Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 65 de 76

CAPITULO I. — parte 2

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Un pobre vecino del Escorial se encargó de conducirme por una ruta trasversal al pequeño pueblo de _Guadarrama_, miserable caserío de 380 vecinos, á fin de tomar allí la diligencia que gira de Madrid á Valladolid. El buen hombre me atavió un troton mas duro que las piedras, que cargó conmigo con la mejor voluntad de que es capaz un rocin; y por su parte se echó á andar á buen paso, caballero en una yegua de humor apacible y dócil, encajado entre las maletas y el baúl que componian mi modesto equipaje.

El tal castellano-nuevo, sencillo, honradote, pero con ciertas puntas de malicia epigramática que distinguen mucho al español casi en todas las provincias, me hizo no solo tolerables sino agradables las tres horas del trayecto, siguiendo una hermosa pero inútil carretera que costea las eminencias y ásperas lomas de la falda oriental de la Sierra. Contóme de cabo á rabo todas las crónicas municipales de su vecindario, las disputas permanentes del Ayuntamiento y los vecinos con los administradores del real sitio, las miserias de los habitantes, su modo de vivir y sus alegrías en las épocas en que la Corte reside en San Lorenzo. Esta cronista, hablando sin amargura y con honrada sencillez, hacia, sin pensarlo, la acusacion de todo un pueblo contra sus gobernantes. La voz de aquel rústico labriego, resonando en los peñascos escarpados, en la oscuridad y en el silencio de la noche, me impresionaba profundamente, haciéndome reflexionar en el inmenso y secular drama de la civilizacion cuyas escenas, aunque infinitamente variadas en la forma, presentan en definitiva el mismo espectáculo de lucha: pueblos víctimas, y soberanos victimarios de una manera ú otra....

Eran las diez y media de la noche cuando me apeaba pidiendo la hospitalidad en una de las posadas principales del _puerto_ de Guadarrama, punto donde se produce la mas profunda abra de la serranía para dar paso entre las dos Castillas. Hube de pasar por la cocina para poder penetrar hasta mi dormitorio. Molido por el troton y casi aterido de frio, quise esperar el sueño en un rincon de la cocina, donde al derredor de un gran fogon estaban agrupados cinco ó seis castellanos departiendo sobre las cosas del dia mas importantes para ellos. Caras curtidas por el sol y el viento, severas pero simpáticas, de ojos inteligentes, expresivos y un poco burlones; un acento mesurado y sonoro, y de correcta pronunciacion en lo general, y un aire de benevolencia y honradez, distinguian á esos rústicos hijos de la Vieja Castilla. Sus pantalones cortos, ligados á las polainas muy modestas, en dos de ellos, haciendo juego con la chaqueta de paño burdo y el sombrero de anchas alas, armonizaban con el vestido de los otros, casi totalmente cubierto por el sayal ó manta de lana parda ó amarillenta.

Cuando me acerqué al grupo campechano se discutia sobre alimentacion, y las opiniones eran unánimes en condenar las papas (que en España llaman _patatas_) como indignas de la especie humana. Efectivamente, en todo el país las papas son miradas generalmente con tal desprecio que tienen su aplicación preferente en la ceba de los cerdos.

El pan, las habas, las judías (ó frisoles), el tocino y sobre todo los garbanzos, constituyen la base general de la alimentacion popular. El vino tiene un consumo relativamente muy reducido. Acaso el pueblo español es el mas frugal de los de Europa, alimentándose principalmente con legumbres y granos. De seguro que es el primero en sobriedad.

La conversacion rodó luego sobre los ferrocarriles, y fué entónces cuando me interesó mas, probándome el buen sentido de aquellos labriegos. Uno de ellos, que por mucha fortuna había ido á la _Corte_ recientemente (la _Corte_ es el nombre enfático de Madrid), contaba que se había _embarcado en la máquina_, para ir hasta Valdemoro á una diligencia.

--Vamos, ¿y es cosa de quedarse uno _pasmao_, como cuentan? preguntó uno de los departidores.

--Ca, hombre! si aquello es lo que hay que ver, respondió el viajero feliz.--¡Qué correteo de máquina, por Cristo!

--¿Y asusta el embarcarse?

--Pues ya! Al comenzar la carrera da resoplidos y _jumea_ como un horno encendido; pero luego es el gusto. No es mas que abrir y cerrar un ojo, y héteme Usté al fin del viaje.--Eso es como cosa de encantamiento.

--Pues ni mas ni ménos. Barato y ligero, como quien vuela.

--Diantre! que no tengamos otro igual por estos cerros de Dios!

--Ya vendrá, que lo están haciendo de Madrid á Francia, y la máquina nos pasará por entre las barbas, como, quien dice.

--Pues no les arriendo las ganancias á los posaderos y muleteros. El mayoral de la otra casa sé hará sacristan si quiere yantar judías y buen tocino.

--Quién dijo tal! Usté no entiende el cuento.

--Pero si todo pasará tan de ligero, quién se ha de apear en Guadarrama!

--Ca! que se está Usté diciendo! ¿Pues no considera Usté que nos lloverán los franceses como granizo y pasará gente como pájaros? Y luego, échele Usté trigo á la tierra y saldrá la harina de Castilla hasta por los ojos; que en habiendo caminos todo será barato y bueno, y andaremos mas á priesa.

--A lo ménos eso dicen los que lo entienden en la Corte, y así me lo pienso yo tambien cuando recapacito en mi viaje de Madrid á Valdemoro, que fué cosa de media hora.

--¿Y qué espera el Gobernador que no nos echa un camino de esos para cada atajo?

--Pues si diz que no hay con qué.

--Ca! qué me cuenta Usté! Y las pesetas que nos tira el Estao? Y los estancos y las loterías? La pecunia les sobra, y no les falta á los mandones sino la buena volunta.

Por ese estilo continuó la conversacion durante mas de una hora, y he procurado trascribirla tan fielmente como la recuerdo, sin agregarle nada (pero suprimiendo ciertas interjecciones), no porque el asunto sea chistoso ni importante como una manifestacion de costumbres castellanas, sino por su significacion. Aquellos labriegos ignorantes pero de muy buen sentido, me daban en cierto modo la clave de la sociedad española. Con muy clara inteligencia comprendían perfectamente el interes del progreso en las comunicaciones, adivinando el fenómeno de la armonía en virtud del cual un adelanto engendra otros muchos. Al mismo tiempo acusaban al Gobierno, ó le atribuian instintivamente la responsabilidad por la falta do esos ferrocarriles que admiraban sin conocerlos.

Yo reflexionaba al oírlos en la falsedad del sofisma de la raza, que ha hecho tan vulgar la opinion de que los Españoles no progresan sino muy lentamente ó permanecen en mucho estacionarios, por una incapacidad proveniente de su pereza genial. Y al mismo tiempo veia la consecuencia lógica del espíritu reglamentario, en esa disposicion que tienen los pueblos á imputar la causa de su pobreza y todos sus males á los gobernantes. El pueblo español no es perezoso por carácter. Es que las instituciones de muchos siglos, privándolo de su personalidad, le han hecho perder todo hábito y aún todo instinto de iniciativa. Hoy es un pueblo de fuerzas pasivas, latentes (pero muy elásticas en el fondo) que necesita de impulso para todo progreso, pero que al recibirlo hará cuanto otros pueblos sean capaces de hacer. Mas esa impulsion no deberá salir del gobierno para ser fecunda, porque la reglamentacion la neutralizaría. Es la libertad en todos sentidos, y muy especialmente en lo económico y político, la fuerza que puede vivificar y engrandecer á la sociedad española.

¡Cuántos hombres de Estado aceptarían resueltamente las doctrinas liberales, si escuchasen las conversaciones de la muchedumbre ignorante pero certera en sus instintos! Ella ve que el gobierno es todo, lo abarca todo y lo hace todo ó lo prohibe. Y la lógica mas elemental le hace comprender al pueblo que lo que se deja de hacer, ó está mal hecho, en cualquier asunto de interes social, tiene que ser atribuido á la incapacidad, la malevolencia, el egoísmo ó la avaricia del mismo gobierno.

Confieso que los seis ó siete labriegos castellanos me hicieron el servicio, sin intencion, dé enseñarme algunas verdades ó confirmarme en ellas. El sueño me venció miéntras pensaba en el inmenso porvenir que le está reservado á la España progresista y demócrata.

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