Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 31 de 76
CAPITULO IV. — parte 1
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CATALUÑA.
Orografía de España.--El puerto da Barcelona.--Condiciones sociales de Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes.--Centros manufactureros. --Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo inglés.
Las cuatro cadenas de montañas paralelas que cortan el interior del territorio español, de oriente á poniente, formando cuatro grandes hoyas bien determinadas, no son en realidad otra cosa que una sucesion de ramificaciones, admirablemente ligadas entre si por curbas trasversales, que se desprenden de la grandiosa cordillera de los Pirineos. Un cordon de cerros desnudos pero sin escarpes bruscos, se desprende en _Reinosa_ de las montañas de Santander (los Pirineos), y tomando una direccion casi opuesta (al sud-este) separa á la _Vieja Castilla_ del país _Vascongado_ y la _Navarra_; se eleva en las cercanías de Sigüenza, despues de formar una cuenca ó semicírculo, y se abre allí en dos ramificaciones. La una, mas colosal y rocallosa, sigue su curso hácia Portugal, y se llama la sierra de _Guadarrama_, baluarte que separa las dos Castillas. La otra, suave y casi imperceptible al principio, sigue al este, forma otra curba, que separa al _Aragon_ de la _Nueva Castilla_, se reorganiza en la sierra de _Albarracin_, y volviéndose otra vez hácia el occidente, repite su dislocacion en el vértice de la provincia de _Cuenca_, y continúa reproduciéndose en cadenas de montañas.
En ese vértice, el sistema orográfico español, copiándose á sí mismo, lanza una alta cadena al occidente, paralela á la de Guadarrama, determinando al norte la alti-planicie inmensa de la Nueva Castilla (con el nombre de _Montes de Toledo_) y al sur la hoya compuesta por la _Mancha_ y la _Estremadura_. La otra serranía, formando á su turno otro arco, siempre convergente hácia el poniente, y reproduciéndose en un círculo y dos ramales, determina al este la formacion curiosa de Cuenca, con el valle marítimo de _Valencia_, y vuelve á bifurcarse en las cercanías de _Alcaraz_. De allí parte una serranía paralela á las anteriores, con el nombre de _Sierra Morena_, separando las planicies manchegas y estremeñas, de la _Andalucía_; en tanto que la serranía reproductora se dirige al sur, como si buscase al Africa, para determinar al fin, con otro cambio brusco de direccion, la famosa _Sierra Nevada_, que corta de oriente á poniente la Andalucía, creando una tremenda muralla entre su parte llana y la costa del Mediterráneo, despues de haber separado en su línea trasversal á la misma Andalucía del reino antiguo de _Murcia_.
Así, puede con razon decirse que los Pirineos, comenzando hácia la costa del golfo de Lyon, y reproduciéndose en una serie admirable de bifurcaciones, no terminan en realidad sino en la sierra de _Ronda_, entre Cádiz y Marbella, despues de haber surcado toda la península y determinado un vastísimo sistema de valles escalonados y centenares de rios y riachuelos.
En medio de los Pirineos propiamente dichos y las serranías de reproduccion, hasta la sierra de Albarracin, se extiende un inmenso valle, regado por el Ebro y 150 afluentes, que tiene por vértice á la provincia vascongada de _Alava_, al poniente, y por base la costa del Mediterráneo, en una extension de 37 miriámetros, desde la frontera de Francia hasta tocar con el antiguo reino de Valencia. La parte superior de ese magnífico valle corresponde al país vasco y la Navarra; la parte media al antiguo reino de Aragon, y la baja ó costanera (aunque tocando á las montañas) es la que se llama _Cataluña._
Tal era el país por donde yo comenzaba mi excursion en España,--la libre y activa Cataluña,--al saludar las costas de Barcelona, el 30 de marzo de 1859, desde el puente del vapor «Madrid».
Un magnífico sol de primavera, que preludiaba los alegres esplendores del mes de abril, poblaba de encantadores reflejos las ondas del Mediterráneo que sacudian sus blancas escamas contra los peñascos y las playas de la costa, suavemente ondulosa. La faja de la tierra se extendia claramente á la vista, con un cerco de barcos pescadores desplegando al viento sus sencillas velas; y en la orilla se destacaban sucesivamente, como nidos de gaviotas, las alegres poblaciones vecinas á Barcelona, contando desde Badalona y Masnou hasta la activa Mataró y Arenys de Mar.
Al llegar casi al puerto de Barcelona sentí prolongarse en los aires un silbido agudo que me llenó de placer. Era el aliento de una locomotiva, en uno de los ferrocarriles catalanes. La tierra enviaba como el mar su grito civilizador, saludando la locomotiva de la estacion á la que llegaba dominando las ondas. Aquel era un excelente augurio que revelaba este hecho: Cataluña es un país de actividad y civilizacion.
Si Barcelona es una plaza fuerte ó ciudad fortificada, este carácter, ya casi puramente histórico, desaparece ante las condiciones económicas que le dan su tipo especial. Plaza esencialmente fabril y comercial, es no solo el gran centro económico del vasto valle del Ebro, sino la primera ciudad mercantil de España y una de las mas importantes del Mediterráneo. Barcelona es la Marsella de España.
Al llegar al puerto, que es topográficamente malo, se comprende todo lo que ha influido la actividad industrial de los Catalanes para darle una importancia á que la naturaleza no lo llamaba. En lo general España no ha sido inteligente en la eleccion de sus puertos del Mediterráneo, puesto que en vez de aprovechar sus bahías y mejores ensenadas ó pequeños golfos, ha situado sus mejores plazas mercantiles, con raras excepciones, en puntos donde las flotas mercantes ó de guerra no pueden encontrar el abrigo suficiente. Así, en Barcelona y Tarragona, en el Grao de Valencia y en Málaga, es el poder de la hidráulica el que ha logrado ofrecer algunas ventajas á la navegacion y el comercio, creando verdaderos puertos artificiales.
El viajero que llega preocupado con noticias falsas respecto de España, suponiendo que toda ella es un país uniforme en su civilizacion, encuentra un magnífico desengaño al llegar a Barcelona, ciudad que tiene la fisonomía de una colonia fundada por Fenicios y conservada por Ingleses y Franceses. Todo tiene allí el tipo de lo extranjero, del cosmopolitismo y de la vida independiente de la influencia puramente española.
El puerto, resultado de grandes pero incompletos trabajos hidráulicos, que avanzan hácia el mar por un lado, es una bolsa irregular, de unos 1,500 metros de desarrollo. Al entrar, se ve á la derecha la nueva y simétrica poblacion de _Barceloneta_, especie de ciudadela mercantil, que tiene en avanzada el muelle de descarga, el faro y la primera estacion de ese cuartel de fiscalizacion egoista que se llama _Aduana_. En el fondo y hácia la izquierda están: la puerta principal, que da sobre la hermosa «plaza de Palacio,» la Aduana, el palacio de las Bellas Artes y la Bolsa; y luego se destaca la colosal muralla hácia el sur, sirviendo de base á un vasto parapeto, dominado par una larga fila de casas espléndidas, elevadas, pintorescas, que tienen el aire de palacios de la clase media. Despues, la curba se prolonga como queriendo cerrar el puerto, y su costa está dominada por una alta colina que sirve de asiento al fuerte de _Monjuí_, centinela puesto allí por el genio de la guerra y de la desconfianza, como uña amenaza secular para el comercio, que es el genio de la paz y la prosperidad.
Cataluña es un país que no puede ser descrito sino con grandes rasgos, porque es un país de carácter cosmopolita, donde los pormenores desaparecen ante el interes del conjunto. Si al penetrar con el lector en las demas provincias españolas me detendré mucho en pormenores, porque ellos son todo en la region goda, andaluza y vascongada,--al indicar mis impresiones recogidas en Cataluña tengo que reducirme á la fisonomía general del pais, que revela todas las condiciones.
Cataluña, comprendida entre los Pirineos, el Aragon, la provincia de Castellon y el Mediterráneo, ocupa una décima quinta parte del territorio español y tiene una poblacion total de 1,700,000 almas, es decir, la novena parte de la poblacion española en Europa. Esa desproporcion nomas indica el mayor grado de actividad de Cataluña, por una mas fuerte condensacion de habitantes, lo que determina un mayor cultivo de la tierra y mas industria, comercio y cultura social.
La sola ciudad de Barcelona tiene 190,000, si no 200,000 habitantes, y se cuentan en Cataluña otras ciudades bien considerables, como Reus, Tarragona y Lérida, y algunas que no bajan de 14,000 almas; pero en lo general la poblacion catalana está repartida en los campos y una multitud de pequeños centros fabriles muy interesantes. La propiedad territorial, por otra parte, está muy repartida; la navegacion absorbe la actividad de una fuerte parte de la poblacion, naturalmente independiente; y siendo tan esencialmente fabricante el pais, sus masas de obreros en las poblaciones son de mucha consideracion. Todos estos hechos son de la mayor importancia para poder apreciar las condiciones sociales de Cataluña.
La naturaleza, como en todas partes, ha determinado todos los fenómenos característicos del país catalan. Un territorio fértil, de clima muy sano y en su mayor parte llano, se extiende allí, surcado por un rio bastante considerable (el Ebro) y otros muchos no navegables pero excelentes para la irrigacion de los campos y la propulsion de las fábricas. En todas direcciones, ménos al oriente, ese rico país se encuentra rodeado por montañas que lo incomunican mas ó ménos con el resto de España (excepto Aragon) y con Francia. La naturaleza, pues, invitaba á los Catalanes á buscar la costa marítima para ponerse en relacion con el mundo. Teniendo á la mano los puertos, los Catalanes hallaban la mas vasta via para su expansion social ó sus cambios. Su rico suelo los ha hecho agricultores; sus montañas, como barreras de defensa, los han hecho indomables y altivos; la igualdad del terreno les ha permitido las mas fáciles comunicaciones, y la extensa línea de costa con numerosos puertos los ha convidado á la fabricacion y la actividad del comercio.
Al mismo tiempo, esa posicion geográfica les preparaba sus condiciones etnológicas. Teniendo por vecina á Francia, en frente á Italia y á su disposicion todo el Mediterráneo, sus costas han estado abiertas á todas las invasiones. Primero les dieron una forma los Fenicios, despues los Cartagineses. Mas tarde los Romanos les imprimieron su sello, dominando en Cataluña mas que en ninguna otra comarca de la Iberia. Por último, las invasiones sucesivas de Galos y Francos, y la dominacion que en diversas épocas han ejercido allí, despues de los Godos, los Sarracenos, los Franceses, los Aragoneses, los Napolitanos y aún los Ingleses, han trastornado de tal manera el tipo primitivo, que al cabo Cataluña, como el reflejo de las mas diversas razas, ha quedado en una situacion peculiar de fusion y de poligenésis. Tal es su tipo esencial, que se revela en las costumbres, la lengua, la raza, la industria y aún las instituciones locales.
Donde quiera, en Cataluña, la raza tiene en su tipo, su lengua y sus hábitos las cualidades y los defectos de toda sociedad mezclada, pronunciándose con rara energía. La mujer tiene allí formas varoniles, careciendo en lo general de esa suavidad, esa morbidez y gentileza que acompañan donde quiera, en mayor ó menor grado, al sér femenino. Las hermosuras que allí se encuentran son altivas y de una expresion rígida y resuelta.
El hombre tiene por lo comun la tez morena, el ojo vivo y penetrante, las facciones angulosas, las líneas fuertemente marcadas, el cabello negro, laso y abundante, la voz ruidosa y libre. Las organizaciones tienen el sello de la fuerza y del trabajo: robustas y vigorosas, pero sin elegancia ni pulimento. Es que en aquella sociedad la conciencia de lo _útil_ ha predominado sobre las nociones del espiritualismo y del arte.
La lengua, como la raza y la historia, es un compuesto. Y digo la _lengua_, porque el catalan no es un dialecto, sino un idioma completo, que tiene su gramática propia y su literatura. Al escuchar atentamente una conversacion animada en catalan, se cree asistir á un diálogo de hombres de todas las naciones. Tan presto se percibe la dulcísima palabra italiana, como la voz francesa, fuertemente acentuada y convertida en un sonido áspero; ya se siente el eco lleno y sonoro de la palabra española, ampulosa por su abundancia de vocales, como la acentuacion aguda y el esfuerzo gutural de la _j_ que distinguen á la poética lengua de los árabes. Así, el catalan es simultáneamente fenicio, italiano, godo, árabe y frances; pero en su tipo predominan los elementos italiano y frances.
Y en efecto, el Catalan, cosmopolita y negociante por excelencia, tiene en alto grado la ardentía impresionable del Italiano, así como la chispa burlona y el espíritu especulador del Frances.
Los rasgos mas característicos del Catalan, que tiene bellísimas cualidades, son: la franqueza sin petulancia, la independencia, la severidad en el cumplimiento de un compromiso, y el sentimiento íntimo de la igualdad y la personalidad. Si un Catalan os necesita, llega al círculo en que os hallais, se mezcla sin ceremonia, os dice lo que le interesa, y se retira sin hacerle cumplidos á nadie. Y no por eso es grosero ó descortes, pues cuando no se trata de negocios se muestra cordial, expansivo y locuaz. Si vais á su casa, le hallareis hospitalario, generoso y fino, con tal que lo merezcais.
Con excepcion de los asuntos que exigen absolutamente escritura para su validez, el Catalan hace sus negocios de palabra, y un asentimiento cualquiera vale mas que el mejor documento. Varias veces ví en la Bolsa hacerse muy fuertes transacciones, sin la intervencion de agentes de cambio y sin buscar testigos esprofeso. Un dia que recorria yo, como observador, el vasto salon de la Bolsa de Barcelona, en el palacio de las Artes, me detuve delante de dos fuertes especuladores que hablaban así:
--¿Tiene U. renta del tres?
--Tengo unos treinta mil duros.--¿A cómo?
--Al precio cotizado ayer.
--¿Rebajaría U. diez céntimos?
--Si no es á plazo sí,
--¿Podría U. conseguirme diez mil duros mas?
--Sí.
--¿Otros cinco mil?
--Sí.
--_Dicho._
Los dos negociantes, sin mas conversacion, se separaron, despues de apretarse la mano. Al dia siguiente supe, porque el asunto me habia interesado mucho, que el negociante interrogado habia ido, á las diez de la mañana, á casa del otro á entregarle cuarenta y cinco mil duros en renta del _tres_, y recibir el dinero en billetes de banco. El vendedor habia perdido mil duros para poder conseguir los quince mil prometidos de mas que no tenia en caja. Sin eso, habría quedado deshonrado y perdido ante el comercio de Barcelona. La sola palabra _dicho_, pronunciada despues de una conversacion clara, cierra un contrato y lo hace obligatorio.
Si un negociante que acaba de hacer un cobro se apercibe ántes de las veinticuatro horas de que ha recibido algo de menos, por equivocacion, va donde el pagador, reclama, y sin mas prueba que su palabra (si es hombre conocido), recibe el déficit. Como todo se puede verificar luego, no se piensa jamas que un negociante conocido pueda faltar á la verdad ni cometer un fraude. Un pueblo donde la palabra tiene tan alto valor, es evidentemente un pueblo honrado y activo.
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El aislamiento relativo en que los Catalanes habian vivido respecto de los Españoles, ha creado allí un pueblo distinto del ibero en todas sus condiciones y especialísimo. Cataluña no se parece sino á Cataluña. El espíritu de independencia, desarrollado por los hábitos marítimos y comerciales, ha hecho calificar á los Catalanes de revoltosos é ingobernables, y especialmente á su poblacion montañesa de _terrible_.
Eso es un error. Los verdaderos intratables son los que han querido oprimir á los Catalanes y privarles de sus libertades tradicionales, su lengua, sus costumbres y prosperidad. El montañes de Cataluña, el valeroso habitante de _Puigcerdá_, no es el hombre feroz que se supone. Si se le deja en paz es excelente, laborioso y muy accesible; pero si se le ataca, es implacable en la guerra y no da tregua hasta que país queda libre de enemigos. El guerrillero catalan fué el mas tremendo enemigo de Napoleon, y será en todo tiempo una garantía para la independencia española.
Tan cierto es que los Catalanes son opuestos á la guerra y tienen un profundo espíritu de progreso, que siempre han solicitado la demolicion de las fortificaciones, á fin de poder ensanchar sus ciudades, confiando su defensa á los intereses mas bien que á los cañones de las gruesas murallas. Apénas acaba de autorizarse la demolicion de una parte de esas fortificaciones, y ya las ciudades de Barcelona y Tarragona crecen y se mejoran y regeneran como por encanto. Dentro de pocos años Barcelona será una vasta y hermosa capital de 350,000 habitantes.
No hay en el pueblo catalan un sentimiento mas hondamente arraigado que el de la igualdad y la personalidad. Esto procede del amor al trabajo y el respeto que allí se tiene por la industria. La muestra de su tienda ó su taller es un verdadero blason para el artesano ó el tratante. El hombre mas noble en Cataluña, es el que trabaja con mas teson, inteligencia y probidad. Allí no hay mas aristocracia que la del trabajo; y como todos trabajan, todos se tienen por iguales y se tratan con una sencillez que permite la fusion de todas las clases sociales.
Si el Catalan es esencialmente independiente y liberal, el artesano es mas. Un pobre tendero se cree soberano en su tienda, como el banquero en su escritorio y el batelero en su lancha. De ahí viene cierta dignidad altiva sin grosería, cierta conciencia de su personalidad, que impulsa al Catalan á todos los géneros de trabajo imaginables y puros, pero que le hace absolutamente incapaz de degradarse en ocupaciones innobles, como la del rufian ó el trapacero. Allí todo el mundo está ocupado en producir algo.
Si el batelero es por lo comun áspero y soez, como en todas partes, el artesano es atento y el campesino afectuoso. Al llegar á Barcelona se siente una penosísima impresion, causada por los muchos mendigos que rodean y atormentan al extranjero. La mendicidad me pareció muy extraña en una ciudad tan activa y opulenta. En breve supe que allí hay excelentes institutos de caridad para recoger á los mendigos, cuidarles y darles trabajo. Pero esos mendigos no son de Barcelona: vienen desde lejanas poblaciones del interior á explotar á los extranjeros; pero huyen y se esconden cada vez que se les quiere recoger, para reaparecer luego en bandas errantes. Los mendigos son en España el rastro viviente que han dejado los conventos y las instituciones viciosas.
Los Catalanes tienen dos cualidades muy fecundas para la industria y el progreso moral: un alto espíritu de asociacion, y el puntillo de la imitacion de todo lo bueno, para no quedarse atras. Todas las grandes cosas, como las mas pasajeras, se hacen en Cataluña á virtud de la asociacion. Las empresas de navegacion, de alumbrado y de diligencias, los ferrocarriles, los bancos, las grandes fábricas, los institutos numerosos de crédito, los teatros, los casinos, los cafés y hasta los bailes y fiestas, proceden de asociaciones voluntarias, sin ninguna ingerencia ni garantía de la autoridad.