Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 29 de 76

CAPITULO III. — parte 1

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EL VALLE DEL RODANO.

Aspecto general.--La Provenza--Panorama de Marsella--Interior de la ciudad.--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.

El extenso valle del Ródano, encerrado entre los Alpes ó sus ramificaciones y la cadena de áridas montañas de las Cevenas, es una region en extremo interesante y hermosa. El Ródano, ya caudaloso, pero siempre lento en su marcha, y desbordando con frecuencia sobre la llanura, sigue la direccion norte-sur de las montañas Cevenas, casi siempre por el pié de sus rocas ó colinas escarpadas y desnudas, fecundando una inmensa llanura que se extiende por la Provenza y parte del Languedoc hasta el Mediterráneo. El ferrocarril de Lyon á Marsella sigue la misma direccion del rio hasta Tarascon, y allí se aparta en direccion al este, para ir á buscar la opulenta Tyro del comercio frances en el mediodía.

Ese giro de la via férrea hace que el viajero tenga un grande interes durante todo el trayecto, porque el paisaje es de una magnificencia encantadora. A la izquierda ó el oriente corren de norte á sur los Alpes formando tres líneas superpuestas: una en que se destacan entre las nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga y casi nebulosa, de montañas gigantescas pero sin puntos culminantes, y otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora la ciudad de Grenoble.

Al occidente, dominando el cauce arenoso del Ródano, que se esconde á veces entre pequeños bosques de sauces silvestres y álamos blancos de empinadas copas, corre la serranía del Ardeche, triste y estéril, compuesta de una serie de cerros quemados y rocallosos, de trecho en trecho cortados por algunas abras. Allí falta toda vegetacion, porque los vientos de los Alpes asolan el terreno, y apénas se ven, de distancia en distancia, ya algunas ruinas gigantescas de castillos feudales dominando las mas altas eminencias y como inclinadas sobre los abismos, ya algunas pequeñas poblaciones trepadas á la falda de los cerros como para recibir proteccion de esos castillos, y semejando desde léjos cada una un vasto nido de águilas adherido á los picos de las rocas.

En medio de esas dos formaciones orográficas de tan distinto aspecto, demora el opulento valle, cruzado por pequeños afluentes del Ródano, entre ellos el Durance, que le trae las aguas de la poética Provenza. Donde quiera reina el mas esmerado cultivo haciendo del valle una especie de huerto interminable. Ya son las innumerables plantaciones de moreras enanas, que brindan su alimento al gusano fabricante de la seda, y hacen un bello contraste por su verde oscuro y vigoroso, ordenadas en calles que se cruzan en todas direcciones, con el verde claro y vivísimo de los almendros ó el casi amarillo de los viñedos intermediarios que comienzan á abrir sus primeras hojas. Despues, á medida que uno se aleja de Lyon, va viendo disminuir el número de moreras, progresivamente reemplazadas en la bella Provenza por los olivares de ceniciento color, cuya tinta gris, melancólica en extremo, se destaca como un inmenso y moviente sudario sobre la verde alfombra de los trigos sembrados en medio de las anchas calles de olivos.

Desde Lyon hasta Marsella el ferrocarril pasa tocando en muchas ciudades y poblaciones importantes, algunas de ellas ricas en monumentos antiguos, romanos y feudales, y en recuerdos y tradiciones de mucha significacion para la historia. Pasa primero el tren por un considerable túnel por debajo de la ciudad de Vienne, situada á la orilla izquierda del Ródano, sobre un lecho de rocas de silex y granito, al parecer, y al pié de colinas donde vegetan las viñas escalonadas en anfiteatro; y luego se cruza la llanura que tiene por centro á Valence, ciudad algo considerable, y que se prolonga luego sin interrupcion, por Montelimart, Orange, Avignon, Tarascon y Rognac, hasta dar con el Mediterráneo en las cercanías de Marsella.

Donde quiera se encuentran allí tesoros de arquitectura, escultura y pintura, que le recuerdan al viajero todo lo que la civilizacion romana, y despues la de la edad media hacinaron en los campos de la Galia meridional para dejar magníficas huellas de su paso. A poca distancia de la via cerca de Tarascon, subsiste aún en Saint-Esprit un famosísimo puente monumental echado por los Romanos sobre el Ródano, que despierta la admiracion hácia las obras admirables de esa raza de titanes, y que ninguno ha logrado imitar con perfeccion de grandeza y duracion.

Al pasar por la Provenza se siente uno conmovido por un mundo de recuerdos que hacen soñar con los heróicos tiempos de los trovadores provenzales, esos inspirados y galantes fundadores de la lengua francesa y propagadores, de la poesía, la música, el canto, el sentimiento caballeresco y religioso y el espiritualismo de la idea cristiana. Delante de Avignon, en cuyo centro se ostentan aún magníficas ruinas, como las del famoso palacio del Papa, que fué su residencia durante el cisma, no puede uno ménos que recordar á Vaucluse, idear la figura poética de la ingrata pero púdica Laura, y murmurar alguno de los dulces é inmortales sonetos de Petrarca, el rey de los cantores del amor.

Se comprende bien aquella admirable pasion sentimental y heróica, al pensar en el carácter de los siglos XII y XIII, y al contemplar la encantadora comarca de la Provenza, que entónces debió ser mucho mas bella y fecunda en inspiracion. No ménos interesante es Tarascon, donde se ven ruínas de monumentos importantes, testimonios de un antiguo esplendor. Pero desde allí hasta Marsella la via pierde su interes artístico, porque el cordon de ciudades monumentales se aparta hácia el Sur cruzando el Languedoc, país semi-frances, semi-romano y español. Es allí donde se encuentran sucesivamente las interesantes ciudades de Arles, Nîmes y Montpellier, esta notabilísima como centro literario y científico, no desprovista de bellezas de arte, y las otras dos como verdaderos santuarios que guardan dentro de sus muros los prodigios del arte plástico y de arquitectura y pintura que la civilizacion atesoró en su marcha sucesiva en el mediodía de Francia.

La llanura pierde al fin su dilatado horizonte en Rognac, las colinas y los cerros se complican, anunciando la proximidad de la opulenta Marsella, y el Mediterráneo, penetrando por un pequeño golfo en medio de las redondas montañas de la costa, sorprende al viajero, ofreciéndole en las ricas salinas de Berre, Rognac y Martigues un hermoso lago circular, tranquilo y cristalino, cuyas ondas llegan hasta el pié de los olivos. La senda se estrecha, las graciosas quintas y casas de campo se multiplican á uno y otro lado, rodeadas de jardines y huertos, de olivos y viñedos, todo de una frescura encantadora; el movimiento comercial se hace sentir; las grandes fábricas é ingenios se destacan lanzando de sus altas chimeneas columnas de humo negro que van á desvanecerse en las rocas de las empinadas montañas, y al fin Marsella, la reina del Mediterráneo, se presenta á los ojos del viajero, irregular, agitada como una inmensa colonia de actividad cosmopolita.

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Si la romántica y gentil Venecia, bañada en todos sus flancos por las ondas murmurantes del mar, ha sido llamada con razon la _reina del Adriático_, Marsella, elevada por la actividad del comercio moderno á una importancia colosal, merece con mayor justicia quizás el nombre pomposo de _emperatriz del Mediterráneo_. Su admirable situacion, su fabuloso progreso, su mérito fabril, sus inmensas relaciones comerciales, el fuerte guarismo de su poblacion, su grandeza material, su tipo social característico, su pasado y su porvenir, todo concurre á hacer en extremo interesante el estudio de la opulenta Marsella, la perla de la Francia meridional, la antigua colonia de los Focios, capital de la extinguida República marsellesa, que César no pudo vencer y conquistar, y que inmortalizó su nombre en la revolucion francesa con su legion de héroes y el himno admirable que electrizara á la Europa entera en las grandes luchas de la libertad contra el absolutismo.

Marsella, la _Massilia_ de los Romanos, a quien Tácito llamaba «la Aténas de las Galias» (con muy poca razon acaso, bajo el punto de vista literario), está situada á 813 kilómetros de Paris sobre la costa oriental del agitado golfo semicircular de Lyon, cerca de la embocadura del pequeño rio Huveaunne y á algunas leguas al Este de las bocas del Ródano. Su bahía es pequeña, pero profunda y capaz de contener grandes flotas, y abrigada en todas direcciones por una red de colinas y montañas desnudas que se elevan al oriente en anfiteatro pintoresco.

Como el Mediterráneo carece casi de flujo y reflujo, la bahía, dominada por rocas estupendas, fortalezas y montañas, está siempre llena, poblada de centenares y aún millares de embarcaciones, que producen no solo un movimiento comercial inmenso, sino tambien un espectáculo grandioso y del mayor interes. Las colinas, que arrancan desde la orilla del mar, se van elevando unas sobre otras, escalonadas y desnudas, calcinadas por el sol y pedregosas, hasta alcanzar una altura de mil metros que permite dominar todo el espléndido panorama.

En una de las montañas vecinas se encuentra, dominando la ciudad, el antiguo fuerte de Nuestra Señora de la Guardia, al lado del cual está la capilla del mismo nombre, cuya vírgen goza de la mas alta veneracion de parte de los marinos. Frecuentemente, antes de emprender un largo viaje marítimo, los marinos suben en peregrinacion á la capilla para hacer ofrendas á la virgen milagrosa y pedirle proteccion. Otras veces un voto, hecho en los momentos solemnes del peligro, en las soledades del Océano, es lo que va á cumplir sobre la árida montaña ese sér indiferente a todo, connaturalizado con la tempestad, que se llama un marino.

¡Admirable poder el de la fe! Es bajo su impulso y por ella que el hombre es susceptible de hacer los mas prodigiosos esfuerzos y los mas sublimes sacrificios. Si la fe obra de distinta manera sobre el espíritu y el corazon, no por eso deja de ser el talisman universal. Para unos se llama gloria ó _amor_, para otros ambicion ó interes de fortuna; para muchos es un misterio indefinible, un misticismo poderoso y sencillo al mismo tiempo, que se traduce en la adoracion de una imagen divinizada por el sentimiento. Pero en todo caso, la fe, con la esperanza, con alguna ilusion para alimentar sus ensueños ó sus recuerdos en los desiertos del Océano! Dichoso el que cree y espera algo, aunque su creencia y su esperanza se hagan ver bajo las formas de la supersticion!

La altura de Nuestra Señora de la Guardia es el sitio mas encantador que puede escogerse para tener una idea completa del soberbio paisaje complejo cuyo centro es Marsella. Desde allí se contempla un panorama inmenso, en varias direcciones. Al pié, al occidente, demora la ciudad, donde hormiguea una poblacion activa y numerosa, de cuyas plazas y mas grandes calles y avenidas se destacan grupos corpulentos de magníficos _plátanos_ orientales, tilos, castaños y otros árboles de gran talla y tupido follaje, rodeando numerosas fuentes de mármol ó de piedra. Vese distintamente establecida por el puerto y la espléndida calle _Canebière_ la division de la ciudad en dos partes de tipo diferente: la antigua y la moderna. La antigua Marsella, al norte del magnífico puerto, se distingue por sus calles estrechas, irregulares, divididas en pequeñísimas porciones, sucias en extremo, con casas ennegrecidas y horribles y con una poblacion que cruzan en incesante movimiento grupos de marinos, numerosas turbas de obreros y carreteros, lavanderas con trajes extravagantes, mujeres perdidas, mil mendigos y todas las clases inferiores de la opulenta Marsella. Esta parte de la ciudad forma lo que se llama el barrio de la _Joliette_, y está limitado por los nuevos puertos y magníficos muelles y almacenes creados para los vapores, y la vasta área del antiguo Lazareto destruido y de algunas colinas arrasadas donde se ha trazado el plan de una novísima Marsella que contendrá 150,000 habitantes en bellísimas calles. Despues se toca con el cementerio y la estacion del ferrocarril, al sur, y en seguida se extienden en direccion al valle del Ródano los admirables campos poblados de fábricas diversas, quintas bellísimas, huertos, jardines y plantaciones de olivos, almendros, viñedos, moreras, trigales y hortalizas variadas.

La nueva Marsella, vasta, regular y magnífica, se extiende hácia el sur, hasta tocar con las encantadoras alamedas del _Prado_, orilladas por preciosas quíntas-palacios á estilo de las _villas_ italianas, donde el mármol y las flores revelan todas las gracias del arte; y luego, hácia el oriente, hasta trepar sobre las colinas escalonadas y terminar al pié de la que sirve de asiento al bellísimo jardin botánico-zoológico de aclimatacion, que es uno de los tesoros de Marsella. En esa segunda parte de la ciudad las plazas son graciosas, las calles anchas y rectas y las casas muy elevadas: las magníficas arboledas hacen un juego pintoresco con las severas torres de las iglesias y las estatuas y fuentes que decoran las mejores plazas ó plazuelas. Es allí donde está aglomerada la parte culta de la ciudad, y donde se ven los opulentos almacenes, las bellas tiendas de joyería y modas, los grandes hoteles, los suntuosos cafés, las damas elegantes, las ricas berlinas y todo el conjunto gracioso y variadísimo de una gran ciudad meridional, francesa y mercantil.

Despues de la ciudad que reposa sobre muelles vastísimos de mampostería, se completa el cuadro con la escena marítima. Vese la hermosa rada limitada al occidente por un cordon circular de montañas desnudas y rocallosas; al oriente el puerto antiguo de la ciudad, cuajado literalmente de embarcaciones de todos tamaños (trescientas por lo ménos de larga navegacion) que forman un inmenso bosque de mástiles, vergas y banderas, entre cuyas grandes moles cruzan centenares de lanchas ó faluchas con sus cortinajes ó toldos de colores vivos coronados de banderolas. Mas al norte ostentan sus cien chimeneas los vapores que pueblan el nuevo puerto de los _Docks_ (Diques), cercado de almacenes de depósito en su vastísima circunferencia. El solo puerto antiguo, con su canal accesorio que rodea dos manzanas de la ciudad, tiene en sus muelles de piedra una extension total de 2,575 metros. Los nuevos muelles no tendrán menos de 4,000 en su circunferencia.

Dos fuertes muy considerables, _San Juan_ y _San Nicolás_, cierran y defienden la entrada del puerto antiguo, que es el de los botes y buques de vela. Por último, extendiendo la vista, se ve la rada redondeándose para estrecharse á la salida y confundir sus ondas con las del Mediterráneo. Varios otros fuertes dominan ese punto, que es la verdadera llave de Marsella, siendo el mas notable el afamado castillo de _If_, que tiene su asiento sobre una enorme roca azotada por las violentas olas por todos lados. Aquel fuerte ha servido de prision de estado á muchos hombres notables en la historia, y es allí donde Florentino y Dumas han puesto en escena al singular abate _Faria_ en la admirable novela del _Conde de Monte-Cristo_.

Como se ve, la escena que se contempla desde la altura de Nuestra Señora de la Guardia es una de las mas soberbias que puede ofrecer una costa marítima. Al pié la rada y la ciudad, llenas de vida, de luz, de movimiento, caprichos y contrastes; al sur los castillos y la mar, inmensa, silenciosa, sombría, solitaria; y al nor-oeste las montañas vecinas, las campiñas pintorescas, y á lo léjos las llanuras del Ródano limitadas por los montes del Ardeche y Cevenas. Inmenso paisaje para encantar al viajero curioso que busca emociones donde quiera; pero mas inmenso aún para el poeta y el estadista que pueden hallar al mismo tiempo materia de interesantes estudios sociales, y para remontarse hasta lo infinito en una contemplacion profunda y soñadora....

Bajemos de la montaña para echar una rápida ojeada sobre el interior de Marsella. Esta antiquísima ciudad, fundada por los Focios 609 años ántes de Jesucristo, afortunada rival de Tyro, de Corinto y de Cartago, ha ido siempre en prosperidad, á pesar de los grandes desastres que la han puesto á prueba en varias épocas. Su poblacion aumenta hoy de un modo prodigioso, puesto que en 1841 contaba apánas 160,000 habitantes, y hoy tiene el enorme guarismo de 360,000. Este hecho no ha podido verificarse sino á virtud de estupendos trabajos de mina y nivelación que, extendiendo mucho el área, han permitido emprender nuevas construcciones en inmensa escala. Si hoy es Marsella la primer ciudad marítima de Francia y la tercera en poblacion, todo hace creer que ántes de veinte años quizas tendrá 600,000 almas y figurará como la quinta ó sexta ciudad de Europa.

La gran prosperidad de Marsella, proveniente de su activa produccion y de sus relaciones universales de comercio, que la hacen la puerta de Francia en el Mediterráneo, ha crecido á virtud del establecimiento de los Franceses en Argelia, sirviendo poderosamente de lazo de union entre la metrópoli y la Francia africana. Pero todavía tiene un porvenir mas grandioso, que le están preparando en Asia y en Colombia y Oceanía los canales de Suez y Nicaragua en via de ejecucion. El dia que esas grandes vias de comunicacion estén abiertas al comercio del mundo, Marsella centralizará en sus puertos y almacenes la mayor suma del enorme movimiento cosmopolita que se producirá. El Oriente será en cierto modo trasladado á las costas del Mediterráneo, y Marsella será un opulento santuario donde se confundirán por el cambio Europa y Asia, Africa y Colombia, como en una colonia de la humanidad.

Marsella es interesante bajo todos aspectos: si su comercio es vastísimo para dar salida á los productos del suelo frances y de una parte de la Suiza, y entrada á los valores que proceden del Asia, de todo el Mediterráneo y de Africa, América y Colombia,--el importe de su fabricacion es muy considerable; sus construcciones navales son muy valiosas; los frutos de su agricultura son de no poco precio; y en su seno agitado da cabida tambien á los monumentos que atestiguan el progreso espiritual de la civilizacion. Verdad es que Marsella no tiene valor ninguno artístico ni brilla mucho en el campo de la literatura ó de las ciencias. Mas no por eso carece de bellos institutos de instruccion y de gusto intelectual, entre los cuales se distinguen: el pequeño y reciente pero ya encantador jardin de aclimatacion; la Biblioteca, que cuenta 60,000 volúmenes y 1,300 manuscritos interesantes; el Museo de pinturas, de antigüedades y de historia natural; tres ó cuatro teatros siempre en actividad; academias científicas; ocho ó diez periódicos permanentes, muchas tipografías y varias escuelas de mérito, entre las cuales es muy superior la de náutica.

Marsella tiene ademas un gran Banco y Bolsa, varios hospitales bien servidos, y numerosos establecimientos de crédito.