Viajando · Unidad 4 de 24
Unidad 4 · PR ARE OS
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PR ARE OS
Esa fué nuestra vida ordinaria; pero para festejar el E paso de la línea ecuatorial y el carnaval se organizaron | fiestas especiales, muy movidas y celebradas y cuyos prin» cipales números fueron: |
El bautismo de los neófitos, presidido por Neptuno, el Dios augusto de las luengas barbas; un baile-cabaret, donde las damas lucieron espléndidas y lujosas foilefs;
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juegos infantiles y de Sport, para todas las edades y gustos; un baile de máscaras, que terminó con un aristocráfico cotillón y un banquete-oficial de regalado chic que,
a la hora del champagne fué ceremoniosamente ofrecido
por sendos representantes del inevitable A. B. C. al Co- “mandante y Oficialidad del buque. Por la Argentina ha-
bló don Oscar Gómez, Senador provincial de Córdoba; por el Brasil el señor Antonio Augusto de Covello, prestigsioso leader del parlamento estadual de San Pablo y por Chile, el autor de esta desaliñada crónica. Contestó en frases muy sentidas y afectuosas el Comandante Mario Izardi, que tantos afectos supo captarse.
El desarrollo fastuoso de estas fiestas y los valiosos
premios otorgados significaron un costo de 27,000 liras, erogadas con toda espontaneidad y agrado por los pasajeros de 1.* clase. - A este buen-pasar han contribuido eficazmente también la armonía y distinción de los pasajeros y el estado bonancible del tiempo. Apenas si en una u ofra ocasión las olas se encresparon; sin embargo, a la altura de las Islas del Cabo Verde. una de las turbinas de a bordo su. frió un deterioro, que se tradujo en una mayor demora de dos días en la navegación.
Y así continuamos, entre el cielo y el mar, hasta que
_ enlas proximidades del Estrecho de Gibraltar pudimos di-
visar desde lejos las costas africanas de Fez y de Tan-
ger y luego después más de cerca, admirar las potentes
fortificaciones inglesas del importante Deñón, que todos. trataban de enfocar con sus Kodacs, que tanta era su proximidad.
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Al día siguiente, que fué primaveral, entramos ya de
lleno al Mediterráneo, admirando la costa acantilada de la España y divisando muy a lo lejos, poblaciones como Murcia y Alicante, en que se adivinaban cultivos intensos —
y deslizándonos así quedamente por las aguas tranquilísi-
mas de este lago-salado, en la madrugada del lunes 6 3
llegamos a Barcelona, reputado como el más importante
y comercial de los puertos de la Madre Patria. Bajamos a tierra para recorrer la cuidada planta y sobre todo para
inquirir noticias de Chile, de la patria lejana, de la cual E
se susurraban al oído ventficellos inquietantes. Desgracia-
damente el Cónsul, nuestro antiguo amigo Anselmo de la
Cruz, estaba ausente de la ciudad y nadie supo satislacer
nuestras interrogaciones en el cónsulado.. ¡Qué amargo suele ser el mutismo!
Antes de las diez de la mañana continuamos la interrum-
pida marcha, con rumbo ya directo a Génova, siempre a la vista de una costa muy poblada y pintoresca y en la
madrugada del día siguiente nuestro frasatlántico daba fin a su jornada, amarrando su armadura al gran puerto, |
pletórico de vida y movimiento. Quedaba así realizado el primer tramo de nucals jira,
que sumaba por tierra y mar, desde Santiago a Génova, una distancia muy próxima a doce mil kilómetros; pero antes de abandonar la jaula dorada que nos había albergado durante diez y siete días, quisimos darnos la grata 3
satisfacción de subir a una de las altas cofas del Césare
y desde ahí contemplar, a través de la diáfana atmósfera 3 que nos envolvía, el hermoso panorama que se dibujaba a | su redor y entonces vimos, o más propiamente adivinamos
id e en o y id Caño el a os ensueños dorados, cuando no de las amargas
OS salia ;