Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 5 de 76

CAPITULO II. — parte 1

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EL BAJO MAGDALENA.

Las riberas del gran rio.--«Puerto-nacional».--La aldea de Regidor. --Una danza de zambos.--La semi-barbarie de la raza africana.--Los desiertos.--Las huertos de «Margarita».--Mompos.--La confluencia del Canoa.--Calamar.

El tercer dia de navegacion debia ser mas fecundo en escenas de todo género. El primer objeto curioso fué un grande escombro sobre una playa desierta: era la masa informe del vapor _Magdalena_ (el primero de la tercera época en que el rio ha sido navegado por vapores), cuyo casco yacia abandonado como inútil. Al ver ese cadáver de hierro y madera, comparado con los vapores actuales, se comprende y admira la perseverancia con que, á despecho de muchos contratiempos, el espíritu de progreso sigue su marcha, luchando con la naturaleza y acabando por vencerla siempre. Mucho mas arriba habia visto también los restos del espléndido vapor _Manzanares_, volado en 1854; y en otros puntos del rio se pueden ver los del _Honda_, el _Henry Wells_ y el _Calamar_, sacrificados tambien en los primeros ensayos. Al cabo la navegacion por vapor se ha regularizado, el rio es surcado por ocho ó diez bellos vapores, en la parte baja, y ya se acaba de establecer uno pequeño en el alto Magdalena. El progreso triunfará.

Como para hacer contraste, dos horas después encontramos el lindo vapor _Patrono_, que subía con rapidez, saludándonos con alegría sus pasajeros y tripulacion. En seguida un verdadero panorama de aldeas en hilera, sobre las márgenes del rio, fue presentándose á la vista, rodeado del paisaje mas vasto y encantador, sin alteracion hasta el puerto de la bella ciudad de Mompos.

La llanura era inmensa y todos sus objetos brillaban á la luz de un sol abrasador en medio del cielo mas puro y trasparente. Al occidente se destacaba la cordillera de Simití como una cinta celeste, hundiendo sus cimas entre las blancas nubes; miéntras que al oriente, á inmensa distancia, se dibujaban como aéreos palacios las cumbres de color vago y confuso de la rama de la cordillera oriental que separa á las comarcas de Ocaña del norte de Nueva Granada. Vi primero el _pueblo_ de _Badillo_, miserable como casi todos los de las orillas del bajo Magdalena; despues el caserío lamentable de _Las-Pailas_, donde el sol devora y las serpientes abundan como las hormigas; mas abajo la Bodega del vecino distrito de _Puerto-nacional_, el sitio mas ardiente de todo el Magdalena, y por último, para completar el cuadro del dia, la aldea de _Regidor_, donde nos esperaba una singular escena de costumbres nacionales y de contrastes en extremo románticos.

Y en el intermedio.... ¡qué de bellezas para llamar la atención, estableciendo el colorido local! A cada paso islas tan primorosas, tan pintorescas que, salvo el calor y las plagas, hacían pensar en los archipiélagos del Mediterráneo; hileras interminables de sauces llorones, bordando las playas del rio y los suaves declives de las islas; caños oscuros, sombríos, saliendo misteriosamente de entre la selva y trayendo sus aguas sin corriente de las lagunas lejanas, donde moran la fiebre, las fieras y las serpientes venenosas y enormes á la sombra de una vegetacion exuberante y bravía; playas reverberantes, cuajadas de _caimanes_ durmiendo bajo el ala de un viento abrasado, en cuyas orillas se amontonan las garzas de lindísimos colores, ó vaga el grullon persiguiendo á los peces descuidados, y eü cuyas arenas quemadoras se dan á veces sus terribles combates el jaguar, tirano de la selva, y el monstruoso dragon de los rios colombianos. Bandadas increiblemente numerosas de papagayos de todas clases pasan atronando con su áspera gritería, que parece el eco de la voz del salvaje; y al traves de una vegetacion incomparable que constituye el fondo del inmenso cuadro, se desliza el Vapor, lanzando de tiempo en tiempo sus silbidos agudos y prolongados, cuyo eco repercuten las selvas y produce una sensacion indefinible de miedo y admiracion al mismo tiempo.

En ese trayecto el rio _Lebríja,_ semejante al _Sogamoso_, desemboca en la márgen derecha, después de haber surcado una extensa region del Estado de Santander. Puede calcularse que el caudal de aguas que los cuatro principales afluentes del Norte (_Carare, Opon, Sogarnoso_ y _Lebrija_) le dan al Magdalena, equivale al que este rio recoge de todo el Estado de Cundinamarca. Así, después de recibir esos contingentes, arriba de _Puerto nacional_, el Magdalena tiene en algunos puntos hasta 800 metros de anchura, sin haberse engrosado aún con las aguas del _Cesar ó Cesar_í y el _Cauca_.

En Puerto-nacional y Regidor los cuadros característicos me parecieron curiosos en sumo grado. El primero de esos lugares es el puerto por donde gira la correspondencia entre el bajo Magdalena y los Estados del Norte de la República, y es también el punto por donde los pueblos de Ocaña exportan su produccion de café, azúcar, tabaco, suelas, _taguas_ (marfil vegetal), oro, palos de tinte, anis y algunos otros artículos de consumo interior y exterior. Cuando los vapores llegan á la _Bodega_ de Puerto-nacional, á tomar la correspondencia y los cargamentos de frutos, los habitantes del pueblo, que está dentro de la selva á la márgen de un caño afluente del Magdalena, bajan en procesion, ofreciendo el cuadro mas interesante y bullicioso. Todo el mundo trae alguna fruslería que vender, á los pasajeros--conservas, frutas, cigarros, etc.,--y los chicos que vienen por curiosidad, ya que no entran en la vendimia, gritan alegremente como papagayos salvajes.

¡Qué de figuras y pormenores extravagantes en la turba semi-africana que nos invadía!--Diez ó doce mujeres, zambitas y zambazas, ó viejas requemadas, todas alegres, con alpargata suelta por calzado, un pañuelo de cuadros escandalosos atado á la cabeza en forma de gorro ó turbante, y un camison flaco y desairado, de zaraza ó muselina burda, con el gracioso arete de oro ó tumbago en la oreja, hicieron irrupcion por todas las escaleras del vapor, seguidas de veinte muchachos y mocetones, rollizos y tostados por el calor tropical. En breve se dispersaron por los salones y camarotes, movidos por la curiosidad, y fueron á sentarse en medio de las señoras y los caballeros de á bordo para entablar conversacion con una familiaridad encantadora. En todas se notaban las bellas trenzas de cabello negro y abundante, á veces crespo, el labio grueso y voluptuoso, la nariz abierta y palpitante, el ojo negro y ardiente, el color pardo oscuro, la voz agitada, estentórea, libre como el soplo del viento, la risa franca y picante, el andar provocativo, con un dejo lleno de coquetería, y el carácter sencillo, hospitalario y lleno de cordialidad.

Toda esa gente me pareció formar una raza enérgica, de excelentes instintos y capaz de ser un pueblo estimable y progresista con solo darle el impulso de la educacion, la industria y las buenas instituciones. Y la turba de vendedores dispersa sobre la barranca del puerto á la sombra de algunos árboles, no era menos simpática y curiosa. Este, sentado entre una barricada de melones y sandías, parecía una figura chinesca, y atraia con sus galantes invitaciones; aquel, como un mostrador ambulante, llevaba sobre la cabeza una enorme artesa ó canasta de mimbres, donde bailaban á cada movimiento los panecillos de azúcar ocañera, las cajetillas de suculento _ariquipe_, los atados de cigarros y los olorosos panes de maiz; y el de mas acá ó mas allá se pavoneaba con una torre de _abisperos_ de papelon, de tortas de _cazabe_ y de otras muchas golosinas que son el regalo de los viajeros de menor cuantía y los navegantes. Allá un boga voluntarioso, de cuerpo espigado y ágil, le echaba chicoleos de champan á una moza de mirada un tanto pecaminosa, recibiendo en cambio un coscorron por via de agasajo. Aquí el viejo patron de bote, con ínfulas de personaje, se daba sus aires en medio de la turba, apoyado en un remo ó _canalete_, y acariciando el ancho arete pendiente de su oreja derecha; miéntras que un marinero del vapor, como perteneciente á la aristocracia de los navegantes, le dispensaba su mirada de altiva protección a algún boga plebeyo, diciéndole al pasar: _Jé! tú por aquí, Peiro?_

Al cabo el vapor lanzó su prolongado silbido; nuestro Irlandes declaró que era llegado el momento solemne de la vida, (_To drink and drínk! or not to be,--that is the question_!) Las copas se llenaron, el puerto se perdió de vista; y al esconder el sol su disco de fuego fuímos á atracar al pié de la alta barranca de la aldea de Regidor, donde á un paisaje infinitamente bello debia combinarse el cuadro de costumbres mas típico que era posible encontrar.

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La aldea se compone de unas 25 ó 30 chozas miserables, diseminadas sin órden alguno sobre el plano arenoso de una vega circundada de altísimos bosques, y en toda el área del pobre caserío multitud de palmas de cocotero hacen flotar al viento sus rizados plumajes. A las ocho de la noche el ruido de los tamboriles cónicos y las flautas ó _gaitas_ peculiares á los bogas y sus familias semi-salvajes, hirió nuestros oidos anunciándonos una ardiente sesión de _currulao_.

El _currulao_ es la danza típica que resume al boga y su familia, que revela toda la energía brutal del negro y el zambo de las costas setentrionales de Nueva Granada. Así, todo el mundo quiso contemplar la escena y, excepto las señoras, cuyos ojos no eran adecuados para ver esa danza extravagante, saltamos todos á tierra en direccion á la _plaza_ de la aldea.

El espectáculo no podia ser mas singular. Habia un ancho espacio, perfectamente limpio, rodeado de barracas, barbacoas de secar pescado, altos cocoteros y arbustos diferentes. En el centro habia una grande hoguera alimentada con palmas secas, al rededor de la cual se agitaba la rueda de danzantes, y otra de espectadores, danzantes á su turno, mucho mas numerosa, cerraba á ocho metros de distancia el gran círculo. Allí se confundian hombres y mujeres, viejos y muchachos, y en un punto de esa segunda rueda se encontraba la tremenda _orquesta_. Difícil, muy difícil sería la descripcion de esas fisonomias toscas y uniformes, de esas figuras que parecian sombras ó fantasmas de un delirio, cuando se movian, ó troncos desnudos de un bosque devorado por las llamas, ennegrecidos y ásperos, si permanecian inmóbiles.

La luz rojiza de la hoguera, extendiéndose sobre un fondo oscuro, aumentaba el romanticismo de la escena, porque el bosque vecino aparecia como una inmensa caverna, y las sombras de los danzantes, músicos y espectadores, así como las de los mástiles y las copas de los cocoteros, se proyectaban en perspectiva de un modo singular.

Ocho parejas bailaban al compas del son ruidoso, monótono, incesante, de la _gaita_ (pequeña flauta de sonidos muy agudos y con solo siete agujeros) y del _tamboril_, instrumento cónico, semejante á un pan de azúcar, muy estrecho, que produce un ruido profundo como el eco de un cerro y se toca con las manos á fuerza de redobles continuos. La _carraca_ (caña de chonta, acanalada trasversalmente, y cuyo ruido se produce frotándola á compas con un pequeño hueso delgado); el _triángulo_ de fierro, que es conocido, y el _chucho ó alfandoque_ (caña cilíndrica y hueca, dentro de la cual se agitan multitud de pepas que, a los sacudones del _artista_, producen un ruido sordo y áspero como el del hervor de una cascada), se mezclaban rarísimamente al _concierto_. Esos instrumentos eran mas bien de lujo, porque el _currulao_ de _raza pura_ no reconoce sino la _gaita_, el _tamboril_ y la _curruspa_.

Las ocho parejas, formadas como escuadron en columna, iban dando la vuelta á la hoguera, cogidos de una mano, hombre y mujer, sin sombrero, llevando cada cual dos velas encendidas en la otra mano, y siguiendo todos el compas con los piés, los brazos y todo el cuerpo, con movimientos de una voluptuosidad, de una lubricidad cínica cuya descripcion ni quiero ni debo hacer. Y esas gentes incansables, impasibles en sus fisonomías, indiferentes á todo, bailaban y daban vueltas y vueltas con la mecánica uniformidad de la rueda de una máquina. Era un círculo eterno, un movimiento sin variacion, como la caida del torrente, como el caliente remolino de fuego ó de arena que se fija en un punto, en medio de un bosque incendiado ó en la mitad de una playa azotada por el huracan. La incansable tenacidad de los danzantes correspondia á la de los músicos; y á pesar de emociones tan ardientes al parecer, ni un grito, ni un acento lírico, ni una sola palabra pronunciada en alto interrumpia el silencio extraño de la escena.

Es tal la resistencía habitual ó el teson con que esa gente se entrega al "currulao" que algunas veces duran hasta dos horas tocando ó bailando, sin descansar un minuto.

Aquella danza es una singular paradoxa: es la inmovilidad en el movimiento. El entusiasmo falta, y en vez de toda poesía, de todo arte, de toda emocion dulce, profunda, nueva, sorprendente, no se ve en toda la escena sino el instinto maquinal de la carne, el poder del hábito dominando la materia, pero jamas el corazon ni el alma de aquellos salvajes de la civilizacion. Ninguno de ellos goza bailando, porque la danza es una ocupacion necesaria como cualquiera otra. De ahí la extraña monotonía del espectáculo.

Aunque ninguno se rinde, de tiempo en tiempo un hombre ó una mujer sale del circulo de espectadores, le quita las velas á uno de los danzantes, le reemplaza sin ceremonia, y el que deja el puesto va á colocarse en la gran rueda, impasible como un tronco, sin revelar cansancio, ni placer, ni pena, ni zelos, ni amor, ni emocion alguna. El cambio se hace como si al reedificar un muro se quitase una piedra para poner otra en su lugar. La vida para esas gentes no es ni un trabajo espiritual, ni una peregrinacion social, ni siquiera una cadena de deleites y dolores físicos: es simplemente una vegetacion, una manera de ser puramente mecánica.

Nacido bajo un sol abrasador, en un terreno húmedo, inmenso y solitario, y contando con una naturaleza exuberante que lo da todo con profusion y de balde, y que, exagerando el desarrollo físico de los órganos, debilita sus funciones y degrada su parte moral,--el boga, descendiente de Africa, é hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tiranía, no tiene casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y fuerzas primitivas. Si el _indio_ puro de las alti-planicies andinas es, á pesar de su ignorancia, dulce y humilde, y la _astucia_ constituye su fuerza moral; si el _llanero_ de las pampas granadinas, criado en las soledades y en medio de los peligros, pero rodeado de un horizonte infinito, es no obstante su barbarie un sér eminentemente heróico, poético en sus instintos, galante, cantor, espiritualmente fanfarron, crédulo y generoso,--el _boga_ del bajo Magdalena no es mas que un bruto que habla un malísimo lenguaje, siempre impúdico, carnal, insolente, ladron y cobarde.

La raza parda, pero cultivadora ó comerciante, que habita las vegas vecinas á Ocaña ó las ciudades de Mompos, Barraquilla, Cartagena y Santa-Marta, se ha civilizado con el trabajo social y la vida comunicativa, y será no muy tarde una poblacion vigorosa y de excelentes cualidades. Pero la familia del _boga_, que vive de pescado, en el sopor, la inercia y la corrupcion, no podrá regenerarse sino despues de muchos años de un trabajo civilizador, ejercido por la agricultura y el comercio invadiendo todas las selvas y las soledades del bajo Magdalena. La civilizacion no reinará en esas comarcas sino el dia que haya desaparecido el _currulao_, que es la horrible síntesis de la barbarie actual.

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Si la idea fundamental del romanticismo literario está en la libertad de exposicion de los contrastes, que en la naturaleza física se manifiesta en las aparentes contradicciones de los cuadros que la creacion destaca en diversos puntos para constituir en su conjunto la gran síntesis de la armonía, nada mas romántico que el contraste de escenas de vegetacion y de estructura geológica que se encuentra al descender el Magdalena desde _Regidor_ hasta _Mompos_.

Hasta un poco mas abajo del brazo ó canal de _Loba_ la desolacion es completa y su espectáculo aflige profundamente el corazon del viajero. A juzgar por las relaciones de los viajeros del Asia, se cree uno trasportado al fondo de sus interminables desiertos, descendiendo el Eufrates y oprimido por la majestad de una soledad asombrosa. Parece que el hombre hubiera huido de aquellos desiertos del bajo Magdalena, como de una tierra maldita, donde el sol devora, el suelo es un arenal inmenso mas ó ménos poblado de árboles medio desnudos. La brisa falta enteramente; el cuervo y la garza pescadora, esos huéspedes del desierto, aparecen solos; los caimanes, reproduciéndose increiblemente, forman como palizadas sobre las quemantes playas, y el bosque no produce sino emanaciones de muerte en lugar de perfumes. Allí no existe casi la vida, que es el movimiento reproductor del bien. El huracan reina solo, y su soplo abrasado parece contener todo el fuego de un infierno desconocido que existe entre los arenales, las rocas escarpadas, las ciénagas pestilentes y los escombros de las selvas calcinadas.

Ese trayecto de desolacion es largo y abraza mas de treinta leguas, sin mas interrupciones que distraigan un momento al viajero que la vista del _Peñon,_ pueblo miserable de la antigua provincia de Mompos, situado sobre una barranca desnuda á la márgen izquierda del rio; del _Banco_, pueblecito muy pobre tambien, pero de alguna importancia comercial por sus relaciones con algunas poblaciones interiores, situado á la derecha, cerca de la confluencia del profundo y bellísimo rio _Cesar_ ó _Cesari_; y del canal de _Loba_ que, disminuyendo en mas de la mitad las aguas del Magdalena, va á engrosar las del Cauca para volver luego á su propio caudal.

El _Banco_ pertenece, como todos los pueblos de la márgen derecha, al Estado del _Magdalena_, separado del de _Bolívar_ por el gran rio. El _Cesar_, tan importante en la historia de la conquista verificada por Jiménez de Quesada, es un rio de cauce profundo, perfectamente navegable, que, corriendo en sentido casi opuesto, al Magdalena, viene á traerle los tintes, las maderas y otros artículos de exportacion recogidos en las montañas que dominan á Riohacha y Santa-Marta (del lado occidental) y en las extensas selvas y llanuras de _Chiriguaná_ y _Valle-Dupar_. El dia que ese excelente rio sea navegado por vapor, como el Magdalena, se desarrollará un gran progreso industrial en esas comarcas de asombrosa fertilidad y riqueza. No hay un tinte estimable, una madera exquisita, un metal ó un producto de los trópicos que no pueda obtenerse allí para llevarlo por el Cesar y el Magdalena al consumo del mundo comercial.