Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 6 de 76

CAPITULO II. — parte 2

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El canal de _Loba_, que arranca mas abajo en direccion N. O., disminuye inmensamente las aguas del cauce principal, y hace aparecer la grande isla de Mompos y Margarita, el huerto perfumado del bajo Magdalena. La navegacion se hace muy difícil para los vapores en el canal principal, y se reconoce allí la urgente necesidad de una obra de canalizacion que mejore la suerte del comercio. La naturaleza misma parece estar indicando el medio infalible aunque un poco lento, pero nada costoso, de encaminar las aguas convenientemente. Esa vegetación exuberante que se reproduce entre las aguas y el limo con tanto vigor y prontitud; las grandes crecientes periódicamente infalibles del rio, y la movilidad de sus arenas, favorecen la aplicacion del sistema de canalizacion del Danubio, perfectamente semejante al Magdalena, donde todo el trabajo se reduce á establecer faginas ó barricadas vegetales, que las aguas, los depósitos sucesivos de limo y la accion incesante del tiempo convierten en verdaderas murallas de canalizacion. En Colombia, donde todo es tan vigoroso y los recursos faltan para emprender obras costosas, debería estudiarse mas atentamente el trabajo de la naturaleza, para imitarlo en los estudios hidrográficos. La _hidráulica natural_ puede ser en Colombia la mejor canalizadora.

En el sitio pintoresco de la _Ribona_ empieza un panorama de verdura incomparable que, continuándose en los caseríos ó parajes de _Doña-Juana, Sandoval, Margarita y San-Fernando,_ termina en la ciudad de Mompos y sus cercanías. El encanto de aquellos paisajes, de aquella vegetacion, de aquellos cuadros naturales y de costumbres, es imponderable. Aquello es un paraíso, es un oásis de verdura suntuosa, de perfumes y brisas deliciosas, de vida dulce y tranquila, de suprema hermosura, y de un colorido tan colombiano, tan nacional, que deja en el corazon del viajero la mas honda sensacion de placer.

Figúrese el lector un huerto de tres leguas de extension, tendido como un manto de verdura sobre la márgen de un rio gigantesco, y tendrá todavía una idea muy inferior á la realidad. Ese trayecto valdría en Europa millones y millones de francos ó florines. En Colombia ... no vale nada: es un tesoro de cuya posesion nadie se apercibe, porque sus riquezas se ven por todas partes, casi sin necesidad de cultivar la tierra. Aunque en una y otra márgen del rio se observa la misma fecundidad en la tierra, el mismo lujo en la vegetacion, abundancia de ganados que bajan de las llanuras vecinas, riqueza de formas en los sauces y las altas gramíneas, etc., etc., la orilla izquierda, mas cultivada y poblada, llama de preferencia la atencion del viajero. El terreno es una angosta y larguísima vega toda cultivada y cuyo suelo casi no calienta el sol, segun es de tupido el follaje del bosque interminable que lo cubre. Todo aquello es dulcemente sombrío, y el viajero que pasa como una exhalacion en alas del vapor, se imagina ver la isla de Calipso, con su primavera eterna, ó un huerto aéreo que la mano de una hada misteriosa va mostrando tras del lente mágico, cual un cosmorama inasible y movedizo.

¡Qué bosque aquel! De trecho en trecho se suele ver una pequeña plantacion de caña de azúcar, ó un verde platanar que exhala el perfume de sus racimos cuajados de miel, cayendo sobre los vástagos desnudos como cintillos de topacio bajo una bóveda de esmeralda. Pero esas plantaciones apénas interrumpen ligeramente la selva interminable de naranjos, limoneros, mangos, árboles de mamei, de zapote, de níspero, de mil frutas deliciosas, sobre cuyas capas iguales, suntuosas, de verdes diferentes, pobladas de frutas, de sombra y de perfumes, se destacan los mástiles y los penachos de los cocoteros, como las velas y el arbolaje de una barca sobre las verdes ondas de una bahía tranquila, suavemente rizadas apénas por el soplo de las brisas de la tarde. Allí, bajo esos pabellones, la luz se amortigua, la paz reina como en un jardin, los racimos flotantes de naranjas provocan, los pájaros cantan como en una mansion de amor, y la naturaleza, idealizada, parece evaporarse en perfumes y colores como si un voluptuoso deleite la mantuviese magnetizada y feliz....

A la sombra de esas cúpulas de verdura vive una poblacion sencilla, pacífica y honrada, cuya fecundidad parece ser el resultado de la influencia que ejerce la vegetacion.--Por todas partes se ven casitas pintorescas y blanqueadas, destacándose en perspectiva detras de las bóvedas y grutas aéreas de los árboles, ó ramadas de _trapiches_, despidiendo su sabroso olor de miel; y miéntras las mujeres hilan, hacen bordados ó tejidos, ó fabrican _petaquillas_, canastos y esteras de graciosos colores, los chicos juegan y saltan en grupos caprichosos á la sombra de los árboles, sobre un suelo limpio y parejo, ó trepan como ardillas á perderse entre el follaje de los mangos y naranjos.

Entre tanto, la escena es bien curiosa en el primer término del paisaje. La alta barranca que cae sobre el rio, tiene talladas de trecho en trecho multitud de escaleras que dan sobre los pequeños puertos, en forma de caracol ó perpendicularmente; y en el muro de la barranca se ven las aberturas ó bocas de muchos hornos subterráneos, ingeniosamente preparados para cocer el pan de maiz llamado _almojábana_, ó el de yuca, que tiene el nombre de _cazabe_. Y al pié brincan, agitadas por el oleaje que produce el paso del vapor, multitud de pequeñas canoas destinadas á llevar á Mompos los cargamentos de frutas y mantener la comunicacion entre las dos márgenes del rio. Los grupos de la orilla no son ménos interesantes, ya por las maniobras de los bogas y sus vestidos singulares, ya por la ruidosa algazara que levantan saludando á la tripulacion del vapor que pasa rápidamente á la vista de esos pacíficos moradores de un huerto secular.

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Mompos es una ciudad interesante en todos sentidos. Su amplísimo puerto contiene siempre multitud de embarcaciones indígenas, y sus albarradas, sus corpulentas ceibas, el contraste de sus construcciones dominando la playa, y sus ricas arboledas de frutales, le dan un aspecto tan pintoresco que provoca al viajero á visitar el interior. Situada la ciudad en un terreno bajo y arenoso, sin el amparo de montañas que la dominen, la brisa falta enteramente, sus arboledas se mantienen inmobles y el calor es tan sufocante (40 gr. cent.) que casi suspende la respiracion.

La poblacion está dividida en dos barrios: el de arriba, llamado _Susúa_, que es todo de casas de paja, pero mantenidas con aseo y mucha gracia; y el de abajo, compuesto de dos largas calles muy bonitas, cortadas en ángulos rectos, á cordel, y totalmente formadas por fuertes edificios de mampostería. El primero es habitado por las clases trabajadoras, todas de color, de cuyo seno sale el impermeable y sufrido boga del bajo Magdalena;--gente alegre, jovial, alborotadora, libre en sus costumbres, robusta y varonil, y que apesar de sus defectos de educacion es honrada y leal, ama la patria con entusiasmo y se bate por ella con bravura, esgrimiendo el afamado sable de acero del _Real de la Cruz_, poblacion de la antigua provincia de Ocaña. Es de esa raza vigorosa y altiva que han salido tantos valientes, de los vencedores en _Tenerife_ y _Barbacoas_, en la época de la independencia, y mas tarde tan temibles combatientes en las desgraciadas contiendas civiles del Magdalena.

El otro barrio es el asilo de las clases acomodadas, gentes que, pasados los momentos de contiendas, son estimables por su carácter generoso y franco y su hospitalidad para con el viajero. Mompos es la ciudad que resume por excelencia el contraste de la conquista ó la civilización española con la antigua situacion indígena. Si la parte de arriba es esencialmente nacional ó colombiana, la de abajo es, por su estructura, enteramente española. Una arquitectura pesada y de estupenda solidez, multitud de hermosas iglesias que son mediocres monumentos, calles anchas, rectas y sin pavimento, muros pintados de amarillo y rojo, puertas arqueadas, galerías de columnas prodigadas, inmensos salones, altas celosías de hierro en todas las ventanas, muebles colosales y pesados para el menaje interior, bellas arboledas de frutales en todos los patios, y mil pormenores en extremo curiosos, le dan á Mompos el aire de una ciudad hispano-morisca, que tiene el sello de la conquista ibérica.

Pero Mompos no es solo una ciudad graciosa y pintoresca. Es tambien un depósito ó puerto de escala importantísimo, que hace juego con las plazas mercantiles del interior, Honda y Medellin, con la exportacion agrícola de Ocaña y Valle-Dupar, con las ferias comerciales de los pueblos del bajo Cauca y Magdalena, y con las ciudades de Cartagena, Barranquilla y Santa-Marta, por las cuales las ramificaciones del gran rio hacen girar el comercio exterior de Nueva Granada en su parte mas considerable. Los vapores hacen siempre escala en Mompos; su plaza es afamada por su produccion de licores, joyería esmerada, herramientas y vasos porosos elegantes y finos. En mi concepto, despues de Barranquilla talvez, Mompos es la poblacion de mas porvenir en el bajo Magdalena.

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El 6 de febrero era el último de mi viaje á bordo del vapor _Bogotá_, el cual debia seguir su ruta hasta Barranquilla, puerto distante cinco ó seis leguas de la bahía de _Sabanilla_, y que recibe algo del movimiento comercial de Santa-Marta; miéntras que yo debia separarme en _Calamar_ y seguir en direccion á Cartagena, por camino de tierra, ó por el canal semi-artificial llamado el _Dique_.

Desde que el sol empezó á iluminar el panorama del Magdalena abajo de Mompos, fue haciéndose mas notable la aglomeracion de poblaciones sobre las márgenes del rio. Así, aunque este ha perdido mucho de su majestad por la gran disminucion de sus aguas en el canal de _Loba_, las orillas interesan mas porque revelan la existencia de la sociedad, casi nula en el trayecto que media entre _Regidor_ y _Nare_. La vegetacion es siempre uniforme, el cielo igual y la llanura inmensa como un desierto de las pampas orientales; pero el viajero se consuela viendo asomar de trecho en trecho los pobres caseríos que se destacan sobre barrancas pedregosas, ya á la derecha del rio, como los pueblos de _San-Cenon_, _San-Fernando_, _Santa-Ana y Pinto_, ya á la izquierda, como á los de _Talaigua_ y _Sambrano_.

En _Pinto_, que es un puerto de escala en relacion con las famosas ferias de _Magangué_, sobre el Cauca, se separaron todos los viajeros comerciantes que se encaminaban á la feria de la _Candelaria_; y media legua mas abajo nos llenó de admiracion el espectáculo de la confluencia de los dos grandes rios. El _Cauca_, engrosado enormemente con mas de la mitad de las aguas del _Magdalena_, desemboca por tres hermosísimos canales paralelos, formando un delta de espléndida majestad, y los dos gigantes parecen abrazarse, envolviendo entre sus anchos brazos tres islas de suntuosa vestidura, cuyos sauces y gramíneas semejan enormes masas de esmeralda flotando en el centro de un océano de plata, iluminando por el sol ardiente. El espectáculo es grandioso, imponente, y el Magdalena, que desde allí se encrespa al soplo de las brisas marinas, es ya un pequeño mar que muchas veces alcanza 1,500 metros de anchura, incluyendo sus muchos islotes pintorescos.

Despues el viajero, que presiente el aspecto del cercano Atlántico, á juzgar por la escena infinita que se le presenta, va recogiendo nuevas impresiones. Ya se mira con gusto el puerto de la _Merced_, por donde se hace el comercio con el _Cármen_, poblacion agrícola cuyo tabaco excelente le está dando grande importancia, y cuyo caserío se distingue confusamente al pié de una lejana serranía; ya se divisa el pueblo de _Plato_, escondido á la derecha, á algunas leguas de distancia, entre una selva desolada y triste que parece haber sido retostada por el fuego de un sol vertical de imponderable torricidad; ora se pasa por el pié del árido peñon donde yace como un escombro el miserable pueblo de _Tenerife_, á la márgen derecha, cuyo nombre y sitio recuerdan el heroismo de los guerreros de la independencia; ora se saluda con profunda tristeza el caserío de _Nervití_, desolado y casi salvaje, el de _Heredia_, cuyas barracas, dominando la barranca del rio, revelan toda la miseria de sus habitantes, ó el del _Yucal_, no ménos lamentable.

Entre tanto, se ven al oriente, á una inmensa distancia y casi confundidas con el color ceniciento de las nubes, las altas serranías de Valle-Dupar y la rica y brillante Sierra-Nevada que domina las costas de Santamarta; mientras que en el rio se van descubriendo, como blancas garzas que rozan las ondas encrespadas por la brisa, las velas de los botes mercantes que vienen de Barranquilla ó Calamar en direccion á Mompos, ó que descienden servidos por el remo. La brisa marina es tan fuerte allí, sinembargo de la considerable distancia de la costa, que la vela es suficiente para hacer remontar un bote considerable, y el oleaje del rio toma proporciones semejantes á las de océano tranquilo.

El sol se perdió tras de las lejanísimas montanas de Antioquia que terminan cerca de la isla de Mompos, y en medio de la oscuridad arribamos al extenso y arenoso puerto de _Calamar_, á 100 metros de la bifurcacion que da orígen al canal del _Dique_. Poco despues el vapor _Bogotá_ siguió su marcha, confundiendo los silbidos de su locomotiva con los gritos de despedida, y yo me quedaba en Calamar para emprender una segunda peregrinacion de muy distinto género.

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_Calamar_ es una poblacion de gran porvenir agrícola y comercial, bien importante ya por su posicion de escala, y que no carece de interes por las costumbres de sus habitantes y su estructura fisica. Distrito de muy nueva creacion, su poblacion alcanza apénas á poco mas de mil almas, las calles son muy anchas, derechas, cortadas en ángulos rectos, y las casas tienen una apariencia de comodidad y aseo que contrasta con la de los otros pueblos ribereños del Magdalena. Sus habitantes, alegres y expansivos, recorren las calles ofreciendo víveres, montados en burros de la manera mas extravagante. La montura es tan insegura que cada jinete es un equilibrista. El jinete va sentado en el centro, con las piernas cruzadas sobre la nuca del asno, y este, que no está sujeto por brida ni cabestro, es manejado hábilmente al influjo de los golpes que le regala con la mano su equilibrista caballero. El asno queda convertido así en una especie de brújula ambulante que cambia de disecacion según la inclinacion del golpe ó tocamiento que recibe. Si he de hablar con franqueza diré que los burros de _Calamar_ me parecieron mas racionales que los bogas de la aldea de _Regidor_.

_Calamar_ es en cierto modo el crucero de todas las vias mas importantes para el comercio del país, puesto que sirve de escala al movimiento interior que desciende de _Honda_, _Nare_, _Puerto-nacional_, el _Cesar_, y _Magangué_ y _Mompos_; recibe el movimiento comercial de _Santa-Marta_ y _Barranquilla_, y facilita la comunicacion del Magdalena con Cartagena, ya por la via terrestre de Mahates y Turbaco, ya por la del canal del _Dique_, que desemboca directamente en la bahía de Cartagena.

Desde el puerto de Honda hasta el de Calamar, en un trayecto de cerca de 130 leguas, no se encuentran, pues, sino 28 poblaciones sobre la márgen del Magdalena (contando dos ciudades) de las cuales 12 pertenecen en la ribera derecha á los Estados de Cundinamarca y Magdalena, y 13, en la ribera izquierda, corresponden á los Estados de Antioquia y Bolívar. El total de habitantes de esos pueblos, excluyendo á _Honda_, que no pertenece al bajo Magdalena, no pasa de la cifra miserable de 16,000, de los cuales mas de 7,000 pertenecen á la ciudad de Mompos. Esa inmensa region, de asombrosa fecundidad y tan felizmente dotada de fáciles comunicaciones en sus muchos rios afluentes, el Magdalena, los caños ó canales naturales y las llanuras vastísimas, es un desierto solitario, inculto, á donde el hombre casi no ha llevado su poder conquistador, y en cuyo seno existirá en una época lejana una poblacion vigorosa de muchos millones y de riqueza imponderable. Así, al cruzar esa region maravillosa, solo es permitido al viajero pronunciar una palabra: el _porvenir_. La naturaleza reina allí, teniendo por esclavo al hombre. Solo el tiempo, ese auxiliar misterioso del progreso, hará que la sociedad, cambiando de situacion, adquiera su soberanía perdurable sobre la Creacion.

Entretanto, la navegacion á vapor, bien regularmente establecida en las aguas del caudaloso Magdalena; las nuevas instituciones federalistas,--que permiten hacer esfuerzos mas directos en el inmenso valle que aquel rio fecunda, para darles vida social á sus aisladas poblaciones,--y el desarrollo indefinido que allí puede tener la agricultura intertropical, mediante el ensanche del consumo en los mercados exteriores, desarrollo que comienza á iniciarse,--son elementos que hacen esperar que no muy tarde las regiones hoy desoladas que el viajero contempla con profunda tristeza, serán la tierra de una raza liberal, enérgica y valerosa, que alcanzará el bienestar con la práctica de la democracia y la actividad de la industria.

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