Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 36 de 76

CAPITULO VI. — parte 1

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DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES.

La "Huerta" de Valencia.--San Felipe de Játiva.--La diligencia española.--Almanza.--La Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de España.

Una serie de curiosísimos contrastes me esperaba en el trayecto que debia recorrer desda Valencia hasta Madrid. El opulento valle se extiende, largo y angosto, al norte y sur de Valencia, limitado al poniente por las montañas que determinan la curiosa formacion de la alti-planicie de Cuenca. Hácia las alturas del _Bonete_ se desprende de la serranía circular un ramal de cerros que cierra por el sur el valle de Valencia y va á morir sobre la costa de Alicante entre Jijona y Denia. El ferrocarril de Valencia surca el valle hácia el sur, cortará la serranía por el abra ó "puerto" de Almanza, y se ligará en la villa de este nombre con el ferrocarril que enlaza á Madrid con Alicante.

El tránsito por la via férrea desde Valencia hasta adelante de Alcudia, donde terminaba la seccion en servicio, tiene no sé qué de fabuloso, que hace recordar los cuentos de las _Mil y una noches_. Una campiña admirable, perfumada por las riquísimas esencias del azahar y el jazmin, se extiende allí encuadrada entre cerros desnudos y rocallosos, como una inmensa esmeralda engastada en acero occidado. Por todas partes el cultivo mas perfecto, los angostos canales de irrigacion, los bosques de naranjos y limoneros cargados conjuntamente de flores y amarillas frutas en asombrosa profusion. Es de esa Huerta fabulosa que van á todas las ciudades de Europa las deliciosas naranjas de finísima corteza. Parece una tonta exageracion; pero yo alcanzaba casi á tocar los racimos de naranjas, alargando el brazo desde el wagon del tren en que iba con la velocidad del rayo. Imagínese lo que será esa _Huerta de Valencia_, cuando el ferrocarril gira en gran parte de su trayecto por entre una calle literalmente formada por bosques de naranjos y moreras, donde se crian simultáneamente la almibarada fruta y el laborioso gusano de seda.

La parte meridional del valle, hasta el _puerto_ de Almanza, excluyendo á Valencia, contiene en solo la linea del ferrocarril una poblacion de 55,000 almas, robusta y laboriosa en alto grado, concentrada en once villas y distritos.

Algunos de esos pueblos tienen una situacion pintoresca y graciosa, haciendo descollar sus campanarios como los centinelas de la llanura. Causa un verdadero placer, mezclado de curiosidad, la rápida inspeccion, en las estaciones del ferrocarril, de aquellos grupos de labriegos encantados al oir el prolongado silbido de la locomotiva, que les ha sorprendido en sus hábitos moriscos y su ignorancia peninsular. Sus pardas ó amarillentas mantas, sostenidas como capas; sus sombreros de anchurosas alas, cuando no de estilo calañes; sus pantalones cortos ciñendo la rodilla; sus polainas ó calcetas de piel, y sus carcajadas francas y ruidosas que les dan un aire de placer y satisfaccion, fijan la atencion del viajero dejándole una impresion muy agradable.

De todas las pequeñas poblaciones del valle solo merecen especial mencion, por su masa ó por su historia, las villas de _Alcira_ (que tiene 14,000 almas), _Carcagente_ (bonita y rica poblacion, con 8,200) y _San Felipe de Játiva_, que cuenta 15,800, y es bastante célebre en la historia de España.

Alcira como un jardín flotante, ostenta sus tres torres entre dos brazos del rio Júcar, sobre el cual existe todavía el puente romano por donde pasaban los ejércitos de César. Es famosa en la historia la resistencia tenaz que le opusieron á Cárlos V los comuneros alciranos, que les costó la pérdida de sus fueros.

Cerca de _Játiva_ el valle se estrecha notablemente entre los cerros escarpados que por todos lados lo dominan, y sobre cuyas eminencias se destacan, como nidos colosales suspendidos de las rocas, los escombros de algunos castillos feudales, testimonios que el tiempo ha querido respetar en parte para recordarle al viajero la impotencia de las civilizaciones fundadas en la fuerza y el aislamiento egoísta.

La pobre _Játiva_, de heróica memoria, cuna del _Españoleto_ y teatro secular de tantos combates, no es hoy sino una momia de plaza fuerte, con su castillo derrumbado y sus reductos en escombros. Parece la imágen de una de esas mujeres altivas que, despues de haber brillado hermosas y lozanas, dejan enmohecer sus joyas y no presentan sino caras arrugadas, ojos enjutos, bocas sin dientes y cabezas calvas.... El aspecto lamentable de esa ciudad _pretérita_ hace un extraño contraste con aquella admirable campiña, llena de verdura, de galas y perfumes. Dichoso contraste que está mostrándole al labriego que si las glorias militares pueden engrandecer por un momento, se pierden luego en el olvido, en tanto que el poder adquirido con la industria se reproduce y perpetúa.

En Játiva tuerce su curso el ferrocarril, dirigiéndose rectamente al sur hácia Almanza, por el fondo del estrechísimo valle, verdadera bifurcacion del de Valencia. Allí, el terreno, careciendo de solidez y de humedad y aproximándose á las montañas rocallosas, pierde esa fertilidad de la gran llanura, y en vez de alimentar naranjos, moreras y trigos, se cubre de viñas dispersas sobre las colinas ó de olivos que entristecen la campiña con su tinta gris. Así, instantáneamente se pasa de la vegetación risueña á la melancólica, y de la tersa llanura á los planos inclinados y á las sinuosidades profundas.

La noche se acercaba cuando descendí en Alcudia del tren del ferrocarril. Despues de aquellos contrastes puramente materiales iba á conocer otros de carácter social muy interesantes. Allí hube de tomar por primera vez esa _máquina infernal_ que se llama _diligencia_ y que caracteriza vigorosamente á uno de los tipos mas curiosos,--tipo que se divide en tres entidades homogéneas pero diversas: el _mayoral_, el _delantero_ y el _zagal_.

Francamente, creo que Santo Domingo de Guzman, Felipe II y el amable Torquemada no entendian el oficio. Si hubieran sido maestros en el arte de torturar habrían inventado la _pena de viajar en diligencia_, y no habría quedado un solo hereje en la piadosa España. En mis cavilaciones sobre el infierno, en los ratos desocupados, no habia podido formarme sino una idea muy confusa de los terribles dramas de aquel mundo de cóleras, relámpagos y fuego. Cuando por primera vez viajé en diligencia española, tuve la nocion completa de lo que debe de ser una legion de demonios que se lleva un racimo de almas al infierno, por entre precipicios espantosos y con grande orquesta de reniegos.

En el momento del arranque, al sentir aquella casa de madera arrastrada por diez mulas frenéticas, como si la impeliese el huracan, la primera impresion es de miedo, de cólera y horror.

Algunos minutos despues, cuando se ha visto que el peligro era exagerado, se crispa uno de risa (porque tenderse ni exaltarse es imposible en aquella prison celular), y se deleita como un salvaje en la contemplacion del drama convertido en comedia.

Figúrese el lector una enorme caja (los Franceses la llaman _machine_) dividida en cinco compartimientos en forma de palomares ó gallineros, donde el viajero es la gallina y el _mayoral_ el gallo-sultan. Arriba, una cueva que se llama _cupé_, donde empacan á cuatro bultos numerados del género humano. Abajo, en primer término, la _berlina_, donde va en número de tres la aristocracia de las victimas; en el centro una cripta romana que llaman _interior_, calabozo de seis rematados; y atras la cocina del infierno, pomposamente decorada con el nombre de _rotunda_. Encima, el departamento de equipajes, denominado la _vaca_, Chimborazo ambulante que se parece un poco á la cueva de _Montesinos_. Total, diez y nueve Cristos que tienen la _idea_ de viajar, bajo el poder de un Poncio Pilato que se llama el _mayoral_, como quien dice, don Manuel Rosas y los _salvajes unitarios_ de marras.

Esto en cuanto á la parte animal que va adentro. Por lo que hace á la de afuera se clasifica, en el órden de bestialidad, así:

El mayoral, El zagal, El delantero Y las mulas.

Esas cuatro entidades se agitan, se atacan, se estropean y golpean conjuntamente, formando los tres primeros individuos un alboroto infernal, y levantando las ocho ó diez mulas bravías que les están asociadas una nube de coces y de polvo, dentro de la cual se cierne una lluvia de latigazos y garrotazos.

Los tres directores de aquel convoy de veintinueve víctimas (sumando viajeros y mulas) llevan sus puestos respectivos. El mayoral, en el pescante, entre el _cupé_ y la _berlina_, como un Phaeton que conduce su alado carro. El zagal, á su lado, ó prendido de un garfio del pescante, á guisa de apéndice. El delantero, á caballo sobre la bestia primera de la fila izquierda, dando la direccion á las diez mulas.

Estas, formadas en columna, en dos filas, van ligadas entre sí por un laberinto de pesadas cadenas, de garfios, correas y trozos de madera que aumentan el enorme peso y la extravagancia de aquella montaña portátil.

De tiempo en tiempo, cuando alguna de las mulas afloja el paso (porque van siempre á galope largo y al coche rueda como un huracan por cuestas y valles), el zagal da un salto al suelo, y se lanza á la carrera, á la par de las mulas, armado de un garrote delgado ó de un látigo fuerte. A cada mula le reparte (porque siempre los justos pagan por los pecadores) cuatro ó seis golpes frenéticos; y cada una de ellas responde, según su estilo peculiar, con cuatro ó seis coces furibundas, que el zagal evita con asombrosa habilidad. Entónces aquellos animales se enfurecen, brincan como cabras, corren como demonios y levantan una polvareda que hace perder de vista el horizonte é invade, á los viajeros en sus navetas martirizadoras.

El mayoral grita como un dragon, sacudiendo las riendas y el foete,--agitando en una convulsion rabiosa todo el cuerpo; el zagal le acompaña en gritos, movimientos y reniegos; y el delantero, que les sacude tambien á veces á las mulas que están á su alcance, redobla la actividad para apurar la carrera. El viajero, entretanto, sintiéndose á discrecion de aquellos salvajes y de diez mulas furiosas, se agita en un drama cómico de las mas vivas emociones, acabando por resignarse á todo. Imagínese lo que habrá de sentir el que, saliendo de un magnífico tren de ferrocarril, se entrega por primera vez á esa pesadilla sin sueño que se llama un viaje en diligencia.

Cuando el viaje es largo los peligros aumentan. Como jamas se varía el mayoral ni el delantero, que son los pilotos de la diligencia, el sueño los domina á veces, y con frecuencia el coche vuelca y se despedaza, se estrella en un recodo, ó se precipita en un desfiladero, sucediendo no pocas desgracias. Y no hay que hacer observacion alguna, ni quejarse de hambre ó cosa parecida; porque el viajero que sufre la ley tiránica de los empresarios, es un esclavo á la disposicion del sultan que tiene su trono en el pescante. Todo eso sin perjuicio del escamoteo, al fin del viaje, que los mayorales, delanteros y zagales ejercen contra el viajero, mendigando como si no tuviesen dotacion ó paga.

Aconsejo á los que padezcan de los nervios y quieran obtener una curacion violenta pero segura, que vayan á España á hacer un viajecito en diligencia. En España casi siempre que cae un ministerio le destierran, á lo ménos diplomáticamente. No sé por qué llega el rigor hasta ese punto, cuando con unas doce horas de diligencia todo quedaría compensado, aunque, á decir verdad, los pecados de casi todos los ministerios españoles no son de los muy veniales.

Despues de cuatro horas de diligencia toqué en Almanza con el ferrocarril de Alicante, empresa que, á pesar de los muy buenos elementos con que cuenta, se distingue por su mal servicio. Algun dia se corregirá. Nada diré sobre la ciudad de Almanza, porque la noche me impidió observar siquiera su aspecto general. Con todo, de paso y al claro-oscuro tuve mis sospechas de que es una poblacion que no brilla por la hermosura ni la actividad. Es una ciudad de antiquísima data, muy anterior á las guerras entre Romanos y Cartagineses. Así, aquella es una de las ciudades españolas cuya historia está ligada á las cuatro dominaciones sucesivas de mas significacion que han impreso su sello á la nacion ibera. La llanura de Almanza es célebre por la famosa batalla ganada allí por los Españoles, en abril de 1707, contra las tropas anglo-portuguesas, dándole á España la imponderable ventaja de cambiar de amos, puesto que los Borbones ocuparon con Felipe V el trono que la casa de Austria habia tan atrozmente inmortalizado. Todavía se conserva en la llanura el obelisco que conmemora el suceso. En España se conservan esos monumentos muy bien, pero se dejan cegar los antiguos canales que datan del siglo pasado.

De Almanza á Madrid el ferrocarril toca en veinte y dos poblaciones, sobre terreno llano, con un total de cerca de 100,000 habitantes, exclusivamente consagrados á la agricultura, cuyos productos principales son los trigos y vinos y algun aceite de olivas. De esas veinte y dos poblaciones solo tienen alguna importancia: _Almanza_ fuerte de mas de 9,000 almas; _Albacete_, capital de provincia, con cerca de 17,000; _Villa-Robledo,_ que cuenta 8,000, y _Aranjuez_, ciudad cortesana, con mas de 5,000, que es la Versalles de la corte de España, verdaderamente primorosa. Mas adelante haré su descripcion.

Es curioso tambien, en el trayecto, el pueblo de Villacañas, correspondiente al país de Don Quijote. Cuéntanse allí hasta trecientas cuevas, practicadas en las colinas del campo (que se desprenden de la sierra de Toledo), en donde viven todas las familias pobres. Esta singular arquitectura de la miseria no es rara en España, y en ninguna parte interesa tanto como en uno de los barrios de Granada. A su tiempo descubriré ese curioso pormenor.

La travesía de la Nueva Castilla continuaba la serie de contrastes que yo iba observando. La noche me habia hecho perder de vista las campiñas al salir del valle de Alcudia, continuacion ó inflexion del de Valencia. Cuando al siguiente dia ví aparecer en el horizonte las tintas primeras de la aurora, el tren pasaba por las vastas y tristísimas llanuras de la Mancha. Así, habia cerrado los ojos ante un paisaje en extremo pintoresco, para abrirlos despues en el centro de un país singularmente notable por su desolacion y su silencio. Ni la sombra de un árbol, ni el rumor de un arroyo, ni el canto de un gallo ó de un pájaro campestre, ni el mugido de una vaca, ni el mas leve ruido se sentia al atravesar aquel desierto.... ¡Ni una choza en las praderas interminables, ni un cercado para manifestar la presencia del hombre por allí!...

Y sinembargo, la Mancha es un país asombrosamente fértil en la produccion de trigos y vinos, que cuando está cubierto de mieses y sarmientos tiene una hermosura suntuosamente triste. ¿Por qué no hay allí ni un solo árbol, ni casas, ni jardines, ni otra cosa que inmensos prados ó trigales solitarios?--Porque no hay agua,--dicen los optimistas, que creen que lo que no se hace es porque no se puede.--Porque los manchegos son perezosos,--indican á su turno los pesimistas que deprimen y calumnian al pueblo español.

Ambas disculpas son sofísticas. Donde quiera que en la Mancha se quiere tener agua, no hay mas que cavar un poco y surge á torrentes. Ademas, á corta distancia están las serranías, de cuyas corrientes purísimas puede la industria obtener, por medio de canales, toda el agua necesaria. El pueblo manchego no es tampoco perezoso por índole, como se dice. Esa es una mentira que los malos gobiernos han inventado para encubrir su incapacidad.

En materia de gobierno hay que optar entre uno de dos sistemas: ó la represion reglamentaria, y entónces los gobiernos tienen el deber de hacerlo _todo_, y son responsables del malestar social; ó la libertad y la prescindencia, en cuyo caso el individuo tiene la iniciativa y los pueblos la responsabilidad de sus actos de todo género. Como en España se ha seguido el primer sistema, sus gobiernos son los responsables, los verdaderos haraganes, puesto que no han abierto canales y caminos (hasta ahora se trabaja en eso), á fin de que los pueblos manchegos tengan agua (y con ella árboles, irrigacion, casas de campo, etc.) y medios de dar salida á sus trigos, vinos y aceites, con lo cual la agricultura tomaría un poderoso incremento. Si los gobiernos constitucionales tienen su proceso en los presupuestos, los absolutos lo tienen en el aspecto de las poblaciones y los campos.

El primoroso valle de Aranjuez, regado por el _Tajo_ y el _Jarama_ (nuevo contraste en la topografía), me ofreció una prueba evidente en apoyo de las observaciones que acabo de hacer. Allí, en vez de la soledad y la tristeza del resto de Castilla, hay una pompa de vegetacion que arrebata y deleita. Aquel país es un verdadero paraíso, durante la primavera. En un espacio pequeño se halla aglomerada una inmensa riqueza en ganados, bosques, hortalizas y otros frutos agrícolas, sin contar los tesoros artísticos. ¿Por qué tanta opulencia allí en el centro de una vastísima planicie desierta? Se dirá que todo se debe á la abundancia de aguas en Aranjuez. Error: he visto muchos otros valles de España, admirablemente dotados de aguas y fertilidad, donde reina también la soledad. El valle de Aranjuez es precioso, porque es un _dominio real_; porque no le pertenece al pueblo español, pobre y abandonado, sino á sus monarcas, opulentos siempre. Y sinembargo, los reyes que han gastado inmensos tesoros en embellecer ese _Real-Sitio_, no han tratado de suprimir las fiebres, que son el real patrimonio de los vecinos de Aranjuez, á causa de las inundaciones que producen los rios. En tanto que el Jarama y el Tajo desbordan por falta de canalizacion, los palacios de Aranjuez rebosan en maravillas de pintura y escultura, que han costado millones sin cuento. Miéntras que los cortesanos se alojan allí en suntuosas habitaciones, el pueblo español sufre las fiebres _tercianas_, ó se _aloja_ en Villacañas en cuevas húmedas y desabrigadas, abiertas en las peñas.

Con excepcion de tres ó cuatro parajes bellos, como en las cercanías de Toledo, de Valladolid ó de Palencia, no hay en las dos Castillas, otros puntos notables por su hermosura artificial que los _Reales-Sitios_. Lo demas son llanuras desiertas, aunque cubiertas de trigos ó viñas en gran parte. Con el valor de los cuatro _Reales-Sitios_ podría el pueblo español pagar todas sus deudas, ó cubrir de ferrocarriles todo el territorio nacional, quedándole algo para _alfileres_. ¿Quién sabe si algún día se hará ese negocio....?

Al tomar la diligecia en Mogente (ó Alcudia) tuve por compañero en la _berlina_ á un sugeto que me impresionó vivamente y á quien no olvidaré jamas. Era un doble tipo, como se verá, muy digno de atencion. Un hombre corpulento, de unos cincuenta y cinco años, robusto y rosado, lleno de salud y de vida, con una fisonomía admirablemente honrada, una risa franca y llena de benevolencia, una mirada cordial, y una conversacion en que se confundia la sencillez del lenguaje con el aticísmo del estilo y la solidez de las observaciones.