Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 28 de 76
CAPITULO II. — parte 2
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
Esta unidad sigue disponible para lectura, pero no se incluye en el índice de búsqueda porque forma parte de una continuación técnica, contiene metadatos editoriales, repite un título o no alcanza entidad suficiente como página independiente.
La iglesia de San Pedro, que es tambien de estilo gótico, puro y de la misma época ó quizas anterior, situada en el centro de Lyon, es todavía de un tipo mas vigoroso por su desnudez, su tristeza y sus proporciones de conjunto. La fachada, que es bella, acaba de ser restaurada (como lo serán otros templos antiguos), y una de las torres tiene gran riqueza de esculturas ó preciosos labrados. Larga y angosta, consta de tres naves tambien, cortadas hácia la testera, y su mérito consiste en el atrevimiento de la nave principal, de los arcos plenos y de las grandes ogivas. De resto, sus mosáicos en vidrio carecen de mérito, y el conjunto del edificio muestra una desolacion y una pobreza que entristecen. Aquel templo parece una inmensa tumba de piedra, desnuda, negra, sombría como un castillo feudal.
La pequeña iglesia de Ainay, antigua abadía, llama la atencion de todos los viajeros, no por el mérito que tenga como obra de arquitectura, sino porque es una curiosidad histórica muy particular. Algunos pretenden que fué construida en el siglo III, pero lo mas cierto es que data del V, habiendo sido restaurada en el IX bajo el papa Pascual. Es una construccion baja y reducida, de estilo byzantino puro, y por lo mismo de una sencillez que hace gran contraste con las recargadas labores de los templos de la edad media.
La iglesia de Ainay es la mas antigua de Lyon y la única que allí se conserva de los tiempos merovingianos. Consta de tres naves, y es casi tan ancha como larga; tiene bellos mosáicos en vidrio y grandes baldosas que contienen su historia en antiguos caractéres ó jeroglíficos; y es notable tambien por sus cuatro enormes columnas de granito, de una sola pieza, dos de las cuales, de un azul delicioso, salieron de un trozo estupendo hallado en las cercanías de Lyon formando una columna romana.
He mencionado ántes el Hotel Dieu, que domina el muelle ó parapeto del Ródano, como un hermoso monumento, digno de admiracion por su grandeza y majestad. Citaré á próposito el palacio de Justicia, porque ámbos pertenecen al estilo suntuoso del Renacimiento, en que el arte se muestra subyugado por las reglas y la simetría académica se ostenta en lugar de la inspiracion,
El palacio, situado sobre una plaza á la márgen derecha del Saona y dándole el frente, tiene una espléndida fachada monumental reposando sobre un inmenso peristilo, que empieza en enormes graderías y remata en veinticuatro grandiosas columnas de órden dórico, de piedra pura, que sostienen la masa exterior. El cuerpo principal del palacio es un vasto y rico salon donde se celebran las sesiones públicas del tribunal de _Assises_, y tienen su despacho todos los tribunales de Lyon. Una gran rotunda con frescos y bellos relieves cubre el salon principal, sostenida por ocho gruesas columnas de granito, y los mármoles y jaspes están prodigados en el pavimento y los muros para dar á ese «templo de la justicia» una majestad imponente.
* * * * *
Ademas de los monumentos y objetos públicos que he mencionado, posee Lyon muchos otros institutos de distinto órden, que merecen mas ó ménos la atencion. Tales son: la casa de Moneda, la gran fábrica de cigarros, el depósito de sales y el jardin de plantas nuevo, imitacion en pequeño del bosque de Boloña,--entre los de carácter material; entre los religiosos, una sinagoga y algunos templos calvinistas en ejercicio; y entre los que se refieren á la enseñanza, la beneficencia y la tipografía, un hospicio de sordo-mudos, varios hospitales selectos, una biblioteca escogida con 110,000 volúmenes, una academia y escuela de bellas artes, muchos colegios notables para todos los ramos del saber, escuela de artes y oficios, observatorio astronómico, un montepío, cerca de treinta imprentas, con doce ó catorce periódicos permanentes, y otra multitud de establecimientos que hacen de Lyon una ciudad casi de primer orden.
Como Lyon es el gran centro de la produccion y fabricacion de sedas, y hace tan considerable papel en el comercio frances y aún del mundo, se encuentran allí consulados de casi todas las naciones, y el movimiento de la especulacion es enorme y general por la naturaleza de sus cambios.
El viajero que ignora ciertos pormenores de la industria, llega á Lyon con el propósito de ir á maravillarse considerando las grandes fabricas de donde salen las ricas sederías, y que hacen trabajar á 80,000 obreros de uno y otro sexo. ¡Pero cuánta es la sorpresa al ver que semejantes fábricas no existen, y que tan enorme produccion salida de Lyon no es el fruto sino de operaciones de detall, de pequeñísimas empresas y de esfuerzos aislados y pacientes, en que el gusto y la inteligencia del obrero hacen mucho mas que la mecánica!
En efecto, el sistema de la fabricacion de sederías consiste en una especie de trabajo á _destajo_ mas bien que en esa organizacion del trabajo en grande escala que las fábricas han establecido en los centros manufactureros. La seda es cosechada en las llanuras del Ródano, el Saona, etc., por pequeños propietarios independientes, recogida despues y preparada para los tejidos por grandes especuladores y en fábricas considerables, y luego distribuida por los empresarios de tejidos, á los tejedores. En Lyon se cuentan como ochocientas pequeñas fábricas, y aunque la mayor parte de sus propietarios tienen el fondo que les procura los telares y aparatos, algunos reciben avances ó préstamos para los gastos de instalacion. Cada una de esas pequeñas fábricas tiene cinco, diez, veinte, treinta ó algunos mas obreros (aunque son raras las de muchos), y el director, que es una especie de obrero-maestro, recibe de este ó el otro empresario, á virtud de un convenio libre, las sedas preparadas, los diseños ó modelos para los dibujos, labrados y demas obras que debe contener una pieza de sedería, y todas las instrucciones necesarias.
El tejedor ejecuta su trabajo con el mayor esmero, sirviéndose del telar y los utensilios necesarios, pero haciéndolo todo á mano, pues ninguna máquina podría ejecutar los admirables caprichos de la moda, los bordados, los dibujos y matices finísimos que las sederías requieren cuando no son estampadas. De ahí proceden la exquisita superioridad y belleza y el alto precio y limitada cantidad de las sederías de Lyon, las mejores del mundo en su género.
Pero de esa organizacion libre, espontánea y especialísima del trabajo, resultan al mismo tiempo muy importantes consecuencias económicas y morales que me llamaron la atencion. Desde luego, el primer resultado es la independencia del obrero, el cual, no siendo esclavo de la fábrica, no está sujeto á recibir la ley del capitalista. La competencia sostenida entre ochocientas fábricas pequeñas y muchos empresarios que contratan con ellas, evita los vicios que resultarían de la aglomeracion de produccion en pocas fábricas de grandes proporciones; conjura los efectos generales de las quiebras y crísis; da por base al trabajo la libertad, y establece de un modo regular el valor del producto.
Vése al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estímulo, que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su domicilio, tiene ménos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se siente con la conciencia de su personalidad independiente, y está á cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar á menudo en las grandes fábricas donde trabajan centenares ó millares de obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan á esa feliz organizacion, pues en casi todas las demas las máquinas desempeñan admirablemente la labor del hombre, ó los trabajos son esencialmente colectivos.
* * * * *