Viajes por España · Unidad 23 de 26
CAPÍTULO VII — parte 3
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Dejo, pues, para cuando esté más despacio, suponiendo que llegue á estarlo alguna vez, describir la iglesia y claustro de _San Juan de los Reyes_....., sobre todo el claustro, que parece un jardín de piedra, medio destruído por una tempestad.....--¡Ah, franceses!..... ¿Cómo no morís de bochorno, al pensar que destrozasteis aquellos primores artísticos?
También siento mucho no poder hablar detenidamente del cesáreo _Alcázar_ que sirve como de corona mural á _Toledo_, pues que se eleva sobre la más alta cumbre de la ciudad. Baste decir que es una obra digna de Carlos V, de Alonso de Covarrubias y de Juan de Herrera. El gran Emperador mandó edificarlo en aquel eminente paraje, donde yacía en ruinas el viejo Alcázar que habitaron los grandes Alfonsos.....; y es fama que, siempre que bajaba ó subía la monumental escalera, se paraba en su gran meseta y decía:--«_Sólo aquí me creo verdaderamente Emperador._»
En fin: un tomo entero no bastaría para reseñar todo lo que hay que ver en _Toledo_, desde que se la descubre, escalonada en aquella especie de erguida península, ó corpulento promontorio ceñido por el profundo Tajo, y se comienza á subir la áspera cuesta, y se pasa el venerable _Puente de Alcántara_, y se penetra por la histórica y bellísima _Puerta de Visagra_, hasta que se recorre aquel dédalo de torcidas calles arábigas, y se baja por el lado opuesto, y se vuelve á salir al campo por el _Puente de San Martín_.--Sinagogas; mezquitas; alminares que sirven de torres á iglesias cristianas; _Puertas_ tan notables como la del _Cambrón_, que compendia toda la historia de _Toledo_, pues en ella han puesto mano Wamba, los moros y Carlos V, ennobleciéndola más y más con cada restauración; ruinas de _Palacios_ tan interesantes, respectivamente, como los que habitaron D. Pedro el _Cruel_ y D. Enrique de Trastamara; murallas del tiempo de D. Rodrigo; el _Baño de la Cava_; la _Capilla mozárabe_ de la Catedral; la gran _Fábrica de Armas_, donde se siguen forjando y templando espadas como las que nos valieron tantas victorias en otros días; _El Cristo de la Vega_ de la leyenda de Zorrilla; la romántica Plaza del _Zocodover_; la _Posada de la Sangre_, contemporánea de Don Quijote; ¡qué sé yo cuántas cosas me han entusiasmado durante mi estancia en _Toledo_!.....
Citaré únicamente, para concluir, mis últimas emociones en la que llamaré _nuestra ciudad eterna_.
Había llegado el momento de regresar á Madrid, al mundo de la política y de los negocios.....
La tarde era tempestuosa..... Negras nubes y remotos truenos amenazaban á los toledanos con una gran tormenta.
Tenía yo resuelto de antemano que mi última visita sería para la _Catedral_, donde ya había estado lo menos ocho veces en el espacio de dos días.....--Deseaba despedirme allí solemnemente de TOLEDO.
Mi compañero de viaje y querido amigo el insigne músico D. Mariano Vázquez me esperaba en la gran Basílica, enteramente solo, sentado delante del magnífico órgano llamado del Deán, arrancando de su hondo seno solemnes y patéticos gemidos.--Tocaba la _Marcha fúnebre en la muerte de un héroe_, escrita por Beethowen el día que supo que Bonaparte «había descendido hasta el extremo de coronarse Emperador».--El sacristán se había prestado también á ejercer el oficio que no era el suyo, encargándose de los fuelles.....
Las bóvedas de la Catedral temblaban ante aquella tempestad de armonía que lanzaba el poderoso instrumento. Las últimas luces de la tarde penetraban desfallecidas por los calados rosetones, dando fantásticos contornos á las figuras pintadas en los vidrios.--Abajo, en el templo, estaba yo solo.....
¿El canto de gloria y de muerte que exhalaba el órgano, caía sobre tantas sepulturas, sobre tanta grandeza desvanecida, sobre tanta soberbia humillada, como un sufragio ó como un anatema?..... ¡No sé!
Perdido yo en la sombra de aquellas frías y solitarias capillas, creía que el _héroe_ muerto de la composición de Beethowen era el _honor español_.
A lo lejos me pareció oir las carcajadas de la moderna corte de España, confundidas con las risas de desprecio de los riffeños, de los mejicanos y de los poseedores de Gibraltar. ¡Hasta creí sentir ruido de mejillas abofeteadas, y nuevas risas, y crujidos de huesos que se removían indignados bajo las losas de los sepulcros!
«¡Los extranjeros nos insultan!.....»--gritaba una voz en los aires.....
El órgano había callado. Levanté la frente, y quise huir..... Pero ya era de noche, y las tinieblas me rodeaban.--Llegó en esto mi amigo, y me sacó de la Catedral.
Una furiosa tormenta estaba descargando sobre _Toledo_..... Pero se acercaba la hora de partida del tren, y tuvimos que salir á escape entre la granizada y el huracán, como almas que se lleva el diablo.
Tres horas después me hallaba en el café Suizo de Madrid.
Junio de 1858.
EL ECLIPSE DE SOL DE 1860
Doy fe de haberlo visto con mis propios ojos, ayer á 18 de Julio, de dos á tres de la tarde, desde las venerandas ruinas de Sagunto, ó sea desde lo alto del castillo de Murviedro.
Con este solo fin había salido la víspera de la villa y corte de las Españas en el tren correo. Al pasar por Valencia se me agregaron, según estaba convenido, algunos poetas de las márgenes del Turia, con quienes me liga antigua amistad, y todos juntos llegamos al castillo una hora antes de la anunciada por el Calendario para el comienzo de la gran tragedia celeste.
En aquel histórico lugar, donde comenzaba la zona en que sería _totalmente_ visible la catástrofe, no se hallaba constituída ninguna comisión de astrónomos, armada de instrumentos, con objeto de hacer la autopsia al astro-rey luego que muriese....., y por eso mismo habíamos determinado mis amigos y yo establecer allí nuestro observatorio poético, ganosos de experimentar en el momento solemne todas las emociones dramáticas y religiosas de la inocencia ó de la ignorancia.....--Estábamos, pues, solos con el _coro trágico_, y el coro trágico se componía de labriegos del país..... ¡De aquellos labriegos que rara vez suben á la antiquísima fortaleza, pero siempre para honra y gloria de España!
Así lo pensaba yo al ver al actual pueblo saguntino subir desde la villa á la ciudadela. Pensaba en el día que sus antepasados subieron por aquellas mismas rampas talladas en la roca, y no volvieron á bajar, sino que perecieron heroica y voluntariamente, dando al héroe cartaginés el más grande espectáculo de patriotismo que registra la historia: ó recordaba aquel otro día, casi de nuestro tiempo, en que las tropas de Napoleón se estrellaron una vez y otra contra aquel ruinoso baluarte, guarnecido por un puñado de valientes, que acababan de dejar el arado para subir á defender á costa de su vida el _muro viejo_ (Murviedro).
A la verdad, estas consideraciones históricas eran muy adecuado prólogo al épico suceso que aguardábamos. Todo ello tenía dimensiones homéricas; y como el cielo, la tierra y el mar que se desplegaban ante nuestra vista eran los mismos de hace veintidós siglos, hubo momentos en que perdí toda conciencia del tiempo, ó en que confundí lo pasado con lo presente, y aun con lo futuro, que era el eclipse.....
A mis pies veía, por una parte, las imponentes ruinas del _Anfiteatro romano_; por otra, la villa actual; alrededor, una verde llanura poblada de algarrobos, olivos y moreras, y más lejos el azul Mediterráneo, ó suaves cordilleras de montañas que delineaban, por decirlo así, un magnífico y resplandeciente horizonte.
El día estaba sereno y caluroso. El sol inundaba de luz las soledades del espacio, animando y engrandeciendo el vastísimo paisaje. Largos y monótonos zumbidos de cigarras y de otros insectos voladores poblaban el aire de un sordo y soñoliente murmullo, que convidaba á la siesta. Callaban las aves, adormecidas por el calor, y callaban también los hombres, atentos al deicidio que se preparaba en los cielos.
A la izquierda, y precisamente donde empezaban á amontonarse algunas cenicientas nubes, divisábase un rompimiento de la cordillera, que me dijeron daba paso al _Desierto de las Palmas_.--Allí, lo mismo que en otros parajes de la Península, miles de humanos seres, olvidados de las agitaciones y mezquinos intereses de esta vida, estaban como nosotros en expectación del fenómeno celeste; unos llevados de amor á la ciencia, otros de culto á lo maravilloso, quienes del miedo, quienes de mera curiosidad.
En lo que á mí toca, yo consideraba en aquel instante al género humano de un modo que no lo había considerado nunca: no ya como una especie privilegiada que cumple estos ó aquellos destinos en el mundo; no como _actores_ del gran teatro del universo; no como los personajes principales del largo drama que llamamos Historia, sino únicamente como _espectadores_ alojados en un pequeño planeta, como simples pobladores de nuestro globo, como accidentes de la creación, como testigos de la marcha misteriosa de mil mundos. Las ciencias, la política, la filosofía, los odios, las ambiciones, el amor, la guerra, el infortunio, todo lo que constituye nuestra cotidiana vida, había perdido su interés en aquel momento. Todos los hombres resultaban iguales. Un poder superior, la incontrastable fuerza que rige los orbes, les hacía pensar en cosas más grandes que la sociedad y que la civilización. ¿Qué eran, qué podían ser las potestades humanas, cuando mundos enteros aparecían como frágiles barquillas perdidas en el infinito espacio, y se les veía navegar á merced del potente soplo que los empuja por sus misteriosos derroteros?
Eran ya las dos....., la hora anunciada y esperada hace tanto tiempo por los astrónomos.
El eclipse había principiado; pero aun no se percibía alteración alguna en la luz del sol.
A eso de las dos y media empezaron á palidecer las nubes, mientras que el mar se ponía cada vez más sombrío.
La luz del sol era blanca como la de la luna, y la sombra de los cuerpos intensamente negra, pero de vagos contornos.
El cielo estaba despejado; la atmósfera diáfana. ¡El sol se hallaba en el mediodía; y, sin embargo, se aproximaba la noche!
Nuestros semblantes se iban poniendo lívidos..... Una claridad fúnebre, que ya no era semejante á la de la luna, sino á la de la luz eléctrica, alumbraba fantásticamente la ciudad y las ruinas del Anfiteatro.
Las nubes tomaban un color gris como el de la ceniza. El mar continuaba obscureciéndose.....
¡Y nada de esto se parecía al anochecer!..... Lo imponente era el ver que allá, en las regiones superiores del cielo, seguía siendo de día, mientras que en la infortunada tierra y en su atmósfera cundía la obscuridad. Es decir: ¡que la luz del cielo no llegaba ya á la tierra!
Por lo demás, á la simple vista no se notaba todavía alteración alguna en el disco del sol. Ciertamente, casi todo él estaba eclipsado; pero el ligero limbo que aun se percibía, irradiaba el suficiente fulgor para ocultar á nuestros débiles ojos la gran sombra que ya amenazaba sepultarlo.
Tenemos, pues, que el sol reverberaba en el cenit; que el cielo, ó sea el espacio á que no alcanzaba la sombra de la luna, seguía inundado de luz como antes del fenómeno, y que, sin embargo, la noche caía sobre la tierra, súbita, aceleradamente ya, sin gradación ni crepúsculo, como si nuestro planeta hubiese tenido luz propia y un soplo del Hacedor la hubiera apagado repentinamente.
¡En esto--(todo lo que ya diga sucedió en menos de un segundo)--en esto expira instantáneamente el último fulgor; cambian de aspecto todas las cosas; vense lucir dos estrellas cerca del astro agonizante; levántase un espantoso viento; hace frío; corren las nubes; ennegrécese el mar; camina la sombra á nuestros pies; parece que se desquicia el cielo, como cuando se muda una decoración en el teatro; muere el sol....., y sustitúyele un astro nunca visto, un meteoro fúnebre y grandioso, más bello que todo lo imaginado por el hombre!.....
Un grito de terror sale de mil pechos. Las gentes sencillas que nos cercan creen indudablemente que se acaba el mundo..... Pero, al ver que el sol ha sido reemplazado por aquel fenómeno tan hermoso y sorprendente, nuevo alarde del poder y de la sabiduría del Eterno, prorrumpe en un aplauso, en un viva, en un _bravo_, en una aclamación frenética y entusiasta.....
Este singular y tierno aplauso al Autor de la naturaleza, pone las lágrimas en mis ojos..... El espectáculo de la _conjunción_ eriza los cabellos..... El cuadro que me rodea, la hora, el sitio, todo contribuye á horrorizarme, á conmoverme, á levantar mi espíritu, á revelarme la inconmensurable grandeza de Dios.
El Gólgota, tal como se le pinta á las tres de la tarde de aquel tremendo y glorioso día en que murió Jesús; el Juicio Final, profetizado por el _Apocalipsis_; el Diluvio, Pompeya, los terremotos americanos.....; yo no sé cuántas y cuán extrañas cosas pasaron por mi imaginación.
Entretanto....., ¡qué maravillosa, qué sublime apariencia la de los cielos!
El _astro_ que había sustituído al sol, diríase que era su catafalco, su iluminado túmulo, su _capella ardente_.--Imaginaos un cielo sombrío, y en medio de él una gran placa negra y de oro, una enorme estrella esmaltada..... ¡Yo no sé cómo os lo diga!.....--Imaginaos el disco de la Luna, negro como el azabache, y en torno suyo una orla de lumbre formada por la irradiación del sol, que está detrás. De esta orla parten divergentemente cuatro ó cinco ráfagas de plata y oro, como los destellos que vemos en las aureolas de los santos góticos.--Era, pues, un astro de luto; el cadáver del sol; la luz vestida de negro.--Sol y luna formaban un solo cuerpo, engendro misterioso que representaba á la vez el día y la noche.....
--¡Oh Dios (pensábamos todos en aquel momento)! ¡Cuán infinito es tu poder! ¡Cuántas nuevas maravillas pudieras crear, aun después de haber llenado de ellas tantos mundos! ¡Qué habrá que se iguale á la última de las cosas, si tú pones en ella tu mano augusta!
Poco más de dos minutos, que nunca olvidarán los mortales que han presenciado esta gran tragedia, duró el eclipse total.--El pueblo seguía aclamando á Dios, con los brazos alzados al cielo, con las lágrimas en los ojos.....
La obscuridad no era tanta que dejásemos de vernos unos á otros..... Pero ¡de qué manera! ¡Qué fatídica luz en nuestras frentes! ¡Qué lobreguez en las nubes! ¡Qué aparente movilidad en el suelo que pisábamos!
De pronto cae de aquel extraño fenómeno un borbotón de luz, un río de oro, un torrente de fuego que inunda instantáneamente toda la enlutada atmósfera.....
Un nuevo aplauso, un nuevo grito, mil y mil bendiciones á Dios pueblan el espacio.
--¡El SOL! ¡El SOL!--exclamamos todos con amorosa alegría.
--¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea Dios!--repetimos, llenos de gratitud y de entusiasmo.....
Y hay otro cambio súbito en la naturaleza, y tierra y cielos mudan de color como por encanto, y la mar vuelve á aparecer, y las estrellas se ocultan, y el sol recobra su soberanía--con gran contentamiento de nuestros corazones, apenados un punto al ver vencido tan glorioso y potente astro por el más débil y mezquino de los mil que alimenta y vivifica su bienhechora llama......
Valencia, 1860.
CUADRO GENERAL DE MIS VIAJES POR ESPAÑA
I
EXPLICACIÓN PREVIA
Además de la media docena de _viajes_ cuyo relato circunstanciado acabáis de leer, tal y como lo escribí á su debido tiempo, y además también de mi expedición á la _Alpujarra_, que forma tomo aparte en la presente colección de mis OBRAS, he realizado otras muchísimas correrías, más ó menos poéticas, por esta bendita tierra de España, donde me cupo la honra de nacer, y donde, dicho sea entre paréntesis, protesto vivir y morir á uso y estilo de mis difuntos padres, aunque cada día se invente un nuevo Paraíso terrenal al otro lado de los Pirineos.....--Pero acontece, amigos lectores, que todavía no he tenido ocasión, ni hoy la tengo, de escribir la relación de tales andanzas, y por consiguiente, nada digo en este tomo acerca de Andalucía, Murcia, Valencia, Aragón, Navarra, las Provincias Vascongadas y otros territorios que han sido también objeto de mis peregrinaciones.
Espero en Dios, sin embargo, que algún día podré suplir este hueco, escribiendo una segunda parte de la presente obra, bajo el título de MÁS VIAJES POR ESPAÑA; y, entretanto, voy á trazar aquí una especie de índice ó cuadro sinóptico de todos esos mis no escritos _viajes_, ó sea de ese mi futuro libro, como anticipado homenaje de amor á pueblos y regiones que, por más ó menos tiempo, fueron teatro de la tragicomedia de mi vida, y también para que ni por un momento resulte que he dejado de agradecer ninguno de los goces y aprovechamientos que plugo á Dios consentirme, durante mi estancia en su finca de recreo llamada _La Tierra_, ó, más bien dicho, durante este incomprensible y rápido viaje que, hasta parados y aun dormidos, estamos siempre haciendo los hombres, desde el misterioso reino que hay antes de la cuna, al no menos misterioso que hay más allá del sepulcro.
Echaréis de menos en el siguiente _Cuadro general_ algunas visitas (que por ningún concepto he debido dejar de hacer antes de morirme) á territorios enteros tan importantes como Cataluña, Asturias y Galicia, y á tal ó cual provincia suelta de otros antiguos reinos de España..... Pero ¡amigo! me cansé y me casé: la primitiva fuerza centrífuga de mi carácter se convirtió en centrípeta tan luego como tuve casa y hogar; y desde entonces sólo he viajado lo puramente indispensable, ya comprometido por algún amigo, ó ya á remolque de alguna prosaica obligación.--Quiero decir con esto que, llegado á cierta edad ó á cierto estado de ánimo, mi antiguo afán de esparcirme, de ver, de ser visto, de correr mundo, de presenciar cuantos sucesos notables ocurrían en mi tiempo (afán que me había llevado á todo linaje de inauguraciones y espectáculos, á ver ajusticiar reos, á la primera Exposición Universal de París, á la guerra de África, á la transfiguración de Italia en un solo Estado, á la zona en que el eclipse total de sol de 1860 fué visible, etc., etc.), se trocó en una invencible tendencia á recogerme, á concentrarme, á aislarme, á vivir en mi casa, con mi familia y con mis libros, y que, por consiguiente, no pasaron de proyectos infinidad de excursiones que tenía pensado hacer, no sólo por el suelo patrio, sino por toda la redondez de la tierra.....
Portugal, Egipto, el Cabo de Buena Esperanza, los Santos Lugares, Sumatra, Grecia, Méjico, Laponia....., ¡qué sé yo cuántas regiones pensaba visitar y había ya estudiado en mapas y libros!..... ¡Qué sé yo cuántas curiosidades se me han quedado sin satisfacer y cuántos anhelos sin cumplir, para otra vez que vuelva á este planeta, aunque ello sea el propio día del Juicio Final!.....--Baste saber que, entre mis planes juveniles, entraba escribir una novela, ó más bien cuatro novelas en una, con el título de _Los cuatro puntos cardinales_, cuyos estudios para la parte del _Norte_ dieron origen á _El Final de Norma_, _Los ojos negros_, _Un año en Spitzberg_ y otros escritos míos que tienen por teatro los hielos boreales.
Conque terminemos ya este prólogo ó epílogo, y entremos en la enumeración ordenada y cronológica de todas mis caminatas _por España_.
II
ÍNDICE CRONOLÓGICO
=1846= y =1847.= Viajes en burro de _Guadix_ al _Marquesado del Cenet_ en busca de las sombras de los Moriscos;
De _Guadix_ á las grutas estalactíticas de los Baños de _Alicún de Ortega_,
Y de _Guadix_ á _Granada_, á graduarme de bachiller en filosofía.
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=1854=. Viaje en galera de _Guadix_ á _Almería_, en dos jornadas, haciendo noche en _Doña María_, donde hubo baile.--Pintura de Almería y de sus moradores.
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