como las que actualmente ejercitan Mussolini en Italia y Primo de Rivera en España.

Dara evidenciar lo anterior nos bastará decir que a lo * menos mantiene hoy diez diputados en la cárcel,. por sedicientos delitos de lesa patria, o citar el lenguaje imperativo de sus discursos, que no son de petición, sino de mando

Días antes de salir de París, por ejemplo, se inició en Palacio de Borbón la discusión de los Dresupuestos Nacionales para 1928 y al dar lectura el Secretario del Informe de Comisión y a algunas modificaciones propuestas por algunos de sus miembros, el Premier se limitó a vefarlas imperativa y lacónicamente, diciendo:

- —No permitiré que se haga reducción alguna en los impuestos, ni aumento alguno en los gastos. El Presupuesto debe ser aprobado sin dilación por el Congreso, fal como ha sido enviado por el Gobierno. Esta es mi única y última disposición. Dicho lo cual abandonó la sala...

176 dan tiago Medir a

El inveterado poder parlamentario de la Francia es hoy

pues un mito, una sombra que tiende más y más a eslumarse, todo lo cual se hace con la complicidad patriótica

de la prensa y de la opinión pública; pero la ebullición subterránea de los partidos extremos vive latente. De ahi los sobresaltos y temores a que hemos aludido, ante las posibles y previstas sorpresas en la elección general próxima.

Sin embargo la masa general tiene fe en el porvenir inferno o si se quiere en que los jefes políticos de los Dartidos responsables, los señores Herriot, Marín, Serraut y Tardié, obligados por el peso de la opinión consciente y los temores de mayores descalabros, sigan colaborando al lado de Poincaré y de Briand, apóstoles abnegados de la estabilidad interna y de la paz externa de la legendaria Francia, faro secular de la humanidad pensante. (*)

(*) Mientras se imprimía este libro, en Mayo de 1928, se han verificado las elecciones generales a que se hace referencia más arriba y cuyos resultados han sido los siguientes:

En Francia la política de Mr. Poincaré obtuvo un éxito quizás superior al previsto y los comunistas, una derrota aplastante y en Alemania. por lo contrario, el partido nacionalista de gobierno ha quedado en. vergonzante minoría, triuníando ruidosa e inesperadamente el socialismo.

y demás partidos que propiciaban un republicanismo [franco y el acer=

camiento con la Francia y demás países exaliados, para afianzar la paz europea y la cooperación económica mundial. Con tal motivo la prensa

augura la organización de un Ministerio de Íranca coalición, tal como.

el que gobierna hoy en Francia, formado por los socialistas, demócra-

tas. y el partido del pueblo, que unidos tienen una mayoría considera-

ble dentro del Reichstag.

Estos extraordinarios acontecimientos hacen preveer pues. no sólo una. próxima evacuación reheniana, sino también la revisión del plan Dawes,

o si se quiere. el asercamiento [ranco-alemán, que desde antiguo vie-

nen auspiciando los señores Briand y Stressemann en las Conferencias

de Ginebra.

| ascmos después a la Alemania, donde nos fué grato - admirar el espíritu tradicional de orden y de respeto que | “caracteriza a esa nación.

No parecía la vencida de 1918.

1L- Se observaba en ella un deseo vehemente y perfecta- | E mente explicable de que los aliados retiren cuanto antes Mis fuerzas militares que a título de resguardo de los Tratados, aún mantienen en la región reheniana; como así

pe Micro y OS que dccarolle el Dhedidente HindenA burg y su primer Ministro Stresemann parece inspirar conDbenza a todos y contribuir eficazmente al resurgimiento _gradual y efectivo de la aniquilada Europa. | La impresión optimista sobre el futuro de esta gran nación que acabamos de estampar y que ya antes, en el capítulo titulado En tierra alemana, habíamos también ex- - presado con mayores fundamentos, es algo que fluye na- 4 ral y lógicamente cuando se la visita sin prevenciones en u contra, y fanto es así, que hasta escritores de nombralía en materias internacionales, que hasta ayer militaron ) filas enemigas, como ser el eminente filósofo italiano - Guillermo Ferrero, no han trepidado en emitir conceptos fan nítidos como el siguiente:

Dan tcd20 Mia rin Vicuña

«La derrota de 1018, ha dicho este distinguido escritor, ha sido fatal para los Hohenzollerns, para las otras dinastías alemanas, para la oligarquía militar que gobernaba a Alemania y para el sistema de Bismark, como la derrota de 1870 [ué fatal en Francia a la dinastía de los Napoleones; pero si ha causado sufrimientos al pueblo alemán, no ha destruído su vigor, ni su posibilidad, como la ' derrota de 1870 hizo sufrir a Francia, sin aniquilarla. La potencia de Alemania no es ni un privilegio concedido por Dios a un pueblo elegido, como dicen ciertos admiradores, ni una tenebrosa obra del Diablo, como pretenden ciertos enemigos. Es un fruto maduro por el tiempo en el árbol de la historia. Ha sido pues una ilusión creer que se le ha podido hacer caer sacudiendo el e tronco en su base, como esperaban muchos enemigos de Alemania. Sólo el tiempo que está madurándole, tendrá la fuerza para desprenderle cuando su hora haya llegado.

«Alemania, agrega más adelante, no murió en 1918 y no está a punto de resucitar hoy o mañana en la. Sociedad de las Naciones: ha continuado viviendo desde el fin de la guerra hasta ahora su vida multilorme y poderosa, resultado de su fuerte complexión, formada a través de tantos siglos de historia. Á pesar de la guerra y de la derrota, sigue siendo la nación más poderosa de la Europa. Es menos rica, pero es más numerosa, más instruida, más laboriosa, que Ínglaterra; es menos fina que Francia, pero es también más numerosa e igualmente instruida que ella. Si su.

A SN AOS A li A o E o O

Ñ Ad o 179 Bad potencia militar ha sido destruida, la de sus rivales o y vencedores se tambalea también».

Vemos pues que una loa hasta hace poco combaMiente, confirma lo que ahora cilra aun otra neutral

Dero este relativo bienestar de la Alemania, ya que es A duro y penoso el mucho producir y mucho trabajar sólo para satisfacer deudas del pasado, se rompe “súbitamente al seguir Hacia el sur, al entrar a ChekoSlovaquia, a Austria y a Yugo-Slavia; naciones surgidas de 'Improviso, para complacer el espíritu visionario del Dresi. dente Wilson, y en las cuales se nota una pobreza lamentable y en donde reina un comunismo difícil de contrarresfar.

En una de ellas, en Austria, inveterado asiento antiguamente del poderío incontrarrestable de los Hapsburgos, impera hoy un sovietismo que apena el alma y que fuvo En. los propios momentos de nuestra visita un estallido formidable, feroz, que sólo pudo ser reprimido a costa de mucha sangre. El pueblo inconsciente de Viena, con la. complicidad pasiva de su policía comunal, saqueó durante tres bochornosos días una parte de la gran ciudad e incendió uno de los más ornamentales edificios de la capital, el Palacio de la Justicia, por el único delito de albergar jueces dignos, que habían dado pruebas de estar dispuestos a castigar como se lo'merecen, a los criminales de lesa-patria y a los atentadores de lesa-humanidad.

1880 Santia A Caniaa Ma db € uña

En esos días rojos, de tétrico recuerdo. so pavorosa de Lenin se paseó impune por el Palacio de Schoenbrun y por los antiguos y señoriales dominios del María Teresa y Francisco José.

—No serán estos fermentos una consecuencia de lá, dis

persión y fraccionamiento del antiguo y extenso Imperio Austro-Húngaro?

Dara que se aprecie en mejor forma la CRE! y funesta desmembración de este imperio, bastará recordar que él: abarcaba desde Alemania y Rusia por el Norfe, hasta lfalia y el Adriático por el Sur, y desde Rumania y Bulgaria por el Oriente, hasta Suiza por el Poniente; como asimismo, que al disgregarse, siguiendo la doctrina de Wilson, perdió casi el total de su territorio y población, que pasaron a formar parte o a dar vida a 1 nacione

Al norte se formó la República Tcheco-Slovaca; al sur Italia extendió su soberanía sobre Trieste y el Trenfino y con Servia, Montenegro y algunas regiones del sur, se - formó el reino Servio-Croata-Sloveno. :

Además, Hungría también se separó del mocos Central, que quedó así apenas reducido a la capital, Viena, y a al. gunas comarcas vecinas, formando en su total un territo-: rio de 83,000 Kms. cuadrados de superficie, con una pc . blación de seis y medio millones de habitantes. |

Menos de lo que actualmente tiene en superficie nues provincia de Llanquihue!... |

Esta situación de desmedrada pobreza y de difícil o in posible resurgimiento, ha hecho surgir en Austria una c rriente cada día más poderosa y decidida: la anexión simple y llana a la Alemania. Como es fácil. comprenderl o,

regional, es [rancamente resistida en Londres y Paris, bterráneamente estimulada desde Berlín; pero no nos

inos, A a translormarse en un verdadero y amena-

f ación dial más terrible aún que la de 1014. pre será dilícil y peligroso ponerle compuertas al

Dara completar nuestras impresiones sobre el viejo munquisimos también asomarnos a la Inglaterra, pasando

di A oia en _Londres, la ciudad más señorial

Mullasos.

Dicen que la Aaron financiera de a Inglaterra es di-

o. Sus Elba: pero, a pesar de ello el Imperio Britáico se o en su política de o seriedad y

h «de

uschluss, que tal es el nombre de tan curiosa aspira-

rañaría que andando el tiempo y contagiando a los ve-