Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 64 de 76

CAPITULO I. — parte 1

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EL ESCORIAL.

La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un _Real-sitio._--El ciego Cornelio.--San Lorenzo.--La _Casa del Príncipe_.--Algunas reflexiones.--Una escena de costumbres castellanas.

Despues de una segunda y muy corta residencia en Madrid, aprovechada en observaciones importantes, debia volverme á Paris por la via de Burdeos, recorriendo de paso lo mas importante del nor-oeste de España. La vía directa hácia Valladolid era la mas natural; pero debia aprovecharla con una ligera desviacion, á fin de visitar el _Escorial_, monumento que los Españoles han denominado la _octava maravilla_, titulo sobre cuya justicia no quiero disputar con ellos.

La gran carretera que comunica á Madrid con las provincias situadas al occidente-norte de la Sierra de Guadarrama, baja por el pié del Palacio-Real, monumento que, si de cerca no me pareció de mucho gusto, tiene de léjos una majestad incuestionable. Madrid quedaba atrás asentada sobre sus colinas desnudas, y la diligencia rodaba por la márgen derecha del _Manzanares_, riachuelo que se ha hecho célebre en 1859 por un escandaloso proceso ministerial, que solo ha servido para hacer comprender á los Españoles que el código penal no alcanza en su país hasta las regiones del poder, sea presente ó pretérito.

A la izquierda íbamos viendo (yo iba en compañía de tres jóvenes Peruanos que deseaban también visitar el Escorial)--íbamos viendo, digo, un inmenso parque perteneciente al marido de la reina, llamado el _Pardo_, que hacia vivo contraste con la desolacion de los demas terrenos que rodean á Madrid. Al mismo tiempo teniamos á la derecha (en las márgenes del Manzanares, sombreadas por larguísimas hileras de árboles corpulentos que terminan los jardines del palacio), un curioso espectáculo. Centenares de lavanderas, ó acaso mas de mil, estaban establecidas allí, levando ropa en las orillas, entre hileras y laberintos de estacas, perchas, _ranchos_ de forma primitiva y construcciones de piedra y madera á estilo de embarcaderos ó muelles, destinadas á favorecer todos los trabajos de aquellas pobres gentes. Una multitud de pequeños canales, semejantes á los de irrigacion, sirven para distribuir y mantener ó hacer salir las aguas en todos los lavaderos que no están situados sobre las orillas mismas del riachuelo.

La vista de aquella escena me interesó, haciéndome reconciliar un _poquito_ con esa casa reinante que tiene monopolizados para el placer los sitios mejores, y que se olvida casi totalmente del pueblo, en tanto que aloja en un palacio sus mulas reales y sus caballos de sangre azul. En efecto, las lavanderas de Madrid gozan de la proteccion especial de la reina, y es ella quien ha costeado los rústicos aparatos ó lavaderos donde ganan la vida esas pobres mujeres, trabajando al sol y á la intemperie. Aquello vale bien poco, pero al ménos es de aplaudirse la intencion.

A medida que la diligencia va subiendo las faldas de la serranía, el paisaje toma un aspecto mas y mas severo, melancólico y desolado. Donde quiera lomas escarpadas, sin vegetacion ninguna, enormes peñascos graniticos, de tinta oscura, campos desiertos y sumamente accidentados,--ausencia de poblacion, de cultivo y de vida. Todo aquel país tiene mucha semejanza en su aspecto general (aunque no en las especies de sus malezas ni en su estructura geológica) con las altas regiones llamadas _páramos_, tan tristemente hermosas en las cordilleras de los Andes. Apénas llamaban la atencion algunas canteras de piedra y los trabajos de nivelacion que se hacian para el ferrocarril del _Norte_, que debe ligar á Madrid con Bayona, pasando por el Escorial, Valladolid, Búrgos é Irun. Fuera de Madrid no se ve sino el desierto: un mar de rocas,--la soledad y el abandono.

Así, apénas merecen mencion los cuatro pueblos miserables que median entre el del _Escorial-de-arriba_ y Madrid (_Aravaca, Rosas, Galapagar_ y _Escorial-de-abajo_) con una poblacion total de 1,500 habitantes. _El Escorial-de-arriba,_ término de la via en diligencia, contiguo _al Real sitio de San Lorenzo_, apénas cuenta 1,510 vecinos que, vegetando en la mayor pobreza, solo pueden _rumiar_ lo que les dejan los viajeros y curiosos que van á visitar la famosa obra de Felipe II. Si las cercanías de aquel pueblo son bellísimas y el aspecto exterior de los edificios (todos de muros de granito) ofrece una engañosa apariencia de bienestar, la realidad es bien triste y el contraste irritante.

Aquellos 1,500 vecinos viven en la mayor pobreza, sin un rincon de tierra que cultivar, sin hallar siquiera donde recoger alguna leña para su hogar. Aires purísimos, inmensas canteras graníticas sin valor y aguas deliciosas y abundantes,--he ahí todo lo que tienen á su disposición aquellos contempladores de la grandeza real. Pero como hasta ahora no se ha demostrado la posibilidad de que ningun cuerpo viviente se mantenga con aire, agua y rocas graniticas, resulta que los vecinos de la «Octava maravilla» viven poco mas ó ménos muertos de hambre, sin que les valga la protección de San Lorenzo. Decididamente un _real sitio_ es una mala vecindad en España.

Lo que allí se llama el «Real sitio do San Lorenzo» es en verdad un paraíso,--un oásis encantador de verdura, corrientes bulliciosas, lustrosos rebaños y primores, en medio de una vastísima soledad de peñascos y lomas estériles. Los parques y las dehesas del Escorial tienen una frescura que arrebata al viajero, encantado con la contemplacion del panorama que se desarrolla á sus piés, hácia Madrid, por las faldas ondulosas ó abruptas de la Sierra de Guadarrama. Todo lo que puede ser cultivable ó aprovechable de algun modo en aquellas eminencias; pertenece á la casa real. Lo _demas_ á los vecinos de los dos Escoriales, tan bien librados los unos como los otros.

Así como las fronteras nacionales tienen sus jefes de aduana sin cuyo _pase_ no es posible entrar, el real sitio de San Lorenzo posee un interesante personaje (nada antipático por cierto) sin cuya compañía es de todo punto inútil, si no imposible, visitar los monumentos, los jardines y demas bellezas del lugar. Ese personaje es un ciego, llamado Cornelio, de reputacion mas que europea, anciano muy bondadoso y atento y de una memoria prodigiosa apesar de sus setenta y seis años. Cornelio es el guia ó _cicerone_ obligado de todo el que visita el palacio del Escorial. El siglo XIX lo encontró ya privado de la vista, y durante cincuenta ó mas años el pobre ciego ha recorrido por lo ménos quince mil veces todos los claustros, salones, galerías, escaleras y patios del inmenso edificio, y relatado dia por dia los mismos hechos y las mismas cosas á centenas de miles de curiosos visitadores. Él ha conversado con los reyes y príncipes, los generales y diplomáticos, los sabios y eruditos, los artistas y estudiantes, los viajeros de todas clases y de todos los paises civilizados. Cornelio ha servido de guia á Prescott y Washington Irving, á Victor Hugo y Alejandro Dumas y á personajes innumerables.

Aquel anciano singular es una enciclopedia en su género. Tiene tan prodigiosamente desarrollada la memoria, como el tacto y el oido (á virtud del hábito y de la falta de la vista), que conoce muchas veces las nacionalidades por el acento, aún respecto de razas muy lejanas y heterogéneas,--porque recuerda cómo hablaban el Ruso tal y el Griego cual, este Americano y aquel Escandinavo ó Aleman, mucho tiempo ántes. Inmediatamente que supo mi orígen, me preguntó por todos los Colombianos que habian visitado el Escorial, y muy particularmente por el señor José Ignacio París, el colonel Joaquín Acosta Y otros sujetos muy notables que no existen.

Cornelio tomó un baston y echó á andar con el mayor desembarazo en direccion al palacio y convento del Escorial, situados en una eminencia que domina todo el panorama. Cárlos V legó á Felipe II el encargo de consagrar la memoria de la batalla de San Quintín por medio de un monumento que, bajo la advocacion de San Lorenzo, sirviese de mausoleo á los restos del emperador-fraile que tanto conmoviera al mundo. Felipe II encomendó la obra á los famosos arquitectos Juan de Herrera y Juan Bautista de Toledo, y, á fuer de rey _piadoso_, quiso que no solo se construyese un palacio admirable, sino tambien un esplendido convento y una iglesia maravillosa. Para hacer mas vivo el recuerdo de San Lorenzo se dió á esos monumentos la forma general de una parrilla, símbolo del suplicio del Santo.

Supongo que el lector no se prometerá la descripcion detallada de ese colosal monumento, repleto de primores artísticos, tarea que exigiría un grueso volúmen y sólidos conocimientos de arte. No me es posible detenerme sino en algunos de los rasgos mas salientes. Para que se tenga una idea general baste saber que el edificio en masa, comenzado en 1563 y terminado en 1584, y que dió ocupacion á los mas eminentes artistas de la época, es integramente de granito, constituyendo una mole inmensa y formidable dividida en varios cuerpos. El palacio, que hace frente á tres grandes edificios accesorios (construidos para el servicio de los ministerios cuando la Corte residia allí), se comunica con ellos por medio de un estupendo subterráneo, que por sí solo es una obra de gran mérito.

El palacio propiamente dicho tiene: 16 patios, 9 torres, 76 fuentes, 80 escaleras y 10,032 puertas y ventanas, de las cuales 1,110 exteriores. El patio principal está dominado por la gran fachada que mide 744 piés de longitud, formándose allí una gran plazuela cuadrilonga; miéntras que por la fachada del sur el otro patio mide 580 piés. Esa fachada (llamada de _los Reyes_) es por sí sola un monumento admirable. Aparte de sus obras de arquitectura, llaman allí la atención las estatuas de San Lorenzo y los reyes bíblicos (David, Salomón, Isaías, Josafat, Ezequiel y Manasías), cuyas cabezas y manos son de mármol blanco de Carrara, los cetros y coronas de bronce dorado y los cuerpos de granito. Cada una de las siete estatuas, de un bello trabajo, tiene 8 piés de altura, y todas ellas salieron de un solo trozo de granito, sobrando bastante material aún. Por eso el escultor (Bautista Mornedro) hizo escribir en la portada estos _versos_ macarrónicos alusivos á la bienaventurada piedra:

«Dichoso _canto_ Que dísteis Para seis reyes y un santo, Y sobró para otro tanto.»

El conjunto del edificio corresponde en lo general á los órdenes jónico y dórico, aunque en la fachada de los Reyes y el altar mayor de la iglesia están combinados los cuatro órdenes de la arquitectura del Renacimiento. La iglesia es, en pequeño, una primorosa imitacion de San Pedro de Roma, con un lujo de ornamentacion que sorprende y seduce, y mil trabajos de escultura y pintura que arrebatan y embelesan sucesivamente. Hay allí frescos deliciosos que le dan al recinto un no sé qué de celestial y sublime, impresionando profundamente. Compónese la iglesia de tres naves, en un conjunto de forma casi cuadrada, dominándolo una soberbia cúpula, y terminándolo un coro alto que sé prolonga en una galeria circular hasta rodear el altar mayor. El cimborrio tiene la considerable altura total de 351 piés, rematando en una cruz de bronce de 913 kilógramos de peso, que reposa en una enorme bola de bronce dorado tambien, con 7 piés de diámetro y 1,662 kilógramos de peso. Todo en este monumento tiene las proporciones de lo colosal y suntuoso. Ademas de los 42 bellos altares de la circunferencia, cada uno de los cuales está cuajado de obras maestras de arte, el altar mayor, todo de bronce dorado al fuego, es de una magnificencia y finura prodigiosas.

La Biblioteca es una de las joyas mas valiosas del Escorial. Ademas de sus interesantes colecciones de libros (que exceden de 40,000 volúmenes) contiene como 10,000 manuscritos, algunos de ellos preciosísimos por su especialidad ó por sus obras de arte. Son muy notables: un _Koran_ tomado al sultan de Marruecos por D. Pedro de Lara;--un _Devocionario_ de Felipe II, en hojas de pergamino;--otro de Isabel la Católica, en papel vitela, y un _Códice_ aleman (de Espira) que contiene los cuatro Evangelios, todos admirables como obras de caligrafia y miniatura, en que se revelan al mismo tiempo una increible paciencia y una maravillosa habilidad y finura de pincel y pluma. Toda la techumbre de la Biblioteca contiene bellos frescos, y de los muros penden algunos retratos históricos muy estimables.

Si la techada principal, la iglesia y la Biblioteca tienen mil preciosidades, la grande escalera del palacio es un famoso monumento, notablemente por los gigantescos frescos históricos que representan la batalla de San Quintin en Francia y los personajes mas importantes del Escorial, como Cárlos V, Felipe II, etc. Un asombroso laberinto de escaleras, galerías y salones, en que sería fácil perderse, permite llegar al fin á los departamentos reales ó del _Palacio_ propiamente dicho. Allí cada salon y cada aposento es un museo, donde se ha reunido cuanto el arte puede haber producido de mas bello, delicado y primoroso en España, desde la época en que el monumento fué construido, ya en materia de pintura y escultura, ya en cuanto á tejidos artísticos (tapicería), dorados, ebanistería, cerrajería, etc.

Así, las piezas corresponden á cuatro clasificaciones generales: unas que son galerías de pinturas; otras que ostentan principalmente sus tapicerías superiores; otras notables solamente por sus frescos; y otras en fin (especialmente los aposentos de la reina) donde se admiran mil primores en madera, marfil, nácar y metal, en los muebles finísimos, las puertas y ventanas, los pavimentos, etc. Es incalculable el valor de tantas maravillas, cuya sola mencion exigiría muchísimas páginas, sin hacer resaltar por eso lo que hay de admirable en tantas obras de arte. No se sabe qué apreciar mas entre tantos cuadros de Rafael, Parmesiano, Reni, Murillo, Ribera, Cano, etc., tantas preciosas tapicerías flamencas pintadas por David Teniers, ó por Goya, nacionales; tantos tesoros de ebanistería; tantas riquezas en frescos superiores y prodigios de todas clases. La sala de las _Batallas_, cuyos enormes frescos (pintados por Granelli y Fabricio) carecen absolutamente de perspectiva, son sinembargo muy interesantes por su asombrosa variedad y riqueza de detalles y figuras, que trazan la historia de las batallas de D. Juan II de Castilla contra los Moros de Granada, y de Felipe II contra los Franceses en la ciudad de San Quintin y otras de Francia.

Para que se tenga una idea de la inmensidad de riquezas consumidas en la ornamentacion del Escorial, me bastará indicar un hecho. Las cuatro pequeñas piezas llamadas «aposentos de la reina», repletas de _filigranas_ de todo género, mesas de pórfido, oro, nácar, carei, etc., y cuyos muros están cubiertos de tela de razo bordado de oro, han costado 28 millones de reales de vellon (1,400,000 pesos fuertes) en lo relativo al ornato nomas. No sería exagerado calcular que todos los objetos de arte (arquitectura, pintura, jardinería, etc., etc.) que constituyen el material del real sitio de San Lorenzo, han hecho consumir por lo ménos 250 millones de pesos fuertes. Los _reales sitios_ son las vorágines profundas del tesoro español.

Durante muchos años el Escorial ha estado casi completamente desierto, aunque no descuidado, en los meses en que la Corte no reside allí,--gracias á la supresion de los conventos. Pero recientemente la piadosísima reina (que desea con ardor tener contento á Dios) ha restablecido el convento, á despecho de la ley, de un modo indirecto, mediante una comunidad, muy curiosa y original, de clérigos seculares sometidos á una regla que, segun las malas lenguas, tiene íntimo parentesco con la de San Ignacio de Loyola. Esa comunidad disimulada diz que tiene por objeto el cuidado de la biblioteca y de todos los primores del edificio. Nada hay que extrañar en la piadosa maniobra de la reina, puesto que su primer ministro, el Mariscal O'Donnell, le ha dado el ejemplo de un buen sistema, declarando á las Cámaras que su Ministerio _no moriría de empacho de legalidad_.

El panorama que se registra desde los balcones del palacio, mirando hácia abajo, es bellísimo. La vista abarca todas las faldas de la Sierra, cuyas crestas coronadas de nieve brillan magníficamente; reposa con placer sobre los hermosos bosques y prados del inmenso parque, y se deleita en la contemplacion de los lindos jardines y las espléndidas alamedas que circuyen la _casa del Príncipe_, como de los suntuosos patios y terrazas del pié del palacio, cuyas fuentes arrojan graciosamente sus aguas saltadoras entre grupos de arrayanes artísticamente cultivados. Aquel horizonte es de una poesía triste y solemne en lo lejano,--deliciosa y risueña en los cuadros de verdura y trabajos de arte mas inmediatos.

La segunda maravilla del Escorial es la _casa del Príncipe_, encantadora quinta ó palacio campestre á donde se baja por una grandiosa alameda, entre parques suntuosos, sombríos y ricos en flores y perfumes. Ese edificio, cuyas formas son graciosísimas, es un museo de incomparable valor, desde la entrada hasta los mas recónditos aposentos. Es indecible lo que hay allí de tesoros en pinturas (de todas las escuelas del mundo y con mucha abundancia de obras maestras), en esculturas de todos estilos,--ya en mármol, ya en marfil, pasta de arroz, carey, nácar, etc.,--en tapicerías y trabajos de ebanistería, bordados, doradura, etc. Un artista podría vivir años en aquel santuario de primores, sin cansarse nunca, sino al contrario deleitándose con la suprema embriaguez de la admiracion. No hay un artista eminente de cuantos han brillado en el mundo en los últimos ocho siglos, que no tenga allí su representante. Asi, puede decirse que si el Escorial es admirable, sobre todo por su grandeza, la Casa del Príncipe le sobrepuja en muchos de los mas delicados objetos de arte.

La contemplacion de todas esas maravillas me sugirió algunas reflexiones penosas respecto de España y aún de la civilizacion en general. La península española es, sin disputa, despues de la italiana, el país mas rico en monumentos y objetos preciosos de bellas artes, pero es tambien uno de los mas profundamente atrasados (en Europa) en esa labor vigorosa de la civilizacion que se refiere al desarrollo del bienestar social. Su industria es á sus museos lo que su literatura científica á su amena literatura. Pocos pueblos han hecho tan hermosos versos y con tanta abundancia como el español; pero pocos están tan atrasados como él en el conocimiento de las ciencias físicas y matemáticas, morales y políticas. Así, donde quiera resalta en España el vivo contraste de un inmenso adelanto artístico, ya _pretérito_, y un lamentable atraso presente, en la agricultura, las fábricas, el comercio, las ciencias, las artes mas comunes, las comunicaciones, el gusto, las costumbres, etc.

¿Cambiará en breve esa situacion?

Todo lo hace esperar, puesto que los ferrocarriles y telégrafos, los bancos y sociedades de crédito, y muchas otras nuevas empresas están produciendo excelentes resultados, en reducida escala, y van trasformando la faz social del pais.

La España comprenderá que los museos y todas las maravillas de arte no pueden tener importancia sino como lujo ó refinamiento de la civilizacion, debiéndose pensar primero en los trabajos que aseguran la prosperidad económica, intelectual y política. Antes de fabricar los adornos de la casa conviene hacer la casa misma, sólida, barata y cómoda.

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