Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 39 de 76

CAPITULO I. — parte 2

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El Museo de Historia natural, que ocupa un vasto edificio en la gran calle de Alcalá, no parece haber merecido muy grandes atenciones de parte del gobierno. Me pareció, apesar de su mérito real, un poco descuidado en la clasificacion de las especies y familias, y relativamente inferior á los museos de ciudades mucho ménos considerables que Madrid. Busqué sobre todo, con particular ahinco, las colecciones de objetos colombianos, y me parecieron lamentablemente pobres, en atencion á las incomparables ventajas con que ha contado España para procurarse en el Nuevo Mundo una abundante y variada cosecha de productos de los tres reinos.

Madrid es rica en bibliotecas universales y especiales que merecen alto interes, principalmente en lo relativo á Colombia, y posee tambien archivos abundantes con numerosísimos y muy raros manuscritos. Pero es preciso confesar que no se hace mucho caso de las tales bibliotecas, muy poco frecuentadas, segun noté. Los duques de Osuna y Alba tienen bibliotecas particulares repletas de tesoros y primores, y casi nadie las visita ni consulta.

Entre las cinco ó seis públicas que pude ver debo citar la _nacional_ y la del Congreso. La primera, casi escondida en un rincon de Madrid, en un pobre edificio, está muy mal alojada y en completo desórden. Los soldados y las mulas reales tienen palacios por habitaciones, miéntras que los grandes pensadores de la humanidad viven como trastos inútiles encajonados en desconcierto, en una mala casa y cubiertos de polvo. Algunos salones estaban vedados, á causa del desórden ostensible; pero en los que estaban á la disposicion de los lectores hallé tal mezcolanza de literatura y teología, ciencias y necedades, latin é inglés y todos los idiomas, que si los autores de los libros pudieran resucitar y asomar la nariz en los respectivos estantes, se hallarían muy asombrados de la compañía y mistificados por los anacronismos.

La Biblioteca del Congreso, cuya base principal es la que perteneció al pretendiente Don Cárlos, no tiene de particular sino sus documentos políticos que le son especiales. El bibliotecario me mostró con suma galanteria cuanto le pedí, y tuve la particular curiosidad de hojear y leer las famosas constituciones de 1812 y 1837, autógrafas y firmadas por todos los legisladores respectivos. Yo admiraba la audacia y el patriotismo de esos hombres eminentes, regeneradores de España; pero al ver los armarios repletos de códigos, constituciones y tratados, me decia con tristeza: «¡Cuánta letra muerta!» Entretanto pasaba por la calle un batallon, y el ruido de las cornetas penetró hasta la biblioteca del Congreso, «Esa es la verdadera ley;--me dije entónces,--esa voz gobierna á los pueblos con mas poder que la de sus pretendidos representantes....

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El palacio destinado al Congreso es un bello y noble monumento, de estilo griego en su fachada principal; pero carece de elevacion, y las otras tres fachadas son absolutamente vulgares. En el interior se encuentra bastante gusto y sencillez de adornos, aunque los salones, demasiado multiplicados, son pequeños. Uno de ellos contiene un gran reloj-cronómetro, de armario, fabricado en Barcelona, verdadera maravilla bajo todos aspectos. El salon de las sesiones es elegante y posee muy hermosos frescos pero revela, por la distribucion mezquina de las tribunas públicas, que en lo que ménos se pensó fué en darle asiento al pueblo español para que, oyendo á sus representantes, pueda juzgarlos, formarse una opinion y hacer efectiva la responsabilidad moral.

En el centro de la plazuela dominada por el palacio del Congreso está colocada, entre una verja de hierro, la bella estatua de bronce erigida á Cervantes, y cantada por Zorrilla, el bardo de las fantasías y las opulentas armonías. Los Españoles no han sido muy pródigos en estatuas y monumentos para perpetuar la gloria de sus genios; pero ya comienzan á pensar en eso. Sinembargo, aunque el inmortal Quintana tendrá su monumento, ha sido asunto de grande y acolorada disputa entre los partidos la ereccion de una estatua á Mendizábal. El proyecto nomas hizo caer á un ministerio (ó contribuyó en mucho á la fechoría), convertido en cuestión de gabinete. En un país donde no hay libertad para adorar á Dios como le plazca á cada cual, no es extraño que se prohiba dar culto á las ideas liberales representadas por un gran patriota.

Hay en Madrid un monumento que prueba, por su popularidad ó el respeto universal que le rodea, que los Españoles, si bien se arrancan los ojos por las cuestiones interiores, están unidos por un solo sentimiento--el de la independencia--cuando se trata de la nacionalidad. Ese monumento, tan noble por su severa sencillez como por las epopeyas que evoca, es el del _Dos de Mayo_, que domina una de las espléndidas alamedas del Prado. Una pirámide do granito y piedra, algunos nombres escritos que valen por un poema, un leon en relieve, una inscripcion conmemorativa y un doble círculo de cipreses, he ahí lo que basta para recordar á los Españoles que en aquel sitio sufrieron su martirio glorioso algunos defensores de la independencia y la libertad, y que no es digno de su patria ni de llamarse ciudadano sino el que sabe darse todo con abnegacion á la causa que la justicia, el derecho y el honor santifican.

Ese monumento me hizo fijarme en una observacion curiosa que he podido repetir en muchos lugares de España. Los Franceses, invasores y sacrificadores en la época del primer imperio, son muy simpáticos en España; en tanto que los Ingleses, que le ayudaron al pueblo español á rechazar la invasion, no gozan de simpatías en la península. ¿De qué depende ese contraste al parecer injusto? Es que las razas llamadas _latinas_ en Europa, tienen por distintivo esencial de su carácter la abnegacion, el heroismo y la iniciativa espiritual; y la nacion francesa, que á pesar de sus defectos políticos, es la primera en todo lo que es generoso y magnánimo, ha adquirido un inmenso é indestructible prestigio sobre los pueblos que se le asimilan.

Ademas, los Españoles han hecho, como lo hace todo extranjero que visita el pais, una observacion muy importante. Durante la guerra de 1808, los Franceses, como enemigos, hicieron volar muchas fortalezas, pero construyeron puentes, teatros y otras obras; en tanto que los Ingleses, como aliados, aprovecharon la oportunidad para destruir en España las _fábricas_ de porcelanas, paños y otros artículos, que podian hacerles competencia. Muchas veces los _amigos_ hacen mas daño que los enemigos.

Madrid posee siete ú ocho teatros, aunque regularmente no funcionan sino cinco: el de la _Opera_, el _Frances_, el de la _Zarzuela_ y dos de dramas y comedias, con acompañamiento de baile, etc. Los demas son insignificantes. Con excepcion del _Teatro real_ ó de la ópera, que es espléndido, suntuoso, muy vasto, bello como monumento y uno de los mas grandiosos de Europa, en su género, los demas, aunque bonitos en su interior, carecen de positivo mérito en sus formas. Mas adelante hablaré de la situacion del arte dramático en Madrid, como un elemento de la vida social.

Perdóneseme que pase de los monumentos personales y los teatros, _ex abrupto_, á las _caballerizas reales_, monumento elevado á los caballos y las mulas de la Corte con mucho mayor esmero que las vergonzantes estatuas ó columnas consagradas á la gloria de los grandes genios. Si de la transicion surge un curioso epígrama, la culpa no es por cierto mia.

Las _caballerizas_ reales son consideradas (con mucha razon por desgracia) como una de las maravillas de España, el país por excelencia de los contrastes y extraños fenómenos sociales. La Corte, que ocupa el palacio real (que no pude visitar por estar presente la reina), tiene á su derecha casi todas las Legaciones extranjeras, y á la izquierda las caballerizas: las unas que tiran del coche de la nacion española, cada cual por su lado; las otras que sirven para las carrozas de la reina de España. No sé de qué lado tirarán con mas fuerza ó habrá genios mal recalcitrantes.

Un inmenso palacio, aunque no de condiciones aristocráticas, sirve de alojamiento á los dichosos brutos que tienen el honor de llevar sobre sus lomos á las personas de la Corte ó tirar sus doradas carrozas y berlinas. El edificio está dividido en grandes compartimientos adecuados para guardar los carruajes y arreos, en asombrosa profusion; abrigar los potros y las yeguas de primer órden, que están allí como joyas de primor; alojar setenta soberbios caballos de tiro, otros tantos de silla, doscientas mulas para los coches de palacio, y un enjambre de lacayos y mozos puestos al servicio de sus amos, cuadrúpedos de sangre azul. Los dignos brutos están todos enjaezados con hermosas libreas en sus magnificas é interminables cuadras, y parecen enorgullecerse al recibir las visitas de tantos extranjeros, ya pateando con garbosa satisfaccion, ya irguiendo sus lustrosos cuellos y sus abundantes y crespas colas, como cisnes terrestres. La gualdrapa que viste cada uno de esos miembros de la aristocracia de los brutos, vale mas que todo el vestido que un labriego español puede consumir en un año. Cada caballo es un príncipe, con su corte de lacayos, cada yegua una jóven mimada, y cada mula una matrona respetable y corpulenta que, al mirar con desden al Español plebeyo que se acerca, parece tener la conciencia de su dignidad y su grandeza.

Todo el edificio es admirable por la cómoda distribucion, el aseo, la magnificencia de las razas de brutos y el buen servicio. Pero despues de admirarlo pregunté si la Corte no permitia la propagacion en el país de aquellas razas superiores, procedentes de diversas regiones del mundo, y me dijeron que no. Todos esos tesoros son, pues, de puro lujo, sin utilidad para el Estado. Y ese palacio de los brutos ha costado millones, esos animales valen millones, y su manutencion espléndida cuesta enormes sumas anuales. Entre tanto, hay poblaciones enteras de mendigos, hay millares de familias que habitan cuevas practicadas en los barrancos, hay canales cegados, puertos inseguros, rios sin puentes, calles sin salubridad, y muchas miserias que remediar y obstáculos que remover....

Parece que no alcanza el dinero para hacer todo eso, ni hay urgencia, puesto que las mulas no tienen novedad en su importante salud.

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