Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 51 de 76

CAPITULO II. — parte 3

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Al pasar por aquellos callejones en caracol, las bandas de mujeres jóvenes y de muchachos nos rodeaban gritando; las mujeres con una amabilidad provocadora se ofrecían a bailar,--porque así ganan la vida muchas de ellas;--y los muchachos pedían en coro un _chavito_, como los de Toledo. El que juzgase á esas mujeres por sus apariencias se equivocaría completamente. Picantes y provocadoras para ofrecerse á bailar, seduciendo al extranjero, se hacen esquivas y severas, casi insolentes, cuando se les hace comprender que su amabilidad ha sido mal interpretada. La gitana casada es fiel por religion y tradición de raza; la soltera es casta por reflexion, por interés personal y de raza también, y por educación. Los Gitanos nunca se mezclan con los Españoles sino para especular; su hogar es puramente gitano; y jamas se ha conocido una hija de esa raza entre las mujeres perdidas de Granada. Aunque hablan todos el español, muy incorrecto en lo general, no se sirven en sus relaciones exclusivas sino de su lengua propia, corrompida en cada pais, es cierto, por la influencia de las lenguas de Europa que los dominan necesariamente.

Vivamente impresionados por el espectáculo de esa poblacion en cuyo seno todo es excepcional,--tipo humano, vestidos, lenguaje, costumbres, habitaciones y cultivos,--trepamos hasta la altura donde se ostenta el vasto edificio del Seminario, un poco abajo de la capilla del _Monte-Santo_. San Blas es el personaje de ese sitio histórico, donde se conservan capillas subterráneas muy curiosas; y el día de ese santo se hacen peregrinaciones en masa muy concurridas. Cuentan que allí fueron hallados los cuerpos de san Cecilio y sus once compañeros mártires, quemados en tiempo de Nerón. Parece que fue buscando minas metálicas que se dio con aquel _tesoro_ por casualidad, encargándose el azar de hacer un curioso epigrama. En efecto, san Cecilio y sus compañeros eran una mina, porque sus restos calcinados han dejado, mediante la fe, muy buenas utilidades...á los capellanes del Monte-Santo.

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