Viaje crítico alrededor de la Puerta del Sol · Capítulo real 8 de 8

capítulo X

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

capítulo X.

La Pu.?tta -Jol Sol en el año tres mil.

Para no ver las miserias del présenle no iiay cosa más cómoda que cerrar los ojos. Una vez hecho esto, nada tan fácil como dormirse y el que se duerme adquiere el derecho de soñar.

Este derecho, no consignado en oonstitu- :^ion alguna, es, sin embargo, imprescripible é inalienable, anterior y superior á oda ley.

Anoche, sin ir más lejos, después de repasar los capítulos que anteceden, consai^rados á la Puerta del Sol, me quedé dor -raido y empecé á soñar.

La idea que me habia acompañado en la vigilia no me abandonó en el sueño, pero cambió de tiempo: en vez del presente se

fijó en el futuro, y á la curiosa preí^unta que sin duda me hice al dormirme contestó «na serie de cuadros, reflejados en el cerebro:

¿Qué será la Puerta del Sol en el año tres mil? Tal habia sido la pregunta, cuya contestación voy á exponer.

La Puerta del Sol conservará su nombre' como todo lo que es injustificado y absurdo; peio su nombre nada más.

Una inmensa plaza: multitud de grandes edificios y un hormiguero de personas, constituirán su conjunto.

Un monumento de piedra, con ancha escalinata y pórtico de carácter griego ocupará próximamente el sitio en que hoy se encuentra el ministerio de la Gobernación. Ninguna inscripción nos dirá su empleo; pero á poco qne nos detengamos á. examinarle comprenderemos que es la dirección de Comunicaciones El humo que se observa en su interior nos denuncia el vapor, y vemos salir efectivamente de su azotea una locomotora que cruza atrevida por los rails aéreos, cuya red se pierde por encima de -los tejados; los hilos del telégrafo producen

agradable sombra durante las horas de más calor, por su incalculable número, y del patio principal se eleva cada media hora uti globo, cuya hélice y complicadas ruedas nos demuestran estar resuelto el difícil problema de la navegación aérea. La gente se impacienta en el pórtico; pues hace cinco minutos que debiera haber llegado el correo de Londres; pero una especie de eclipse nos obliga á dirigir la vista al cielo y vemos otro globo inmenso que nos priva de la \u¿ del sol por breves minutos: después va descendiendo lenta y pausadamente, su diámetro se va estrechando y entra por último en uno de los patios del edificio.

Enfrente de aquel se encuentra otro mucho más extenso, consagrado á la niñez y en el cual se la da, á costa del municipio, desde la lactancia mecánica hasta la borla de doctor en cualquiera de las facultades. Todas las madres madrileñas tienen derecho á que sus hijos se crien y eduquen, por cuenta de la hacienda municipal, pasando del registro civil, que está en la portería del palacio, á la oficina de numeración; en ésta, como su título indica, y mediante una com-

posición quÍQiica, cada niño sale con un número marcado en el pecho y pasa á la oficina de nutrición, donde se le deja durante un año con un sifón al alcance de sus labios, cuya succión le proporciona el alimento que necesita. Al tener un año pasa al gimnasio, y hasta los cinco se vé sometido á la reforma de naturaleza , ejecutada por una junta de médicos, filósofos y químicos que ensanchan sus pulmones, rectifican la colocación de sus demás órganos y emprenden luego su reforma moral, aumentando ó disminuyendo su masa encefálica, sometiendo su cráneo á presiones más 6 menos violentas que permitan el desarrollo *le ciertos órganos y haciéndoles aprender con extensión la economía política y todos los sistemas filosóficos de la antigüedad. Terminada su educación primaria los niños el i jen carrera, y á 'os diez ó doce años en que la terminan son recogidos por sus padres, presentando éstos al efecto una contraseña de latón. Desde aquel instante adquieren derecho electoral, derecho al trabajo y derecho al amor, teniendo en cambio el deber de contribuir con un leve tri-

buto, al sostenimiento del Gimnasio municipal de donde proceden.

Al lado de este gimnasio se eleva magestiioso otro palacio, cuyas cuatro fachadas recuerdan las arquitecturas romana, góti- -ca, morisca y franco- alemana. Es el Museo ¿irqueológico. «Aquí pueden ver Vds. , — dice el funcionario encargado de enseñarlo,—los instrumentos que nuestros antepasados consagraban á su propia destrucción. Este canon se llamaba Xrupp y tenia la propiedad de causar infinitas víctimas: á su lado se ven otros dos modelos, llamados Barrios y Plascncia, por los apellidos de sus inventores. Este fusil reemplazaba á la azada en manos de nuestros abuelos; así que cuinplian 20 años, estos pedazos de hierro, que tenían el nombre de boi/ofictas, ejercían la horrible misión de ensartar hombres, quitándoles la vida. Comprendo,— proseguirá diciendo, — que deseen ustedes ver objetos más alegres: aquí, sin ir más lejos , está la sección numismática: esas monedas grandes se llamaban duros, y en su composición entraban varios niélales, especialmente la plata. Aquí hay un

20S ejemplar rarísimo, que tiene la inscripción de Canto7ial^ lo cual ha originado grandes disputas entre los eruditos, muchos de los cuales sostienen que eran llamados así porque se probaba si eran legítimos poniéndolos de canto sobre una mesa; pero la Academia antropológico-prehistórico-crítica ha dado 4 la estampa siete >^olúmenes queriendo demostrar que por los años de 1873 se levantó en armas la ciudad de Cartagena contra el resto de España y se llamó cantón cartagenero; acuñó moneda (pues entonces todavía se usaba este medio de facilitar los cambios), y por último, fué sometida á la obediencia del Gobierno por un tal Barcia, á quien otros suponen, por el contrario, general de los insurrectos, y un tal Gontreras, famoso guerrero que triunfó en Chinchilla de un ejército considerable, combatiendo en mangas de camisa, costumbre muy arraigada en aquella época entre unos locos que llegaron á constituir la secta llamada federal. Estas otras monedas más pequeñas y que muestran un león medio borrado, son de cobre y bronce y sólo circularon algunos años en España; pero en

el teatro antiguo se encuentran referencias á las mismas. En una obra de un tal Sotillo, cuya biografía se desconoce; pero que debió florecer por la misma época próximamente en que se publicaba el famosísimo periódico El Combate^ se lee en boca de un maestro de escuela:

«...Me dieron una moneda

y no la pude pasar.

Era una de esas, que, cinco

juntas, valen un real

y solas, nada... que son

la utopia filosofal

del sistema monetario, etc.» El autor se referia indudablemente á este género de monedas; pero lo que todavía no ha logrado traducirse es lo de la utopia filosofal^ y eso que la frase debía estar muy generalizada por entonces, porque en muchos periódicos del tiempo aquel se vé consignada. Esta otra moneda, que está guardada dia y noche por doce porteros, es el único ejemplar que se conserva en el mundo: se llamó pelucona ó peluqitina, sin duda á causa de que se acunaba en Peluquín, aldea de la provincia de Orense, junto á Saa

Pedro de Gudeyro. Aumenta su importancia, si se tiene en cuenta que durante muchos siglos se ha negado la existencia de semejante clase de monedas, y que solo cuando fué necesario trasladar los cementerios y remover antiquísimos cadáveres, se encontró en la mano cerrada de uno de ellos tan importante ejemplar. Tampoco debe perderse de vista que en nuestra patria no llegó nunca á saberse, en muy dilatados períodos, cuál era la unidad monetaria, de la cual se cambiaba con tanta rapidez ?asi como de ministerios. Este monetario especial ofrece mil curiosidades, que no me detendré en detallar, aunque sí diré que en él figuran muchas monedas falsas, cuya circulación se autorizó gubernativamente, y piezas de cobre de dos caras y ninguna cruz. Estas servían para un juego llamado de chapas y fueron descubiertas en Barcelona.

La sección de trajes es muy pobre, á causa de la mala calidad de los géneros que usaban nuestros antepasados; pero la fotografía hizo un señalado servicio á la historia, empleándose, así que descubrió la ma-

2€6 ñera de fijar los. colores, en reproducir un periódico de modas que se llamaba La Moda Elegante Ilustrada. Casi todos los que visitan el establecimiento revisan esta obra, entre alegres risas, no siendo lo que menos les llama la atención unas montañas que nuestras abuelas del siglo xix se colocaban en la parte opuesta al vientre.

Finalmente, el Mu^eo arqueológico exigiría por sí solo un volumen, y las descripciones de sus empleados, sazonadas todas con mil comentarios, algunos otros.

Delante de dicho edificio se vé un monumento que el tiempo no ha logrado destruir. Es cilindrico, de poco más de dos metros de elevación, y ahondado en la par., te que mira al centro de la plaza, en figura de hornacina. Hoy está defendido por una verja de hierro; pero no ha logrado averiguarse su uso. Hay quien supone,— sin datos bastantes, — que eran garitas de centinela y quién defiende la tesis de que sirvieron para colocar anuncios. De todas maneras, lo que resulta comprobado, aunque esto perjudique al buen nombre de nuestros ascendientes es, que á mediados del

:207 siglo XIX los vecinos de Madrid tenían oí poco pudor de hacer aguas junto á ellas; lo cual les valió más de una caricatura en el Mundo ^ómico, periódico burlesco que redactaban los eminentes teólogos Pellicer, Cubas y Luque, y en el cual dibujaban graciosas caricaturas Sepúlveda, Pronta ura, Puig y otros artistas, que hoy descansan en el Panteón Nacional.

La casa inmediata al Musco arqueológico se encuentra cerrada hace siglos y apenas se concibe su existencia. Parece que hubo un tiempo en que España debia un dinero á varios particulares naciona'es y extranjeros, y que les daba unos papelitos que confesaban la deuda. Ahora bien, como retrasaba el reintegro de las sumas, los acreedores vendían dichos papelitos y con ellos su derecho á percibir el capital é intereses de lo prestado. Para averiguar hoy, — en pleno año 3.000, — lo que era el trasiego de compra y venta de dichos papeles, basta con saber que hubo días en que se vendieron por trece y aun doce reales pagarés de ciento. Por fortuna, los acreedores que levantaron este edificio el año 2.000 tuvieron que

2C8 cerrarlo en 2.400; y ahora se proyecta formar en el mismo una especie de Museo def. crédito, en el que figuren las diferentes clases de papel de la Deuda que hubo en España; pero se cree que no llegue á realizarse el pensamiento, porque parece que dichos papeles se quemaban al recojerlos. Lo único que se conserva en Simancas es un libróte que se llama El gran libro, y que durante mucho tiempo estuvo enterrado entre los escombros de una casa de la calle de la Salud, que parece quemaron con petróleo lo.> revolucionarios del año 2579.

El grandioso edificio de enfrente es el Teatro Nacional, donde a la sazón ensaya la orquesta una sinfonía. Prestad atención á las acompasadas notas del contrabajo, y observareis fácilmente que la tempestad se acerca: ese solo de flauta demuestra que cl protagonista de la sinfonía es un pastor, según comprueban también los balidos de la s ovejuelas que debe haber á su lado y cuya existencia denuncian los violines. De pronto suenan campanillas y chasquidos de látigo: se acerca una diligencia á no dudar; avanza, avanza y el auditorio llega á per-

süadirse de que está á su lado... Pero ¿qué denota el toque de los timbales? Bieu especificado está: unos ladrones están ocultos

esperando á sus víctimas Un compás de

espera denota la general ansiedad, hasta que se escacha un tiroteo sostenido. Los ladrones han atacado á la diligencia y están robando y asesinando á los viajeros... La orquesta deja oír los lamentos de los mori* bundos y hasta el ruido de los cuerpos que se desploman... ¡Horror! Suenan besos, choque de copas de licor los infames se entregan á la orgía: ¡su allegro lo denuncia! Y ¿no habrá quien castigue el crimen? ¿No habrá quien vuelva por los fueros de la virtud? Sí: ya vuelve á escucharse la flauta pastoril y el balido de las ovejas... después un ruido de cadenas, mezclado á un redoble de tambor .. La Guardia civil sin duda ha sorprendido á los malhechores y les carga de hierro. . Ya se escuchan en lontananza los pasos de los guardias que llevan á presidio á los malhechores... Más tarde se vé enteramente al pastor curando á los heridos; se observa que éstos vuelven en sí lentamente, y una plegaria á toda orquesta

VIAJE CRÍTICO. 14

^10 demuestra que se han salvado. El pastorcillo vuelve entonces á cojer la flauta, las ovejas balan y entre el final de la sinfonía se mezclan los acordes de las campanillas. ¡La diligencia ha seguido su camino!

La música del porvenir ha llegado, por lo visto á su apogeo, en el año 3 000.

Junto al teatro se vé la cocina oconómica, y á poco que se profundice con la vista en las calles que desembocan en la Puerta del Sol, puede observarse una pagoda china y una mezquita árabe, una catedral católica y una capilla evangélica; una cátedra pública de espiritismo y una tribuna á los cuatro vientos, donde explica un sabio á los aguadores del año 3.000 los sistemas filosóficos de la antigüedad. Las estatuas de bronce, colocadas en el jardin central, son un tributo consagrado á las eminencias del siglo xix: entre ellas son parecidísimas las de Estrada, inventor de la poesía pentacróstica; Brea y Moreno, inventor del aceite de bellotas; Ángel I, pretendiente desgraciado á la corona de España, y el doctor Batacazo, de la Universidad de Logroño, propagandista de la Revalenta Arábiga.

EPILOGO

Hemos llegado al término de nuestro viaje, poco abundante en emociones, pero li • gero y variado, caracteres ambos que suelen asegurar hoy el éxito de un libro, y que inmodestamente quiero consignar en la última página del mió.

Al despedirme de mis amables compañeros, cuya benevolencia he tenido ocasión de apreciar, solo me resta suplicarles que me perdonen las molestias que haya podido ocasionarles, y que utilicen en cuanto les ocurra á su afectísimo S. S. Q B. S. M. Manuel Ossorio y Bernabd

ÍNDICE,

Pá«B.

Introducción 3

Capítulo I. — Puerta del Sol antigua y moderna. — La fuente. — Traida de aguas á Madrid 7

Cap. II.— La Mariblanca.—El Buen Suceso.— Reforma de la Puerta del SoL — Coste de las obras 20

Cap. IIÍ.— El café y los cafés.— La parroquiana.— Aspecto general. —Diálogos al vuelo. —Datos estadísticos. 36

Cap. IV. — Ministerio de la Goberna» cion.— El edificio y el arquitecto.— El reldj.— Gabinete central de telégrafos.— Rápida ojeada al piso prin cipal 47

Cap. V. — Varias industrias.^ — !31 vendedor de periódicos. — El gancho.— Rl tomador.— El actor que no actúa. — El fosforero. — El limpia botas y

Págs

otros tipos que verá el curioso lector. 65

Cap. VI —Industrias colectivas. — Los mineros.— Los bolsistas. — Los hom-

. bres de negocios.— A ves de paso. . . 101

Cap. VII. — Estancos y tabaquerías. — Leyenda oriental. — Divagaciones.— Origen histórico.— Producción. — In - dustrias dependientes del tabaco. —

^•'Opinión de la ciencia y opinión de

la crítica 108

Cap. VIH. — Origen y progresos de la fotografía. — Establecimientos foto gráficos. — En el portal.— En el gabinete de espera. — En la galería.— Retrato al vuelo del fotógrafo 1 39

Cap. IX.— Los círculos políticos. — La gacetilla. — No lo entiendo 169

Cap. X. — La Puerta del Sol en el año 3000 198

Epílogo 211

ERRATAS IMPORTANTES.

Pág. 7.^ línea 15, dice: «Que guiaba al monasterio de dicho nombre, etc.»

Debe decir: «Que guiaba al despoblado que hby ocupa el monasterio de dicho nombre, etc.»

Pág. lol, línea 3.', dice: «Los artistas.»

Debe decir: «Los bolsistas.»

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