Vida del general Ezequiel Zamora · Capítulo real 5 de 6

CAPITULO XV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 89 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XV

I. Desembarco el General Falcón por Morón eloJi"5bVSUí!

24 de julio, acompañado de los señores A. Guzmán

Blanco, Jacinto R. Pachano, J. M. Aristeiguieta, Wenceslao Casado, Carlos Perrero, Adolfo Chaves,

Maximiliano Iturbe, Santos C. Mattey, Ramón Pachano, Luis Armas, Amador Amias, José Armas, Francisco Silva, Narciso Flores. Gabriel Poleo, Genaro Espejo, Jesús Varguillas, Domingo Zulueta, Juan Romero, Guillermo Castés, Lope Landaeta, Antonio Terrero, Alejandro Guiet, Vitelio Luzardo, F. Arrillaga, J. María Aurrecochea, N. Rodríguez, Manuel 1>. Brea, padre e hijo. Y allí mismo circuló *u Alocución, fechada en su Cuartel General en la playa de Palma Sola á 24 de julio, en que hablando de Zamora, dice :

Desde el veinte de febrero, todo nos ha sido próspero; y permitidme, compatriotas, hacer en este lugar una mou ción honrosa del bravo Jefe, que de una en otra victoria, ha tenido la fortuna de pasear por la República la bandera estrellada de la Federación.

Salido Zamora de Coro, la heroica, con un puñado de valientes, atraviesa la tercera parte de nuestro territorio por entre un erizo de fuerzas enemigas ; toca á las puertas de las capitales de todo el Occidente ; las visita casi todas ellas ; y donde quiera que tropieza con el enemigo, lo vence y lo desarma. A las trescientas leguas de marcha, la opinión le guardaba á Harinas como premio de

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tanto denuedo, de habilidad tanta. Allí crea un ejército, lo organiza, lo arma, y seguro en su inexpugnable y rica base de operaciones, prueba todo lo que se puede, cuando se cuenta con la opinión y se tiene fe en los pueblos.

¡Viva el Ejército de Occidente como un modelo eterno para la posteridad !

Mucha dei Ge- II. De allí siguió á Alpargatón, Canoabo, Mon-

tal han, Bejuma y rsirgua; y el 22 de agosto entró con 1.500 hombres en San Felipe, desocupada ala hora del amanecer, por el enemigo, que no eran sino 40 infantes. Perseguidos por el Comandante R. Calderón, fueron cogidos prisioneros el día siguiente. Pero apenas serían veinte minutos pasados de estar en la ciudad, cuando fueron todos puestos en libertad por el Caudillo Federal. La Provincia se constituyó en Estado Federal con el mismo Gobierno provisional que nombró Zamora en marzo, teniendo por suplentes á Antonio Girón, Juan Bautista Blanco y Joaquín Tortolero. El Coronel Tirso Salaverría, fue nombrado Comandante de Armas del Estado: el ciudadano José María Ortega Martínez, Gobernador político del mismo, y Secretario suyo, el señor J. J. Freites, hijo.

Desde Urachiche habían marchado á la Costa á recibir al General Falcón, Antonio MeLdo¿a, los Peralta, Alvarado y otros cuyos nombres se nos escapan por el momento.

Funcionaban como Jefe de Estado Mayor General, el General Wenceslao Casado ; Sub-Jefe, el Coronel C. T. Itwin ; Secretario General, el señor Víctor Ariza, y Sub-Secretario, el señoi J. G. Ochoa; y Auditor de Guerra, et Doctor A. Guzmán Blanca

El 8 de setiembre se acercó el General Falcón á Barquisimeto, y en Tierritas Blancas derrotó las

anea.

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tropas centrales al cabo de hora y media de reñido combate.

III. Zamora, luego que hubo llegado á sus oídos t¿¡£5»£ esta noticia, embocó la trompeta de la gloria militar

para dar á conocer el hecho en el territorio de su mando, en los siguientes términos:

Federación Venezolana. — Estados de Coro y Occidente. — Cuartal General. — Jefatura de Operaciones. — Barinas, diez y siete de setiembre de 1859. — Ano 1? de la Federación.

Al ciudadano General Wenceslao Catado, Jefe d-e Estado Mayor General de los Ejércitos Federales.

He recibido con el oficio de usted, fecha 7 de los corrientes, varios ejemplares del Eco del Ejército, y he tenido la satisfacción de encontrar en ellos los detalles de la jornada que tuvo lugar el 3 del presente en el sitio de La Cruz de Tierra Blanca, sobre la línea enemiga goda, donde segó laureles inmarcesibles la espada redentora del invencible General Juan C. Falcón ; y me apresuro á reimprimir tan brillantes detalles en el Boletín Oficial del Ejército Federal de mi mando, para ejemplo de las fuerzas Federales y escarmiento del puñado de godos de estos lugares.

Sírvase usted felicitar al Ejército vencedor y á su denodado Jefe, á nombre de mis compañeros de armas.

Dios y Federación,

IV. Falcón ocupó en seguida A Barquisimeto, y «•*•••«»•

1 * ~ á Barquisimeto.

no bien hubo acabado de organizar la Provincia en Estado Federal, nombrando y. haciendo nombrar los empleados de todos los ramos del servicio público, cuando levantó sus reales con dirección á Guanare, teniendo bien por cierto que estaban todavía allí sitiadas las tropas del General And nido.

Su vanguardia gobernada por el General Francisco García, se acampó en Sarare el 14 al medio día, cuando el ejercito centralista maniobraba por

Acarigua y Araure.

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En aquel punto se le reunieron el Coronel Michelena con ciento trece infantes, y el Coronel Felipe Parra, con veinte de caballería.

El General Falcón llegó á Araure el 19, el mismo día que entraba en San Carlos el General Andrade. Paróse en esta villa á remediar los inconvenientes que habían retardado su marcha, pues tenía por seguro que, de allí á poco, se vería á corta distancia del enemigo. Sin embargo, como reflexionara más en sus operaciones, cambió de plan, desistiendo de seguir sobre el avisado General Andrade, que estaba ya en salvo; y al contrario, el 24 tomó la vuelta de Barquisimeto. De aquí emprendió marcha á Coro el 1? de octubre ; dejando á Trías de Jefe de Operaciones del Estado Nueva Segovia, que así llamaron el de líarquis meto (l).

AoolóSqu6Siqtti* V. El 3 derrotó el General Falcón en Siquisique las fuerzas centrales al mando del Comandante Nicolás Torrellas: y prosiguió á Coro adelantándose

1 Trías paróla persecución, y se retiró de San Rafael He Onoto á Araure el 21 ; en obedecimiento de una orden dtfl General Falcón de (pie tenemos conocimiento por la comunicación del Coronel Márquez al Estado Mayor de la División Cojedes, que dice así :

Federación Venezolana. — Estado de Portuguesa. — Estado Mayor Divisionario de la Vanguardia del Ejército Federal. — .San Kafjielde Onoto: setiembre 20 de 185».— Año Io de la Federación.

Ciudadano Coronel Jefe de Estado Mayor de la ¡>¡r¡HÍón Cojedes.

El ciudadano General Jefe de la División Vanguardia del Ejército Federal me ha ordenado decirle, lo siguiente: Con fecha de ayer me dic* desde Araure el ciudadano General Juan C Fal; con, Jefe del Ejército, que conviene «pie esta División regrese » aquella villa, á combinar con el ciudadano General que la manda, un movimiento que decidirá la suerte de l*s armas federales; y se dispone que el Jete de la División Cojedes se conserve siempre en la actitud que hasta ahora ha tenido para con el enemigo, á fin deque innove esta contramarcha; y (pie vigile mucho el ciudadano Coronel Navarro, no vaya el enemigo A introducir comunicación en los Estados donde ya han triunfado mu stras armas Esto dispone el General en Jefe, y maíian a regresará esta División á la indicada villa de Araure.

Dios, Federación ó Muerte.

El Coronel Jefe,

F. Afdnver.

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hasta Pecaya, catorce y media leguas de aquella «ciudad ; y después á Sabaneta, donde por su orden organizaba tropas el General González.

V. Mientras el caudillo de la revolución practica- ¿¡¡¡¡¡Yi*! ba esta operación, partió Zamora de Barinas con *ui,imtUsu genial celeridad á concertar con él en Barquisimeto, el plan de la nueva campana; pues era pública fama por Occidente que el Gobierno preparaba otro grande y poderoso ejército para batirlos, v recobrar las Provincias perdidas.

Desde Barquisimeto ordenó al General Navarro y al General Aranguren, que acosaran diariamente las fuerzas oligarcas de San Carlos, cuando salieran á coger ganado por las parroquias de Cojedes, Onoto y Desapartaderos ; y las vigilasen para sorprenderlas y acabarlas, en combinación con el Comandante José Rivas Sandoval que capitaneaba un escuadrón bien diestro y superiormente montado, «ó por lo menos las debilitasen con las fatigas, privaciones de alimentos y otros recursos, con las deserciones y el desaliento de la tropa. Pues fiaba -él, en que á medida que pasase el tiempo, la opinión por sí sola iría desbaratando las filas de los usurpadores, ayudada de la constancia, tesón y disciplina de las fuerzas federales. La táctica de aquella guerra, en su concepto, debía fincarse principalmente en el asedio y en la persecución diestra y hábilmente concertada sobre los enemigos, para impedirles formar masas que pudieran caer sobre algún cuerpo revolucionario; ganando ai tiempo para aprovechar la oportunidad de reunir fuer/as adecuadas con que obrar rápidamente sobre sus mejores Divisiones. La persecución debía hacerse con gue-

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rrillas emboscadas, teniendo siempre al enemigo á una vista, e inspeccionando sus movimientos.

Entonces fue cuando Zamora, penetrante y acucioso, descubrió en la casa del señor García, de Barquisi nieto un parque de ochenta barriles de pólvora,. y otros más en o'ra casa, que sirvieron para pelear las batallas de Barinas: y sobre lo cual escribióai General Falcón la siguiente carta :

Barquisimeto : 4 de octubre de 1839. ¡Señor General Juan C\ Falcan. Mi querido hermano :

Estoy volado por ver si les pego un susto á los godos que guarnecen á San Carlos, y el Baúl

Mucho se pelea por Los Valles de Aragua, pero la decisión la hará la tropa vencedora que marcha de Occidente.

De Barinas, Portuguesa y Apure no tengo noticiasde novedad.

Aquí seles cogieron álos godos en un escondite, ochen, ta barriles de pólvora que, con la que hallé en otra casatendremos para sostener los fuegos hasta un ano si fuere necesario. Salud y fortuna le desea su hermano^

Esta carta revela la clarísima inteligencia militar de Zamora, su seguro golpe de vista y la

facultad poderosa de que estaba dotado, para trazar una campaña y marcar con antelación los puntos donde iba á librar los combates.

VI. Entre tanto, el Gobierno llamó al General

Reíros Jefe del

2J£,todeOMiAndrade al Ministerio de Guerra, y nombró al General Pedro Ramos, Jefe del Ejercito de Occidente,, del que fue Jefe de Estado Mayor el Coronel Manuel Vicente de las Casas, que marchó el 15 de setiembre de Valencia á San Carlos.

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Ramos no bien hubo acabado de resguardar á, Valencia de todo peligro que pudiera venirle de Leiceaga, que llevaba á veces sus partidas hasta El Palotal, partió á San Carlos el 5 de octubre; y de aquí se encaminó á Barquisimeto el 31 del mismo mes con un ejército de 2.000 hombres.

En la tarde de ese día acampó en La Ceiba, y en la del siguiente, en Los Apartaderos, donde -se paró el 2, mientras se recogían ganados y caballos por las sabanas v3cinas; pues era costumbre de carácter natural, que las tropas de unos y otros .se alimentaran con los ganados de los particulares y usaran sus bestias, sin que se pensara en pagarlos ; de lo que se originó, al fin de la guerra, la ruina de las familias, de la industria pecuaria y la desolación de los caseríos y las ciudades, de que aún no han podido reponerse.

El 3 se movió el ejército á San Rafael, para tomar el camino de Pitiguao, por calificarlo preferible al del Altar ; y habiendo hecho alto en la falda Norte del cerro de aquel nombre, destararon, <?n la noche, una columna de observación sobre Sarare, con instrucción de avanzar hasta Cujicito, con el propósito de interceptar la comunicación en aquel punto de Barquisimeto y los federales del Sur.

A las cuatro de la tarde llegó el ejército á Sarare.

El 5 al medio día marchó la primera División á •Cujicito: el 6 adelantaron hasta La Morita. El 7 entró en Cabudare, en cuyo río había unas avanzadas federales que hicieron varios disparos, y corrieron á dar aviso al General Trías ; quien al cerciorarse -de la verdad, desocupó la plaza, marchando con seis- •cientos hombres y dos piezas de artillería, á incorpo-

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rarse por la vía de Carora al General FaJcón, quien regresaba de Coro en vista de los movimientos de Rubín, del litoral tierra adentro, en su persecución. En la tarde del mismo día ocupó Ramos á Barquisimeto, encargó de la Gobernación de la Provincia a! señor Mariano Raldíriz, y se piso en comunicación con Gil y Rubín.

Marcha* ¿«i g«. VIL El Caudillo déla Federación, en la imposi-

neral Filcón. . . * . ■, -, -¡ r r* 111/ 1

mimad de ocupar á Coro, como lo había pensado, concibió el plan de concentrar todas las fuerzasde Occidente en San Carlos, y embestir á Valencia : y al efecto, expidió órdenes desde Carora, de las cuales fue portador el Coronel Gutiérrez, á Zamora, Aguado, Aranguren, Valero, Medrano, Hermoso, Carpió, Rivas Sandoval y otros, para que cada uno con sus fuerzas y por vías demarcadas, se le incorporasen en aquella plaza. Pero como se le enfrentara ahora el ejercito de Ramos, impidiéndole el pas) á Cojedcs, guió á las Provincias de Portuguesa y Barí ñas, donde podía disponer de un ejército aguerrido mandado por Zamora, y de una población amiga pronta á todo género de sacrificios por el triunfo del Partido Liberal.

Trías pasó por Quíbor el 8 ; y el 9 se incorporó al General Ealcón en FA Tocuyo.

Eiército dei Go- VIII. Ramos llegó á Quíbor el 10, cuando ama-

necía ; y el 11 á las 10 a. ni. se acuarteló en El Tocuyo á aguardar la División del Comandante Rubín, recoger ganados, reponer sus caballerías y solicitar noticias de Mérida y Trujillo.

Su ejército, según revista pasada en esta plaza, ascendía á mil seiscientas plazas, por haber tenidoque dejar una Brigada en Barquisimeto.

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Falcón se vio forzado á tomar la intransitable vía de Humocaro Alto, para salir por Chahasquén á Guanare; mientras que Ramos, reunido á Rubín en El Tocuyo, tomaba la vía de Araure para impedir cualquier intentona sobre el Centro.

La División Rubín tenía exactamente como la de Ramos, mil seiscientos hombres; de modo que juntas las dos formaron un ejército de tres mil y pico, con cinco piezas de artillería y cuarenta y cuatro artilleros.

Fuerzas de Trnjillo al mando del Comandante Perozo cubrieron á Boconó ; y con ellas y las guarniciones de Barquisimeto y Cabudare, se formó un antemural para resistir algún nuevo ataque sobre Barquisimeto por Sarare. Al mismo tiempo se mandó reforzar á San Carlos : y el 16 se movió todo el ejército, vía de Guárico hacia Ospino, á cuyas cercanías llegó el 21, vencien-lo las dificultades que le presentó una vía atravesada de cumbres elevadísimas y peñascosas vertientes. El 23 marchó de Ospino h San Rafael, por un camino trasversal; tomó el real en la Sabana de Los Manires, á las 3 de la tarde, y pernoctó en Las Cocuizas.

IX. En esos mismos días, reunidos el General oS^Í61**" Falcón y el General Zamora en La Mesa de Ca basca, marcharon junios á Guanare, donde se estuvieron á inquirir los movimientos del enemigo: acomodando entre tanto guerrillas en todas las quebradas de San Rafael á Las Cocuizas, con orden de romper los fuegos al pasar los centrales, y huir al monte sin dejarse coger. Se situó además un cuerpo de observac ón en el mismo San Rafael al mando de Casado, Calderón y Amador Armas, que debía retirarse a

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Guanare al acercarse la vanguardia de los enemigos; y tomar la vía de Tucupido cuando tuviera noticia de que éstos acababan de llegar á dicho pueblecillo.

El Ejército Federal se entristeció al cundir en las filas la orden de volver atrás; porque se le antojaba derrota la bien meditada marcha al través del desierto, para llevar al enemigo á alguna espesa montana, más allá de Barinas, donde por una batalla tremenda, y á la par segura, como nunca jamás la vieron los tiempos pasados, quedara ganado para siempre el triunfo por las armas del Partido Liberal.

Conociendo los jefes estas malas impresiones de la tropa, la formaron en la plaza de Guanare, y con el propósito de alentarlas y garantizarles una próxima victoria, la arengaron Falcón y Zamora; cada cual con su propia elocuencia militar, que pintaba al vivo la diversidad de caracteres de estos dos grandes ciudadanos de fama ilustre, y de ambos merecida. Arrebatáronse de entusiasmo los soldados, y contestaron las arengas con aclamaciones ruidosas á la federación y á sus Jefes.

Según relaciones dignas de fe, el plan de Zamora era pelear y destruir el ejército enemigo en Guanare : para lo cual dejaría en la plaza al General Trías con trescientos hombres, bien pertrechado y atrincherado; y se saldría él con el resto de las tropas á Guerilandia, á esperar que los centrales, cediendo á sus ímpetus de costumbre, y envalentonados con sus victorias del Centro, empeñaran un ataque formal contra los atrincheramientos de la ciudad. Entonces los embestiría él por retaguardia, contando destrozarlos; ó por lo menos mermarles el ejército, y obligarlos

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á retirarse por la misma ruta que habían llevado, sin que pudieran esperar auxilios de las fuerzas de Cojedes, hondamente quebrantadas por las acometidas de Aranguren. Pero no gustó este plan al General Falcón ; y entonces determinaron de común acuerdo, replegarse á Barinas, ocurriéndosele desde luego 4 Zamora, que la batalla no podía darse sino en San Lorenzo ó en Santa Inés, ó en algún lu- .gar igual ó parecido á esfos. Resuelta la retirada, «e dictaron disposiciones para emprenderla con acierto.

X. El ejercito que quisiera ir de la Provincia J>«.owmart á <Je Portuguesa á la de Barinas, tenía que tomar una de las dos líneas de invasión que parten más allá de los ríos de Tucupido y Boconó: una por Barrancas á la derecha, larga de 16 leguas, de Guanare A este punto; y otra á la izquierda que va, del otro lado de Tucupido, al paso Anduecero en el río Chorroco ó Boconó ; ó bien atravesando el Sipororo á Sabaneta por el vado del Corozo.

Esta última vía forma una curva más extensa que la otra; pero ambas son montuosas, y están cruzadas por los mismos ríos.

Los liberales marcharon por la deSabaneta, para llamar á la reconcentración las gruesas partidas de Guerilandia y Guanarito.

Zamora dejó detrás un escuadrón de caballería para espiar los movimientos del ejército del Gobierno, al mando de un Coronel que, por conocedor de los caminos, pasos de ríos, veredas, matas y escondrijos, le llamaban el Mapa de Barinas, y cuyo nombre nadie recuerda. Este militar, además de su baquía, era tan activo y diligente, que supo

Rtmot en Gutnart.

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mantenerse constantemente por el camino, adelante del enemigo, y llegó á conocer con oportunidad y precisi/n sus pasos y paradas; délo cual daba cuenta detallada á Zamora dos ó tres veces al día.

XI. Ramos se alojó en Guanas el 25 alas tres de la tarde, y el ejérc to federal en Barinas el 27. EU? de diciembre continuó éste marcha á Sania Inés, cuya montana ocupó el 4 de diciembre á las once de la mañana; y desde ese día se empezó la fabricación de trincheras, bajo el plano trazado por el Ingeniero Chaquert, liberal muy entendido y amigo idólatra de Zamora de tieaipo atrás.

El ejército central andaba á ciegas; nadie le daba noticias de la dirección que llevaban las huestes revolucionarias ; no encontraba bastimentos, pero ni las cosas más insignificantes para entretener las primeras necesidades del soldado.

Ocho días se paró el ejército en Guanaro, para ponerse en marcha del 3 al 4 de diciembre, cuando va los federales estaban bien acomodados en Santa Inés; morosidad que contrastaba con la prontitud y celeridad de Zamora, para moverse en todas di recciones día y noche*, bajo lluvias torrenciales ó bajo un cielo inflamado; ya tuviera que atravesar á nado ríos impetuosos, ó que trepar por desfiladeros)' páramos, como en los caminos á las nevadas cimas de la Cordillera.

Sabido que Zamora había pasado de Barinas con dirección á Santa Lucía; lo que daba á entender á sus enemigos que llevaba intención de cruzar el Apure, ó de internarse vía de Pedraza, por las montanas que van á terminar en las fronteras colombianas, moviéronse éstos tras él por Barrancas}' La

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Yuca ; y sin tocar en Ba riñas, guiaron" á Obispos y siguieron por la ribera izquierda del Santo Domingo basta El Real. Allí supo Ramos que el lugar en que Zamora estaba era un desconocido pueblecito, que nombran Santa Inés, sobre la orilla opuesta de aquel río, separado de la sabana por una montana larga y espesa.

___- ai i i i Anarquía en

Xll. A todo esto remaba en el campamento de i<>» ejéroitoi, los centralistas cierto espíritu de anarquía, incompatible con la unidad de mando que requieren las operaciones militares. Rubín alegó un día, que por las facultades de que estaba investido, podía obrar como Jefe Superior donde quiera que se hallase ; á lo cual le contestaron Ramos y Casas, que podía hacer como quisiera, porque ellos respetaban de un todo las disposiciones del Gobierno. Pero Rubín, aconsejado á lo que parece por el discreto Meneses, dijo después, con notable despecho, que mejor era, como había dicho Napoleón, un solo jefe malo que dos buenos.

Y aunque se puso á las órdenes de Ramos, iba siempre de mala gana, haciendo lo que se le antojaba. Llegaron las cosas á tal punto, que desagradado profundamente el Coronel Casas, propuso á Ramos en El Real donde pernoctaban, que pusieran al Comandante Rubín en la vanguardia para que luciera sus bríos. Ramos couvino; y por el Estado Mayor se le comunicó la orden al Coronel Jelambi, que mandaba la primera División. Este bravo y pundonoroso Coronel se presentó inmediatamente ante Casas, y mostrando el mayor respeto, le dijo estas solemnes palabras: "Señor Coronel; habiendo venido yo en vanguardia durante toda la campaña, no creo justo se me quite el mando, cuando estamos enfrente del enemigo."

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Casas, penetrado de la razón que asistía á aquel veterano tan digno, y queriendo rendir cu1 to á su virtud militar, le contestó con su ingénito laconismo: "Tiene usted razón, señor Coronel; siga usted con su División en vanguardia"

Algo se susurró allí de sedición contra Ramos y Casas, pero todo pasó sin ninguna consecuencia.

Determinóse al fin pasar el río por San Lorenzo; y como no hubiera sino una canoa, se improvisaron balsas, aunque muchos soldados se tiraron á nado. Esta operación empezó al amanecer, y duró ' hasta la tarde, en que marcharon á La Palma, pueblecito intermedio entre Barinas y Santa Inés, á 2 leguas de ésta y 14 de aquélla.

El río Santo Domingo, nace en la serranía de Mériday pertenece á la hoya hidrográfica del Orinoco, en que vierte sus aguas por medio del Apure, como todos los del territorio conocido con el nombre de Provincia de Barinas ó Estado Zamora, como decimos hoy.

Mide su curso de 60 á 70 leguas; de las cuales son navegables 30, á contar desde Toruno, sito á cuatro leguas de Barinas, hasta su desemboque en el Apure. Florecían á sus orillas por aquel tiempo muchos pueblecitos ó aldeas, cuyos moradores sembraban en sus feraces vegas, plátanos, yuca, maiz, algodón, tabaco, añil, cacao y otros frutos, y criaban ganados en sus espaciosas sabanas que se dilatan, ricas en pastos y bosques, hasta las márgenes entrecortadas del Apure. A su derecha se asientan Barinas, Caroní, Toruno, La Palma, Santa Inés y Santa Lucía, y á la izquierda San José, El Real y San Lorenzo.

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El Gobierno Central había concertado, con bastante previsión, el vasto plan de atacar el Ejército Federal con los cuerpos combinados de Ramos y Rubín por Guanare, y el de Brito por Nutrias. Al mismo tiempo se mandaron bajar las fuerzas de Trujillo á Barinitas ; ora para impedir alguna invasión á la Cordillera, ora para cooperar á los movimientos del ejército; y en último caso para cubrir la retirada á la Serranía, tal vez la más conveniente y accesible. Pero estas fuerzas no concurrieron á Barinitas; y Zamora, que aprovechaba sin dilación todas las faltas de sus contrarios, la hizo ocupar con un destacamento de consideración.

La infracción de esta orden, escribió Ramos al Ministro de la Guerra con fecha 5 de enero desde Mérida, ka contribuido en mucho á las desgracias del Ejército.

No menor era la anarquía en el campo de los federales; pues los recelos y rivalidades entre algunos oficiales de los dos cuerpos de ejército, se habían extendido á Jefes de alta graduación, señalándose entre todos, por su mala voluntad al General Falcón, el Doctor Iriarte, Secretario General v Auditor de Guerra de Zamora ; y aunque éste varias veces le reprendiera como amigo y como superior, por sus conceptos irrespetuosos para con el Jefe de la Revolución, su hermano y su Jefe, con todo, seguían urdiéndose intrigas, y enconándose las rencillas entre los dos círculos que habían venido formándose con los nombres de falconcistas y zamoranos : exaltando cada cual los méritos de su Jefe y deprimiendo los del otro. Esto llegó al extremo Me que, con motivo de haberse perdido unas comunicaciones del General Segovia, según unos, del General Linares, según

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otros, sin darse cuenta de ello al General Falcón, estalló en Barinas un violento altercado entre éste y el General Zamora, que sobresaltó los cuarteles: y aun se añade que el General Zamora, determinado á evitar cualquier nuevo contratiempo en lo adelante, con su hermano y Jefe, a quien respetaba y quería, estuvo á punto de retirarse del ejército, y marcharse á tierras de Colombia.

Ignoramos qué palabras se dijeran en tan lastimosa ocasión los dos caudillos, mal dispuesto uno contra otro; no porque se hubiera apagado en sus almas, por ambición ú otro interés, el sentimiento de hermanos, sino por los cuentos de los intrigantes y chismosos ; plaga funesta que se procrea al rededor délos hombres de mando: y á lo que parece, tampoco nadie podrá saberlo, limitándose los mejores cronistas á referir, en lo cual están todos contestes, que aquel mismo día se dio en todos los cuarteles una orden general en que mandaba el General Falcón reconocer al General Zamora como Jefe del Ejército; bien que algunos reducen el nombramiento no más que á las operaciones en los Estados de Barinas y Portuguesa : lo que no es conforme á los sucesos posteriores, pues es sabido que el General Zamora murió dirigiendo el sitio de la capital del Estado Cojedes, y según relación de uno de sus Edecanes, que aún vive, el General Rodríguez Guerrero, diremos más lejos su plan de campaña sobre el Centro y sobre Caracas, enunciado en la noche del 9 de enero, delante de varios Jefes y oficiales, cuando vivaqueaba á orillas del río de San Carlos.

Cómo cumplió este encargo el General Zamora, es lo que vamos á decir en las páginas que

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respetuosamente sometemos en seguida al juicio del lector.

XIII. Empero, es de saberse que, habiendo des- *****?"• pac hado Zamora á Aranguren con un cuerpo de ochocientos hombres, á asediar ó atacar á San Carlos, para impedir movimientos de fuerzas de esta plaza en auxilio del Ejercito de Ramos, que iba sobre el General Falcón, vino á quedar aquel Jefe interceptado en Oojedes por la marcha de Ramos de El Tocuyo á Ospino, de que ya hemos hablado.

Aranguren, ciertamente, atacó á San Carlos y aun lo quemó « n parte ; pero rechazado, se retiró perdidoso hacia El Pao, que también intentó tomar á viva fuerza, y donde igualmente le resistieron, forzándole á retroceder al Tinaco. De aquí caminó la vuelta de San Carlos, que orilló por la izquierda, para tomar en seguida el camino real de Acarigua. Recibido que hubo oficio de Zamora, llamándole á Santa Inés, ganó por Durigua los montes de San Andrés, Satí Nicolás y La Luz, y penetró en el bosque de Santa Inés la víspera de la batalla, con los restos de su División.

XIV. EJÉRCITO DEL GENERAL RAMOS ^¿í*"1

neral Ramo*.

PRIMERA DIVISIÓN Ó DE VANGUARDIA

Coronel Antonio Jelambi, cuyo Jefe de Estado Mayor era el Comandante Manuel Salvador Briceño. Ayudantes : Tomás Soriano y Mariano Miehelena.

Esta División se componía de los restos del Ejército de Silva y Audrade, llevando la Brigada de Mariano Ortega y la de Jiménez, Jas columnas de Cruz Fernández, Diego Villapol y Flores. A ella se agregó la antigua Brigada de Menéndez que peleó en San Lo-

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renzo, toda la caballería, menos el Escuadróu "Ospino"; la Columna o de Marzo y la d<3 Ramos con toda la artillería y parque correspondiente.

SEGUNDA DIVISIÓN

Comandante Francisco Miguel Pérez Arroyo, cuyo Jefe de Estado Mayor era el Comandante Benigno Ri vas. Se formaba de la Brigada Caraca** mandada por el Comandante Simón Madriz, con dos Columnas : una llamada,. Rubín del mando de los Comandantes Manuel Narrarte y Martín Davalillo: y otra regida por los Comandantes Juan Romero y Menéndez, y entre cuyos Oficiales iban los Capitanes Travieso, García, Marrero, Aquino y otros cuyos nombres no sabemos. Y además la segunda Columna Carabobo, y el Escuadrón del mismo nombre, á las órdenes del Comandante Riera. Entre los Jefes de esta División figuraban el Comandante Figueroa, que mandaba un Cuerpo y los Comandantes José Ignacio Mijares y Manuel Paredes.

La Guardia de caballería del General en Jefe, estaba al cargo de los Capitanes Tomás Rodríguez (Mariposo) y Esteban Palacio, posteriormente General, y Designado de la República.

Auditor General de Guerra, Doctor Gonzalo Cárdenas.

Cirujano Mayor, Doctor Francisco Padrón.

Capellán del ejército, Presbítero Pacheco.

Ayudantes del Estado Mayor : Comandantes Lino José Revenga, R. Gallegos y Manuel Escurra; Capitanes, Luis María Díaz y Carlos Ilernáiz ; Tenientes : Enrique Reina Francia y Rafael Mijares.

Edecanes del General en Jefe, Comandante Domingo Fábrega; Capitanes: Astolfo Ramos y Manuel Zavaleta.

Comisario general de guerra, Manuel Antonio Tirado

Comandantes de caballería: Doctor Elias Hurtado. N. Tovar, Genaro Maica y Julián Ramos.

La División de Rubín se organizó de la manera siguiente :

Cuatro brigadas.

Primera de vanguardia ó derecha, al mando de los señores Comandantes Manuel Oberto y Luis Espelosíu, y compuesta de las Columnas mandadas por los Comandantes Tinoco (la de Paraguaná) y Calderas (de Coro) y piquete de San Luis, de Coro y el de Caballería. Segunda, Centro, al mando de los señores Comandantes, Juan Ángel lietancourt, y Teodoro Chataing, compuesta de

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las columnas de Maracaibo y Cumarebo. Tercera izquierda, al mando délos señores Comandantes Alejandro Figneroa é Ignacio Aliaros, compuesta de la columna de Aragua y piquete de Coro. — Cuarta Reserva, al mando del señor Coronel Juan José Illas, compuesta del batallón Constitución, al mando de los Comandantes Camilo Prado y Félix Moreno. Y las columnas Carabobo y 2 de Agonfo.

Jefe de Estado Mayor, Comandante Olegario Meneses.

Auditor de Guerra, doctor Tomás Alvarez.

Cirujano mayor, doctor Juan de Dios Monzón..

Comisario de Guerra. — Pedro Celis. — Oficial de ía Comisaría, Alejo Uriarte.

XV. El Jefe de Estado Mayor de este ejercito <*••«• era el Coronel Manuel Vicente da las Gasas, militar educado en nuestra Academia de Matemáticas, bajo el profesorado de Cagigal y Acevedo. Escudriñando su historia militar, hemos encontrado que sentó plaza en el batallón Junín, corno Cabo primero, que llamaban entonces aspirantes. Algún tiempo después fue ascendido á Sargento.

En Bogotá le dio el Libertador el despacho de Subteniente, por los anos de 1828: y de vuelta á Caracas, recibió de manos del Coronel Austria la condecoración del Busto. Al igual de muchos militares bolivianos, entró en la revolución de 1835.

Alistóse más tarde en el partido conservador. Ha sido un General de celebrada serenidad en los combates, y de irreprochable moralidad en la administración de caudales públicos. Sus opiniones políticas aunque contrarias á las de nuestro Partido, nos han merecido siempre respeto; porque tenemos por cierto que las ha pensado con sinceridad, así como las ha sostenido con firmeza, aun con hechos como los de agosto, que no pueden tener nuestra aprobación.

CAPITULO XVI

I. Brito fue derrotado al pisar á Nutrias el 20 Bnu. <le noviembre, por el Comandante Pedro Manuel Rojas ; primera acción que dio por sí este Jefe, y por la cual le condecoró Zamora con el grado «de Coronel. Briro era en concepto de Zamora el más estratégico General de los centrales : así como -de Manuel Herrera decía que era su primer oficial. Cuando repitieron á Brito este juicio lo retribuyó -contestando, que la Federación no era sino Zamora. Y cuentan que Zamora añadió en esta ocasión esla otra frase: " por Guanare viene un grande ejército sin General : y por Nutrias un gran General sin -ejército."

Destruida la División de Brito, y paradas en Boconó las tropas de Trujillo, tuvo que marchar *olo el ejército de Ramos á encontrarse con el invicto guerrero, que en un año había federado tres Provincias por la fuerza de sus armas, y destruido cuantos ejércitos se atrevieron á perseguirle ó á enfrentársele.

Ramos no tuvo nunca noticias ciertas del ejército federal, ni de los planes de sus Jefes. Y aunque pudo haberse parado en Ba riñas á solicitar estos informes no quiso ni pasar por ella, halagado con la

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pusril idea de que Falcón y Zamora iban huyendo* hacia Apure, sin ánimo de esperar las tropas del Gobierno. Ansioso de darles alcance partió ciegopor donde le decían que era su ruta.

Awuftdude II. El 9 en la tarde salieron de orden de Zamo-

ra, los Comandantes León Colina y Jesús María Hernández con una brigada de infantería y caballería á inspecionar al enemigo por La Palma ; y á las seis y media de la mañana rompió el inolvidable Capitán Ramón Rivas los fuegos sobre las avanzadas; pero sujetos á instrucciones de Zamora, de pelear en retirada hacia su campamento, hiriéronlo con precisión,, y á las ocho estaban ya incorporados al ejército.

Militaba como Ayudante del Comandante León Colina el oficial Víctor Rodrigue/, que sentó plaza en el ejército al pasar Zamora por Barquisimetoen los primeros días dei mes de abril.

tJuT íbu ^' ^' camP° ^e es*a Italia estaba preparado,

^^ de la manera que vamos á decir, como si viniéramos

caminando del pueblo de Santa Inés á la boca de la montaña. Este trayecto, largo de dos leguas, tiene la figura de un martillo. La primera trinchera estaba á la salida del pueblo, sobre el cano lamado El Palito, y la defendía el Coronel Rafael Petit con su división de 200 hombres, entre cuvos oficiales figuraba el Comandante Francisco C umare.

De cada lado de esta fortificación había otra sobre un terreno deleznable que en aquel país llaman tembladales, en que se atollan hasta los animales ; y con las cuales quedaba dominada la del medio en previsión de que pudiera ser tomada. Defendía una de ellas, el Coronel Amador Armas; y la otra, el Ingeniero Chaquert, que fue quien las construyó todas.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 421

Del pie del trincherón de Petit arrancaba un lomo de perro, á cuya derecha habían construido lina fortísima defensa, llamada El Trapiche, y estaba bajo la custodia del General Trías, del Coronel Juan José Mora y del General Ortiz.

Por el mismo lado y desde este punto, empegaba una cadena de trincheras cada una de las cuales tenía forma de trapecio, de suerte que sus soldados podían hacer fuego sobre el camino, hacia el medio, hacia adelante y hacia atrás. Estos puestos •estaban bajo las armas de Aranguren, Paz, Bruzual, Díaz, García y Henríquez. Seis eran las trincheras de la banda i¿quierda, de la misma forma, y mandadas por Prudencio Vásquez con su División de 300 hombres, á quien servía de Ayudante el Capitán Desiderio Escobar ; y por los Comandantes Rogerio Freytes, y Montilla. Otra formidable trinchera en comunicación con ¿stas, estaba al cuidado del Comandante Martín Franco, guapo caraqueño y antiguo Ayudante de Zamora en las acciones de Quisiro y Zulia.

Más hacia la entrada había otro pequeño Trapiche, donde por algún tiempo hicieron la primera resistencia Colina, Hernández y Varguillas.

El Coronel Manrique mandaba una columna.

Fuera de estos atrincheramientos, que pueden considerarse como principales, había otros de menor consistencia, que se comunicaban entre sí y con los grandes, por entre el monte. En la espesura de ¿ste, se emboscaban guerrillas innumerables, destinadas á sostener los fuegos sin interrupción á uno y otro lado, con lo cual $e completaba la defensa <lel enmarañado campamento.

422 DOCTOR L. VILLANUBVA

El General Guzmán Blanco dice en su obra Et& defensa de la Causa Liberal, que él acompañó á Zamora ese día á recorrer las posiciones del campo debatalla, en calidad de Ayudante.

El General Level de Goda dice que Zamora se lo llevó á él y á Guzmán Blanco basta La Palma, á enseñarles las trincheras y á explicarles las combinaciones de los fuegos. (1)

primen» tiros IV. Las fuerzas de Colina, Hernández v Jesús-

en Senté Inés» *

Varguillas, entraron por el camino, toreando al euemigo para hacerle entrar en aquel armadijo, defendido por un flanco y á retaguardia, por el río Santo Domingo que rodea el pueblo : y hacia el lado de

La Sabana, por su poderosa caballería que mandaban J. de R. González, Nicomedes Soiórzano, los Segó— vias, Rivas Sandoval, Benito Alvarez PernaJete, Melean, José María Monagas y muchos más.

A Colina le mataron un Teniente: y uno de sus Jetes de caballería que salió herido, murió de tétano poco días después de la pelea.

ideeenoi de V. Eran Edecanes de Zamora, los Coroneles

Zemore*

Juan B. García, Joaquín Rodríguez Guerrero, Raimundo Rendón Sarmiento, Francisco Pulido, villacurano, compañero de Zamora desde la guerra de- 1846, Víctor Pulido, Oraa, médico, Escolástico González v Buenaventura Núñez. YA Coronel Meticfa,. coriano, era el Jefe de la guardia del General Zamora,, la cual constaba de setenta hombres de infantería, y algunos jinetes.

Las fuerzas de Aris eguieta, Calderón y Colón* Fuentes, Fermín Medina y Marrano puestas bajo

1 Historia con temporánea <le Venezuela, polítíni y mílítKCV 185N-188G.

VIDA PEL GENERAL ZAMORA 423

el mando del General Domingo Díaz, cubrían el pueblecito, para contrarrestar el movimiento que pudieran hacer los centralistas por fuera de la montaña.

VI. El General Falcón con sus edecanes, el Es- ¿{¡¿taláis tado Mayor General y las reservas escogió la plaza del pueblo de Santa Inés, como el lugar á propósito para atender, por una parte al punto donde flaqueara la batalla; y por otra al costado por donde pudiera el enemigo intentar cualquier asalto.

Si el enemigo vencía las líneas, le encontraría al frente de reservas dispuestas para evitar una derrota. Si flanqueaba el pueblo por La Sabana, entretanto se peleaba en las trincheras, tendría que empeñar con él una segunda reñidísima batalla.

Así, pues; previsto todo, y concertado hábilmente el plan de la defensa y del ataque ; y puestos á salvo de toda sorpresa y desgracia, entregóse Zamora á dar la gran batalla, cuya concepción era toda suya, y para cuya ejecución lo dio el General en Jefe cuantas facultades y elementos había menester al logro de coronar de gloria aquella empresa de estrategia, la más ilustre en la moderna historia militar de Venezuela.

VIL Asistían al GraL Falcón de edecanes, los EV2¡¡!£* Comandantes Jacinto Regino Pachano, Primer Edecán, Luis Level de Goda, Cirilo Matos, Adolfo López Chaves, Leopoldo Eugenio Machado, Jacinto Armado, y Santos Mattey, empleado del Estado Mayor General ; y su Auditor A. Guzmán Blanco: y acompañábale junto con él el Padre Andrés Riera, elegido más tarde Obispo de Calabozo, su hermano Ildefonso, médico y orador filósofo, el Doctor Agüero, el Padre Tejera, nombrado después Canónigo de la Catedral de

424 DOCTOR L. YILLAKUEVA

Caracas, el Doctor E. Ortiz, ' los Doctores Acuña, y Montenegro, de San Carlos, el Doctor Vicente Manzo v muchos otros cuyos nombres no nos ha sido posible recoger.

Mantúvose allí todo el día, recibiendo hora por hora por medio de sus Ayudantes noticias precisas del curso de la acción; atento á sus varios accidentes ; reflexivo y sereno; y pronto á acudir en cualquier momento, á inclinar la victoria hacia sus armas : al igual de la posición de Sucre en Junín al frente de los infantes, mientras se batían á lanzazos todas las fuerzas de caballería.

zS^fai* VIII. La estrategia de Zamora en Santa Inés, es

tfti»ét. |a m¡simi que empleó en San Lorenzo: es decir, poner-

se á la defensiva, para tomar la ofensiva en el instante en que fracasaran los ataques contra su ejercito. Pues considerando siempre á su enemigo más fuerte de lo que pudiera ser en realidad, ayudábase de los recursos de las montañas, para resistir ventajosamente con pocos soldados, y á veces bisónos, el empuje de tropas aguerridas y bien armadas.

Su campamento de Santa Inés recuerda el *le San Lorenzo, pero mejor hecho y con proporciones colosales : porque este segundo anfiteatro era un inmenso campo de defensa de casi dos leguas, con trincheras en tan gran número, de fuegos tan ingeniosamente combinados, v construidas con tal arte y solidez, que parecían ocultos e inflanqueables bastiones, de donde caían sobre las apiñadas e indefensas columnas del enemigo, por todos lados, torrentes no interrumpidos de mortíferas descargas <le fusilería. Fudiendo bien decirse que el Ejército liberal se batía de modo invisible : y que la .aquilea cólera de Zamora en tan a'ta ocasión, era

VIDA BEL GENERAL ZAMORA 425

la del pueblo mismo, hecho genio : gloriosa alma parens, coronada de 'laureles.

Poco antes de romperse los fuegos entró Zamora en la iglesia, y ofreció á Dios hacer construir un buen templo en aquella aldea, si conseguía la victoria «obre sus enemigos.

Al salir de allí se puso unas flores amarillas en el kepis.

IX. Las tropas centralistas deseosas de batirse, y Empiezan ios confiadas en su valor y fortuna, abrieron los fuegos.**™"-

á derecha é izquierda sobre las primeras trincheras ; y los defensores de éstas, cuando apenas los contestaban, se salían en retirada por las picas, á reunirse con los de más adelante.

Parecía á los asaltantes que la victoria era segura, porque la débil resistencia en las trincheras les hacía conjeturar que aquella gente no tenía intención de combatir formalícente, ni brío para medirse con sus belicosos Cuerpos; curtidos por el sol estival y por el humo de recios combates, en las campañas de las Provincias del Centro.

X. De diez á once de la mañana sería, cuando Jyr\ J*JJ*M los fuegos se hicieron más vivos y continuados,

como de descargas cerradas que estremecían el bosque, y producían un estrépito espantoso: lo cual se explica porque toda la primera División del Ejército centralista, se precipitó contra el baluarte que hemos descrito con el nombre de El Trapiche.

Iba con ella su Comandante Coronel Jelambi. Sus artilleros entraron por el centro del camino, reventando la montana á cañonazos, al tiempo mismo que sus veteranas columnas de infantería tomaban las

426 DOCTOR L. VILLANUEVA

trincheras de los lados, y barrían con sus fuegos el camino y las veredas.

Por su parte los federales, ocultos detrás de gruesos árboles, disparaban por mampuesto, y acababan á sus contrarios por cuartas enteras.

En el corto tiempo de tan reñida brega, perdieron los centralistas cien hombres; y de allí á poco hasta doscientos.

Los heridos y los muertos casi obstruían el estrecho callejón por donde marchaban confundidos Jefes, oficiales y soldados.

Desmontadas tres piezas, pidió Jelambi á Casas el cañón que quedaba para seguir atacando de frente; á lo cual contestó éste mandándole decir que avanzara al pasitrote contra El Trapiche, porque ya se habían dado órdenes ala Brigada Caracas para flanquearlo. En efecto, el Comandante de ¿sta, Simón Madriz, puesto á su cabeza, emprendió la operación con presteza y bravura. Jelambi enardecido, da la señal de embestir por el centro; pónese al frente de los suyos, carga, y á poco, cae herido de muerte. Álzanle del suelo sus Edecanes Suriano y Michelena, y lo apartan, por entre los árboles, de aquel campo de matanza.

Jelambi había combatido una hora, y cuando cayó yacían á su derredor muertos ó heridos de su División, veinticinco entre jefes y oficiales.

Narvarte y Davalillo, Comandantes de la Columna Rubí», quedaron igualmente fuera de combate.

Cuando dijeron á Casas que la primera División estaba medio acabada, sin Jefe, y en confusión, expidió la siguiente orden, con el acento seco y frío de Wellington en la carnicería de Waterloo: que

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 427

éntrela segunda División. Dijo; prendió un cigarro, y cruzó la pierna sobre el pescuezo del caballo.

Era Jefe de este cuerpo Pérez Arroyo: simpático indio de Cojedes, de tan bellas prendas militares como el Coronel Jelambi. Tírase al callejón, que era como tirarse á los antros de la muerte: sigúelo su División, y con ella precipítase en el conflicto, para trabar de nuevo la batalla, con el estrago y el trueno de descargas de fusilería que no se suspenden ni por un instante. El va adelante, desafiando todos los ¿peligros, y rompiendo á machetazos Us trincherasPero los Jefes de la resistencia eran no menos bravoí que él. Pues allí están el bizarro Trías; Mora y Ortiz, soldados aguerridos; el oficial José Félix Mora; el valentísimo Martín Franco; Jesús María Hernández, que atraía sobre sí la admiración de todos; Bruzual, de memoria inmortal; Colina, que parecía de la guerrera raza de los tiempos heroicos; Aranguren, de heroísmo magno; el impávido cuatjto desventurado Francisco García, de cuya brigada era Subteniente Aquilino Juárez.

Pérez Arroyo está ya cerca del Ti apiche, dando la tercera carga. Vésele intrépido á la rojiza luz de los relámpagos de fuego, cuando una bala le hiere en la cara, y le rompe el maxilar inferior. Siempre pelea sinflaquear. Con una mano se aprieta el hueso despedazado, y con la otra alza el sable, y asalta el primero de todos, la tremenda fortificación, que parece un volcán de humo, de rayos y de balas.

Al fin, los heroicos federales, atacados de frente y por los flancos por una masa enorme, tuvieron que dar un paso atrás y ceder el fortín, atestado de muertos. Sus heridos habían sido llevados á la aldea de

428 DOCTOR L. VILLANUEVA

Santa Inés. YA Trapiche era el linde de la primera línea de defensa.

Cuando se lo avisaron á Zamora, se sonrió, y dijo: Buenos bueno, pisaron el peine.

Los Jefes de las dos Divisiones centralistas estaban ya imposibilitados de seguir combatiendo.

La orden de Casas al ejército era esta: Adelante; que era lo mismo que mandarlo á la muerte.

Zftmorftiaoiuá XI. Zamora, infatigable, con lafirmezade corazón

la pelea. ' c '

que le dio el Cielo, animado de fiero orgullo, entraba y salía |*>r las veredas comunicando órdenes rápidas, colocando él mismo guerrillas detrás de los palos, y compañías n las trincheras, sin haber tomado hasta aquella hora sino tragos de agua que le daban sus oficiales.

Era el genio que incitaba á la batalla, como una irresistible fuerza de lo alto.

DdíJarÍTÍ" XII. Los centralistas se paran á tomar aliento en

pi " El Trapiche. En él instalan su Estado Mayor; y

para aprovechar el tiempo, apresúranse los cirujanos á curar allí mismo algunos heridos. En el hospital de sangre hay ya cerca de cuatrocientos. Sesenta oficiales están inutilizados. El numeroso y diligente cuerpo de sanidad no puede dar abasto á la tarea angustiosísima de ligar arterias, hacer amputaciones y curas de primera intención, excitados todos, cirujanos y heridos, por la sed, el olor de la pólvora, el humo y el estruendo de los gritos de ira y de las voces de pelea.

Los muertos eran incontables.

Mientras los centrales se reorganizan en el desmantelado Trapiche, multiplícase Zamora en acti-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 421>

vidad y talento. Ve con gusto que los enemigos se internen en el bosque, y que avancen sobre su segunda línea de trincheras. A este efecto dispone que las pequeñas barricadas sean sostenidas con pocos fuegos, y abandonadas en seguida, para irlos atrayendo á la segunda línea, donde debían quedar como en un cerco, todos muertos ó prisioneros.

XIII. Apostó á Trías y á Aranguren con seiscien- JfSEÍSah1 tos hombres en el cañaveral que se extendía entre el camino real y el río, para impedir que los centralistas le flanquearan sus posiciones ; como lo intentaron tres veces más.

En el Trapiche y en este cañaveral fue dmde se peleó con más encarnizamiento.

Pasaron las cosas como -Zamora las había preparado.

Los centralistas, orgullosos de haber tomado E! Trapiche, y creyendo ya asir la victoria, porque ignoraban por completo las líneas de defensa de Zamora, avanzan aún sin beber ni comer, á asaltar el segundo orden de fortificaciones. Con la segunda División va ahora la Brigada Oberto, del Comandante Rubín.

Los federales, en obedecimiento á la orden de

Zamora, pelean un rato, dejan las posiciones,

y con escasas pérdidas vana reforzar las que están más adentro.

Así van entrando engañados los enemigos de la Federación en el corazón de la montaña, hasta que pisan el lomo de perro, donde los esperan batalladores invencibles.

XIV. La lucha toma aquí mayores proporciones, l» trinchen pues la División Pérez Arroyo, reforzada con tropas

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frescas de las reservas, porfía en tomar á viva fuerza la inexpugnable trinchera del ángulo de El Martillo, defendida por Petit, y bien apoyada en sus costados por las dos en que se hallaban Chaquert y Vásquez, Amador Armas, Bruzual y Eseobar, Rogerio Freytes y gran número de hombres de armas, decididos á resistir hasta el último aliento.

El choque fue, como debía ser entre gente heroica, estupendo y horrible. Unos á otros quitábanse la vida aquellos combatientes, como si fueran de crueles razas ene ni gas, cuando en su mayor número eran conocidos, amigos, condiscípulos, y aun parientes, hijos de una misma patria, que los llorará por siempre, á todos, heridos ó muertos, con igual dolor.

No era posible á los centralistas adelantar un paso, porque las descargas de los federales eran tan apretadas y certeras por el frente y los flancos, que las compañías casi en totalidad caían destrozadas unas sobre otras, apilándole los heridos y los muertos en el lomo de perro, y en los pantanos laterales del camino.

Una pieza colocada en medio del callejón, no cesaba de disparar balas y metralla contra aquellos inconmovibles parapetos, formados de gruesos troncos, duros como el hierro, y que diez años pasados vimos intactos.

Rubín iba ahora en vanguardia, invulnerable, magnífico de arrogancia, como si tuviera la virtud mágica de espantar la muerte con su voz y sus terribles golpes.

átZuZL¡úll ^- ^ue entonces cuando Zamora pasó de la á u ofensiva, defensiva á la ofensiva, abriendo al efecto el ejército

YIDA DEL GENERAL ZAMORA 431

en dos alas, y lanzándolas impetuosamente sobre los costados del enemigo para cortarlo, al mismo tiempo que lo acribillaba de^ frente desde las trincheras con una inacabable tempestad de luego.

Serían las cuatro de la tarde.

Aquel torbellino mortífero de rayos y de estruendos en un bosque de sombras, que se estremecía con las detonaciones de las armas, los movimientos de las tropas, y el despedazamiento de los árboles, parecía una de esas súbitas catástrofes de la naturaleza, que llevan consigo la desolación y el espanto.

La brega duró más de dos horas, sin que pudieran los centrales romper las filas liberales, ni ganar un palmo de terreno, á pesar de los esfuerzos de Rnmos, de Casas, de Rubín, de Meneare, Prada, Figueroa, .Oberto, Félix M? Moreno, Espelozín, José Ignacio Mijares, de las acometidas de su valentísima oficialidad, y del fuego horroroso de aquella tropa impertérrita,* veterana, sufrida y obediente.

Intentaron algunos Jefes flanquear estos baluartes, como lo habían hecho con El Trapiche ; pero lo que obtuvieron fue extraviarse en el laberinto de trincheras, zanjas, y fangales, y quedar prisioneros en manos de los federales. Tal sucedió al Coronel Illas, que peleaba al frente de la Brigada de reserva de la División de Coro.

XVI. Oficiales y soldados con las piernas que- litfMttBUi bradas, apenas si podían arrastrarse por los barrizales 2¡T centrtht" para abrigarse á orillas del camino. Otros se abrazaban con los árboles, para no caer precipitados en los tembladares. Y muchos exhalaron el último suspiro bajo las ruedas de los cañones. *

432 DOCTOR L. VILLANUEVA

Caen heridos los Comandantes Espelozín y Oberto, los Capitanes Pulido, Manrique, Fagúndez y Manuel Ramírez, y veinte Capitanes más de las dos primeras Divisiones.

La ultima pieza quedó sola en medio del camino, porque todos los artilleros yacían por tierra, habiéndose empeñado con este motivo una lucha obstinada entre los liberales, por llevársela, y los centralistas, por no dejársela quitar ; quedando al fin en poder de estos últimos, que lograron enlazarla con una soga y arrastrarla á su campamento.

Cuando desaparecían las filas de adelante, arrojábanse á la trinchera las segundas, ensoberbecidas por la vocería de los oficiales, los toques de avance y el deseo de la victoria.

Zamv ra los habría hecho matar á todos, á no haber acudido la noche, como una Divinidad piadosa, á atajar aquella obra de devastación.

se suspendan XVII. Empezó á oscurecer.

lot fuegoi.

Las cornetas mandaron cesar el fuego.

Un trueno sordo, inmenso, aterrador, fue la última explosión de las armas.

Después, un silencio tétrico llenó el bosque.

Las tropas centralistas, rendidas de sed y de fatiga, se echaron en el suelo; y apenas si los oficiales se medio incorporaban, cuando sentían algún siniestro ruido por la selva, de animales ó de soldados dispersos.

Las opacas claridades de la luna, medio alumbrando aquel campo de muerte, al través de las ramas* de los árboles, oprimían de honda tristeza aún las almas más endurecidas, zamortinui. XVIII. Zamora tuvo la intención de salir de la

U cortar al ene- i / i • i

mi**< montaña por una pica que mando abrir, y correr con la

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 433T

caballería á cortar á los enemigos por Maporal ; pero cuando sus soldados empezaron A romper el monte, se apercibieron de que g§nte contraria venía abriendo otra por la misma vía. Dispuso entonces que Bruzual sefuera internando por entre las matas, y que al sentirla cerca le hiciera una descarga. Eso mismo pasó & poco. La guerrilla centralista se disperso, sil* que nunca más volviera por aquel lado.

Pero los del Gobierno por su parte supieron ai anochecer que zapadores de Zamora abrían la misma i'i otra pica ; y entonces fué cuando temerosos, de ser cortados dispusieron emprender la retirada.

XIX. A media noche se dio en voz baja te orden 11 de contramarcha r, vista la imposibilidad de tomarlos atrincheramientos; y para ocultar esta operación, mandó Ramos revivir otra vez los fuegos en el lomo de perro.

Empezó el movimiento hacia atrás. De cincuenta á sesenta Jefes y oficiales heridos, fueron sacados en hamacas: más de doscientos iban á caballo ó á pie ; los demás que no pudieron marchar fueron dejados en la selva.

El ejército no había comido, porque el ganado se desgaritó desde temprano, y nadie pensó ei> preparar las raciones para el día. Por otra parter Ramos y Casas lograron en la noche tener noticiasciertas de que detrás de aquellas trincheras había otra línea, aun más difícil de tomar; por lo cual un nuevt* ataque tenía que ser considerado como una injustificada temeridad.

FA ejército conservador estaba reducido á la mitad, pues quedaban en el campo más de quinientos muertos y como trescientos heridos.

434 DOCTOR L. VILLANUEVA

El Doctor Vicente Amengual dejó escrito en un documento oficial, que la batalla de Santa Inés duró hasta las doce de la noche, y que las tropas del Gobierno se retiraron porque el enemigo estaba atrincherado y no era posible flanquear la montana donde estaba fortificado: que ignoraba la pérdida sufrida por el ejército federal en la montaña, pero sí era un hecho que el Gobierno había perdido de seis á setecientos hombres entre muertos, heridos y dispersos.

En otro del Doctor P. E. Morales, se dice que la pérdida del ejército del Gobierno fue como de mil jiombres.

Trías fue quien avisó á Zamora la marcha <en retirada, y er. el momento se emprendió la per isecución.

Zamora se puso á la cabeza de la caballería, y Falcó n tomó á su cargo los infantes.

Ramos confió á Rubín la retaguardia con las columnas menos fatigadas, para que hiciera frente al ejército federal, que sin duda los perseguiría, así como se enterara de su marcha de retroceso.

LLaT.imm. XX. En efecto : Zamora voló sobre ellos como

un numida, y los alcanzó en La Palma con sus escuadrones. Rubín hizo cara; y en el acto se trabó una refriega encarnizada entre los lanceros del uno y los infantes del otro.

Mientras se sostiene el choque, Zamora los envuelve con unos escuadrones, y hace desfilar otros por la izquierda, con soldados de infantería á la grupa para cortarlos en el monte del Bostero.

Era pintoresco ver galopar por la sabana la caballería federal, con sus pabellones amarillos batí-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 435

«dos por el viento, con Zamora á la cabeza, que ¿i t urdí a á los enemigos, y movía las pasiones de los suyos, con sus incesantes toques de clarín, dados por él mismo.

XXL Sofocados por el polvo, y acosados por la ei n»»t«r*~ .sed, llegaron los centralistas al montecillo mencionado, «donde estaba ya Zamora con los infantes que había apeado; y allí los detuvo, mientras llegaban las columnas de Trías, Calderón y Aranguren.

Vuelve Rubín á hacer frente á los federales, y á sus gritos de pelea renuévase el combate.

Mátanle el caballo ; y continúa defendiéndose -á pie largo trecho, hasta que le traen otro. Los heridos que pueden marchar se ponen adelante. A -otros se les , abandona por el camino, condenados á morir á la intemperie, de hambre, de sed y crueles dolores.

En este encuentro perdieron los del Gobierno -como 200 hombres, muchas armas y pertrechos. El ■General Ramos es herido.

Metieses cae prisionero ; y al verle Zamora le -dice: Maestro, esto no estaba en sus matemáticas. Trátale con bondad, le hace, dar una bestia, y lo recomienda á sus Edecanes.

Allí murieron, entre otros, Figueroa \ el artillero Velásquez.

Mijares recibió una herida mortal, pero llegó 4iún vivo á Barinas, donde al fin espiró.

XXII. Del Bostero continúan la retirada á Ma- ■•h»l poral, bajo el sol abrasador del medio día, al pasitrote, sin comer ni beber: y con la persuación de que no podía llegarse á Barinas sino disputando el terreno palmo á palmo.

43ti DOCTOR L. VILLANUEVA

Pero en el Maporal está ya otra vez Zamora por vanguardia, con sus caballos y sus infantes á la» ancas.

Como los árabes, es Zamora el hombre de hierro que resiste el sol, descubierta la cabeza; corre por el desierto entre ráfagas ardientes ; con botas 6 descalzo se mete por los espinares; y puesto á caballo, siempre delante del enemigo, con su aterrador clarín, es como una sombra armada que despierta á su voluntad las tormentas de la guerra.

El estrépito de las cornetas y del fuego recomienza simultáneamente por el frente, flancos y retaguardia.

Era que el General Falcón había llegado con el grueso del ejército y daba una carga asombrosa, que Rubín y Casas, al frente de sus batallones, resisten con firmeza admirable, hasta que todo el ejército, con sus bagajes y el parque, pudo entrar en el pueblo de Toruno, abrigados ya todos de las sombras de la noche En El Bostero quedó prisionero, entre otros, el Comandante Carrera.

Allí perecieron muchos más. Al Capitán José María Ramos le quiebran las piernas de un balazo: y algunos Cuerpos emprenden dispersarse para no tocar en Barinas.

La derrota era inminente; y para poder salvar el ejército se determinó seguir sin dilación á Barinas, que distaba cuatro leguas.

Marchan íoda la noche.

XXIII. Antes de amanecer paran su retaguardia

Uroníy Puní* . .

torda. <>n Caroiu cuando ya los heridos, el parque y la impedimenta estaban en sa'vo. Allí dan frente al Ge-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 437

ueral Zamora, y continúan batiéndose, hasta Flor Amarilla ó Punta Gorda, ya cerca de la ciudad.

Cuando llegaron á ésta en la madrugada del 12, tenían cuarenta v ocho homs sin comer. Al^unos infelices soldados enloquecieron en la travesía por el sol y la sed*

Era el mes de diciembre, en que las sabanas están secas v áridas, cubiertas de terronales á manera de piedras puntiagudas, que maltratan á los hombres y á las bestias, hasta despearlos y rendirlos de fatiga.

Cuando los oficiales excitaban k los soldados á marchar ligero, estos desgraciados les enseñaban los pies chorreando sangre.

De Santa Inés á Barí ñas se libran, pues, cinco acciones en un día y una noche, á saber : Bostero, Maporal, Toruno, Caroní y Punta Gorda. En tan sostenida persecución perdieron mucha tropa, algunos Jefes, fusiles y parte de sus pertrechos, banderas y equipajes. Entraron en Barí ñas con trescientos heridos.

XXIV. Trece días se quedaron los conservadores uM . ■ ..

1 sitio de Birl-

en este lugar, procurando reponer sus pérdidas. Pero M8#

cortadas sus comunicaciones por todas las vías, no lograron hacer venir á sí tropas de ninguna parte (1)

Las de Mérida y. Trujillo, en número de dos-

1 República de Venezuela. — Jefatura del r-yército de Occidente.— Cuartel General en Barinas á 12 de diciembre de 185».

J&efior Comandante Manuel Herrera.

Este ejército, que intentó ocupará Santa Inés, muy defendido por el enemigo, en una posición poderosísima, ha tenido que venir en retirada á fortificarse en esta plaza; pero como dentro de poco kc espera que estará sitiado por la facción, se vendrá usted en el acto con toda su fuerza á reforzarnos, haciéndose reconocer convenientemente al eutrar. Venga volando, volando.

Hoy de usted atento servidor,

El General. — P. E. liamos.

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cientos hombre?, que iban sobre la ciudad ai mando del Comandante Baptista, se revolvieron de Barí ñasla vieja, por haber sabido, de sus corredores, que en Parángula, punto medio entre Barinas y Barinitasr había ya apostadas fuerzas federales.

El Comandante Manuel Herrera, que había quedado de guarnición en Guanare, levantó los trescientas hombres que mandaba, desocupó la plaza, y tomó* el camino de Botonó, pira ir á incorporarse por Barinitas al ejército: lo cual tampoco pudo hacer, y fue á parar á Trujillo.

Como los enemigos no quisieron aceptar la batalla campal, en la sabana, á que los convidó Zamora, el día que allí llegaron, empezó éste á dictar providencias para rendirlos por hambre, ya que no querían salir á batirse, ni entrar en arreglos de capitulación.

El General Falcón se acampó con su Estado Mayor en el banco de sabana, dicho Flor Amarilla, á la izquierda de la entrada en la ciudad. En una mata enfrente se instaló la Prevención: y allí fueron amontonados los prisioneros.

orden General XXV. El 16 se expidió por el Estado Mayor Ge-

4eZa»ort. '. l

neral la siguiente orden general :

ORDEN GENERAL DE 1(> DE D1CIE3IBRE DB 18,19.— EN EL CAMPAMENTO FRENTE A LA CIUDAD DE BARINAS.

El Valiente ciudadano General Ezequikl Zamora, ha acordado en esta fecha, por el órgano de este Estado Mayor General, publicar en la orden general de hoy la resolución 8iguiente : Considerando que son acreedores á la recompensa nacional aquellos Jefes, oficiales y tropas que han ocupado sus puestos con dignidad en la función de armas que tuvo lugar el día diez de diciembre en Santa Inés; cuyo triunfo han obtenido las armas Federales sobre los enemigos de la Patria,

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 439 DECRETO :

1? Se les concede el ascenso inmediato á su carrera, desde la clase de cabos, hasta la de Generales, á lo» oficiales y Jefes que se encontraron en dicha acción y á los cuales se les expedirán en su oportunidad sus respectivos títulos. — 2? El soldado que haya sobresalido en la predicha acción de Santa Inés, por un hecho distinguido de valor, tendrá el premio que merezca, previo el informe del Jefe bajo cuyas órdenes se encontraba combatiendo.— Publíquese esta resolución en la orden general de hoy, para que se les guarden á los agraciados los fueros y honores qne les corresponden.

El General Jefe.

W. Catado. Es copia.

Casado.

Ba riñas quedo en consecuencia sitiado : singanados ni mantenimientos de ninguna especie: sin más agua que la de una acequia, porque el río estaba bajo las armas de los sitiadores: sin pastos para las bestias: y con enfermos en número extraordinario, cuyo hacinamiento produjo á poco en el ejército fiebres y disenterías.

En tan conflictiva situación, reuniéronse en junta de guerra los Jefes principales, y determinaron, oído el dictamen del General en Jefe, retirarse á Mérida por Pedraza, porque el camino de Barinitas estaba ocupado por fuerzas federales y no creían fácil el paso á Guanare, Araurey San Carlos.

XXVI. Reducidos ya á mil y pico de soldados, Pe buIbm • salieron al fin de Barinas el 24 de diciembre, entre t0r010# once y doce de la noche. Zamora, informado de esta marcha por algunos liberales de la ciudad, levantó el ejército en la madrugada, y corrió en su seguimiento en la dirección que indicaban los prácticos de la sabana, Id cual era por Aranjuez hacia Mérida.

Amanecieron sobre el pueblito del Corozo, que

roao.

440 DOCTOR L. VILLANUEVA

alcanzaron á ver embanderado de amarillo. Antes de Hogar á él, sintieron tiros por retaguardia ; y otros -en el mismo poblado; habiéndose sabido después que ■eran para echar unos rezagados que saqueaban casas y habían abierto la iglesia, y tirado á la calle las imágenos del altar del Nacimiento.

Los centralistas lo dejaron á un lado: pasaron una quebrada ó riachuelo que corre al Suroeste; y señorearon la sabana en cuyo fondo se alza un chaparral sobre una colina.

En esta eminencia sentó su campo el General Ramos con la mayor parte de su ejército.

XXVII. Rubín siempre en retaguardia, se paró en la mitad de la sabana; y dos columnassuyas, al manado de Villapol y Mariano Michelena, quedaron más Atrás defendiendo el paso de la quebrada.

En ol ala derecha se formó en batalla la Brigada Caracas. En la izquierda otros Cuerpos.

A los primeros tiros de los federales, volvió cara Rubín, y los contestó denodadamente con toda su fusilería. Empero, rodeado de enemigos, y queriendo sostenerse en aquel paraje, pidió refuerzos; á lo cual contestó ol Coronel Casas ordenándole que se recogiera á la altma.

Rubín emprendió este movimiento con orden gallardo, dando fr» nte al enemigo, y tendidas las banderas.

Entóneos fue cuando se formalizó la batalla en todo el campo. El Ejército federal embistió á los centrales con arrogancia, pretendiendo romper aquellas compactas y aguerridas masas que parecían resueltas á defender sus posiciones.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 441

La acción del Corozo se' divide en dos períodos.

En el primero se sostiene Rubín en la sabana y se repliega en seguida, como hemos dicho, al montecilio donde estaban situados Ramos y Casas.

El Ejército se desorganizó un poco Cwii este movimiento, pero restablecida la formación, se puso en orden de batalla. En este instante puede decirse que fue cuando comenzó la segunda jomada.

Los federales atacaron la altura con su natural arrojo ; y aunque lo hicieron con furor, fueron arrollados sobre la sabana, porque se les agotó el pertrecho En tal situación, el General Faleón que e*fiba atento en el ala derecha á todas las peripecias del combate, viendo envuelto á Calderón y Aranguren, tomó un escuadrón, y atronó el campo con estas palabras que se han hecho célebres: u síf/anme los que quieran ver uv hombre f/uapo. Siguiéronle Guzmán Blanco, Luis Level de Goda, el General José María García, llamado El Indio, el Coronel Franco y algunos otros oficiales.

Arremete valientemente sobre el ala izquierda, donde la brigada Caracas, al verlo ir sobre ella, hincó la rodilla en tierra, acribilló sus jinetes á plomo, y los esperó en las puntas de las bayonetas.

Faleón saluda con el sable á los contrarios, que le contestan con la misma bizarría, y enfurecido les cae á machetazos dentro de sus mismas filas. Pero éstas eran inconmovibles.

Una y otra vez vuelve contra aquella muralla de hierro, y una y otra vez lo contrarrestan con una lluvia de fuego. Estaba sublime de entusiasmo y de valor.

442 DOCTOR L. V1LLANUEVA

Las columnas federales iban entrando en la sabana á banderas desplegadas, maniobrando como tropas regulares y aguerridas : pero no pudiendo dar un paso adelante por falta de municiones, se replegaban sobre la quebrada.

En medio de la pelea encuentranse Falcón y Zamora, habíanse, y conciertan un nuevo plan de ataque.

Sepáranse: Falcón parte á reconcentrar las infanterías para un asalto general, mientras Zamora carga al enemigo personalmente con todos los caballos, á fin de dar tiempo á que lleguen su parque y sus reservas, que venían volando por el camino de Barí ñas.

Los conservadores se habían reaccionado : barrían la sabana con un fuego vivísimo: cogían prisioneros, y arrollaban á los federales. Es un hecho que las columnas remolineaban, porque no tenían pertrechos Falcón recorría el campo, rugiendo como un león. Casas comprendió que el enemigo estaba quebrantado en sus posiciones, y en trance de una derrota. Lo dice á Ramos. Sus mejores tácticos, entre los que se distinguía Lino Revenga, ven claro el desastre de los liberales, y aconsejan lanzar sobre ellos todos los batallones, y perseguirlos para conquistar una victoria, y restablecer la campaña. Se dan disposiciones de que vuelen al campo los Cuerpos de Villapol y Mariano Michelena, que estaban apostados en el río, y al nrjmento acuden estos al conflicto.

Pero la orden de avanzar tué combatida por Rubín, quien opinó que aquella retirada era un movimiento falso de Zamora, para envolverlos y llevar-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 443

los á alguna otra emboscada como la de Santa Inés.

XXVIII. Mientras estos Generales deliberan, du^siEZE Zamora, que se veía perdido porque no llegaba su parque, adivinó la intención de Casas ; y entonces, arrebatado de inspiración bélica, como solía en sus grandes peligros, idea contenerlos á todo trance, y pega fuego á la sabana para interponer un mar de llamas entre los dos ejércitos.

Mientras tanto llegaría Amador Armas con el parque, y se tomaría la ofensiva.

El efecto de aquel incendio fue horrendo.

Sobrecogiéronse dé espanto todas las almas, aun las más impávidas.

La sabana, tostada, como se ponen las hierbas y matorrales de Los Llanos en los meses de verano,, ardió por todas partes en un instante.

Las llamas se levantaban como olas con un zumbido pavoroso.

El humo en una nube espesa y caliente obscurecía el campo, y envolvía y ahogaba á los combatientes, de los cuales unos corrían desalados á la« altura y otros á la quebrada.

Los caballos relinchaban y brincaban por encima de las candeladas, á tiempo que los heridos,, sintiéndose quemar vivos, lanzaban lamentos dolorosísimos pidiendo piedad á los hombres y á Diosv para que los libertaran de morir en aquel atroz, suplicio, que parecía evocado del fondo del infierno.

La ceniza levantada por el viento como en los huracanes plutónicos, no dejaba ver nada. Amigosy enemigos se asaban en las mismas brasas, entre detonaciones de armas de Fuego y cargas de pertrecho regadas por el campo.

444 DOCTOR L. VILLANUEVA

Cuando se acabó el incendio todavía se peleó para disputar el agua de la quebrada y de un pozo vecino, porque unos y otros estaban devorados por la sed. Muchos murieron por buscar un trago de agua.

Los dos ejércitos, ensoberbecidos, volvieron á mirarse como dos gladiadores que no se tenían miedo.

La mortandad había sido inmensa. Allí rindió la vida el benemérito Franco. El Coronel Cases fué herido: y de los liberales entre otros, el Comandante Luis Level de Goda, y el Coronel R. David Henríquez, Jefe de Estado Mayor de Aranguren.

El Comandante Benigno Rivas quedó prisionero en manos del Coronel Rafael Márquez, Jefe de Estado Mavor de Trías.

Perdido por los centralistas el momento psicológico de la batalla, el momento decisivo que un Zamora oligarca hubiera aprovechado para encade, nar la victoria, tuvieron que seguir su retirada á Curbatí, entre las cuatro y cinco de la tarde.

El Corozo es la más completa batalla campal de la campana de Zamora en 1859.

Zamora, como un genio creador de tempestades, atraviesa en su caballo de batalla por aquel lastimoso cuadro de desolación, de ruinas y de muerte. Conmuévese su corazón de guerrero; pero él sabe comprimirlo pora no pensar sino en el exterminio de sus enemigos.

Su voz, como trompa de devastación, resuena en los oídos de los oligarcas, desde El Corozo hasta

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 445

Caracas, como la señal agorera de haber llegado el día final de su dominación.

XXIX. El grande ejército de la oligarquía, es- D«M«tr© taba casi despedazado. Sus reliquias iban á quedar prisioneras el día siguiente en Curbatí.

En efecto: Ramos pasó esa tarde el río de este nombre, y pernoctó del otro lado. Por la noche Zamora no intentó nada contra ellos, ocupado en rehacer sus fuerzas para despertarlos en la madrugada con las descargas de sus fusileros.

Muy temprano se tirotearon las avanzadas En la plazoleta del pueblo dieron un balazo en la cabeza al Comandante Prada, que lo dejó sin vida ; era éste, Jefe de mérito notable.

El ejército llevaba la vía de Pedraza, pero el falso informe de unas mujeres, diciendo que Zamora había pasado en la noche por allí con su ejército, y que estaba rnás adelante, hizo suspender la marcha por aquella vía, y tomar la de Mucuchíes.

Reunióse un Consejo de Guerra para deliberar.

Casas opinó por dar una batalla final á los federales, y jugarlo todo en aquel punto. La posición era buena, y aún conservaban algunas tropas, bastante parque y el ánimo alzado.

El dijo : Si emprendemos la retirada por esa montaña^ pereceremos todos miserablemente.

— Si damos aquí, una batalla, moriremos tal vezy pero con gloria.

Su opinión fue desechada. Se emprendió la fatal marcha.

El camino era angosto y peñascoso: ácada paso serpenteaba una vertiente.

446 DOCTOR L. VILLANTJEVA

El río daba vueltas por el camino : y Zamora, más práctico, tiraba su gente por entre las curvas, y á •cada momento les salía por delante haciéndoles fuego.

En una de esas vueltas fue sorprendido Rubín, y tuvo que sostener un combate cuerpo á cuerpo, en que perdió el sable. De allí á poco se extraviaron del camino, y se encontraron de repente en un bosque oscuio atravesado de bejucos inmensos, en que algunos quedaron ahorcados.

En otra vuelta. hicieron el último esfuerzo por salvar los restos del parque ; pero allí lo perdieron iodo.

Ue este sitio en adelante el desastre fue general y completo. Las tí opas se desbandaron.

Rubín se salvó en un monte donde un indio, a quien halagó con unas onzas de oro, le dio de comer, y le mantuvo oculto por varios días.

Casas, con Mariano Michelena y C. Hernaiz, se extravió entre las matas por varias horas; y oía las voces claras y distintas de sus perseguidores.

Con su natural sangre fría, montó su revólver, resuelto á levantarse la tapa de los sesos, antes que dejarse vejar.

Por su buena suerte los vencedores no dieron con ellos, y entonces pudieron seguir por la montaña, aunque medio muertos de trabajos y miserias.

Ramos es conducido en hamaca por el camino fragosísimo de Curbatí á la villa de Mucuchíes, adonde llegó, luego de tramontadas ásperas montañas y un páramo, la noche del 28, con los pocos Jefes, oficiales y soldados que le quedaban, todos á pie, desnudos y extenuados de hambre.

VIDA DEL GENERAL ZAMOEA 447

Muchos dispersos tomaron el camino de Trujillo.

XXX. La situación pasada al Gobierno por el wI5gí¡5to. Estado Mayor General, fechada á 5 de enero en Marida, daba por total del Ejército doscientos ochenta y siete soldados de fuerza disponible, con un depósito de cinco Comandantes y die:-* y siete Capitanes, veintisiete Tenientes y diez y siete Sub-tenientes.

El 28 se leyó en Curbatí á las tropas federales la proclama del General Falcón que reproducimos en seguida:

JUAN 0. FALCÓN,

GFNERAL EX JEFE DE LOS EJÉRCITOS FEDERALES,

Al Oran Ejército de Occidente.

Compañero» de armas ! Un recuerdo ante todo y una lágrima sobre la tumba de nuestros hermanos que lian sucumbido gloriosamente. Hemos terminado la presente jornada. El diez de diciembre es una techa clásica en los fastos de la revolución. El campo de Santa Inés y, como corolarios suyos, los de La Sabana, El Corozo y Curbatí, esos sepulcros del ostentoso ejército, el más numeroso de cuantos se han organizado contra la Federación, quedan inmortalizados por vuestro heroísmo. Cinco mil hombres han desaparecido como una sombra ante vuestra pujanza.

Guerreros! Me siento orgulloso de hallarme á vuestro frente. Bravos eu el combate, magnánimos después de la victoria, habéis conquistado el doble laurel de valientes y humanos. Así se conducen los guerreros hijos de la libertad, así acojen al vencido, como lo habéis acojido vosotros, con abrazos y enternecimientos fraternales.

Que el Dios de la paz, presida desde hoy nuestra marcha triunfal ! Elevémosle nuestras preces fervorosas para que inspire á los enemigos de la causa popular el convencimiento de la esterilidad de sus esfuerzos ; y que nueva sangre no se derrame para dar cima á la obra de civilización que hemos emprendido. Pero si fuere necesario, aceptemos el doloroso sacrificio : combatamos, triunfemos, que luego nos dedicaremos con el mibino tesón, á curar las heridas de la Patria de todos.

Compañeros ! La libertad es nuestra diosa, la frater-

448 DOCTOR L. VILLANUEVA

nidad es nuestra divisa. Ese culto y esa ensena vamos á fijarlas en breve sobre las cimas del Avila! Marchemos á la gloría!

Dada en el Cuartel general en Ourbatí de Barínas, á 28 de diciembre de 1859, Año 1? de la Federación. — Juan C. Falcó*.

rrltlonerot, XXXI. JEFES Y OFICIALES HERIDOS Ó PRISIONEROS EN keridos y muerto* del ejército LOS COMBATES DESDE S AMAINES HASTA CURBATI centralista.

General Pedro E. Ramos, herido.

Coroneles:

Manuel Y. de las Casas, herido ; Julián Ramos, prisionero; Juan José Jilas, prisionero.

Comanda ntcH :

Francisco Miguel Pérez Arroyo, herido; Manuel Oberto, prisionero; Luis Ezpelosín, herido ; Manuel Narvarte, prisionero; Martín Davalillo, prisionero; Antonio M* Fernández, Manuel Ortega é Ismael Melendres, heridos ; Manuel Ramírez, prisionero ; Manuel Paredes. José Antonio Tovar y Froiláa Flores, heridos; Miguel H. Betancourt, Benigno Rivas, Juan Ángel Betancourt y Lino J. Revenga, prisioneros.

Capitanas:

Pedro Pérez y Jesús María Soriano, prisioneros ; José Antonio Pulido, Marcos Blanco, José María Giménez, Juau Oliveros, Rafael Romero, Javier Zavala, Ramón García, Agustín Fagííndez, Próspero Rey, Esteban Méndez, Francisco Sosa, Manuel Travieso y Olegario Meneses, heridos; Pedro Curta», prisionero; Marco Aurelio Rivera, herido; Alejandro Marcusí, José Félix Cardozo, Vicente Petit, Pedro Freites y Orisanto Quintero, heridos.

Ten ¡en ten :

Enrique Manrique, prisionero ; Basilio Pacheco, Francisco Tidaneta, Ramón Sutil, Leandro Berroterán, Juan José lbarra, Juan Pío Cofa, Clemente Pérez, Félix Chirino, Manuel Carrillo, Eusebio Espinoza, Francisco Espinoza y Federico Landaeta, heridos.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 449

Subtenientes :

A. Primero, J alian Colmenares, Tomás Hernández y Jesús Avila, heridos.

CONTUSOS

Comandante Crnz Fernández; Capitán Astolfo Ramos ; Capitán Luis M. Díaz, prisionero ; Subteniente José María Aurrecochea.

LISTA DE LOS JEFES Y OFICIALES MUERTOS EN LOS DIVERSOS COMBATES

Coronel Antonio Jelambi.

Comandantes :

Camilo Prada, José I. Mejías, Alejandro Figueroa, José Ángel Cardozo.

Capitanes :

Andrés Velasco., Natalio Blanco, Francisco Romero.

Tenientes :

Reyes Piñango, Manuel Pacheco, Julián Monjuí, José Eulogio García.

Subtenientes :

Manuel María Istíiriz, Genaro Bobadilla, Manuel Jiménez, Rafael Sáez.

Faltan algunos oficiales heridos ó muertos cuyos nombres no se han podido obtener.

XXXIÍ. República de Venezuela. — Estado Mayor General c©m«iiicmfMB del Ejército de Occidente. — Cuartel General en Mérida oficial ¿«i coá 20 de enero de 1860. "iSiíE!*11

<¿ tierra

Señor Secretorio de Estado en los Despachos de Guerra y Marina.

Acuno á usted recibo de su nota oficial, fecha 9 del que cursa, dirigida á S. E. el General Comandante en Jefe del Ejército de Occidente, referente á la ausencia de noticias oficiales, en que estaba el Supremo Gobierno, del desastre de Santa Inés, y de los referidos combates que con posterioridad tuvo que sostener el Ejército con los facciosos, hasta aquella fecha en que se impuso V. S. de la llegada de S. S. el General á Mucuchíes y del propósito <le fijar su Cuartel General en esta ciudad.

450 DOCTOR L. VILLANUEVA

La carencia de noticias oficiales se explica fácilmente por la completa incomunicación en que permaneció este Ejército durante trece días en la ciudad de Harinas, pues el enemigo, aprovechándose de la ventaja que le ofreciera su caballería y del conocimiento práctico del terreno que pisaba, cubrió todos los camiuos de guerrillas, que cerraban el paso á nuestros postas. Grandes esfuerzos hizo el que suscribe por llevar á conocimiento de usted aquellos funestos sucesos, cuya ignorancia podía traer á la República males de gran trascendencia, pero ellos fueron infructuosos ante el vigilante espionaje del enemigo y la encubierta hostilidad de los habitantes de aquella Capital.

Bien comprendió S. S. el General, desde su arribo á esta provincia, que el enemigo, alentado por el triunfo obtenido sobre nuestro Ejército, y estimulado por la cretncia de que las provincias del centro se hallaban indefensas, trataría de caer de improviso sobre ellas, y aprovechándose del primer estupor que necesariamente debía producir en el ánimo de los defensores del Gobierno la nueva de un revés tan inesperado, dominándolas, generalizar en toda la República la revolución y amenazar seriamente la Capital.

En esta virtud se ocupó, sin perder instantes, y sin omitir paso alguno, en reorganizar el Ejército con el contingente de estas Provincias, y marchar á Barquisiuieto ó á otro punto que con más urgencia reclamara su presencia : y como viera que el malestar de su salud le impedia emprender marcha inmediatamente, ordenó, con fecha i> de enero, que el Comándate Rubín, como uu Jefe caracterizado, se moviera hacia la provincia de Trujillo. donde debía organizar las fuerzas que existían allí y seguir para la de Barquisimeto á tomar el mando accidental de todas las fuerzas, hasta la incorporación del Cuartel General. Razones de otro género h:m obligado á S. S. á permanecer en esta Capital. De todo se ha dado cuenta á usted oportunamente.

Por lo expuesto verá usted que S. S. ha obrado en todo de acuerdo con los deseos del Supremo Gobierno y que usted manifiesta en su nota.

S. S. de conformidad con las órdenes del Gobierno, y con sus vehementes deseos, se moverá tan luego como se le proporcionen bagajes.

El me ordena decir á usted para conocimiento de S. E. el Poder Ejecutivo, que es su propósito firme buscar y batir al enemigo y exterminar de un golpe una facción que está todavía en pie, para mengua del honor nacional y escándalo de la América.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 451

Hoy misino se pone este Estado Mayor General en comunicaron con S. E. el General en Jefe del Ejército.

El Coronel Jefe,

Manuel Vicente de las Casas. (1 )

XXXIII. Mientras los restos centralistas se aca-¿f^JJ¡¡5J¡ ban d<3 disolver en Mérida, despojándose Ramos desustaClri0i' Jefatura, para investir de ella al Comandante Rubín, y dispersándose los oficiales hacia Trujillo, Maracaiho y Táchira; el General Zamora, al revés, rehace su Ejército: levanta nuevas legiones con armas del enemigo: y despidiéndose de aquellos campos testigos de su gloria militar, emprende marcha triunfal á Barinas, á Guanare, á Araure, hasta San Carlos.

El General Trías es nombrado Segundo Jefe del ejército de Occidente: y el Coronel Márquez se encarga de su División. Prudencio Vásquez va de Jefede Operaciones de Barquisimeto y Yaracuy : Martín Segovia del Bajo Apure ; y el Coronel López de Barinitas.

Los Estados de Barinas y Portuguesa qurdan bien organizados con Gobiernos de carácter civil y mi-

(í) Scarún los informes que han dado varios oficiales del mismo Ejército, los facciosos tomaron un considerable número de pertrechos de los del Gobierno y la mayor parte del armamento ; y aunque es cierto que, á pesar de la ventajosísima posición que tenía la facción cuando fué atacada en Santa Inés, tuvo muchas bajas por heridos y muertos y que fué considerable el descalabro que sufriera en el Corozo, esa pérdida puede consideraTse repuesta por el frran número de prisioneros <iue hizo al Ejército en la retirada de Santa Inés y en la vía de Curbatí donde, ya en desorden las fuerzas del* Gobierno, fueron cortadas, y columnas enteras tuvieron que rendirse; por manera que la facción si no está más numerosa y mejor pertrechada hoy, no puede decirse más débil que antes de ser atacada en Santa Inés ; y sí que el floridísimo Ejército del Gobier no desapareció.

[Oficio del Gobernador de Metida al Ministro de Guerra y Marina.— Enero 23 de 1800].

452 DOCTOR L. VILLANUEVA

litar, sin que en sus territorios se viera un solo* enemigo armado.

La campaña que empezó Zamora el 22 de febrero en Coro, ha terminado en Ba riñas el 26 de diciembre con las más ruidosas, espléndidas y definitivas victorias.

Es una obra de diez meses con diez v ocho ac-

ciónos de guerra, á saber: Boca del Yaracuy, El Palito, Araure, Barinas, San Lorenzo, Guanare, Barinitas, La Bellaca, El Hoyo, Santa Inés, La Palma, Bostero, Maporal, Toruno, Caroní, Punta Gordar Corozo y Curbatí; y dos sitios: el de Guanare y el de Barinas

Ha formado una pléyade de Jefes y oficiales de mérito relevante, á quienes ha dado lecciones prácticas de estrategia y enseñado una táctica nueva.

Ha constituido tres Provincias en Estados Federales, y establecido en ellos las más libres y democráticas instituciones.

Ha luchado con Generales de justa reputación como Cordero, inteligentísimo y diestro: Silva, Soublette, Páez, Justo Bricefio, Ramón Escobar, Andrade, Brito, Domingo Hernández, Sagarzaiu, Rebolledo, Ramos, Casas, Metieses, y otros igualmente esforzados y resueltos.

El más poderoso ejército de la oligarquía está va destruido.

Del 10 al 26 de diciembre ha sido derrotarlo nueve veces, y sufrido un sitio de trece días.

Empezó el combate de Santa Inés con tres mil hombres, y sólo llegaron á Mérida, desfallecidos y desnudos, de tres á cuatrocientos.

VIDA DEL GENERAL ZAHORA 453

Sus Jetes están heridos, prisioneros ó muertos. Banderas, armamento y parque, todo está en poder de los federalistas, quienes han agregado á su ejército como mil soldados prisioneros.

Zam.ra ha sido coronado con el triunfo.

Toda la Federación de Occidente corre á sus banderas; álzanse al cielo himnos en su honor ; y bajo arcos de laurel, desgájanse aquellas Provincias á la frontera de Cojedes, con fe ciega en el genio de este General, que no quiere para sí sino la gloria de haber sido el precursor del Caudillo de la Federación, el soldado del pueblo, y la piedra angular de la paz y de la libertad.

Ha gobernado discrecionalmente Estados populosos y ricos, y no tiene un céntimo en los bolsillos, equipaje ni ropa.

Viste un sencillo uniforme militar de paño burdo; lleva el kepis sobre el sombrero; y el sable pendiente de una banda amarilla terciada al pecho.

XXXIV. El 9 de enero lletra el ejército á las z*««ora©ns«»

33 •' Carlos.

cercanías de San Carlos, cuyos defensores, mandados por el Comandante Benito Figueredo, militar de honor, sabedores del desastre de Ramos, y entiendo ya sobre sí el oleaje del Ejército Federal, se preparan á recibirlo en la plaza, debidamente fortificada.

Al galope de su caballo va Zamora meditando el modo de rendir la plaza en veinticuatro horas, y de consagrar el triunfo de su causa, con la proclamación del Gobierno de la Federación en la plaza misma que va á conquistar.

En la tarde y inche de aquel día convino con sus Jefes principales, y con el Doctor Guzmán Blanco, nombrado últimamente Secretario suvo, en acia-

454 DOCTOR L. VILLAJíUEVA

mar al General Falcón, en San Carlos, Presiente Provisional de la República, para que procediese á nombrar su Ministerio y á organizar los Ejércitos Federales.

Edecanes suyos, como el honrado General Joaquín Rodríguez Guerrero, nos han referido que esa noche, vivaqueando á las márgenes del hermoso río de San Carlos, dijo delante de todos sus Edecanes, y de varios Jefes, que el día siguiente, á las tres de la tarde, estaría tomada la plaza: y que inmediatamente se proclamaría al General Falcón Presidente Provisional por el pueblo y el Ejército; y se emprendería marcha á las Provincias del centro.

En ejecución de este plan mandaría á Carahoho, según manifestó, oficiales muy prácticos de La Sierra, con orden de reconcentrar todos los federales alzados del Guárico, Carabobo y Aragua para marchar con todos ellos por Güigüe, Villa de Cura y La Victoria á la capital de la República.

Era realmente una nueva campana, digna de su genio militar. (1)

Amanece el 10 de enero.

Cuando las dianas saludan la conmemoración del

1 Ante» de saMr el Ejército de >raure, en Acarigua, hablé ron el General Falcón, y como su Auditor que era, tomé suh idean, y con ellas, en Agua Hlancn, esa misma noche, conferencié con el General Zamora, de qnien era yo Secretario General. Al día seguiente, en el punto en que 'acampó el Ejercito; desde el mediodía basta las cuatro de la tarde, enteré al General Falcón de que el General Zamora pensaba que en San Carlos, la población y el ejército, proclamarían á aquél Presidente en campaña, para que formase Ministerio y constituyera el Gobierno Provisional ue la Federación y, en seguida, nombrase ¡i Zamora, General en Jefe de los Ejércitos Federales de la República.

Tal como dejo dicho, quedó convenido, y es por tanto calumnioso haber asegurado que alguna vez existiera riva'idad ni desacueido, entre el Magnánimo Falcón y el Valiente Ciudadano.

"En defensa de la Causa Liberal." — (iuzmdu Manen.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 4fn>

primer mes de la gran victoria de Santa Inés, ya Zamora está á caballo ; pasa el río, y al galope entra por la calle principal de la ciudad, tremolando la bandera amarilla; no ya como un General, sableen mano, sino como el heraldo de su causa, como el hombre-pueblo á quien basta ya para rendir á sus últimos enemigos, no más que mostrarles el lábaro sagrado de la Patria, de la Patria magnánima que reconoce iguales hijos suyos á todos los venezolanos.

Hay algo de misterioso, de fantástico, de ideal, en e?ta sorprendente entrada de Zamora por las calles de San Carlos, soportando los fuegos de las trincheras, y dando vivas al Ejército, á Falcón y á su causa.

De misterioso; porque parecía movido por una voluntad superior; como si Dios le hubiera tocado en el corazón, y señalado á los ojos de su espíritu el invisible, radiante mundo de la inmortalidad.

De fantástico: porque recuerda la leyenda de aquel héroe antiguo, arrebatado al cielo en una tempestad.

De ideal : porque la imaginación quiere ver en aquel acto de pasear la bandera alrededor de los muros de su ciudad-Gólgota, la ceremonia de culto y honor, para legarla en herencia al Partido Liberal, á manera de su paladión en la paz y en la guerra.

Desmóntase en la plazoleta de la iglesia de San Juan, templo arruinado donde se dieron dos combates en la guerra de la Independencia ; sube á la torre para darse cuenta cabal del plan de defensa de los sitiados, y baja en seguida : y organiza una línea de ataque contra las fortificaciones para dar, pasado el medio día, según dicen, un asalto

456 DOCTOR L. VILLANUEVA

general al recinto de la plaza mayor donde, para esa hora, contaba tener reducido al enemigo.

Muerte de za- XXXV. Precipítase Falcón sobre La Yaguara a *rora' contener á Menéndez, que va de Valencia con 300

hombres en auxilio de la plaza, en el momento mismo en que el ilustre Capitán, conducido por la Deidad de la pérfida fortuna, cae muerto de un balazo al pie de una fortificación ....

Recibióle en sus brazos el General Guzmáu Blanco, y ayudado del General Pina le llevó fuera de la vista de los soldados, al aposento de una rasa vecina. (1).

El General Falcón quedó atónito al darle G112- mán la noticia

No es que la Revolución se derrumbara con la muerte de su caudil o militar ; sino que comprendió el General Falcón que Dios quería someter el pueblo á nuevas pruebas, como para hacerlo más digno de su final victoria.

El ángel de la gloria alzó del suelo los ensangrentados laureles del héroe; tendió sus enlutadas alas por el espacio, y fué á posarlas sobre los verdes ramajes de la selva de Santa Inés ; bosque célebre por siempre, que el pueblo desde entonces reverencia como la tierra santa de los ideales de la Patria. Apoteosis de XXXVI Aquí termina la vida del héroe, v

empiezan los honores de su Apoteosis.

El Partido Liberal bajo la administración del

General Guzmán Blanco, exhumó sus restos en San

Carlos y los guarda en el templo sacro de la fama : y

le ha erigido estatua en una de las plazas de !a capital de la República.

(1) La casa de la familia Acuüa.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 4r>7

Su retrato de cuerpo entero figura en el Palacio Federal del Capitolio, entre los de los Padre» de la Patria; y la antigua Ba riñas lleva su nombre como timbre de gloria inmarcesible.

Y en el presente tiempo, el señor General Ignacio Andrade, Presidente constitucional de los Estados Unidos de Venezuela, liberal de la escuela clásica, reverente á las glorias del Partido, y amigo augusto de los estudios de historia, decretó, en su calidad de Presidente del Estado Miranda, que se escribiera esta vida, y se explicara su trascendencia, depurados y definidos los hechos, y averiguadas sus causas bajo la más severa crítica de la razón independiente y libre; á fin de que las generaciones de •lo porvenir al entrar en la política, se modelen al ejemplo de la constancia, de la abnegación , de la honradez y virtud heroica con que Zamora reina y reinará siempre en los fastos de Venezuela; pueü la filosofía de la historia al derivar de los hechos las leyes generales del progreso y civilización de los pueblos ; nos enseña á buscar por medio de ellas en el organismo de las sociedades, las cauris de sus movimientos de descomposición y recomposición, con que renueva la Providencia sus elementos de» vida por profundas, y á veces cruentas y dolorosos purificaciones.

Expuestos así al estudio del pueblo de Venezuela el carácter y los hechos de este Grande Hombre, restaños sólo desear que se le imite en su patriotismo: los militares con la espada; y los civiles con la propaganda de la doctrina liberal; por medio déla palabra, de la pluma y del ejemplo.

APÉNDICE

PIEZAS DEL PROCESO

EN' EL JUICIO CRIMINAL

CONTRA EZEQUIEL ZAMORA

EN 1847 (1)

DECLARACIÓN

En la ciudad de San Luis de Cura, á cuatro de abril <le 1847, yo, el Auditor de Guerra, en virtud de la disposición contenida en la comunicación anterior, pasé al cuartel de la columna de Barquisimeto (2) y después de haber el señor José Pardo Gil aceptado y jurado desempeñar fielmente las funciones de secretario en el presente acto, hize comparecer á un individuo que se halla detenido en este lugar, el cual, impuesto del deber en que se halla de ser verdadero en sus respuestas á las preguntas que se le hagan, se le hizo el siguiente interrogatorio.

— Preguntado: ¿Cómo se llama usted, de dónde es natural y vecino, cuál es su religión, su estado y ocupación I — Responde: Me llamo Ezequiel Zamora, nací en el pueblo de Cúa, Valles del Tuy, he sido vecino de esta ciudad de Cura, mi religión es la Católica, Apostólica, Eoniana, de estado soltero; y comerciante.

1 Este expediente fué publicado en un cuaderno, con notas, cuyo autor no sabemos quien fue.

2 Por la ley el reo al rendir su declaración debe estar libre de toda prisión, y se hace constu* así en el proceso; y Kzequiel Zamora con un par de enormes grillos estaba rindiendo la suya ^11 medio de más de doscientas bayonetas.

IV APÉNDICE

— Preguntado : 4 Por qué cree usted hallarse preso en la actualidad ? — Responde : Por haber sido perseguido por las tropas del Gobierno, lo cual ha sucedido por haber yo levantado una facción contra él, ó cooperado á ella.

— Preguntado: ¿En qué términos cooperó usted & la facción que dice, ó la levantó ! — Contesta : Con la lectura de la multitud de papeles que salían de la prensa llamada de oposición ó liberal, que ahora conozco por lo que he sabido eran sediciosos ; papeles á cuya lectura me entregué con ardor, comencé por desatender mis ocupaciones ordinarias y concluí tomando las armas contra el gobierno de mi patria, creyendo que le hacía un servicio; y dado el primer paso, seguí de suceso en suceso hasta que fui aprehendido por un piquete de la columna de La Victoria en la noche de uno de los últimos días del mes anterior, (marzo), en el sitio de Palanibra, jurisdicción de San Francisco de Tiznados.

— Preguntado: ¿ Cómo puede usted explicarme su intención de hacer un servicio á su patria, tomando las armas contra el gobierno establecido! —Contesta: Creí lo lo que me decía la prensa llamada desmoralizadora: creí que un gobierno que infringe las leyes autoriza á los ciudadanos para levantarse en masa contra él : creí que las había infringido el gobierno de Venezuela: creí en fin que era realidad cuanto decían los papeles que hoy han causado mi perdición. Y tanto uníame afianzaba en este concepto, cuanto que el Gobierno, compuesto de tantos hombres ilustrados y que debían conocer el mal que se estaba causando con tales publicaciones, 110 trataba de contener semejante desmoralización.

— Preguntado: j No sabe usted que hay una ley especial sobre imprenta y las publicaciones que hacen por su órgano, ley en virtud de la cual sin que el jurado declare que se ha abusado de la libertad que allí se concede, no se puede proceder á tomar medida ninguna ; y no sabía usted que ese jurado estaba compuesto de personas que pertenecían al partido desorganizador de quien usted se queja hoy, lo cual hacía nugatorio los esfuerzos que se ponían en práctica para contener la licencia ? — Responde : Sé lo primero, mas ignoro lo segundo, y añadiré si se ine permite, que en mi concepto el Congreso debía haber dic-

APÉNDICE V

tado una ley que contuviese los males que se veía iba á causar la prensa por el camino de perdición que habían emprendido.

— Preguntado : ¿ Cuáles eran los papeles á cuya lectura ha dicho usted se había entregado t — Responde : El Patriota, Lis Avispas, El Zancudo, El Diario, El Sin Camisa, La Centella, El Rayo, El Venezolano y otros muchos que venían á mis manos de Valencia y otras partes.

— Preguntado : ¿ Estaba usted suscrito á todos estos papeles ó se los enviaban gratis ? — Responde : Había de lo uno y de lo otro.

— Preguntado: 4 Babia usted quiénes eran los autores de aquellos escritos, puesto que llegó á darles tanto crédito, que se dejó llevar ciegamente por las ideas que ellos publicaban ? — Responde : Conocí como autor de El Patrio ta al Doctor Felipe Larrazábal : se me dijo que de El Venezolano lo era también Antonio L. Guzmán : también oí dec:r que algunos eran obra del Doctor Fidel Rivas, otros de un señor Bruzual del Oriente, y Las Avispas de un joven nombrado Requena, individuos todos á quienes creí con la ilustración bastante para saber lo que publicaban.

— Preguntado : ¿Cuáles son los sucesos á que se ha referido usted en una de sus respuestas anteriores, los sucesos á que le condujo el hecho de haber tomado armas contra el gobierno de su patria? — Responde : Primero, el choque que tuve con las tropas del Coronel Guerrero en el sitio del Limón donde fui derrotado igualmente que la fuerza que allí mandaba compuesta de mil y un pico de hombres de infantería y caballería, fuerza que tenía por título "La Oposición" y se componía de cinco compañías, de cada una de las armas dichas y fuerza á cuya cabeza me encontraba yo con e\ carácter de General, segundo : el encuentro que tuve en Los Bagres con una fuerza, que mandaba "me dicen," el Capitán Villasmil, el cual por consecuencia del asalto que me hizo fue derrotado por mis tropas y muerto. Tercero: en el sitio de La Ollita tuve otro encuentro con las armas del Gobierno, pero me retiré habiendo reconocido que aquellas eran superiores á las mías. Oaarto : habiéndome dirijido de allí á las montanas de Oüigiie, frente á Manuare, con más de trescientos hoin-

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bres, tuve otro choque con una partida del Gobierno en el sitio de La Yuca, adonde vine de dichas montañas obligado por la necesidad ó falta de subsistencia: no» dispararon algunos tiros; pero nosotros nos fuimos, sin ser perseguidos, al sitio de Guacamaya, en donde no» rechazó otra fuerza del Gobierno, ó más bien que ésto, la noticia que tuvimos de que allí existía. Quinto: el ataque que tuvo lugar en el sitio de la Culebra y que mandé yo en persona (i la cabeza de doscientos y como cuarenta hombres. (1) Sexto : el suceso del sitio de Cataure, en el cual, viéndonos mis compañeros y yo casi cercados por las tropas del Gobierno, disparamos algunos tiros, hicimos pie firme y al favor de la osciridad de la noche nos retiramos. Y séptimo, en tin, el formal ataque que tuvo lugar en el sitio de Pagüito, en el cual pelearon á mi» órdenes más de trescientos hombres. Son estos los sucesos más notables de lo quo puedo llamar mi vida militar, desde que me decidí á obrar formalmente contrael Gobierno.

— Preguntado : ¿Qué pasos ha dado usted en su carrera revolucionaria con anterioridad al choque tenido en el sitio del Limónf Responde : los necesarios para reunir la gente que allí llevé, cuya operación dio principio en el Valle de Guambra.

— Preguntado: ¿Cuántas partidas logró usted reunir á las formadas por usted minino? — Responde: Las que habían organizado por su propia cuenta, sin conocerlos yo ni tener noticia de ellos, el citado Rangel, Rosalio Herrera, Evangelista Cabeza y Segundo Martínez.

— Preguntado : ¿Todos estos individuos se sometieron á las órdenes de usted f — Responde:' Sí, señor.

— Preguntado : ¿En virtud de qué disposiciones, orden ó mandato logró usted esta sumisión? — Responde: En virtud solamente del querer de los individuos nominados.

— Preguntado: ¿Qué precedentes pudo usted intere-

(1) La Culebra, sitio que» dista romo dos leguas de Mará— cay : cuartel general del León de Payara, donde tenía reconcentrado un »jcreito numeroso y bien pago que inoraba en todov los pueblos de Aragua. La Culebra dista de Vanta Crws una legua escasa, de Tunnero, cantón entonces, una v media, de Magdaleno <*os, de Ciudad de < ura, tres, de Cagna dos, y rodeado de muchos ot os pueblos queda casi en el centro.

APÉNDICE VII

sar para con ellos, qué razones pudo darles para conseguir que obrasen bajo sus órdenes unos hombres que, habiendo organizado por sí mismos sus respectivas partidas, debían creerse hasta abatidos sometiéndose á quien se les ofrecía para mandarlos sin darles fundamento alguno de superioridad? — Responde: No hice otra que, instruido de que existían varios grupos de hombres en armas contra el Gobierno, escribirles á los que los capitaneaban para que se me uniesen, diciéndoles en diferentes cartas que yo me había levantado para defender la Constitu" ción del año de treinta que creía infringida y hollada y que sino había individuos que me acompañasen, dejaría el territorio de Venezuela para dirijirme á donde hallara patria, paz y libertad, lo cual produjo el efecto de que todos los individuos á que me dirigí se me reunieron en San Francisco de los Tiznados con las fuerzas que tenían á su mando, advirtiendo, que para entonces ya Rangel estaba en mi compaña.

— Preguntado : ¿ Nó concede usted como yo, un efecto mágico y por demás milagroso á esas cartas que dice dirigió? jnó se sorprende usted de que un simple comerciante de Ciudad de Gura lograse llevar á su alrededor, con solo su nombre, nombre antes ignorado, á hombres tenidos por valientes y que por sí solos habían acometido la misma empresa que usted, lo cual les autorizaba para tenerle á lo sumo, como un compañero igual,, y nunca como su Jefe? — Responde: No creo que haya sido esto obra de milagro, sino efecto causado por la prensa liberal ó de la oposición que á mi me ha perdido (1) y que produjo iguales efectos para los demás que se comprometieron llevados por la idea de destruir un Gobierno que había quebrantado las leyes.

— Preguntado: ¿Quién confirió á Rangel el grado de Coronel? — Responde : Yo.

—Preguntado : ¿ Puede usted recordar los pasos que dio en los asuntos á que dijo le condujo la seducción manifiesta por la prensa liberal, desde que, como ha referido al principio desatendió sus ocupaciones ordinarias

ÍI) Demasiado lo estaba, pues todos pedían ejecución y era la cárcel su prisión, una capilla verdadera.

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hasta que tomó las armas contra el Gobierno f — Tteaponde : Sí, señor ; comencé por entregarme con toda la actividad de que me creí capaz al triunfo del partido liberal en las elecciones primarias, así en esta Parroquia como en la de Magdaleno y en las de San Francisco y San José de Tiznados, comisionado por una sociedad liberal que existía en esta ciudad, habiendo obrado en la segunda en unión de Ramón Qoiticoa, que había venido de Caracas, también de comisionado. Habiéndose cometido en mi concepto varias injusticias por la Junta de Notables y por la Asamblea parroquial de aquí, tales como reducirme á prisión y privarme del ejercicio de los derechos de ciudadano por cuatro años, concluido que fue el período de las primeras elecciones me dirigí á Caracas, consulté con el Doctor, Manuel María Echeandía lo que debier° hacer en aquel caso; y me dijo, que en vano procuraría yo una providencia favorable, puesto que el mando lo tenían los Oligarcas. Me manifestó además el mismo Echeandía, que la justicia debía buscarse en una revolución, porque las quejas y los clamores eran generales, en cuya virtud me leyó una carta que dijo haberla, enviado un señor Monagas del Llano-arriba, nombrado José Gregorio, en la cual le ofrecía (según lo que oí leer) quinientos ó mil hombres para hacer respetar la ley y castigar la osadía de los mandatarios. Pocos días después volví á verme con el referido Echeandía y me repitió lo mismo. No me moví de Caracas entonces hasta el día en que Antonio L. Guzmán partió de allí para La Victoria, con el objeto, según se dijo, de tener una entrevista con el General José Antonio Páez, co?i una lanz% enastada en mis mano* fui tino de los que formaron su comitiva, compuesta al salir de Caracas como de quinientos hombres, los que fueron aumentándose en el tránsito hasta La Victoria, de modo que casi no podía transitarse por el camino. Llegado á aquel punto, yo fui uno de los pocos que se alojaron con Guzmán en la casa del General Marino. En uno de los días que allí permanecí, el Doctor Echeandía me invitó para reunirme con él y Manuel Ibarra (*)

(*) Este valiente, dipno de ser compañero del inmortal Zamora, tuvo la <l Hgriieiu de malograrse en la pelea del Limón ó Laguna de piedia: no puede menos, quien lo conoció, de re-

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en una esquina de la» de la Ciudad y después de habernos dicho que Guznián era un cobarde, que él no doblaba su cerviz y que ni Ibarra ni yo debíamos doblar la nuestra; formó el plan de revolución, que yo acepté, diciendo: que él movería el Llano-arriba junto con un tal Aguado, el señor Monagas referido, su hermano Juancho y otros, y que Ibarra y yo marchásemos á levantar la gente de la cerranía y la del Llano abajo. Al día siguiente Echeandía se fué para Caracas por la mañana, é Ibarra y yo por la tarde nos diriji- . inos á El Pao de Zarate, dormimos en la casa del señor Juan Nepomuceno Castillo y por caminos extraviados seguimos el día siguiente hacía la Sierra de Virgen-Pura, buscando el Valle de Tacasuruma para dar principio á mi empresa, contando con que los vecinos de allí me seguirían, como sucedió. La primera reunión la tuvimos en el sitio de Guambra, en la casa de Tiburcio Barrios, habiendo sido el comisario Socorro Masabé el que citó y juntó Jos vecinos. Seeuí para adelante, y hallándome en el sitio de Las Muías con un grupo como de cien hombres, se me presentó Rangel, una tarde, con un corto número de hombres, como siete ú ocho, ofreciéndome una partida mayor que tenía reunida: recibí de él en aquel acto unos viran reconociéndome como un caudillo del partido liberal ; esa misma tarde marchamos juntos para el sitio de Los Leones, de allí para el de Las Guasdnitas y de esto para otros y otros hasta llegar á las llanuras de El Limón, donde tuve el encuentro que lie dicho con el Coronel Francisco Guerrero.

— Preguntado: ¿Dónde se alojó usted en Caracas en los días de agosto que ha dicho estuvo allí? — Responde: En la casa de una hermana mía nombrada Genoveva.

— Preguntado: ¿Tiene usted algunos otros parientes en Caracas ? — Responde : Sí señor, y son los Esnales, los Garcías (Miguel y el Doctor José Manuel y Juan hermano de éstos) y los Arrabales.

corda ríe con ternura; pa$?ó bien caro su arrojo y empuje! La bistora no puede ser muda al hablar de hambres que se consa^rra* on sin reserva á servir de i escate de libertad. Su tumba es desconocida !

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— Preguntado : ¿ Cuál de estos individuo» merece más consideraciones y respeto departe de usted f — Contesta: A todos considero igualmente.

— Preguntado : j Formaron parte de la reunión de Guzmán en La Victoria algunos de los parientes de usted f — Responde : Sí señor, mis hermanos Gabriel y Antonio José, y mi primo el Doctor José Manuel García.

— Preguntado: ¿Conoció usted á Rafael Flores, conocido por el sobrenombre deCalvarenof (1) — Responde: Lo conocí en La Victoria en los días de la reunión dicha.

— Preguntado: ¡ Qué relaciones tuvo usted con Antonio L. Guzmán durante la reunión de La Victoria y antes? — Responde: No he tenido otras relaciones con éste, que las de un conocido.

— Preguntado : ¿ Qué ofertas hacía usted á los veci nos de Tacasuruma p ira que le siguiesen, puesto que tan fácilmente Jo consiguió según dice! — Responde: Nó les hacía oferta ninguna. Ellos me seguían porque yo invitaba para defender la patria, la libertad y la ley que habían quebrantado los Oligarcas.

— Preguntado : ¡ Cuándo fue que conoció usted á Rangel por la primera vez f — Responde : Cuando se me reunió en el sitio de Las Muías que he mencionado antes.

— Preguntado: ¿Quién suministró á usted elementos de guerra y otros recursos para la empresa que acometió f — Responde : A mi no me ha suministrado nadie, porque un barril de pólvora que tuve lo tomé en San José de Tiznados en casa de Valentín Tovar, y esta pólvora la perdí en el ataque de El Limón consumiéndola en la pelea.

— Preguntado : ¡ De dónde salió, pues, la pólvor-i, el plomo y los elementos todos empleados en los diferentes choques (pie ha dicho usted haber tenido con las armas del Gobierno? — Responde: Para los últimos encuentros conté con las armas y municiones tomadas por

(1) Pregunta inquisitiva para recabar del preso alguna palabra (pie pudiera complicar al doctor Jone Manuel García en )a revolución, pues á él le atribuía la Oligarqu a 1* d rección del movimiento; masen vano buscará la nial cia una protesta contra la Hiuidad de aentimientos del honrado Zamora.

APÉNDICE XI

Rangel en El Pao de San Juan Bautista, y para los otros, ya con los elementos de guerra tomados en el ataque de Los Bagres, y ya especialmente con las armas y municiones con que contribuía cada vecino que se presentaba al llamamiento que se le hacía.

— Preguntado : ¿ De qué otros arbitrios se valía usted para ganar prosélitos? — Responde: Les leía los papeles que publicaba la prensa liberal que eran muchísimos y que ellos mismo* cargaban en abundancia en los sombreros, al paso que también les proclamé en San José de Tiznados, en una ocasión en que querían asesinar al Ministro del Tribunal.

— Preguntado : ¡ Qué relaciones políticas, ó eleccionarias, ó Guzmancistas tenía usted en Valencia? — Responde : Xo las tuve sino con José y Juan Rodríguez, comerciantes de allí, que me escribieron para que trabajase por la Candidatura Guzmán, y une enviaban todos los papeles del partido liberal.

— Preguntado: ¿Con qué otras personas conservaba usted relaciones de esta especie y de qué lugares eran f — Responde : Con ninguna otra.

— Preguntado : Hacia qué punto llevaba usted su dirección con la gente (pie mandaba, cuando se verificó ei choque del sitio de La Culebra, y con qué fin f — Responde: Íbamos hacia la misma Culebra, y los sitios de La Quinta y Las Matas, con el objeto de reunir hombres; pues se nos dijo que los había con abundancia, y teníamos seguridad de que nos seguirían.

Preguntado : ¡ En qué fundaba usted la confianza de que se le reunieran aquellos vecinos f — Responde : En que así me lo aseguraban varios moradores de aquellos sitios, que estaban con nosotros, sin que me sea posible recordar otros que un tal Jesús Agachado.

— Preguntado : ¿ Qué puede usted decirme de un barril de pólvora que tomaron ó pusieron donde lo tomara, en su expedición á La Culebra ! — Responde : Nada.

— Preguntado : j Dónde fué usted después del ataque de El Limón ? Responde: Vine á Cerro Azul y me paseaba de allí á la montana de Las Muías con tres in-

XII APÉNDICE

dividuos, á saber, Manuel Herrera, y los hermanos Masaba, Miguel y José, hijos de Socorro.

— Preguntado : ¿ Dónde estaba usted cuando Rangel ocupó últimamente El Pao de San Juan Bautista, y donde se le reunió! — Responde: Estaba unas veces en la montaña de Las Muías y otras en la de Tormenta, habiéndome reun'do con Rangel en Las Guasduitas.

— Preguntado: ¿Qué dirección llevaba usted ó hacia que punto iba ó se encaminaba con su gente antes de ser batido en Pagüitof — Responde : íbamos en derechura para San Francisco de Cara y Camatagua, confiados en que habiendo habido, como en efecto hubo allí una gran votación por el partido liberal en las últimas elecciones, encontraríamos quienes nos siguiesen.

— Preguntado : 4 Y después de la derrota de Pagüito, que pensó usted hacer! — Responde: Irme por Guardatinajas como lugar solitario, en busca de un río navegable donde embarcarme para un país extranjero.

— Preguntado : 4 Usted conoce á Santiago Sandoval y á José María Meza, de Valencia! — Responde : No los conozco.

— Preguntado: ¿Cuántos días estuvo en el sitio de La Dormida á tiempo que iba para el de Los Bagres! — Responde : Me parece que fueron tres días.

— Preguntado : ¿Qué auxilios recibió allí y de quién! — Responde: Los dependientes que tenía en mi bodega que eran, un isleño nombrado Manuel y Felipe Albero, me enviaron una botella de vino, un poco de pan de horno y un poco de queso.

— Preguntado: ¿Le enviaron también pólvora! — Responde: No, señor.

— Preguntado : ¿Cómo ó por quién supieron aquéllos individuos que ustedes estaban en La Dormida ; y quién sirvió de conductor de los efectos mencionados ! — Responde : Yo se los mandé decir con una negrita de la Hacienda La Lagunita, cuyo nombre no sé, y los conductores de los efectos fueron mis mismos dependientes, los cuales después de habérmelos entregado, regresaron á esta ciudad.

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— Preguntado: Finalmente, ¿puede usted decirme, como uno de los principales cabecillas que dice haber sido de la revolución en que se ba visto envuelto el país, cual sea la extensión qne se logró . dar á este movimiento, cuáles los recursos con que contaban sus primeros Jefes y quienes fuesen éstos? — Responde: En cuanto á los puntos tocados del espíritu revolucionario diré? que solo puedo hablar de Río Chico, y toda aquella costa, Los Tiznados, Guarda ti na jas, El Pao y las serranías de Cura : esto por lo que hace á los lugares donde estalló la revolución, pues mis compañeros en ella aseguraban que Barinas, Coro y Apure hacían lo mismo que se ha visto en los lugares mencionados. En cuanto á recursos no sé con cuales se contase : más por lo que hace á mí diré, que habiendo leído en la historia de^Venezuela, que el General Páez con solo su valor y asido de la bandera tricolor, había triunfado de líneas enteras de enemigos de la Patria, así yo me propuse imitarle exhortando á mis compañeros con estas mismas expresiones, de las cuales creía sacar los medios necesarios para mi objeto. Y por lo que hace á Jefes principales de dicha revolución, no conocí otros que á Manuel Ibarra y los Echeandía, de vista y trato y por noticias, al señor Aguado y al señor Monagas. Digo est ) en orden á la conspiración armada, pues como d;je al principio, consiste en la prensa liberal, por su parte desmoralizadora y que el gobierno debió contener. — En este estado suspendo el presente interrogatorio, y habiendo leído lo escrito al que lo ha evacuado, dijo, que es conforme en todas sus partes, advirtiendo solamente : que en la relación que hizo de los choques que tuvo con las armas del Gobierno se omitió mencionar el del sitio de Los Leones, que se verificó el mismo día que el de Las Guasduitas y que puede reputarse por uno solo, habiendo sido también el primero, después que Rangel estuvo en El Pao. — Firma conmigo y el Secretario.— José Santiago Rodríguez— José Pardo Gil

XIV APKNDICE

República de Venezuela. — Ejército permanente. — Cuartel General en Cura, á 13 de enero de 1847. — Afio 18 de la Ley y 37 de la Independencia.

Al señor Juez de Primera Instancia de este Circuito.

Tengo el honor de acompañar á U. S. la declaración recibida á Joaquín Rodríguez por el seüor Auditor de Guerra. De esta declaración queda un testimonio en mi Secretaría.

Soy de usted atento servidor. — José Antonio Pábz.

En San Luis de Cura á cinco de enero de 1847, el señor Auditor de Guerra hizo traer á su presencia al joven Joaquín Rodríguez que ha pertenecido á la facción de Rango! y Zamora, y se ha acogido al indulto que le estaba ofrecido por S. E. el General en Jefe y teniéndole presente ante el señor José Pardo Gil que ha aceptado y jurado y desempeñar las funciones de Secretario, y previo juramento, se le preguntó por su nombre, edad y oficio, y contestó llamarse como queda dicho, de diez y seis años de edad y de oficio agricultor al lado de su padre el señor Pedro Rodríguez, hacendado en Cerro Pelón.

— Preguntado: j En qué fecha se incorporó usted á la facción y cuándo se sepiró de ella? — Contestó: El día veintidós de setiembre iba yo para San Antonio en solicitud de unos bueyes, y en el sitio del Rincón tropezó con una partida de los facciosos mandados por Leocadio Alvarez, de Parapara; quien me llevó al Paso del Medio donde estaba reunida toda la facción, y le he seguido hasta el veinticuatro de diciembre que me separé de ella para presentarme al señor Coronel Doroteo Hurtado, por que supe que su Señoría estaba autorizado por S. E. el General en Jefe para indultarme.

— Preguntado: ¿En qué punto dejó usted á los principales cabecillas de la facción! — Contestó: Dejé á Rangel en la quebrada de Guacamaya con treinta hombres, y con Zamora tomé la dirección de las Guasduitas. En aquel punto dejé al mencionado Zamora acompañado de los hijos de Masabé, nombrados José y Miguel, y otros de cuyos nombres no me acuerdo, hasta doce : todos sa-

APÉNDICE XV

Jieron á comunicarse eon un tal Rondón que decían estaba por el Cují con cincuenta hombres, y se proponían organizar una fuerza para moverse no sé sobre qué punto. En Tormenta, en la casa de un tal Escalona dejé á estos hombres, y seguí para Los Cueros, acompañado únicamente de dos individuos, los que siguieron hacia Casupito en solicitud de los Silvas y yo me quedé enfermo en casa de Montano García, Valle-hondo.

Preguntado : ¿ Con qué objeto se lian separado Zamora y Rangel f — Contestó : solamente puedo decir lo que á mi presencia le sostuvo un día Rangel á Zamora á saber : "que no le convenía permanecer más en los cerros, que se retiraba á los Valles de Aragvia, y si no podía hacer allí nada, seguiría para la costa á levantar las esclavitudes.

— Preguntado : ¿ La gente de RnigaPestaba conforme con esta resolución f — Contestó : Sí señor, él, Rangel, convidó á los que le quisieran seguir y¡jle siguieron como treinta hombres, siendo Francisco Pacheco el más interesado en esta marcha hacia la costa. Yo no dudo que este proyecto se haya realizado porque estaban muy decididos por él.

— Preguntado: ¿ A qué punto pensaba dirijirse Zamora cuando se separó de Rangel ! — Contestó : Al Pao de Sárate por Caicara donde decía que contaba con doscientos hombres armados. Tampoco dudo de la ejecución de este plan, es decir, de la ida de Zamora al Pao, porque estaba muy determinado á ella, como lo estuvo cuando vinimos á Los Bagres, y se proponía ahora llevar el mismo camino. Zamora me dijo que pensaba descansar en Guambra unos días en el conuco de Masabé y q ue tenía también que hablar con Ruperto Martínez Si no está en los montes de Guambra, yo le considero ya en el Pao.

— Preguntado: ¿Con qué objetóse situaron los facciosos en La Ollita f — Contestó: Con el objeto dé formar allí un Cantón, y por medio de comisiones reunir allí mucha gente.

— Preguntado: ¿Contaban los facciosos con alguna caballería f — Contestó : Contaban con cincuenta hombres que les había ofrecido Rondón.

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— Preguntado: ¿De quién recibían los facciosos auxilios y comunicaciones de los Tiznados f — Contestó no vi llegar comunicación de aquel punto ; Kangel sí ofició desde San Pablo á un tal Montenegro y sus dos hijos. Yo no me acuerdo del nombre de Montenegro, pero sí sé que es uno que los liberales tenían en lista para elector.

— Preguntado: ; Dónde permaneció Zamora todo el tiempo que estuvo separado de Bangel y qué auxilios llevó á la facción! Contestó: Zamora estuvo en Caracas, en el Pao de Zarate, á inmediaciones de la Victoria y muy cerca de esta Villa, sin haber entrado á ella, se presentó en la Platilla con siete hombres, entre ellos los dos hijos de Masabé, y llevó dos cananas, dos libras de pólvora, una de balas, un par de pistolas, dos cueros de cordobán teiiidos, una carabina, un trabuco y tres lanzas.

—Preguntado: ¿Insistían los facciosos en colocar á Guzmán de Presidente, sabiendo que estaba preso por conspirador f — Contestó: Los facciosos supieron que Guzmán estaba preso ; pero quedaron persuadidos de lo contrario después que recibieron en las Guasdui tas, por medio de Justo Breto, un recado del Coronel Cisneros diciéndoles que aunque se publicaba que Guzmán estaba preso, no lo creyeran, pues no podían prenderle y estaba mui quieto en su casa en Cara-cas.

— Preguntado : ¿ Quiénes mandaron matar al señor Andrés Fuentes y quienes fueron los ejecutores? — Contestó: Kangel dio la orden y la ejecutó el llamado capitán Pacheco, sin poder indicar yo los soldados que lo acompañaron porque al ver salir al señor Fuentes entré en la casita para no ser testigo de aquello. El día antes de este acontecimiento fueron reconocidos por unos vijíaa, los señores Pedro Boftiill y Manuel Landa que venían de Tucutnnemo el segundo y del Loro el primero, y cuando se dio aviso de esto á Kangel, contestó : '•déjelos ir" (1) cosa que extrañé porque siempre hacía llevar

(1) Ni es' oh señores ni otros sufrieron cosa alguna, áexcepci »n de Fuentes, prueba irrefragable de (pie no asesinaban oligarcas ni á nadie, siendo un suceso muy singular el que obró respecto de Fuentes que se f ué á espionar las í* tercas de Rangel y Zamora con un piquete de caballería, lo cual había averiguado Kangel en el sitio de la Migada.

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á su presencia á las personas que descubrían sus vigías. En este estado se suspende la declaración que se leyó 3l declarante, y dijo estar conforme y firma. — Ángel Quintero.— El Secretario, José Pardo Gil. — Joaquín Rodríguez.

CONFESIÓN 6 DECLARACIÓN

CON CARGO DE EZEQUIEL ZAMORA

En ocho de abril del presente año me constituí en el cuartel de la columna de Barquisimeto, local habilitado para la permanencia del reo Ezequiel Zamora, con el objeto de recibirle su declaración con cargo, y teniéndole presente, le instruí del deber en que se hallaba de decir verdad en cuanto supiere y fuere preguntado, y habiéndolo ofrecido, dijo llamarse como queda dicho, ser natural de día, pueblo de los Valles del Tuy, vecino de esta ciudad, de oficio comerciante, de estado soltero, de condición libre, de religión Católica, Apostólica y Romana, de veinte y nueve años de edad y de instrucción alguDa.

— Preguntado : ¿ Quién lo prendió (\ usted, en qué parte, día y hora, con expresión del lugar y si sabe la causa de su prisión? — Contesta: A mí me prendió un piquete de la columna de la Victoria en el sitio de Pala robra, segán se me informó después, como á las once de la noche de un día cuya fecha no recuerdo, por haberme encontrado en dicho punto solo y huyendo de las tropas del Gobierno ; pues ya hacía algunos días que me había separado de los compañeros que como yo, se dispersaron después, aunque no me consta, por no haberlos vuelto á ver. Yo me alcé contra el Gobierno porque diciéndose en la multitud de periódicos que circulaban por toda la República, que el Gobierno había infringido la Constitución y leyes de la Nación, creí prestarle un servicio á mi patria, obedeciendo al grito de que todos los buenos ciudadanos debían levantarse para contener los abusos y hacer respetar la ley, en los mismos términos

XIII APÉNDICE

que lo aconsejaban los escritores cuyas producciones se llaman hoy sediciosas. Yo, señor, me consagré á la lectura de todos los papelea que aconsejaban la revolución, y me suscribí á El Venezolano y á El Patriota, con cuya lectura y la de otros muchos me afirmaba más en mi propósito de conspirar. — Yo no culpo hoy sino á la falta de previsión de los Congresos pasados, compuestos de hombres prominentes y que más avanzados que yo en conocer el resultado de las cosas, debieron en sus profundas meditaciones acordar las medidas consiguientes para contener los abusos de libertad de imprenta y reprimir en sus justos límites la audacia de los escritores difamantes y delatores de los hechos que referían del Gobierno, para que no hubieran convidado á la rebelión.

— Preguntado: ; Tenía usted relaciones con los escritores públicas que cita en su precedente respuesta! — •Contesta : En el mes de agosto último y después de las •elecciones conocí personalmente al doctor Felipe Larra - zábal y á su hermano, cuyo nombre no recuerdo, al doctor Manuel María Echeandía á Antonio Leocadio Guzimín, al doctor Fidel Rivas, á N. Rcqnena y otros: pero ninguna relación mantuve con ellos.

— Preguntado : ¿ Las personas que usted acaba de indicar, le excitaron áque entrase en la facción á que usted lia pertenecido? — Contesta: Para responder debn hacer al Tribunal algunas explicaciones. Con motivo de haberse anulado las elecciones de Magdaleno y de habérseme privado de los derechos de ciudadano por cuatro años, fui á Caracas á consultarme con un abogado de la República, con el objeto de ver de qué manera podría yo ser restituido al goce de mis derechos, y habiendo encontrado al doctor Manuel María Echeandía, éste me dijo: que no había otro remedio sino tomar las armas, que ya todos los pueblos de las Provincias de Harinas, Apure, Co^o y el Oriente estaban convenidos y sólo esperaban el piimer grito para levantarse en masa: me manifestó una carta del General José Gregorio Monagas, en la cual le ofrecía quinientos ó mil hombre* que tenía ya preparados por causa también de las elecciones. Después de este consejo permanecí en Caracas en unión de Manuel [barra qué me acompañaba, hasta el día en

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«que se verifico la salida de Guzmán para La Victoria, «quien venía á una entrevista con el Ciudadano Esclarecido : estuve allí como cinco días y en uno de éstos me llamó el expresado doctor á niri de las esquinas de iaa calles de aquella villa y me indicó que había hablarlo con Guzmán, que éste se le había mostrado muy coliarde, j*nes le había comunicado que ya los pueblos -estaban muy ilustrados y que ellos obrarían ; y pactamos -entonces, que él iría á mover la gente del Llano-Arriba y de los lados de Bío-Chico, y que yo y Manuel Ibarra, marcháramos hacia el Llano-Abajo con los habitantes de las serranías de este Cantón, pero habiendo emprendido nú jornada me impidió continuar el camino el Coronel Guerrero, quien me sorprendió en El Limón con las tropas de su mando. Las mismas excitaciones me hizo -Juan Bautista Echeandía, en Caracas; y por la conversación que tuve con el doctor Echeandía, de quien he hablando, deduje, desde entonces, é infiero hoy, que Antonio Leocadio Gtiziuáu detya saber por lo menos la revolución que esta-ba preparada, y concluyo declarando que ninguna otra persona me habló de revolución.

— Preguntado: ¿Qué tren observó usted en La Victoria que le hiciese entender que Guzmán estuviera prefiarado para llevar á cabo la rebelión de que usted acaba de hablar ! — Contesta : Mucha gente le acompañó y no reparé sobre lo que se me pregunta.

— Preguntado : ¿ Conoce usted á un tal Vivas que habita en jurisdicción de La Victoria, y esperaba usted de él algunos recursos f — Contesta : No le conozco, ni esperé :U». él recursos y sólo confiaba en que se me decía era muy liberal.

— Preguntado: ¿Qué plan revolucionario le comunicaron á usted las personas (pie le excitaron á la rebelión!— Contesta: Ya he dicho los pactos que el doctor Echeandía, lbarra y yo celebramos en La Victoria : á mí .ae me hizo entender que un Gobierno que había quebrantado la ley debía ser contenido por la fuerza, y entregado á estas reflexiones concebí que debíamos pojier á Guzmán en la Presidencia, ya que los mismos mandatarios se habían apoderado de la cosa pública; une afiancé en este propósito y me guió el patriotismo.

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— Preguntado: ¿No tenía usted amigos que le hiciesen conocer la magnitud de la empresa que pretendía usted acometer ! — Contesta : Nadie supo mi pretensión y solamente recibí consejos de los Echeandía, sirviéndome únicamente de norte la piensa de oposición, cuya sola voz oí.

— Preguntado: ¿No le descubrió algún plan Ratnórt Goiticoa T — Contesta : No, señor, y no le veo desde las elecciones primarias.

— Preguntado : ¿ Sabe usted quién previno á los sufragantes de la parroquia de Magdaleno que bajasen de los cerros á votar armados ! — Contesta : No sé.

— Preguntado : ¿ Estuvo usted en esta ciudad alguna vez de las en que se separó de Francisco Bangel f — Contesta : No, señor.

— Preguntado : ¿ Quién comunicaba á usted las operaciones del Gobierno f — Contesta : Nadie, pues nosotros veíamos las operaciones ó movimientos de las columnasque nos perseguían, y estas también nos observaban, pero no nos ofendían porque nosotros andábamos por travesías y aquellas marchaban siempre por los caminos.

— Preguntado: ¿Quién le auxiliaba de víveres! — Contesta: Nadie.

— Preguntado : ¿ Sin recursos, cómo podía subsistir ! — Contesta : Ocurríamos á los conucos y matábamos resé» de las que se hallaban en los campos-

— Preguntado: ¿Sabe usted si alguna persona notable de La Victoria, dispensaba á la facción alguno» auxilios f — Contesta : No, señor.

— Preguntado : ¿ Dijo usted en Vallecitos á sus tropas que esperaba recursos del extranjero? — Contestar Nada he dicho sobre el particular á las tropas que mandaba.

— Preguntado: ¿Cómo se llamaban los Jefes y oficiales de la tropa de su mando? — Contesta : Me acuerda de Tomás Rondón, comandante, de Jesús Agachado, comandante, de Policarpo Sánchez, capitán, de un Sanabriar capitán, de José Masabé, oficial y ayudante, de Felipe Pereyra, teniente, de Juan Breto, teniente abanderado,.

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<le un Tovar, capitán, de N. Figuera, aspirante, de Rajnón Zuloaga, capitán, de Dámaso Peralta, teniente, y no recuerdo por ahora otros.

— Preguntado: ¿Qué se han hecho las personas que :acaba de indicar! — Contesta: El 3 de marzo, poco antes •de llegar á Picacho Blanco y entre Cerro Azul y el camino que va para dicho punto, me separé de Rondón, quien siguió con toda la gente para el Pao. Yo tomé para Las Muías solamente con tres individuos que no conocí.

— Preguntado: ¿Al separarse Rondón de usted qué planes concibieron ! — Contesta : Rondón siguió el destino <]ue dije arriba y yo me propuse buscar un río navegable, inr donde pudiese salir de Venezuela convencido de que no podía continuar.

— Preguntado: ¿Qué se han hecho los dependientes •<le usted ? — Contest i : No sé.

— Preguntado : ¿ Quién mandó coger al seuor Andrés Fuentes y por orden de quién se le dio muerte f — Contesta: No supe quién lo mundo coger, pero sí sé que Rangel lo mandó matar.

— Preguntado : ¿ Recuerda usted los nombres de los soldados que le mataron y el género de muerte que le •dieron ? — Contesta : No recuerdo los nombres de los solalados, porque cuando vi que el señor Fuentes era conducido amarrado, sólo atendía ala víctima, y volví luego la cara para no verle: á las súplieis que aquél me hacía volví hacia él y le encontré entonces ligado de pies y manos: movido de compasión hablé á Rangel para <pie le soltara y conseguí (pie lo hiciera de los brazos no más, habiéndome ido después á una casita, y cuando volví ya era cadáver, sin haber sabido como fue, pues me horrorizó el hecho.

— Reconvenido: ¿Cómo dice usted que no sabe el género de muerte que le dieron al seüor Fuentes, cuando <le varias actas de otros procesos seguidos contra individuos que se encontraban aquel día en Los Bagres, consta haber usted elegido para perpetrar el asesinato referido á los más jóvenes, con el intento de que éstos aprendieran á matar? — Contesta: Nunca habría yo podido cojneter una ación detestable, y, á decir verdad, puedo

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asegurar que en aquellos momentos no podía hablar, al/ ver á un lado al señor Fuentes, y a otro á Rarogel que estaba furioso, pues así se ponía cuando tomaba licorr. siéndolo único que debieron haber declarado ios testigos - á que se refiere el cargo.

— Preguntado: ¿La comunicación que se le pone de manifiesto y que aparece escrita en VallecitoT el veinte y tres de febrero, fue obra suya ? Contesta : Sí, señor.

— Preguntado : ¿ Por qué acostumbraba usted poner en sus comunicaciones al fecharlas, los números ó guarismos 37, 1S y ÍJ? f — Contesta: Los guarismos i nd i eados Re referían, el primero, á la época de la Independencia, el segundo, á la de la Ley y el terceto á la de la Oposición.

— Preguntado: ¿Quiénes convinieron en el uso de Isi» fechas que acaba de referir, ó fue alguna orden ó disposición librada por alguna persona que dirigiera la empresa de la revolución ? — Contesta : Todo io que se me pregunta lo decían los periódicos que continuamente lo» repetían, y cuando fui derrotado en El Limón fue cuando más usé de aquella fórmula, excitando á los diferentes comisionados y comísanos de policía si que me siguieran voluntariamente, pues yo á nadie obligaba.

— Preguntado: ; En cuántas partes fue derrotad;» la facción (pie usted acaudillaba . f— Contesta : En El Limón fuimos derrotados, y en Pagiiito nos retiramos i>or habérsenos acubado el pertrecho, y sin ser perseguidos por las tropas del Gobierno, las cuales quedaron ocupando el campo, que mis compañeros y yo dejamos; seguimos, ó mejor dicho, retrocedimos al Picacho de Cataure en donde se reunió la mayor parte de los dispersos, y por la noche de ese mismo día, favorecidos por la oscuridad, tomamos marcha con dirección á La Sierra i pasamos por la jiarte occidental de los Morros de San Juan, sin encontrar á nadie en el tránsito sino en Chaeaoy en donde la guardia que estaba allí nos huyó sin dispaiar un tiro, la cual ignoro si fuese nuestra ó del Gobiernor po* nohaber conocido á ninguno délos soldados que la, componían.

— Preguntado: Después del ataque de Pagiiito, ¿tío>

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usted á Francisco Rangel ? — Contesta : Cuando yo me retiraba del campo por falta de municiones, observé que Rangel lo hacía también por la misma causa : después se me informó que había salido herido y no lo volví á ver más. (1)

— Preguntado: ? Estuvo usted reclutando gente en El Pao de San Juan Bautista ? — Contesta : No, señor.

— Preguntado : j Supo usted qué persona de aquel pueblo ofreció entregar una caballería? — Contesta: Oí decir entre los soldados de la tropa, que si Rangel no se hubiera salido tan precipitadamen e de El Pao habría recibido una caballería que le preparaban ; pero no supe qué persona fuese la que quisiera prestar el servicio mencionado.

— Preguntado : ¿ Quién confería los grados con que se distinguían las personas que acompañaban á usted en la facción? — Contesta: Hasta 1» expedición de El Limón los confería yo, y después de esta jornada los distribuía Rangel de acuerdo conmigo, pues llevaba el título de Coronel dado por mí.

— Preguntado: ¿Quién dio en Los Bagres muerte al capitán Villasmil ? — Contesta: No supe.

— Preguntado : Cuando estuvo IT. en La Victoria en los primeros días del mes de setiembre último ¿ qué observó 17. en la gente v á Antonio L. (¿uzman, que pudiese hacerle entender que éste tenía proyectada de antemano la facción ó revolución á que U. ha pertenecido ? — Contesta: Por lo que he dicho que me manifestó el doctor Echeandía y por lo que leí en los diferentes periódicos de que he hecho mención, deduje más que lo suficiente para persuadirme de la necesidad de hacer la revolución sin conocer caudillo, porque creía que todos los liberales debían levantarse en masa contra los mandatarios opresores, porque habían roto el Código fundamental y hollado las leyes de la República.

simulo el

(1) Rangel fue cogido por Guillermo Blasco, herido ; y aséalo lo condujeron a Cura «travesado en una burra, y c nio *.* movimiento de la marcha hiciese que oscilase nn brazo, mandó el Jefe disparadle una descarga para v«dver'o á matar, hin ccurrírsele que pe'igraba la inocente bestia, como sucedió. Fue necesario buscar ft a burra que no fue tan desgraciada como la puniera La cabeza de Rangel fue mutilada y conducida á Caracas

t n una lata.

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— Se le hace cargo con los varios delitos que cometió la facción que acaudillaban usted y Rangel. — Contesta: Si supe de algunos que se cometieran no podía

impedirlo y sólo lamentaba tan fatales sucesos.

— Reconvenido : Si usted no podía evitar los delitos atroces que se cometían por sus tropas, ¿ por qué no se separó de ellas, por qué no se presentó á las autoridades públicas para que le juzgaran, pues semejante proceder habría obrado en su favor, y por qué no solicitó un indulto pudiéndolo haber hecho! — Contesta : Xo podía separarme de mis companeros, pues creía de mi deber morir con ellos; y en cuanto á solicitar indulto sabía por los periódicos demasiado, que se decía que á Zamora y Rangel no se perdonarían.

— Preguntado : ¿Dio usted una declaración en cuatro de los corrientes ante el señor Auditor de Guerra, Ledo. José Santiago Rodríguez y es la misma que se le ha leído? — Contesta: Sí, señor, es la misma.

— Preguntado: ¿Sabía usted que conspirar contra el Gobierno de su patria era un delito, y que como cabecilla debía responder, no solamente de sus propios hechos sino también délos de sus compañeros? — Contesta: Cuando me levanté contra el Gobierno creí hacer á mi patria un servicio en virtud de las razones que tengo manifestadas.

Se le hicieron o'ro* cargos, preguntas y reconvenciones, relativo todo á los asesinatos perpetrados en las personas de Fuentes, Reyes, ] togado y otros, y a los incendios de varias casas y también al delito de conspiración que ha cometido, y contesta : — Ya tengo declarado que no tuve parte en las muertes que se refieren, pues fueron obra de Rangel y otros, lo mismo que los otros crímenes de que se me acusa. Respecto de ese Rogado ninguna noticia tuve del suceso, añadiendo: que si con parte de mi sangre hubiera podido rescatar las victimas relacionadas, lo hubiera hecho de grado, ya porque el primero era un amigo y que por relaciones de familia le tenía deferencia, ya porque el segundo era un hombre muy honrado y pacífico.

En este estado mandé suspender esta confesión para continuarla siempre que convenga. — Se le leyó al reo y

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manifestó estar conforme con lo que había dicho, se suspendió la incomunicación de éste y firma. — González Méndez. — Brizuela, Secretario interino. — Ezequiel Zamora.

Se mandó citar al Procurador Municipal, y se libraron los oficios para la comparecencia de los testigos.— Seguidamente compareció en este Tribunal el señor Manuel Díaz é impuesto del nombramiento de defensor que le ha hecho el reo de esta causa, aceptó y juró desempeñar fielmente su encargó. — Firma, González Méndez. — Brizuela, Secretario. — Manuel Díaz. — A las siete de la mañana de hoy trece de los corrientes se confirió al señor Procurador que siga el curso legal con la brevedad que demanda su naturaleza. El Fiscal pide á US. se sirva obrar en este sentido, y se reserva emitir su opinión definitiva (mando, evacuadas las pruebas, vuelva á pasársele el expediente para el último informe. Como Ezkquiel Zamora en sus confesiones se refiere á injusticias que supone haberle hecho la Junta de Notables y la Asamblea parroquial de esta cabecera en tiempo de las últimas elecciones primarias, poniéndolo en arresto y privándole de los derechos de ciudadano; y menciona también la nulidad de las elecciones de Magdaleno, espera el que suscribe que por medio de oficio dirigido al señor Jefe político, se pida al Concejo Municipal una copia autorizada de todas las actas que existan sobre aquellos hechos, y se agreguen á este expediente. Confíi el Fiscal en que he sacarán y agregarán \kív Secretaría, de acuerdo con el decreto de seis de este mes, testimonios de las actas de otros expedientes que por conspiración cursan en el Tribunal de ÜS. en lo conducente ó relativo á los hechos criminales de Zamora. En la presente causa no importa tanto averiguar los delitos de Zamora y su facción, porque ellos están muy averiguados en cuantos expedientes se han formado desde setiembre último en este circuito y otros por el crimen de conspiración. Importa más descubrir el origen ó las primeras combinaciones de la revolución. Sábese que Zamora antes y después de las elecciones

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primarias, iiuiiituvo activa correspondencia epistolar con algunos señores de Caracas sobre asuntos de política ; que les dirigía postas con frecuencia; que algunos de éstos eran Nolasco Tovar, Pedro Navarro y Tiburcio Barrios, así como un tal Escalona, vecinos de esta ciudad, y que el mismo Zamora más de una vez fué á la capital en ese tiempo. Sábese también que en la acción de Laguna de Piedra se cogió á los facciosos una bandera con motes ó letreros de imprenta ; y en el concepto del Fiscal deben hacerse á Zamoka preguutas inquisitivas sobre los puntos del párrafo anterior y sobre el modo con que hubo la bandera, cuáles eran sus letreros, en qué imprenta se hizo el trabajo, etc., y también debe interrogársele quién le dio el grado de General para capitanear las diversas facciones que existían en La Sierra y en el bajo Llano. Igualmente deben ser examinados sobre lo primero los conductores de las cartas, Tovar, Navarro, Escalona y Barrios y las personas que aparezcan citadas. TS. sin embargo acordará lo que crea más conveniente. — Fecha ut supra, á las tres de la tarde.— Juan Martínez. — Tribunal de lu Instancia — Agregúese á sus autos. Examínese á los conductores de cartas que menciona el Fiscal, librándose al efecto las órdenes conducentes; pídase al ('oncejo Municipal de este Cantón, por el órgano de su Presidente, copia autorizada d« las actas relativas á la nulidad de las elecciones primarias de la parroquia de Magdalcno, de los acuerdos de la Asamblea parroquial de esta ciudad que tengan relación con el arresto que aquella acordó de Iíí persona de Ezeqiiel Zamora y la privación de los derechos de ciudadano de éste, y luego agregúense á estos autos. Hágase al reo el interrogatorio que indica el Fiscal y confiérase en el día traslado al defensor. Cura, abril 14 de 1847. — González Méndez. — Brizuela, Secretario. — Se confirió al defensor el traslado acordado á las doce del día de hoy, fecha ut supra. — Briznela, Secretario. — Manuel Díaz.

República de Venezuela. — Jefatura política del Cantón.— Ciudad de Cura, 15 de abril de 1847. Señor Juez de lw Instancia. — US. ha mandado citar varios testigos en la causa que ]>or conspiración se sigue al cabecilla

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Ezeqqiel Zamora y lia oficiado á esta Jefatura política para que los cite también y tendré la satisfacción de cumplir con su citada orden. Soy de US. atento servidor. A, Otáñez.

Señor Juez de lu Instancia. — Manuel Díaz, defensor de Ezequiel Zamoba, con el debido respeto á US. digo: que me lie impuesto de las actuaciones y otras diligencias agregadas al expediente que se sigue contra su persona por el delito de conspiración. Ardua es la empresa que se me presenta en esta vez al ¿margarme de la defensa de un hombre qae había comentado su carrera política, marcando sus pasos con distinguidos servicios al Gobierno y á nuestras liberales instituciones, presentándonos en su juvenil edad el más hermoso porvenir para dejar su memoria en nuestros corazones grabada con la gratitud, desenpeftando como lo ha hecho antes de ahora todos los deberes de un verdadero republicano. Así es que salvar la persona de este hombre interesante, es la mayor carga que yo creo encontrar en las nobles funciones que me he> encargado como su defensor. Es verdad, señor, que Ezequiel Zamora ha tomado las armas contra el Gobierno de su patria, siendo ésta su objeto más querido, y exculparlo de este cargo, sería pretender desmentir su explícita confesión ; pero cuando veo su lastimosa historia en los aciagos días de agosto último, en las elecciones primarias, en que figuró y desenpeñó un papel de verdadero republicano, recibe mi alma como la de mi defendido un lenitivo con el cual se mitiga en parte nuestro acerbo dolor. No están relegados al olvido, la historia y hechos de Zamora en las elecciones de cuarenta y seis. Colocado éste en medio de sus conciudadanos como un hombre cuyo interés y afán no tenía por objeto desperdiciar un solo momento para ofrecer á la sociedad un ejemplo claro del horror conque miraba el ocio y la apatía, se presentó á su corazón una época en que reconociésemos en él uu individuo que nutrido ya con los sentimientos de un acendrado patriotismo, quería, como lo deseó vehementemente, instruirnos de que en medio de sus faenas se había alimentado su corazón con los dulces afectos que nuestra Constitución le había hecho concebir, y queriendo desempeñar en aquellos días el noble deber que le encargaba

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«n su artículo 17, pensó como era natural, que debía abandonar en tan críticos momentos sus intereses y su tranquilidad, para lograr con sus tareas un Jefe que rigiese la Nación con las dotes propias para su felicidad.

Zamora confesó que para estos días se había entregado con el mayor ardor á leer los periódicos y papeles sueltos que circulaban con el fin de presentará los venezolanos los diferentes candidatos en quienes debía fijarse la atención : comparó y sujetó á una mental digestión todas las doctrinas y principios con que los escritores públicos disputaban en sus respectivos candidatos «1 interés con que debíamos marchar en la elección del más digno, y por una consecuencia se decidió por la candidatura de Antonio L. Guzmán.

Debe entenderle por la propia confesión de Zamora que no conocía á Guzm4n y que sólo había concebido en él la capacidad suficiente para esperar de él -el mejor resultado para su patria; de consiguiente, está fuera de toda imputación que mi defendido tuviera rateras miras pira elegir á Guzmán, y es ésto tan probado, cuanto que en la mediocridad en que ha vivido respecto á luces y fortuna, á nada aspiraba sino á su trabajo, y por una consecuencia forzozadebe convenirse -en que sólo el patriotismo fue el móvil fie su elección.

Guiado por este sendero abandonó, como he dicho, todos los placeres por contribuir con un grande contingente al buen éxito de su obra. Pero ¡desgraciado joven ! no entendió que cuantos pasos daba en pos del lauro que se prometía, más males le urdían sus adversarios <y puedo decirlo así) porque en la época eleccionaria lia de haber contendores en la discusión candidatura, los que proponiéndose que encallaran los esfuerzos de -Zamora como las olas sobre una roca, urdían medios que tocaran hasta en los extremos que no pudo evitar

Cuando recuerdo, señor, que fui un testigo ocular de cuanto pasó en esta ciudad en los días eleccionarios, quisiera que tales días no se me presentaran jamás, porque á la verdad nunca me había ocurrido que la intriga alcanzase hasta corromper los entendimientos y co-

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razones que consideraba más rectos en la escena que se me presentaba, pues acostumbrado á la rectitud é imparcialidad, todo era para mí nuevo y desconocido. Pero 4 á quién puedo llamar como testigo de esta verdad sino al Juez á quien hablo ! Necesario es correr un velo que sepulte en el olvido unos hechos que ejecutados en otros puntos nos han producido los espantosos males que hoy lamentamos, engendrando por una consecuencia lógica el mayor desaliento para nuestras futuras elecciones.

Burlado Zamora en medio del patriótico fuego que lo devoraba, vio los tristes resultados que iban á tener sus esfuerzos, pues los contrarios animados más y más en las garantías que tenían, apoyados en la misma Constitución y leyes que él, marchaba sin embargo á paso firme; así fue que llamó la atención de la Asamblea para hacer valer sus derechos como ciudadano, y en este paso, no encontrando concierto entre sus reclamos y las ideas de aquella representación, fue vejado y conducido á una prisión, de cuyo acto fue testigo toda la ciudad, puesto en libertad siguió su marcha sin desviarse una línea y sin atender á los males que en adelante se le presentarían, arrostró todos los inconvenientes, porque en tal grado de vigor se encontraba su patriotismo.

Zamora es un fiel testigo del poco valimiento que tenían sus empeños por alcanzar que sus prosélitos sufragasen, y perdiendo el tiempo en un punto estacionario con las circunstancias de o ros sucesos que acibaraban su corazón, llegó el caso de presenciar la conspiración que le hacían sus conciudadanos, acusándolo como á un reo ante la Asamblea: él oyó las declaraciones de unos testigos de tan poco valimiento para manchar su reputación, y lleno de furor se transportaba instantáneamente, reprimiendo con los mayores esfuerzos hasta aquel aliento que le inspiraba la justicia, oyó la terrible sentencia en que se le declaró agente de su propio interés y la que puso el sello á sus males, despojándolo del inestimable derecho de elegir y ser elegido por un tiempo de cuatro anos, y oyó en fin las más inertes expresiones que le dirigieron los magistrados, de

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quienes exigiera la consideración en la rectitud de sus pasos, y no bastando nada, se retiró á su casa con el corazón llagado pura buscar en este asilo y entre sus amigos el remedio de sus niales

Yo fui uno de los que eligió para que le diese consejo, y le dije que ocurriera al Congreso con los documentos que se le habían instruido: dejó á mi cuidado los pasos, le proporcioné copia de un expediente de un crimen para que consultara en Caracas, y puedo asegurar que en el corazón de Zasíoba no había proyectos de revolución, ni otros fines que vindicarse ante la Representación Nacional y ante el público, del desprecio y ultrajes que había recibido de la Asamblea, probando, como lo hizo, la rectitud de sus pasos en las elecciones, y las quejas que tenía de los magistrados que componían la Asamblea.

Al asegurar Zamora que con todos estos documentos, consultó al doctor Manuel María Echeandía, cuál debía ser el rumbo que tomaría para recobrar la pérdida de sus derechos, estoy seguro que estaba muy ajeno de abrazar el temperamento que se le aconsejó, para que tomando las armas se vindicase de las injurias que había recibido, siendo esto tan cierto, como que acababa de dejar atrás en Mag.daleno centenares de hombres dispuestos á hacerle la guerra al Gobierno, por las mismas razones, cuya aserción no puede revocarse á duda si se atiende á (pie estas parroquias y los Tiznados obraban de acuerdo con Zamora y que el mismo candidato de éste era el de aquellos vecinos ; si se atiende, á que en todas estas parroquias por unanimidad de sus vecinos y sociedades liberales, reputaban á Zamora como el mejor agente para llevar á cabo sus decisiones; y si se atiende á que sabia Zamora que más de trescientos hombres habían sido acometidos y despojados en Magdaleno de sus derechos, cuyos votos fueron anulados : así fue que incontinenti de este suceso se agruparon y atacaron esta Ciudad y ¿quién mejor que Zamora debía .estar en cuenta de todo ? pero como he dicho, para él no era un medio honesto tomar las armas para llenar de luto á su patria, nada pudo fascinarlo en esta ocasión, y por consiguiente siguió á Caracas como he dicho.

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Xo debe extrañarse que Zamora, en virtud de su consulta con Eeheandía, el ardor patrio y la confianza que le inspiraba la porción de individuos que tan decididamente resueltos se lanzaron, como dice, en la nave de acontecimientos á probar fortuna, junto con tantos hombres que en el misino caso que él estaban dispuestos á correr la misma suerte, vecinos unos de Tacasuruina y otros de otros puntos.

Zamora dice, y con razón, que al verse colocado en esta posición, se creía sostenido por una columna inexpugnable, mas los acontecimientos desgraciados que tuvo le lucieron quedar solo, y entonces no le ocurrió otro medio, que buscar el de alejarse del país para no plegar ante el Gobierno de la Nación, pues estaba seguro de que no se le perdonaría.

Pero ¡ olí Señor ! Cuánto interesaba á los amigos de Zamora la espantosa situación en que se hallaba, y sin que él lo haya expresado en las declaraciones que ha rendido, ya ellos lo reputaban en un estado lamentable. El ha dicho, que ajeno su corazón de ser un asesino, un incendiario, y por decirlo todo, un malvado, no podía ser testigo del infernal programa de Rangel : él nos ha pintado el horror con que vio los hechos que cometía aquél y su gente, en lo cual ningún voto tenía: él nos ha asegurado que su grado de General no infundía en las tropas de liangel todo el respeto necesario, máxime en los casos en que éste llegó á ordenar algún hecho indecoroso, y que pocas veces podía evitar los males que le atribuyen como primer Jefe.

En todas ocasiones dio Zamora i>rueha de sus mejores intenciones, procurando evitar hechos degradantes, aconsejando la buena moral y disciplina, dando garantías á los vecinos hacendados que estaban en sus puntos ocupados en sus faenas : estos son hechos que nadie puede negar, dígalo el señor José María García y muchas otras X>ersonas y familias.

Bien notoria es, señor Juez, la conducta observada por el finado Fuentes en los momentos de su captura, pues impuesto en la mañana del 28 de noviembre por Juan Antonio Perdomo, vecino de La Majada, de que Rangel

XXXII APÉNDICE

se encontraba en aquel punto, instruyó de ésto á Justo Fuentes, seíior Manuel Guirado y otros vecinos, que se encontraban dominados por la facción, y todos se pusieron á salvo dirigiéndose & esta ciudad, y Fuentes Andrés, para ponerse fuera de los tiros de aquella gente, emprendió marcha basta el sitio del Aguacate, en que por su desgracia quizá proyectó situarse en El Loro, casa de José Antonio Méndez, para espiar á Iiangel, como punto más inmediato; sabemos que Fuentes desde este lugar participó al señor Jefe político cuanto podía desearse en la materia, y creyendo hacer un importante servicio á la República, se poseyó de un halagüeño pensamiento, tal como el de reunir gente y formar un punto de apoyo para ofenderla facción: embullado con esta lisonjera idea, dispone que le desensillen el caballo y se puso á comer, y enajenado con las medidas que tomaba, fue hecho preso por la fuerza que había despreciado, y siendo esto tan cierto como lo es, ¿ no me veré autorizado para aseverar que Fuentes en su fantástica idea cavó la huesa en que ha sido sepultado!

Volvamos pues á seguir la marcha que me interesa. No fue esta vez la única que Zamora empleó su mediación humanitaria con Rangel para favorecer alguna víctima, lo hizo también en Guambra con el honrado Agustín Reyes, cuya muerte tampoco pudo evitar, pero fue más feliz salvando á Guillermo Blanco que había sido preso por una partida de Rangel.

No está fuera de nuestro alcance la conducta de Zamora en procurar alejarse de Rangel, diciéndole que tenía prosélitos en otros puntos, y que era indispensable pasar en persona á donde estaban para animarlos, ofreciéndole como lo hizo, doscientos hombres que acaudillaba Luciano Paira en El Pao de Sárate, de estajurisdiccióu, con lo que logió internarse en las montanas de Tormenta y otros montes por donde vagaba, en cuyo tiempo Rangel invadió ios cainpos de Magdaleno, y la parroquia del Pao, en donde se hizo de armas, municiones y hombres, cometiendo en su regreso en Tacasuruma incendios y muertes, como hanse referido ; de regreso solic'tó á mi defendido en las montanas en qne habitaba para alentarlo y sacarlo del vértigo que le causaban

APÉNDICE XXXIII

sus males, y conduciéndolo á los campos de La Laguna hasta la jornada de Pagüito.

Después de lo que dejo referido, es interesante contraerme á todo aquello que tenga relación con el título de General con que fué revestido, y con tal fin me valdréde sus propias palabras. Dice Zamora que habiendollegado á Guambra, se le presentó el comisario de policía Socorro Masabé con un número de vecinos de aquel lugar dispuestos á obedecerle, y que con ellos pasó áLas Muías, sitio inmediato á Guambra, en donde encontró á Rangel con un corto número de individuos, los que* unidos con los que sacó de Guambra, hacían el número' de más de cien hombres que de este lugar se dirijieron á Los Tiznados, y escribió á Martínez, Herr. ra y Cabeza, que acaudillaban sus respectivas partidas, y que sometidos igualmente como los primeros mereció el nombre de General entre ellos, que de allí salieron para El Limón en donde fueron atacados por Guerrero, que los derrotó : que Rangel, insistiendo siempre en su empresa, lo acompañaba á hacerse de hombres y de armas pira llevar á cabo siempre su empresa, y que por último, el título de General, de mi clieute, en lugar de ser pernicioso era moralizador al ejército liberal ó faccioso y contenía en mucho los excesos que Rangel y algunos de mala inclinación intentaban practicar, aun cuando no pudiesen impedir en un todo los males que se practicaban y lamentaba

Oigo ya, señor, por todas partes un eco unísono ea esta ciudad, que lamentando la suerte del desgraciado» Zamora tiende á prestarle todo consuelo y llevar hasta el Supremo Gobierno cuanto sea conducente para salvarle la vida, y con razón, porque sien lo este hombre como sus hechos tan conocidos antes de este suceso, necesario es que empleen un esfuerzo simultáneo para conservar la vida á un joven que ha contribuido al ornato de esta población. También debo hacer presente por último, que siendo esta causa grave, como se ha calificado, y que la persona de mi defendido es interesante, necesito para llenar mis deberes todo el tiempo que me con-

XXXIV APÉNDICE

cede la ley, esto es, el de treinta días, sin que restrinja ni un solo momento.

También debo decir, señor Juez, que no es posible que en cuatro horas que se me han concedido por US. para imponerme del proceso, compuesto de sesenta y seis fojas, formar concepto de sus actas, y exculpar á mi defendido de los cargos que se le hacen, ni que pueda salir de mis manos una obra completa, que satisfaga mis deseos y los de mi cliente. En esta virtud y reproduciendo cuanto dejo expuesto, suplico á US. se sirva dar por exculpado á Ezequiel Zamora de los hechos que se le imputan, y acordar en la recepción á prueba de esta causa, todo el término que dejo referido, y que la ley concede en estos casos, por ser justicia que imploro y juro. — Ufamtel Díaz.

OTRA DECLARACIÓN DE EZEQUIEL ZAMORA

En veinte y cinco de los corrientes á las siete de la mañana se constituyó el Tribunal en la cárcel pública, con el objeto de recibirle nueva declaración con cargos á Ezequiel Zamora, y después de habérsele impuesto del deber en que estaba de decir verdad en cuanto sepa y se le pregunte, dijo llamarse como queda dicho, haber sido vecino de esta ciudad, natural de día, pueblo de los Valles del Tuy, de estado soltero, libre, de religión Católica Apostólica, límuna, de oficio comerciante, de veinte y nueve anos de edad y de instrucción alguna.

— Preguntado: Cuando estuvo usted en el mes de noviembre último en el sitio de La Dormida j estuvo usted también en la casa del citado Silva f ¿ dijo usted á este individuo, que le iba á buscar y que le siguiera ? — Cont-esta: Ni estuve en la casa de Silva, ni hablé con él, como se me pregunta.

— reconvenido: ¿ Cómo niega usted haber visto y habladu á Silva, cuando éste en su declaración, clara

APÉNDICE XXXV

¡y terminante, declara que la noche que usted y Francisco Rangel pasaron á las inmediaciones de la hacienda Lagunita á situarse con su gente en el sitio del Hoyo, más acá de la quebrada de La Dormida, ó lo que es io mismo, entre La Dormida y La Lagunita, usted se le apareció con una partida en su casa y le llamó, y que habiendo abierto la puerta el citado Silva le dijo usted -que iba á buscarle para que le siguiera; pero que después que le manifestó no poderle acompañar porque tenía una mujer y varios hijos y su trabajo, usted le repuso, que ya que no quería acompañarle debía venir á este pueblo á comprarle unos trastos ? — Contesta : Yo no cargo mi conciencia al decir que no he visto al Teferido Silva en los sitios que menciona en su declaración : en mi nombre puede haberle mandado alguna persona de las que me acompañaban, pues yo no vi en el campamento á otros que á Felipe Albero y Manuel el isleño, los cuales me llevaron varios trastos, como queso, unas botellas de vino, tabacos y bizcochos ; y debo añadir que la avanzada que tenía á la vista del camino que conduce de esta ciudad á la hacienda Lagunita, me informó que una persona había llegado en traje de peón al campamento y me había solicitado; se había puesto en marcha, salí con el objeto de ver si lograba liablar con ella y aunque la vi á larga distancia y la llamé, esta no quiso detenerse y por lo tanto no supe quién 4?ra. Tampoco podía yo haber visto á Silva, pues ocupado -constantemente en vigilar sobre mi seguridad personal, no podía permanecer mucho tiempo en un solo punto por estar revisando el campamento y las avanzadas.

— Vuelto á reconvenir: No es creíble que sus tropas «dejaran salir del campamento una persona que le solicitaba, con tanta más razón cuanto que en aquellos momentos era á usted importante saber el estado de esta población y cuanto que usted mismo dice habérsele informado que aquélla deseaba hablarle. — Contesta: Como no tuve intenciones de acometer esta población, no me interesaba saber su estado, y al irse la persona de que Jie hablado Fin entenderse conmigo, pudo ser por evitar ^lgún compromiso ó por evitar se le dejara en servicio.

— Preguntado : En el mes de agosto último á conse-

XXXVI APÉNDICE

cuencia de haber resuelto la Asamblea parroquial de esta ciudad la suspensión de los derechos de ciudadano de usted ¿nó dijo públicamente que tarde ó temprano se vengaría de los miembros de aquella corporación v aun de toda la familia de los Celis? — Contesta : Xada de lo que se me pregunta he dicho, y puedo asegurar que siempre he odiado la venganza; y que juré que aunque los Celis me ofendieran, nunca les cometería falta. En comprobación de lo que acabo de decir, puedo citar loa documentos que solicité con el objeto de buscar el remedio por las vías que la ley me trazaba, como lo podrán declarar las autoridades que en aquella época estaban en esta ciudad y Santa Cruz, parroquia del Cantón Turmero.

— Preguntado : ¿ Conoce usted á José Bernardo Masabé ? Contesta : Mucho le conozco.

— Preguntado : ¿ Le nombró usted de secretario ! — Contesta: Sí, señor.

— Preguntado : ¿ Desde cuándo no vé usted :il citado Masabé? — Contesta: Xo tengo presente el día que se separó de mí.

Preguntado: ¿Qué motivó la separación de él, así de la facción como de usted ? — Contesta : Como Bangel y yo convinimos en separarnos con distintas partidas para combatir por diferentes puntos, -elejí entre las personas que debían acompañarme, á Masabé, pero habiendo llegado á Las Guasduitas, las dispersé ofreciéndoles que mientras descansaban iría yo á Caracas y á otro punto en solicitud de auxilios, quedándome únicamente conloa individuos relacionados por tener con Jote Bernardo mucha amistad y á quien profesaba grande aprecio.

— Preguntado: ¿Cómo se llaman las nueve personas que del vecindario del Pao de Zarate comis onó usted para que reuniesen á todos los vecinos de la jurisdicción f — Contesta: Muy pocas personas conozco en El Pao y aunque no recuerdo á cuántas personas escribí, puedo confesar que sí lo hize y me lo indicó un soldado de la tropa, vecino de aquella jurisdicción, sin poder ahora recordar sus nombres.

— Preguntado: ¿Conoce usted á Toribio López, ve-

APÉNDICE XXXVII

-ciño del Naranjal, y á Simón Santana, de Camatagua? — Contesta: Del Naranjal conozco á un viejo llamado Romualdo López, comisario de dicho sitio.

— Preguntado: ¿Qué relaciones tuvo usted con Tomás Barrera, vecino del caserío de Los Colorados f — Contesta: No me recuerdo haber tenido relaciones con esa persona.

— Preguntado : ¡ Recuerda usted la noticia que dio en el mes de junio ó julio últimos al señor Nicolás Pérez, comerciante de esta ciudad, sobre que guardara los reales que tuviera porque esta población iba á ser saqueada ? — Contesta: Recuerdo que Manuel Pulido y otro vecino del Ancón me dijeron que se decía, que una partida venía á asaltar la población, y recuerdo también habérselo dicho á Pérez por ser mi amigo y ai Jefe Polít ico como autoridad. (1)

— Preguntado: ¡ Eu dónde hubo usted la bandera que apareció enastada en el ataque del Limón ? — Contesta : La bandera tricolor que apareció en el ataque del Limón era de la caballería que inundaba Rosa-lio Herrera, y la que figuraba de color amaiillo sólo, era la misma que tenía la «Sociedad Liberal de esta ciudad, la misma que «e me entregó como depositario del mensaje de dicha Corporación, y la misma que llevamos á la función que tuvo lugar en la hacienda de Ancón, en uno de los días en que los miembros de aquélla quisieron divertirse.

— Preguntado: ¿ En qué imprenta pusieron á esa bandera de que usted acaba de hablar, el mote ó letrero que figuró en El Limón ? — Contesta : Yo creo que el letrero fué puesto con cartulina y que en ninguna imprenta se le puso, como podrán decirlo el licenciado Juan Martínez y Miguel Torres.

— Preguntado: ¿El grado de General de usted se le confirió formalmente antes de lanzarse en la facción ó cuándo í'uet — Responde: Antes de la facción ningún título tenía, pero en Las Guasduitas me eligió la comitiva de General suyo, y en ese mismo día y después de

(1) En este tiempo no había conspirado todavía Za moka sino dos meses después: loque prueba Ja impremeditación; y su alzamiento fué después por el mal tratamiento en las eleVeiojies de age-sto del misino año.

XXXVIII APÉNDICE

haber dado las gracias á los soldados, di á Ringel cF título de Coronel, en recompensa del honor que se uie acababa de dispensar. En este estado mandé suspender esta confesión para continuar cuando convenga. — Fue leída al reo, dijo estar conforme y firma. — González Méndez. — Brizuela, Secretario. — Ezequiel Zamora.

M'EVA DECLARACIÓN DE EZEQI'IEL ZAMORA

En veinticuatro de los corrientes á las ocho dela mañana se constituyó el Tribunal en la cárcel pííblica cen el objeto de interrogar nuevamente al reo Ezequiel Zamora, é impuesto del deber en (pie está de decir verdad en cuanto se le pregunte, dijo llamarse comoqueda dicho, haber nido vecino, como ha manifestado en sus anteriores declaraciones, de esta ciudad, de estado soltero, natural de día, de condición libre, de oficiocomerciante, de religión Católica, Apostólica y Romana, y de veintinueve anos de edad.

— Preguntado: ¿Conoce usted al venerable Cura de San Francisco de Tiznados, Presbítero Sebastián Escobar y qué relaciones tuvo con él cuando la facción que usted mandaba se acuarteló en aquella parroquia f — Contesta : Conozco al Presbítero Escobar, y no recuerdo haber tenido relaciones con él con referencia á la facción ;. pero sí puedo decir que cuando estuve en la parroquia de que se habla me visitó varias veces en el cuartel, en prueba del afecto que me había profesado antes.

— Preguntado : ¿ Los planes de usted, Kangel y otros^ cabecillas de la facción, eran de hacer guerra, al Gobierno legítimo de Venezuela, matando á todo oligarca y á todo el que se opusiera á sus intentos, y era el de repartir las tierras y los bienes de aquéllos entre los pobres ? — Contesta : Nada de lo (pie se me pregunta respecto á Kangel oí decir á éste, pero no puedo asegurar que fuese su intención practicar ó ejecutar los hecho» sobre que se me interroga: porque en la creencia de que yo no participaba de semejante opinión podía muy bien.

APÉNDICE XXXIX

ocultarme sus proyectos. Respecto á mi persona asevero que ataqué al Gobierno por las razones ó motivos que dejo dichas, pero jamás estimulé á los soldados con las ofertas que se refieren. Esto lo puede testificar todo el vecindario de Los Tiznados, en presencia del cual proclamé varias veces á mis tropas con prevenciones muy* serias de que no cometiesen acto ninguno criminal, haciéndoles ver é inculcándoles que tau abominable y antisocial conducta sólo era propia de los Boves y Jos Cisnea >s.

— Preguntado: Cuando la facción llegó al sitio do los Bagres, ¿supo usted que el señor Andrés Fuentes estaba eu su hacienda, y no fue usted quien mandó luego una partida de veinte y cinco hombres al mando del que llamaban Capitán Francisco Pacheco, con el objeto de que le llevaran á su presencia al referido Fuentes f — Contesta: P^s falso, pues no tenía motivos para observar semejante conducta.

— Reconvenido: Niega usted la pregunta, ¿y cómo su Secretario «fosé Bernardo Másala1 lo declara y añade, que habiendo sido conducido á su presencia el señor Andrés Fuentes y Pedro Pastrán dirigió la palabra á usted el último suplicándole que no le hiciera mal, puesto que, como usted mismo sabía, no se había mezclado en asuntos políticos, y que usted le respondió con estas palabras : " ron usted no va nada, no tenga usted cuidado ? (1) — Contesta: Nada de eso pasó con Pastrán, y si algo dijo, no le atendí en aquellos momentos.

— Reconvenido: Cómo dice usted que tal cosa no \u\ pasado ó no la recuerda, cuando consta del sumario y varias declaraciones lo contrario ? — Contesta: No recuerdo haber dicho las palabras que se me atribuyen.

— Preguntado: ¿ Ha recordado usted el mote ó letrero que tenía la bandera (pie usó la Sociedad Liberal establecida en esta ciudad poco antes de las elecciones, y de la cual ha hablado usted en su última declaración !

(1) Pastrán como Podro Bofill, Manuel LnnúV, José Manuel García y otros, estuvieron en el campamento de Zamora y Rangcl ese día, v á todos se les dH pirantía por igual : él suceso excepcional de Fuentes fue muy aislado y único de Kan- $rel c( n su tropa, y que Zamora no pudo impedir.

XL APEKDICE

— Contesta: Sí, señor, recuerdo que el mote ó letrero era ■" Elección popular, principio alternativo, orden y horror á la oligarquía."

— Preguntado : ¿ Y cómo pudo figurar dicha bandera en el ataque del Limón, cuando usted y la facción que acaudillaba, proclamaban principios entera mente contrarios, á la vez que no puede haber orden público cuando se ataca un Gobierno legítimamente constituido, y ú la vez que, alzándose contra él se ataca á la Nación, sus leyes y autoridades ? — Contesta : Creí, como antes he dicho, que debía atacarse un Gobierno que había infringido la Constitución y leyes de la República; y ésto lo decían todos los periodistas de Caracas y otras partes.

— Preguntado : • Sabe usted si de esa bandera que correspondía á la Sociedad Liberal de esta ciudad, fue borrada la palabra ov<Icn, y puede usted indicarme la ptraona que lo hiciera ? — Contesta : La palabra que se in- «dica sí fue borrada, pero no supe por quién ; pues ese día había mucha gente en ese lugar ó sitio, que fue en la hacienda de Ancón, v á donde concurrieron muchas personas notables de esta ciudad.

— Preguntado: ¿ Nó podrá usted decirme cuál sea su opinión respecto al origí n de esa revolución provocada por los periodistas de la prensa corruptora ? — Contesta : Nada puedo decir.

— Reconvenido: Parece increíble que R ángel hubicise sido, como ha manifestado usted, el que ordenó la muerte del señor Fuente-», puesto que aquél no le conocía y que siendo un hombre idiota, tampoco debía estar en cuenta de que el referido señor Fuentes fnese uno de los que debían morir, ya por sus opiniones políticas, ya por otro respect>: lo que prueba, ano dejar duda, <]iie usted debió imponer á Kangel de las parcialidades <]ue oeurreron en esta ciudad los días de las elecciones primarias. — Contesta : Aunque Rangel no hubiera conocido al señor Fuentes, le conocían sus conductores, quienes querían privarle de la vida, en momentos en qve aquél se encontraba en estado de embriaguez, y en que estaba como una fiera, en cuyo caso ninguna reflexión le entraba, ni se le podía hacer.

APÉNDICE XLI

— Reconvenido : Tampoco parece concebible lo que acaba usted de decir sóbrela crueldad de lia ngel, cuando se sabe por notoriedad que éste nada hacía á los soldados y Jefes del Gobierno que encontraba indefensos.— Contesta : Después del ataque de los Leones no fue Rangel sino Zamora el que perdonó los soldados del Gobierno, y aun prestó nuxilio A uno que estaba para morir de sed, aprovechando la ocasión de haber quedado Rangel detrás; y si éste alguna vez puso en práctica conducta igual, lo hacía sin duda por mi ejemplo y constante predicación.

— Preguntado: ¿Cómo quiere usted atribuir á sólo Rangel los diferentes delitos y excesos cometidos por la facción que ustedes dirigían, cuando de los diferentes procesos seguidos contra otros reos de conspiración, se ve con claridad (pie obraban (K consuno, corroborándose esto mismo con la circunstancia de aparecer siempre juntos, sin embargo de separarse de vez en cuando, y de los diferentes reveses que experimentaron en la campaña!— Contesta : Ya he dicho antes que no estaba de «acuerdo con algunos hechos de Rangel.

— Preguntado: ¿Ha podido usted saber qué dirección habrán tomado los otros Jefes de la facción, y qué planes proyectaron al llevar á cabo su partida ? — Contesta : Lo tínico que supe fue que Rondón siguió para El Pao de San Juan Baustista, de donde eran vecinos muchos soldados de los que cargaba.

En este estado mando suspender esta declaración para continuarla siempre que convenga. — Le fue leída al reo, dijo estar conforme y firma. — González Méndez. — Brizuela, Secretario interino. — Ezkuuiel Zamora.

OFICIO

República de Venezuela. — Jefatura política del Cantón —Número 75.— Maracay, Mayo 25 de 1847,— 18? y 37° — Señor Juez de 1" Instancia del 4? circuito. — Ayer re-

XLII APÉNDICE

cibí la comunicación de usted fecha 21 délos corrientes, número 291), en que me trascribe la resolución de S. E. la Corte Superior, relativa á la traslación á la cárcel de esta Villa, del reo Ezeqüiel Zamoba. La persona de éste me fue entregada el 22 en la tarde por el señor Comandante Juan Pereira, con oficio de remisión del señor Jefe Político de ese Cantón. Dicho reo lo he puesto en uno de los calabozos internos del edificio de esta cárcel, y permanece en él con los mismos grillos (1) que trujo y con toda la seguridad necesaria.

Lo «ligo á 17. S. para su inteligencia y en contestación á su citada nota. — Soy de U. S. muy atento, obediente servidor. — ¿Salvador Mirhelena.

República de Venezuela. — Corte Superior del 2o Distrito.— Caracas, 18 de mayo de 1847, año 18? de la ley y 37° de la Independencia. — Señor Juez de 1" Instancia del 4? circuito. — El señor Gobernador de la Provincia con fecha de ayer, dirigió á ota Corte Superior el oficio que sigue. — Tiene informes fidedignos este Gobierno de que se procura esmeradamente la fuga del reo EzEgriEL Zamora, preso en la cárcel pública de Cura; y de que á pesar de la escrupulosa vigilancia de las autoridades, y de todas las precauciones tomadas, no presta aquel lugar toda la seguridad necesaria para un encausado de tanta consideración. Cree, pues, este Gobierno, que es de urgente necesidad trasladar inmediatamente á Maracay, donde sí existe la suficiente segundad, al citado reo; pero como según el artículo 10 de la ley de 15 de junio de 18.'*1, sobre procedimiento contra conspiradores, es á S. E. la Corte Superior del Distrito á quien toca, proveyendo á la seguridad de los encausados, designar

(1) Los mismos grillos que nunca le cambiaron. Oon éstos» lo pusieron cu un ou ro en la cáeel de Ciudad de Caray sin sombrero, con un sol abrazador hasta Maracay: al haber andado como una milla pudo la señora Paula Correa, madre del preso, alcanzarlo v ponerle sombrero, contra el querer del Jefe de la escolta, fcn esta vez no pudo victorear al Presidente Antonio Leocadio Gimnán, como lo hizo al entrar á Ciudad de Cura, pues una bebida que tomó en Santa t/ruz lo hizo enfermar, en términos de llegar moübuudo á Guaruto, una lcjrua distante de su destino.

APÉNDICE XLIU

el lugar á donde deban ser trasladados y juzgados, medirijo á S. E. por el órgano de US., para que en consideración de los informes dignos de todo crédito, que* ha tenido el Gobierno, se sirva acordar á La brevedad posible, la traslación del referido Zamora á Maracayr » donde ocurrirá el Juez siempre que lo creyere necesario.'** En consecuencia , recayó el decreto que sigue: — "Vistoel precedente oficio del señor Gobernador de la Provincia, y en virtud de las razones en él expresadas, la Corte acuerda que Ezequiel Zamora, preso que se juzga por conspiración, sea trasladado de la cárcel de Cura á la de Maracay (1) comunicándose esta determinación con inserción del oficio referido al Juzgado de ltt Instancia del 4? circuito judicial; y que se participe también al seuor Gobernador á fin de que se efectúe la traslación del reo con la seguridad necesaria." Lo que comunico á usted para su inteligencia y fines indicados.. Dios guarde á usted. El Presidente, Juan José Romero,

Tribunal de Yx Instancia del circuito. Agregúese esta comunicación á sus antecedentes; y coa el ñn dellevar á cabo la resDlución de S E. la Corte Superior, transcríbase su contenido al señor Jefe Político de este cantón, para (pie con seguridad bastante s^a trasladado y entregado al señor Jefe Político de Maracay el reo Ezequiel Zamora. Cura, mayo 'M de 1847 á las seis de la tarde. — González Méndez. — Brizucht, Secretario interino.

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Señor Juez de 1* Instancia.

Puesto que S. E. la Corte Superior de Justicia por sus muchas ocupaciones, no ha podido mandar un testimonio de varios expedientes en que están comprobados los crímenes del titulado General de los facciosos Ezequiel Zamora, y puesto que la causa que á éste se sigue

(1) Se hizo correr la noticia de (pie José Jesús González (alias Agachado) con una partida, vendría de La Siena á sacar de la car el á Z»mora y de aquí partir; ojee dehía trasladarse al Cuartel General donde únicamente creían tener seguridad bastante para tan importante preRi, que tanto deseaban devorar. Agachado para esa fecha estaba en Apure.

XLIV APÉNDICE

debe retardarse algún tiempo porque se esperan las pruebas que ha ofrecido á puntos muy (listantes del lugar del juicio, procedo á indicar algunos excesos y delitos de dicho Zamora y de su facción, para que se averigüen en dicha causa.

Primero: Zamora, en el tiempo de las últimas elecciones primarias fue un caudillo gii7inancista muy exal tado en este cantón, que con hechos y expresiones conmovió á las masas contra el Gobierno y contra los hombres de o^den á quienes llamaba picaros, godos y oligarcas.

Segundo: Zamora pretendió ser elector por ese tiempo; y (pie triunfase el partido llamado de Guzmán; y para lograrlo, recorría el poblado y los campos con una actividad increíble, seducía, pagaba y capitaneaba á la gente sencilla é ignorante, á quien leía los impresos titulados liberales; ge presentaba con ella á la Asamblea parroquial de esta cabecera ; reclamaba los derechos de sus partidarios ; leía las listas en que estaba él inscrito ; las firmaba ;i ruego ; entorpecía los trabajos de la Asamblea ; le faltaba con frecuencia el respeto debido ; y dirigía contra los eonjueees y contra el orden público algunas expresiones sediciosas y alarmantes.

Tercero : En el mismo tiempo aparecieron pasquines en (pie Zamora amen -izó de muerte á algunos de los que él llamaba oligarcas, y juró contra éstos odio y venganza eterna. E*te vecindario estuvo alarmado y sobresaltado por las amenazas y conducta de Zamora y de su gente en la época eleccionaria. En ese tiempo se dejó bigotes, y manifestaba que por las buenas ó por las malas subiría el señor Guzmán á la Presidencia de la Kepública, y que rodarían por este pueblo las cabezas de los oligarcas. Desde entonces manifestó Zamora conatos de conspiración, y las autoridades tuvieron que estar con mucho celo y vigilancia, y que tomar algunas medidas de seguridad pública.

Cuarto : Los sufragantes de Magdaleno, en cuya parroquia también trabajó Zamora con ardor, lo mismo que en la de Los Tiznados, concurrieron á votar armados, y la Asamblea de allí tuvo que anular los sufragios por la violencia ó coacción c^ie se ejercía.

APÉNDICE XLV

Quinto : No habiendo Zamora conseguido el triunfo de su electorado y de su partido, fué á Caracas en agosto con Manuel Ibarra y otros, bien armados y con tren de guerra que indicaba ya el proyecto concebido de turbar el orden piiblico.

Sexto: Kegresó Zamora con el señor Guzmán hasta La Victoria, y de allí vino á La Sierra & levantar contra el Gobierno á la misma gente que ya había conmovido en las elecciones primarias. Dos veces ha invadido su facción la hacienda del señor Eustaquio Barreto, en Magdaleno; una en setiembre con liangel á la cabeza, y otra en febrero, cuando aquella bajó con Zamora á La Culebra ; en la primera fueron baleados los señores Barreta, Carlos Montesinos y otros, que se salvaron milagrosamente; y fue saqueado y malbaratado cuanto había en la hacienda ; en la segunda fue también ésta saqueada, buscados los mismos individuos para matarlos, y amarrados algunos peones y esclavos (pie fueron incorporados á la facción.

Séptimo: En Magdaleno también el mismo Zamora robó la casa del señor Salvador del Cristo, distribuyó las ropas y efectos entre su gente, y cometió otros excesos y tropelías, como incendiar algunas casas y propiedades.

Octavo: En la octava jurisdicción de Magdaleno, lafacción de Zamora asesinó á Andrés Bogado, porque éste no (pieria seguirla.

Noveno: Antes la misma facción de Zamora cortó la lengua y mató á lanzazos al comisario de policía de Guambra, Agustín lieyes, porque éste no (pieria acompañarla y era hombre honrado y de orden.

Décimo : Zamora ó su facción en varios puntos ha cometido otros robos, otros asesinatos, otros incendios y otras tropelías, y en la acción de Laguna de Piedra se cogió á los facciosos una carga de ropa que habían robado en Los Tiznados.

Undécimo: En los encuentros de armas que los facciosos han tenido con las tropas del Gobierno, Zamora lnwacribillado y hecho acribillar á puñaladas á los ofi-

XLVI APÉNDICE

-cíales y soldados de aquéllas, a quienes también lian desnudado y robado.

Duodécimo : Kste pueblo ha sufrido mucho con motivo de las amenazas, incursiones y tropelías de la facción de Zamora. Este lo tenía sentenciado á muerte y ofrecía á su gente que lo saquearían y degollarían. .Zamora lo amenazaba y circulaba constantemente, y habiendo manifestado en Los Bagre*, que do esta ciudad sólo se escaparían los señores hermanos Pérez, dijo Rar- £-el : uEstos me tocan á mí: yo me encargo de ellos."

Decimotercero: Rangel, durante su alzamiento pensó presentarse al señor General Cordero y al señor Coronel <Jisneros, v Zamora se lo estorbó haciéndole concebir esperanzas de triunfo para que continuase en la empresa que ambos habían acometido.

Apunto los hechos presentes con el objeto de que l\ S. se sirva averiguarlos, ó ampliar la comprobación de cada uno de ellos. U.S. puede hacer declarar sobre éstos y sobre los demás crímenes de Zamora y su facción á los señores, Jefe Político Aureliano Otáñez, Eustaquio Barreto, Pedro Boftll, Nicomedes Brizuela, llamón Hernández, Francisco Gil CebaPos, Manuel María Lauda, doctor Jaime Bosch, doctor Ignacio Celis, Braulio Otáñez, Ramón Rodríguez, Trinidad y Fausto Celis, doctor Manuel Manzo, Manuel Orta, Juan y Domingo Cuervos, Jesús Peraza, Joaquín Díaz, Benito Marti, Nicolás Ova lies, Justo Fuentes, Luis María Ceballos, Leonardo Ló pez, Francisco Monroy, Cayetano Ayala, José Jaén y Fortunato Turrealva, quienes sabrán muchas cosas de ciencia cierta y otras de público y notorio. También se puede librar despacho á Magdaleno con inserción de los particulares conducentes y á los demás lugares que US. juzgue de necesidad para averiguar los crímenes y atrocidades que la facción de Zamora haya cometido en las veces que han sido invadidos por ésta. Suplico, pues, á V. S. se sirva acordar las providencias conducentes para que queden bien justificados en el expediente todos los excesos y delitos de Zamora. — Cura : once de mayo de mil ochocientos cuarenta y siete. — Juan Martínez.

APÉNDICE XLVII

PRUEBA QUE OFRECE MANUEL DÍAZ COMO DEFENSOR DE KZEQUiEL ZAMORA EN LA CAUSA QUE SE LE SIOUE POR CONSPIRACIÓN

Lista de loa testigos que serán examinados por el siguiente interrogatorio : Nicolás Pérez, Nicolás Ovalles, Braulio Otáíiez, Juan Bautista Pérez, Francisco Gil Ceballos, Fausto Celis, Domingo Cuervos, Félix Carias, José Antonio Istillarte, Víctor Ríos, Ignacio Ríos, Manuel Orta, José Ramón Hernández, Ildefonso Guzmán, Socorro Telles y Joaquín Paúl. Todos vecinos de esta ciudad.

Primero: — Por las generales de la ley y las relaciones de amistad ó enemistad que tengan con mi defendido.

Segundo: — Si saben que Ezbquiel Zamora desde sus primeros años ha estado consagrado con laboriosidad y esmero á la industria de comerciante en mediana escala, cumpliendo religiosamente siempre sus compromisos, que distinguen á un hombre honrado.

Tercero : — Si es cierto que Zamora siempre dio pruebas de adhesión al cumplimiento de ¡os preceptos constitucionales y las leyes, siendo p.>r tanto uno de los vecinos, que á cual primero, se presentaba á las autoridades en los momentos de algún peligro, tal como el alzamiento de Juan Silva en que fue uno de los que marcharon con el comandante Carabano en la persecución que se le hizo.

Cuarto: — Si asimismo les consta que ¡ni defendido marchó de los primeros hasta más allá de San Sebastián de los Reyes, procurando la vanguardia para ser el primero que castigara la audacia de quien se burlaba de la sociedad sin más bandera que el pillaje.

Quinto: — Si en medio de esta población y en la ansiedad en que se hallaba, Zamora, cual si fuera el primer jefe, inspiraba confianza, tranquilizaba las familias y par tía de extremo á extremo de la ciudad deseoso de castigar á los criminales que, fugados de la cárcel y arma-

XLVIII APÉNDICE

dos con cuanto en el parque había, pretendían la violación de los más sagrados derechos sociales. (1)

Sexto: Si es cierto que Zamora jamás ha sido preso, arrestado ni demandado hasta el tres de agosto del año pasado de 1S4G, en que la Asamblea electoral de esta ciudad le arrestó para privarle de sus derechos de ciudadano, como lo verificó.

Séptimo: Digan, finalmente, si saben que EzEgunsL, Zamora con su trabajo como comerciante ganaba suficiente para sostener su decencia personal, y su negocio era su única ocupación sin otras aspiraciones.

Que el doctor Manuel María Echeandía, residente en la isla de Trinidad, previas las formalidades de la ley, sea examinado en estos términos : — Si es cierto que Ezequiel Zamora á mediados de agosto del ano pasado de 184b1, le consultó en Caracas lo que debía hacer, pues le habían privado por cuatro aüos de los derechos de ciudadano para elegir y ser elegido, acompañándole los documentos respectivos; y si es también verdad que ala vista de tales documentos contestó á mi defendido : "nada hace usted con su queja á los magistrados que actualmente se encuentran en la nación ; todos son oligarcas enemigos de los liberales, y. usted como uno de éstos nada alcanzará de ellos y perderá su tieoipo, sus pasos y sus intereses. No hay más partido que tomar que ocurrir á las armas para vindicar el ultraje de los oli. garcas. Reunidos todos los liberales con hombres como usted á la cabeza es como puede castigarse á los enemigos de la libertad individual. Usted cuente con Barlovento, armaremos esa gente, y usted en La Sierra con los demás companeros deberemos triunfar de la tiranía."

Pido que se evacué esta prueba y que se libre despacho á la Isla de Trinidad para que sea evacuada esta última declaración. Otrosí: Conviene á los derechos de la defensa que para sentenciar se tengan ala vista

(1) Juan Sil víi, no se .sabe inundado por quiéo, turbó el orden público en Ciudad do í'ura el once en la noche del me* de junio de 1844. Puso en libertad á todos loa preso?, los armó, hubo Hrs ó tes v e-timas y se fué con su horda de criminales. Juan Silva no fue perseguido después que i>asú de San Sebastian, ni eastifradn después que vivía tranquilamente en el Oriente. Esta es una histeria misteriosa.

APÉNDICE XLIX

las actas de la Asamblea de agosto de 1846, para ilustración del tribunal. Otrosí: Conviene a los derechosde mi cliente que los testigos Olayo A venda ño y José Bernardo Masaba, como los demás que aparezcan declarando contra Ezequiel Zamora, sean citados al tribupal para repreguntarlos. Otrosí : Pido igualmente, como antes lo indiqué, que se saquen tratados de cuautas declaraciones haya en el proceso y tengan relación con esta causa, para que se verifique un cotejo de los conceptos que encierran unas y otras. Así lo espero en* Ciudad de Cura á 22 de abril de 1847. — Manuel Díaz.

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ESCRITO DEL FISCAL,

Al procederse hoy siete de los misinos al examen de los testigos de la prueba de Ezequiel Zamora, dijo el Procurador Municipal señor Licdo. Juan Martínez: "desde el treinta del próximo pasado concluyó el térinino ordinario de prueba y está corriendo sólo el de la distancia para las que se deban evacuar en varios puntos de la República; por esto me parece que ya pasó el tiempo en que debieran examinarse los testigos vecinos del lugar del juicio, y que en esta virtud no deben tomarse sus declaraciones. Por otra parte es inútil é inconducente y por tanto no aprovecha al reo la prueba que ha ofrecido, pues él además de estar convicto paladinamente, ha confesado que levantó una facción contra el Gobierno, los excesos y horrores que esta ha cometido, los diversos encuentros y ataques que ha tenido con las tropas del orden, y que de aquélla era General ó cabecilla hast.i que fue i>reso después de la derrota que sufrió en Paguito; y la prueba ofrecida,, aunque se evacuase, no excluiría la posibilidad de que* Zamora es criminal. Tal prueba, eu que algunos délos testigos son cómplices de éste, y en que á mi ver son supuestos los nombres de otros, se ha promovido» únicamente con sólo el objeto de alargar el juicio, contra

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el espíritu y teuor expreso de la ley sobre conspiradores, y el Tribunal no debe permitir que sea burlada, tanto más en esta causa que por su gravedad y trascendencia excita la atención de todos, que produce disgustos, división y alarma en el vecindario, y que está íntimamente conexionada con el orden publico y el bien de la sociedad. Además, hay temores de que el reo se ftigue, aunque sean grandes el celo y la vigilancia de las autoridades : y anoche se oyó un tiro de la cárcel por ciertos amagos que la están haciendo. Pido eu virtud de todo lo expuesto, que no se tomen las declaraciones de los testigos vecinos de esta ciudad : que se declare inconducente la prueba ofrecida por Zamora ; y que se proceda á dictar sentencia, evacuados que sean los últimos informes. Si así no se acordare, apelo para ante Su Excelencia la Corte Superior, adonde se servirá en tal •caso, este Tribunal, dirijir un testimonio de las actas •conducentes." Esto dijo el señor Procurador Municipal y urina. — Briznela, Secretario. — Juan Martínez.

Tribunal de 1" Instancia del Circuito. — Vista la diligencia anterior del Procurador Municipal del Cantón, en que pide no se tomen las declaraciones de los testigos vecinos de esta ciudad, por haber pasado, en su concepto, el tiempo en que detreron examinarse, en que pide se declare inconducente la prueba ofrecida por Zamora, y se proceda á dictar sentencia, evacuados que sean los últimos informes; se observa en cuanto á lo primero, que el término de la distancia es tiempo hábil para evacuar la prueba que se ofrece en el lugar del juicio, y por consiguiente debe continuar el examen de los testigos: se observa en cnanto á lo segundo, que habiéndose admitido la prueba ofrecida por el defensor de Zamora, para diferentes puntos de la República, y mandádose librar y aun librado algunos despachos, en los cuales se han hecho inserciones solicitadas por el Procurador referido, es claro que hoy no es permitido al Tribunal decidir si es ó rió conducente la prueba acordada. En cuanto al tercer punto se observa, Analmente, que eu la audiencia de hoy ha solicitado el mismo Procurador el examen de nn testigo y la práctica de una diligencia ó averigua-

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«iones de ciertos hechos, en las parroquias de Los Tiznados, «con cuyo objeto se han librado ya los correspondientes -despachos, y que según estos antecedentes, lo consentido por el fiscal, y lo acordado por este Tribunal* es -evidente que la causa de Ezequiel Zamora ,no debe sentenciarse, mientras no espire el término de la distancia concedido en ella, que debe continuar el examen <de los testigos de este vecindario y oírsele al indicado Procurador la apelación que interpone al final de su diligencia, en el efecto devolutivo. Compúlsese, pues, en consecuencia el testimonio de las actas conducentes, y remítase á la mayor brevedad posible á S. E. la Corte Superior, y reitérense las órdenes de comparecencia délos testigos mencionados para que declaren, según está acordado.— Cura, mayo ocho de mil ochocientos cuarenta y siete. — González Méndez. — Brizuela, Secretario.

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SENTENCIA

En nombre de la República <le Venezuela, — El Juez de ln Instancia del 4? circuito judicial de la Provincia de Caracas.

Vistos con lo representado por el Procurador Municipal y alegado por el defensor en los autos criminales formalizados contra Ezequiel Zamora, por conspiración y por atribuírsele culpabilidad en otros varios delitos y excesos. Averiguado como lo está suficientemente, que Zamora perteneció á la facción que en este Cantón turbó el orden público, desde el mes de setiembre del ano próximo pasado ; debe inquirirse ahora el lugar que ocupaba en ella, para saber si está comprendido en el indulto expedido por el Supremo Gobierno en ocho de junio último, ó en su ampliación del veinte y uno del propio mes ; ó si no estándolo, cual sea el castigo á que se haya hecho acreedor, de conformidad con la ley de 15 de junio de 1831, que determina el modo de proceder con los conspiradores y las penas en que incurren, como también cuál sea la responsabilidad que le resulte por

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los otros crímenes y excesos cometidos mientras pennanecio en la facción, y la parte que en ellos tuviera. Zamora confiesa paladinamente en las diferentes declara- (•iones que ha reudido, que levantó una facción contra el Gobierno ó cooperó á ella: que con este motivo tuvo un choque con las tropas que mandaba el General Guerrero en el sitio del Limón : que la fuerza que allí mantenía á sus órdenes alcanzaba a mil y un pico de hombres de infantería y caballería, teniendo i>or título r u La oposición " y á cuya cabeza se encontraba con el carácter de General : confiesa el encuentro que tuvo en. el sitio de Los Bagres, con una fuerza que mandaba el capitán Villasuiil, quien por consecuencia del asalto que le hizo, fue derrotado con sus tropas y muerto : confiesa que en el sitio de La Ollita tuvo otro encuentro con las» armas del Gobierno, pero se retiró habiendo reconocido que aquéllas eran superiores á las suyas: confiesa que habiéndose dirijidode allí á las montanas de Güigüe, frente á Manuare, con más de trescientos hombres, tuvo otro choque con una partida del Gobierno en el sitio de LaYucaT adonde había ido de las montanas referidas obligado por la necesidad ó falta de medios de subsistencia, y que aunque le dispararon algunos tiros, se fueron sin ser perseguidos al sitio de Guacamaya, en donde fueron rechazados por otra fuerza del Gobierno, ó más bien que esto* se fueron por la noticia que tuvieron, de que allí existía: confiesa que tuvo otro choque con las tropas del Gobierno en el sitio de La Culebra, perteneciente á Los Valles de Aragua, el cual mandó en persona á la cabeza de doscientos y como cuarenta hombres: confiesa que de allí marchó al sitio de Cataure, donde, viéndose cercado con sus companeros por las tropas del Gobierno* dispararon algunos tiros, hicieron pié firme, y al favor de la oscuridad de la noche se retiraron; y confiesa, en fin, que en el formal ataque que tuvo lugar en el sitio de Pa güito, pelearon á sus órdenes más de trescieutos hombres, y que los hechos de armas que quedan relacionados, son los sucesos más notables de lo que puede llamar su vida militar, desde que se decidió á obrar for. malmente contra el Gobierno. También confiesa Zamora que dio los pasos necesarios para reunir la gente que llevó al Limón, cuya operación dio principio en el Valle:

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•de Guambra: que reuniólas partidas que habían organizado por su propia cuenta Rangel, Rosalio Herrera, Evangelista Cabeza y Segundo Martínez, los que estuvieron á sus órdenes, habiéndole escrito á los últimos -para que se le unieran : que confirió á Rangel el gra- •do de Coronel : que habiéndose entregado con la mayor actividad el ano pasado al triunfo del partido liberal •en las elecciones primarias, así en esta parroquia como ^n la de Magdaleno y Los Tiznados, comisionado por la sociedad que existía aquí, y obrando en la segunda, en unión de Ramón Goiticoa, que había venido de Caracas, también de comisionado, se cometieron en su concepto varias injusticias por la juntas de Notables y por la Asamblea parroquial de esta ciudad, tales como habérsele reducido á prisión y habérsele privado de los derechos «de ciudadano por cuatro anos : que concluido que fue el período de las elecciones se dirigió á Caracas don le consultó con el doctor Manuel María Echeandía lo que «debería hacer en aquel caso, y éste le dijo que en vano procuraría una providencia favorable, porque el manilo lo tenían los oligarcas, y que la justicia debía buscarse en una revolución : que después de esto salió de Caracas en compañía de Guzmán con una lanza enastada, y fue uno de los que formaron su comitiva: •«que invitado él y Manuel 1 barra en La Victoria por el propio Echeandía para una de las esquinas de la ciudad, formó Echeandía el plan de revolución, y convinieron en «que Echeandía movería el Llano Arriba junto con un tal Aguado, el General José Gregorio Monagas, Juan Bautista Echeandía y otros, y que Ibarra y él (Zamora) levantarían la gente de la Sierra y el Llano Abajo : que «el día siguiente por la mañana se fué Echeandía para Caracas, é Ibarra y él (Zamora) por la tarde, se dirigieron al Pao de Zarate, desde donde, por caminos extraviados, se fueron á La Sierra de Virgen Pura, buscando el Valle de Tacasuruma, para dar principio á la empresa, contando con que los vecinos de allí lo seguirían, «como sucedió: que la primera reunión la tuvieron en "Ol sitio de Guambra, de donde siguió para adelante, y hallándose en el sitio de Las Muías con un grupo como «<le cien hombres, se le presentó Rangel una tarde, con ¿ríete ú ocho • individuos, ofreciéndole una partida mayor,

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en cuya oportunidad recibió de éste en aquel acto unosvivas, y fue reconocido como un caudillo del partido* liberal : que en aquella misma tarde, marcharon juntospara el sitio de Los Leones, y después para los demásque ocuparon basta llegar á las llanuras del Limón -r y que cuando se dirigió últimamente al sitio de La Culebra fue con el objeto de reunir hombres, y cuando fue batido en Pagüito marchaba para San Francisco de Cara y Cama tagua, en solicitud de gente que lo siguiera. — A vista, pues, de lo expuesto, no puede negarse que Ezequiel, Zamora merece el calificativo de cabecilla ó Jefe de la facción de que se ha hecho referencia, pues aunque consta que Hangel invadió primero esta población y las de Güigüe y Magdaleno, consta también que habiéndose reunido á aquél, llevó desde entonces el grada y título de General de la fuerza, hasta que fue aprehendido, y de consiguiente como tal General ó cabecilla se encuentra exceptuado del indulto expedido por ei Supremo I\ E. en ocho de junio último, y por su ampliación del veintiuno del propio mes ; sobre todo, bien considerado, si se atiende que Zamora, según resulta acreditado de las exposiciones de un número considerable de testigos que han sido examinados en las tres piezas que componen estos voluminosos autos, solicitaba y buscaba por sí desde un principio, prosélitos para la revolución que hacía, aun amenazando á algunos: que proclamó y arengó en los lugares ó pueblos donde llegó ¿ entrar para que le siguieran y aun dio órdenes y disposiciones para atacar las fuerzas del Gobierno á los oficiales que destinaba de avanzada sobre ciertospuntos: que al separarse de esta ciudad para la de Caracas después de las elecciones, lo. verificó armado de lanza y de otras armas que indicaban ya, según sostienen algunos testigos, sus miras de levantarse contra el Gobierno legítimo de la República: que antes de las elecciones había manifestado aquí, según declaran otros de los propios testigos, que con su espada subiría Guznián a la silla presidencial, y aun manifestaba mucho rencor y encono contra los que él llamaba oligarcas: que su propio defensor Manuel Díaz, como defensor de José Hidalgo y Cipriano Quintana, á quienes también se les siguió causa por conspiración, manifiesta que estos fueron

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arrebatados por Rangel y Zamora, autores verdadero» de la conspiración, y que el propio Díaz manifiesta, en el tercer interrogatorio de su escrito principal de prueba, que Zamora, era uno délos caudillos de la facción cuando llegó al sitio de Los Bagres, y si era tal caudillo como sostiene el defensor, no puede rovocarse á duda que segán el diccionario mismo de la lengua castellana, mandaba y guiaba como cabeza y superior la gente armada y de guerra que había llegado á aquel punto. Verdad es que el acusado atribuye á la lectura de los periódicos de l*i prensa corrompida, á cuya lectura se entregó, con ardor, haber llegado al estado de perdición en que se encuentra; y también es verdad que su defensor le excepciona, asegurando que el verdadero cabecilla de la revolución fue Francisco Rangel ; pero, acerca de las excepciones propuestas por el reo, preciso es convenir que ellas, por su naturaleza, carecen de toda fuerza ante los tribunales encargados únicamente de administrar justicia, y cuyo deber es sólo arreglarse siempre á las leyes: y acerca de las excepciones alegadas por el defensor, ellas están hasta cierto punto en oposición con lo confosado por el mismo acusado y con lo declarado por muchas personas enumeradas en la causa, no faltando quienes aseguren que algunas veces, separado Rangel de Zamora, éste se .le incorporaba con hombres armados en el lugar donde aquél estaba, y que aun impidió que el propio Kangel se presentara al Coronel Oisneros, en momentos en que estaba dispuesto á verificarlo. Respecto á los otros crímenes cometidos por la facción : consta de autos que ella, efectivamente, perpetró varios crímenes en los lugares ¡K>r donde anduvo, y cometió otros muchos excesos; y por lo tanto es natural que eu todos ó la mayor parte de ellos tuviese Zamora como caudillo una parte considerable. En cuanto al asesinato que fue perpetrado en la persona de Andrés Fuentes, Pedro Pastrán asevera que prisionero con Fuentes, lo pusieron en libertad y Rangel mandó á éste con ocho lanceros, y no lo vio más; lo mismo aseveran el testigo José Olayo Avendano y otros. Zamora niega abiertamente en las diferentes declaraciones que ha rendido en el informe escrito que acaba de remitir á este tribunal, haber tenido parte alguna en la

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'muerte de Andrés Fuentes á que se refieren los testigo* que quedan relacionados, y para comprobarlo su defensor presenta los testimonios de Juan Ruinualdo Prieto, Pascual Torres, Juan Ibáñez, José Teodoro Fernández y otroa, y una certificación del General Francisco de Paula Alcántara, Jefe de Operaciones de Los Valles de Aragua, referente á la manifestación que le hizo José de Jesús González, alias Agachado, cuando se le presentó y fue indultado ; pero los testigos, en sustancia, dicen que nada «aben. Guillermo Blanco está contradicho habiendo manifestado en su declaración, que no supo quien dio la -orden para dar muerte á Andrés Fuentes», conducido por Francisco Pacheco á presencia de Zamora y Bangel. Luis Fernando Fuentes está del mismo modo contradicho asegurando después en otra declaración que Z a moka no tuvo parte alguna en la muerte de Fuentes. Joa- «priu Rodríguez manifiesta tener solo diez y seis año» y de consiguiente su dicho carece de fe, pues no tiene •diez y ocho años cumplidos. La certificación del General Alcántara refiriéndose á José de Jesús González, no puede estimarse porque no concurrieron á ella las formalidades prescritas por el artículo 35 y siguientes de la Ley 4H del Código de Procedimiento Judicial y además, González asegura que él y Zamora exijieron al Capitán Pacheco suspendieran los efectos de la orden mientras hablaban con el Coronel Bangel. Además, el que capitanea una facción es responsable de los malos hechos -que comete, pues de lo contrario resultaría que un perverso astuto, lanzaría cubiertamente á otros á cometer crímenes y desastres y decir después que no se los habían mandado á perpetrar, se quedaría impune, con escándalo de la moral y oprobio de las leyes. Verdad es •que en el plenariode la causaban declarado un número considerable de testigos sobre la nueva conducta y comportamiento de aquél antes de entrar en la revolución, y uno <le los servicios que prestó en esta población en «1 año <le cuarenta y cuatro, cuando estalló aquí la revolución de Juan Silva, aseverando en la defensa y que, también se prueba en ésta que la irregular conducta observada por la Junta de notables y la Asamblea parroquial de esta ciudad, fue la que dio origen al alzamiento de su «defendido ; pero estas exposiciones, por muy bien proba-

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das que estén, lio son ni pueden ser en derecho bastante á desvirtuar los cargos que resultan contra el reo, pues aunque la conducta de la Junta de Notables y de la Asamblea parroquial de esta ciudad hubiese sido irregular, no debió creerse autorizado Zamora para levantar usa facción contra el Gobierno, para trastornar el orden público y para causar males inauditos á la patria, principalmente cuando no podía ignorar que la justicia de un Tribunal no absuelve nunca á los ciudadanos de la obediencia que deben prestar á las leyes, y cuando estas mismas le tranqueaban los medios de vindicarse, si realmente había sido ofendida ; y como á los tribunales en sus fallos, no 1(8 es dado separarse de lo que las leyes prescriben, ni pueden acordar otra cosa que lo que estas mismas determinan con arreglo á lo alegado y probado. Por estos fundamentos, pues, y por los demás que contienen los autos, administrando justicia por autoridad de la ley, y con sujeción entera al artículo 2? de la ley de 15 de junio de 1831, que determina el modo de proceder contra los conspiradores y las penas en que incurren, se condena ai expresado Ezequiel Zamora á la pena de último suplicio, en las costas procesales, y á consignar el papel sellado correspondiente que debe ser agregado con la nota de inutilizado? previas las notificaciones respectivas ; remítanse en consulta y apelación los autos al Tribunal superior, dejándose por secretaría copia autorizada de esta sentencia: y de ella dése cuenta al P. E. por d órgano del Ministro del Interior á los fines consiguientes. — San Luis de Cura, julio 27 de 1847.— Ano 18 de la ley y 37 de la Independencia. — Manuel Alfonzo. — Antonio Rriznela, Secretario interino.

PETICIÓN

DE LA SEÑORA MADRE DEL ENCAUSADO, A LA CORTE

SUPERIOR DE CARACAS

Paula Correa, madre de Ezequiel Zamora, atentamente á V. E. expongo: que habiéndose excusado

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de hacer la defensa de ini hijo ante esta Superioridad, los señores Doctores Elias Acosta y Miguel Uznárez, me he empeñado con el primero para que, no obstante sus actuales ocupaciones *n otras causas criminales, haga compatible cuanto pueda la defensa del precitado mi hijo; y él ha prestado su conformidad atendiendo á los ruegos y lágrimas de una madre. En esta virtud, y en la de que V. E. siempre ha atendido las solicitudes de las madres, y parientes cercanos de los reos en iguales casos de estar ellos ausentes de esta ciudad. — A V. E. suplico se sirva dar por excusado al señor doctor Miguel Uznárez, que piensa marcharse al campo, y por nombrado nuevamente el señor doctor Elias Acosta, quien firma en prueba de su conformidad ó aceptación. — Caracas, á 10 de agosto de 1847.

Excelentísimo señor.

Paula Correa. — Elia$ Aconta.

Caracas, agosto 10 de 1847. — En visto de la. aceptación manifestada por el doctor Elias Acosta, cítesele para que comparezca á prestar el correspondiente juramentó. — Díaz. — En veinte y siete de los mismos comparereció el l)r. Elias Acosta, y prestó ante la Corte el correspondiente juramento, y firma. — Elias Acosta. — Cerezo.

Manuel Díaz, representando á V. E. con el debido respeto expongo: que he venido áesta ciudad como defensor que fui en primera instancia de Ezequiel Zamora, y por encargo de este mismo, para qne le represente ante esta superioridad en la manifestación de los hechos que tienden á su defensa ; y como yo he sido quien ha creado el proceso, si me es lícito usar esta expresión, y además, por lo angustiado del tiempo para imponerse de los autos el señor l)r. Elias Acosta, que apenas podrá contraerse al informe la exposición de los hechos, que constituyen la defensa del encausado, aparte del alegato en derecho que debe hacer el Dr. Acosta, y así lo espero de la consideración y latitud que V. E. acostumbra á prestar á las peticiones de los reos, especialmente á los condenados en Primera Instancia & último suplicio, es justicia que imploro, etcétera. — Manuel Díaz.

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AUTO

Caracas, agosto 31 de 1847. — Estando nombrado por defensor tm profesor de derecho, que aun fue propuesto por la madre del encausado, no ha lugar & lo que so sol i cita. — Díaz. — Romero. — Cerezo.

En la misma fecha Manuel Díaz, dijo: que apela de la anterior providencia para ante la Corte Suprema de Justicia y firman. — Castro. — Manuel Día*.

AUTO

Caracas, setiembre 1? de 1847. — En virtud de los principios expuestos en el acuerdo de S. E. la Corte Suprema, de 3 de agosto del presente año, se declara sin lugar la apelación á que se refiere, la diligencia anterior. — Díaz. — Romero. — Cerezo.

Sentencia de Segunda Instancia

La Corte Superior de Justicia del segundo Distrito. — Habiendo visto el expediente seguido contra Ezkquiel Zamora por conspiración y otros delitos que se le han atribuido, y venido en consulta y apelación de la sentencia que en 21 de julio último ha expedido el Juez de Ia Instancia del 4? circuito judicial de esta Provincia, condenando al encausado á la pena de último suplicio, al pago de las costas y presentación del papel sellado que ha de inutilizarse, oído el informe de su defensor, observa: que por confesión del mismo Zamora consta que después de haber acompañado con una lanza enastada á Antonio Leocadio Guzmán en su marcha de esta ciudad á la de La Victoria, en setiembre último, concertó con otros para ponerse en armas, siendo el único que llevaba lanza en la comitiva en distintas direcciones contra el Gobierno de la República, y que, en efecto, él por su parte, reuniendo varios hombres, levantó una facción armada, la que se aumentó con otras partidas que estaban también alzadas á las órdenes de Francisco Ran-

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gel y otros, los cuales le reconocieron y proclamaron por su Jefe principal, con el título de General y que no con otro carácter dirijió en persona la facción en sus i 'Ct, visiones por varios lugares y pueblos que ocuparon, y en distintos encuentros y combates con las tropas del Gobierno, señaladamente en los del Limón, Los Bagres, L i Culebra y Pagüito. Por varias declaraciones del proceso está comprobado esto mismo, como también que la facción, mientras estuvo mandada por Zamora, cometió varios robos, incendios y asesinatos, y aunque no está probado que los mandase á cometer, siempre era responsable como Jefe principal, moral y legalniente de ellos, pues debió impedir tales escándalos. Y aunque el defensor ha procurado excusarlo con que sii título de General era en nombre y no en la autoridad efectiva, resulta lo contrario de sus confesiones y de los hechos que ha llamado él mismo su vida militar. En cuanto á la gravedad del cargo por la muerte de Fuentes, en efecto : los testigos Pedro Pastrán, Eustaquio Colmenares, Francisco Pacheco y José Bernardo Masabé, han declarado uniformemente en el sumario, que fue obra de llangel casi exclusivamente. Otros testigos que declararon, como Yamario Martínez, y Juan Pablo Torre?, después de vencido el término probatorio y el de las distancias complicando á Zamora en los sucesos, no deben sin embargo dejar de estimarse. Después de tantos datos no deja de dar lugar á una inferencia desfavorable para Zamora las inferencias que se desprenden de las declaraciones dadas por José María García y Ana Fuentes, refiriéndose á la invasión de la hacienda de Los Bagres. Por otra parte se desprende la inferencia de que Fuentes era conjuez de las elecciones primarias en agosto último, uno de los que le prendieron y suspendieron de los derechos de ciudadano al encausado, de consiguiente su encono debía existir contra el que presidió aquella Asamblea, mucho más si se atiende á que por este hecho deliberó su alzamiento contra el Gobierno de su patria. En cuanto á los testigos con que el defensor de Zamora ha intentado probar que no fue él sino Bangel quien dio órdenes de cometer los excesos cometidos por la facción, ha observado justamente el Juez inferior, que la mayor parte de ellos ó ignoran los hechos, ó han incurrido en nota-

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bles contradicciones con arreglo al respectivo interrogatorio del citado defensor y dicen lo contrario de lo que testifican en sus primeras declaraciones. Entre estos testigos . contradichos es notable José Bernardo Masaba, secretario de Zamora, y con qnien este mismo ha dicho que tenía grande amistad y a quien profesaba aprecio y distinciones. No quedan, pues, de dichos testigos, como también ha notado el Juez, sino tres, contra quienes no aparece objeción ; pero cuyo testimonio no basta á destruir la convicción contraria que resulta de los precedentes datos. Y aun el concepto de que Rangel hubiese sido el principal autor de los hechos para abrogarse la autoridad como Jefe más inmediato de la tropa, siempre aparecería Zamora como el Jefe, cabecilla ó principal con quien Bangel conferenciaba, como varios testigos aseveran, en cuyas conferencias debía prevalecer la opinión de él como primer Jefe ó General titulado de la facción, para impedir los crímenes. Y si también es cierto que por el octavo particular del interrogatorio del defensor, folio <i?, con el fin de desvanecer aquellos cargos, se ha intentado probar que Rangel casi siempre estaba ebrio, que en este estado era como una fiera, y que por esta razón Zamora no se atrevía, ni ningún otro oficial, á contrariarle ó suplicarle en las deliberaciones que tomaba, tal excusa es inverosímil atendidas todas las circunstancias antes observadas y además las conferencias privadas y otros actos de obediencia de Rangel hacia Zamora. De todo lo expuesto, pues, se deduce, que el encausado no sólo es reo de conspiración, sino Jefe principal de ella, y reo también de crímenes atroces que merecen por las leyes pena capital ; y por tanto no está comprendido en ninguno de los indultos acordados por el Poder Ejecutivo, á que ha pretendido acogerlo su de. fensor. (1) — En este concepto, administrando justicia por autoridad de la ley, se confirma la senteucia apelada;

[1] Ni Zamora dí su defensor pensaron nunca en acogerse á los varios indultos del P. E. porgue era prohibición expresa del encausado; y tanto que así lo dice en sus declaraciones. Loque ni es cierto es que ni el Juez de 1* Instancia ni los Ministros de las Cortes Superior ni Suprema podían ser sus Jueces, porque eran sus enemigos políticos y no podían abrigar ningún sentimiento de imparcialidad. Y así todos debieron excu arse obrando con delicadeza.

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y remítanse los autos en consalta á S. E. la Corte Suprema de Justicia. Caracas : setiembre 6 de 1847. — Año 18 de la Ley y 37 de la Independencia. — Francisco Díaz — Juan José Romero. — Manuel Cerezo. — Caracas: setiembre 9 de 1847.— Al sefíor Fiscal.

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ESCRITO DEL FISCAL

He visto los autos formados contra Ezequiel Zamoba por conspiración y otros delitos y traídos al Tribunal Supremo de Justicia en consulta de la sentencia librada por la Corte Superior en que condena á Zamora, como conspirador y homicida, á la pena del último suplicio; en cuanto al primer delito, esté plenamente acreditado en las actas, que Zahora fue Jefe de la facción armada que pretendió trastornar las bases del Gobierno, é invadió varias poblaciones de la República cometiendo varios crímenes. El mismo Zamora lo contieza, lo dicen muchos testigos, y aun sin esto lo revelaría el encumbrado puesto en que aquél estaba colocado entre los que componían la facción, y las consideraciones que ésta le dispensaba. Zamora, como General de ella, fue quien confirió el grado de Coronel á Francisco Rangel, su segundo en el mando; él quien ordenó los ataques contra las tropas del Gobierno ; quien las batió en Los Bagres, en cuya función de armas fue muerto el capitán José del Rosario Villasmil ; quien mandó en persona el ataque del sitio de La Culebra á la cabeza de más de doscientos hombres ; él fue quien sostuvo el choque en todas las acciones de guerra que tuvieron las armas del Gobierno en El Limón, en La Ollita, en La Yuca, en Guacamaya, en Cataure, Los Leones y el de Pagüito, y él quien es responsable de todos estos hechos y de sus consecuencias. Ezequiel Zamora es conspirador de primera clase, y no está comprendido en ningún indultó como cabecilla. Obran también contra ellos cargos que le resultan de la parte que debió tener de las varias muertes que cometió la facción, entre ellas la de Fuentes.

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De este no ha podido él mismo disculparse ni su defensor ha podido de una manera bastante á minorar la c\ü< pa. En nada favorecen á Zamora sus numerosas pruebas. La mayor parte de sus testigos ignoran los principales hechos ; el dicho de otros está en contradición con el que habíase emitido en el sumario; otro no tiene la edad que la ley señala al testificarle en juicio; y otro ha sido examinado informalmente. Tres sólo quedan hábiles, uno de los cuales resulta favorable desvirtuando su testimonio el de los otros, quedando en pie los que acusan á Zamoua. El es pues responsable de los hechos cometidos por la facción. Por tanto, estimando el Fiscal justa y arreglada á la ley la sentencia consultada, pide que V. E. se sirva aprobarla. Caracas, setiembre 23 de 1847. — Rojas. — Carneas, setiembre 24 de 1847. — Señálase para la vista de esta causa el dia 5 de octnbr** próximo. — Narrarte.

REPÚBLICA DE VENEZUELA

EN SU NOMBRE

La Corte Suprema de Justicia. — Caracas: octubre 28 de 1847. — 187 y 37 de la Independencia.

Vista la causa seguida contra Ezeqtiel Zamora por conspiración y otros delitos, en consulta de la sentencia que pronunció la Corte Superior del segundo Distrito, á 6 de setiembre próximo pasado, por cuanto confirma la de Primera Instancia, que le condenó á la pena de último suplicio, por lo representado por el Ministro Fiscal y lo informado á la voz por el abogado defensor, aparece convicto y confeso Zamora de haber capitaneado, con el título de General, la facción á mano armada contra el Gobierno, conocido notoriamente por su nombre y el de Francisco Rangel : de haberle nombrado Coronel en ella: de haber sostenido combate en diversos encuentros con tropas del Gobierno lejítimo de la República y de haber cometido la misma facción, en sus correrías, varios asesinatos, incendios y otros exesos. Y además aparece Zamora confeso de que había contribuido á formar la facción referida, reuniendo hombres al

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intento y procurando se le incorporaran otros grupos que levantados ya, se le fueron incorporando, entre ellos el dirijido por el famoso Rangel; y de que así, en un cuerpo la facción, continuó & su cabeza hasta la dispersión de sus restos cuando fue atacado en el sitio de Paguito. Por consiguiente, con razón se ha considerado á Eze- <¿uiel Zamora en las sentencias y representaciones fiscales de esta causa, conspirador de primera clase, con el carácter de cabecilla ó General, Jefe ó director de facción, responsable como tal de los otros delitos mencionados, siendo tenido por tanto excluido del indulto concedido ¡>or el Poder Ejecutivo en decretos de 8 y 21. de junio último. Pero hay además contra Zamora otros cargos en cuanto á los del tos que le han sido imputados: consta por el dicho de varios testigos que algunos incendios fueron ejecutados á su presencia ; por confesión propia, que tomaba ganados de los vecinos particulares en las labranzas, para con dichas reses sostener la facción, la inicua facción de piratería que capitaneaba; que oyó la orden que daba lian ge l para aprehender en Guambra á Agustín Reyes, y no tomó medidas ningunas contra la disposición de Rangel. Es verdad que ha pretendido probar que era opuesto y que procuraba evitar tales acontecimientos; pero esto no le releva de la responsabilidad que le afecta, pues continuaba siempre como Jefe principal de la tropa que él mismo había reunido y formado desde el principio. Por las declaraciones de Pedro Pastrán y otros que fueron presos junto con Andrés Fuentes, resulta que Ranjel los puso cu libertad, siendo sólo Fuentes el muerto, de que se deduce muy bien que Zamora pudo, si hubiera querido, evitar la muerte de aquél. Zamora ó sus defensores han procurado excusarle de tos cargos que arrroja el sumario, ya diciendo que por la conferencia con el doctor Manuel María Echcaudía, ya que con la lectu. ra de los periódicos, y ya que por haberle privado de los derechos de ciudadano en las últimas elecciones : peto nada de esto amerita para dejar de fallar en su contra por lo ineficaces que son tales excepciones. Por estos fundamentos y otros que abundan en las anteriores sentencias y que se desprenden de los autos, administrando justicia por autoridad de la ley, se aprueba la sentencia venida en consulta ; y por si 8. E. el Presidente de la Re-

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pública tuviere á bien hacer uso de su atribución constitucional, diríjasele copia de la presente por la respectiva Secretaría.

André* Narcarte, Presidente — José Rafael Blanco, — Juan Bautinta Carreño. — Joaquín Botón.

CONMUTACIÓN DE LA PENA DE MUERTE

Por el Benemérito General José Tadeo Mo nagas JOSÉ TADEO MONAGAS

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA

ETC., ETC., ETC.

Vista la sentencia de la Corte Suprema de Justicia en que condena á Ezequiel Zamora á sufrir la pena de último suplicio por el delito de conspiración. En uso de la atribución 21* queme concede el artículo 117 déla Constitución, y previo el acuerdo y consentimiento del Con. Rejo de Gobierno.

decreto:

Art. Io Se conmuta la pena de muerte á que lia sido condenado Ezeqciel Zamora, en la de diez años de presidio, en el cerrado de Maracaibo.

Art. 2? El Secretario de Estado en los DD. del Interior y Justicia queda encargado de la ejecución de este decreto.

Dado, firmado de mi mano : sellado con el sello del Poder Ejecutivo y refrendado por el Secretario de Estado en los DD. del Interior y Justicia en Caracas á 5 de noviembre de 1847. — Año 18? de la ley y 37? de la Independencia. — José Tadeo Monagas. — Por S. E. — Toman Jone Sanabria. — Es copia. — Sanabria.

LXVI APÉNDICE

OFICIO

República de Venezuela. — Secretaría de Estado en las DD. del Interior y Justicia. — Caracas, 3 de setiembre de 1847, 18° de la ley y 37? de la Independencia.— Excelentísimo señor Presidente de la .Corte Suprema de Justicia.— Para los fines consiguientes tengo el honor de pasar á manos de V. E. copia autorizada del decreto Ejecutivo de esta fecha, conmutando la pena de muerte impuesta á Ezeqviel Zamora, en la de diez aüos de presidio. — Contesto así la nota de V. E. fechada el 29 de agosto último, número 08. Soy de V. E. atento servidor.— Tomás Jo*é Samibria. Caracas, noviembre 6 de 1847. — A su expediente, dejándose en cancillería copia autorizada de este Tribunal, del decreto Ejecutivo del «día de ayer, del precedente oficio y de esta providencia.

Corte Suprema de Justicia

Pase á la Corte Superior para que tenga cumplimiento la sustitución hecha por el Poder Ejecutivo, de la pena impuesta al reo de esta causa. — Narrarte. — B'arwo. — Bóton. — Caracas, noviembre nueve de 1847. — Cúmplase lo resuelto por S. E. la Corte Suprema de Justicia en el auto anterior; y al efecto devuélvase el expediente al tribunal inferior, quedando en Cancillería copifi autorizada de la Suprema sentencia y de las demás actuaciones hasta este Decreto. — Díaz. — Romero. — Cerezo.

República de Venezuela. — Caracas, 11 de noviembre de 1S17. — Año 18? de la ley y 37? de la Independencia. — Señor Juez de 1H Instancia del 4? circuito. — Para que en ese Juzgado se dé cumplimiento á lo resuelto por S. E. la Corte Suprema de Justicia en su auto del seis del corriente, expedí-

APÉNDICE LXV1I

<lo en la causa seguida contra Ezequiel Zamora por conspiración y otros delitos, devuelvo á usted el expediente, en tres piezas, la primera en 334 folios, la segunda con 425, y con 440 la tercera. — Dios guarde á usted. — El Presidente. — Francisco Dia;

r<v.

Tribunal de lu Instancia del cuarto circuito judicial de la provincia de Caracas. — Guárdese, cúmplase j ejecúteselo resuelto por el Excelentísimo señor Presidente de la República, en su decreto de cinco de este mes, conmutando á Ezequiel Zamora la pena de muerte que se le babía impuesto por este Tribunal, porS. F. la Corte Suprema, en la de diez anos de presidio eu el cerrado de la Provincia de Maracaibo, como también «en la parte en que disponen dichas sentencias que aquél satisfaga las costas judiciales y consigne el papel sellado que debe agregarse á los autos con la nota de inutilizado : notifíquense las predichas sentencias y el decreto del supremo Gobierno al reo, á su defensor y al fiscal, de la manera conveniente : compúlsese un testimonio íntegro y legalizado del fallo pronunciado por el Tribunal Supremo de la Nación y del decreto de S. E. el P. E., y remítase al señor Gobernador de la provincia de Maracaibo, para que disponga que el reo mencionado entre á cumplir la pena que se le ha impuesto, con cuyo objeto se le remitirá éste por conducto del señor Gobernador de esta provincia, oficiándose para ello, y para lo demás que haya lugar y corresponda, al señor Jefe político del Cantón Maracay, donde permanece preso el propio reo: acúsese recibo de estos autos á S. E. la •Corte Superior del Distrito que lo devuelve ; y en su oportunidad archívense, pasándose á la oficina pública de Registro del Cantón. San Luis de Cura, noviembre <liez y ocho de 1S47. — M. Alfonso. — Brizuda, Secretario.

El mismo día se acusó recibo de los autos á S. E. la «Oorte Superior. — Brizuda, Secretario.

LXVIII APÉNDICE

El propio día se notificaron al fiscal y defensor lassentencias libradas en la causa y también el Decreto del Supremo Gobierno, y quedaron enterados. — Brizuéla7 Secretario.

Seguidamente se compulsó un testimonio de la última sentencia y del decieto del P. E. y se dirigió al señor Jefe político de Maracay para la debida notificación al reo y para que, vuelto á cerrar otro testimonio, por el mismo orden que se le envía, lo remita al señor Gobernador de la provincia el que con la mayor seguridad, le remitirá también el propio reo, oficiándosele igualmente para que ai recibir tanto al reo como el testimonioexpresado, los remita al señor Gobernador de Maracaibo á quien del propio modo se le incluye la comunicación correspondiente. — Briztiela, Secretario

Incontinenti se ofició al señor Administrador de Rentas internas, para que en el caso de no satisfacerse por el reo ó consignarse el papel sellado competente, represente y pida lo que corresponde en conveniencia con la lev de la materia. — Brizuela. Secretario.

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REPÚBLICA DE VENEZUELA

Jefatura política del Cantón. — Número 124. — Marácay, noviembre 22 de 1847, — 18? y 37?. — Señor Juez de 1" Instancia del cuarto circuito.

Contesto la comunicación de US. fecha 18 de los» corrientes, número 04í), en que me adjunta copia de la sentencia de S. E. la Corte Suprema, y Decreto del P. E. en la causa del reo Ezequiel Zamora y del auto librado en su consecuencia por ese Juzgado, en 18 de los corrientes. Todo lo que US. me previene en su comunicación citada ha sido cumplido, notificándose al reo por una diligencia que firmó conmigo al pie de dicho testimonio,

APÉNDICE LXIX

«1 cual se puso dentro de su cubierta con el oficio que US. dirije al señor Gobernador de Maraca i bo. El referido reo será remitido mañana, con toda 1 1 Redundad necesaria, al cargo de un Oficial y una escolta de diez soldados, y con él se dirigirán las comunicaciones de US. para los señores Gobernadoras de Caracas y Maracaibn.

Soy de US. muy atento obediente servidor. — 8 tirador Michelena.

REPÚBLICA DE VENEZUELA

Jefatura política del Cantón. — Numero 82. — Maracay noviembre 22 de 1847. — 18? v 37? — Señor Gobernador de la Provincia.

Al cargo del Subteniente José María Pérez, de la guarnición de esta villa, y un piqueta de diez soldados de la misma, remito á US. por disposición del señor Juez de Ia Instancia del cuarto circuito, la persona de Ezequiel Zamora. Dicho oficial lia sido bien instruido de la vigilancia y seguridad con que debe ser «conducido dicho reo, conforme las prevenciones que me lia hecho aquel Juzgado, el cual va con los mismos grillos con que ha estado en la prisión en esta villa. Adjunto dos pliegos cerrados del señor Juez de Ia Instancia, uoo para US. y el otro para el señor Gobernador <le Maracaibo, los cuales contienen la copia de la sentencia de S. E. la Corte Suprema, el decreto de conmutación del P. E. y la notificación al reo en persona hecha por esta Jefatura.

Soy de US. muy atento servidor. — Salrndor Micholena.

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LXX APÉNDICE

REQUISITORIA CONTRA EL GENERAL EZEQÜIEL ZAMORA

(Gaceta de Venezuela, número 895, de 2 de enero de 1848)

La República de Venezuela y en su nombre. — Ef Juez de Ia Instancia del cuarto circuito judicial de la provincia de Caracas. — A los señores Jueces de 1* Instancia, alcaldes parroquiales, jueces de paz y demás autoridades de la República,

Hace saber :

Que habiéndose fugado Ezequiel Zamora de lar cárcel de la villa de Maracay, donde se bailaba en momentos en que iba á ser conducido á la provincia ele Maracaibo, donde debía cumplir los diez anos de presidio cerrado en que le fue conmutada la pena de muerte que se le había impuesto, se ha mandado librar la presente requisitoria con las inserciones siguientes para su aprehensión.— Tribunal de 1" Instancia del circuito. — Acúsese recibo de la anterior comunicación ai señor Jefe política del Cantón Maracay: y por cuanto en ella manifiesta dicho funcionario haberse fugado el re<> Ezequiel, Zamora en momentos en que iba á ser remitido al presidio cerrado de Maracaibo por diez aiios en que le fue conmutada la pena de muerte que le habían impuesto los tribunales de justicia : líbrense en el día requisitorias circulares con las inserciones necesarias á los señores Jueces de 1* Instancia, Alcaldes parroquiales, Jueces de paz y demás autoridades de la República, para su apreheusión y remisión á este tribunal donde existe la causa; insertándose á mayor abundamiento la predi cha requisitoria en la Gwi'ta de Venezuela, etc. — San Luis de Cura, noviembre 24 de 1847 — 18? de la ley y 37? de la Independencia. — Manuel Alfonzo. — Antonio ¡lrizuela¡ Secretario.

El Secretario que suscribe, certifica ; que los signo» tisonómicos de Ezequiel Zamora, que ha podido adquirir de personas que le conocían muy bien, son del tenor siguiente: " Pelo rubio pasudo y bastante poblado, color blanco y algo catire, frente pequeña, ojos azules y hundidos, nariz larga perfilada, boca pequeña y algo

APÉNDICE LXXI

sumida, labios delgados, barba roja y escasa, estatura? regular, cuerpo delgado, muy junto de muslos, y piernas manetas. — Tiene las manos largas, descarnadas y cubiertas por un bello áspero ; los pies son también largos y flacos; es de un andar resuelto, y tendrá como treinta años de edad. — Cura fecha ut supra. — Antonio Brizuela.

En cuya virtud los señores Jueces y autoridades á quienes se dirije la presente requisitoria, le darán su. más puntual cumplimiento, circulándola de uno en otro hasta el último, que la devolverá á este Tribunal con la persona del reo prófugo, bien asegurada, si se lograse su captura. — San Luis de Cura, noviembre 24 de 1847. — 18? y 27?. — Manuel Alfonzo. — Antonio Brizuela, Secretario.

CARTA DEL PBRO. DOCTOR I0NAGAS

ALPRESIDENTE DE LAREPUBLICA

Excelentísimo señor Presidente José Tadeo Monagas.

Valencia: «agosto 17 de 1849.

Mi querido primo y amigo :

Mil y mil enhorabuenas por la deseada paz que el Señor nos ha concedido después de la desgraciada revolución de estos días. Ahora sólo resta que usted no ponga término á su bondad y beneficencia á favor de los desgraciados. Es verdad que el amor propio, y los consejos de los que no miran el bien general sino sus pasiones é intereses particulares, pondrán algún obstáculo á la inclinación de usted, que siempre me ha manifestado por el perdón ; pero es necesario hacerse superior á todo, y dar á conocer su generosidad libre de resentimientos. Por tanto, una amnistía general es la propia para el caso, por la que yo le suplico rendidamente y la que espero pondrá fin á las disenciones y partidos. "Tsted sabe muy bien que este es el mayor medio y aún el iinico para una sola reconciliación: las historias así

LXXII APÉNDICE

nos lo enseñan y la experiencia así lo demuestra, pues aunque los ingratos alguna vez no correspondan á la benignidad que se ha usado con ellos, después tarde ó temprano se eoje el froto de la beneficencia, y esta produce una paz estable que nunca se consigue sin ganar el corazón. Desentiéndase usted por ahora de las pretensiones de los malévolos, créame que esta especie de gentes no miran lo porvenir. Ninguna persona en Caracas le estimará á usted tanto como yo, ni ninguna tendrá más interés en su buen nombre y en su felicidad. La medida que le aconsejo, y á que usted más se inclina, será más gloriosa para usted que cuantas victorias haya conseguido, y ninguna le afirmará más en la tranquilidad de su gobierno.

Recuerde usted la historia de César Augusto, que por una disposición semejante se hizo dueño de todo el Jmperio Romano, y la paz qne consiguió después de tantas guerras le duró toda su vida, habiéndose por tanto cerrado el templo de Jano en toda ella. Para dará conocer este Príncipe la sinceridad de su perdón, hizo quemar públicamente todas las causas que había contra sus enemigos y todos los papeles que pudieran recordar su memoria, olvidando para siempre las conjuraciones, haciéndoles volver á sus casas libres de todo y aún dándoles premio, como lo ejecutó con Cornelio C. nieto de Pompeyo.

En estos días tenemos el ejemplo heroico de la Reina Católica con la amnistía tan general que dá á todos los españoles, y hasta á los encausados y sentenciados por asuntos políticos, como consta del Correo de Ultramar, 2S de julio, que es digna de leerse, y supongo que usted la habrá visto; pero le encargo que la vuelva á releer, con lo acordado por el Congreso, porque contiene cuanto puede desearse en la materia, y para hacer callar á los que no respiran sino fuego y sangre.

Me acuerdo también del perdón gratuito de S. Juan Gualberto, que habiendo encontrado al asesino que quitó la vida á un hermano del Santo, enjun lugar en que no podía escapar, ya al darle el golpfe de muerte le perdonó, sólo porque le pedía con los brazos abiertos, le perdonase por Nuestro Señor Jesuciisto, y este Dios tan bueno le corresponde amorosamente inclinándole su cabeza

APÉNDICE LXXI1I

•en señal de agradecimiento una imagen de Cristo crucificado que estaba en una capilla en donde entró el Han. to después de este suceso: con lo que se convirtió en -el momento y sólo pensó en adelante en hacerse santo, como lo consiguió.

Yo espero de su bondad y de la amistad que me profesa acogerá mi súplica, y liará todo bien á los infelices, y que esto mismo hará desaparecer las quejas contra usted, y se conseguirá la unión, concordia y recíproca correspondencia. Ojalá que usted, reciba con gusto mis insinuaciones, y olvide todo resentimiento.

Le encargo una cosita de confianza, y es que esta carta se la entregue á mi estimada Doña Luisa para que la conserve y se la lea varias veces, especialmente cuando los demagogos, y hombres vengativos quieran estorbar el curso de su beneficencia.

Recibí su última muy apreeiable dos ó tres días antes de esta follisca, que no contestó, considerándole muy ocupado, y con muchas atenciones, y tengo el gusto •de hacerlo en esta ocasión en que, lleno usted de satisfacciones, estará tranquilo. Por olla me convenzo cada día más del cariño, y buena amistad conque usted me corresponde, y la obligación en que me pone de encomendarle muclio á Dios, y de interesarme cuanto pueda en que se consolide la paz.

Deseo á usted una eterna felicidad, y saludo á la señora su esposa y niñas con toda la demás familia con mucho cariño, con el que soy todo de usted muy amanto primo y amigo.

Doctor Juan Antonio Monayas.

P. D. — Me ha sido de bastante placer el saber (pie el rendimiento se hizo en el sitio llamado Monagas, nombrado así, porque en una hacienda que tenía allí mi Abuelo, hacía su principal residencia, y se lo refiero á usted también para su gusto.

LXXIV APÉNDICE

CAMPANA DE LA FEDERACIÓN

LOS JEFES DEL EJÉRCITO FEDERAL DE OCCIDENTE

JL MUS COMPAÑEROS DE A.It]ftf A>&

Á LOS VENEZOLANOS TODOS

Córtanos !

Habéis levantado el pabellón de la libertad, de entre ese polvo de las pasiones inmundas, del abismo de la ignominia : grande es vuestra gloria. La gratitud de la Nación será, no lo dudéis, inmensa, como su cooperación, como la unidad de su querer, como la explosión de su valor para sacudir todo género de servidumbre.

Venezolanos: salud; y para siempre Libertad!

Ni ahora, ni nunca, la vergüenza de las cadenas.

Venezolanos : Federación !

La Federación encierra en el seno de su poder el remedio de todos los males de la Patria. No: no es que los remedia, es que los liará imposibles.

Con Federación atenderá cada Estado á todas sus necesidades y utilizará todos sus recursos, mientras que juntos constituirán por el vínculo del Gobierno general el gran bien, ei bien fecundo y glorioso de la unidad nacional. El orden público dejará de ser un pretexto de tiranía, porque será la primera de las atribuciones de cada Gobierno particular. Tendrán los pueblos magistrados de su exclusiva elección.

Volveremos la espalda, ya para siempre, á las tiranías, á las dictaduras, á todos los disfraces de la detestable autocracia.

Coro es ya un Estado. >lientras que se verifican las elecciones conforme á las mejores doctrinas, Coro tiene ya un Gobierno propio, y asumiendo el Estado su

APÉNDICE LXXV

soberanía, constituye una de las grandes unidades políticas de la Federación Venezolana.

Otras provincias lian lanzado ya el grito de libertad ? todas se disputarán ese honor; cada una hará el mismo uso de la soberanía, y pronto, muy pronto, constituirán el Gobierno general.

Entre tanto la conciencia de nuestros derechos, y nuestro valor harán simultáneo, decisivo y omnipotente el movimiento de los pueblos de Venezuela por la última y la más gloriosa de sus conquistas: el sistema Federal.

Queremos ahorrar la sangre de nuestros hermanos f queremos la tranquilidad de las familias y la paz y la libertad imperando en la República. Levántese ella como un solo hombre, lance el grito de la voluntad y sus. mismos opresores inclinarán la trente respetuosa ante el Soberano, ante el Pueblo de Venezuela.

¡ Y desgraciados de los que no lo hicieren !

Dado en Coro, á 25 de febrero de 1S59. — Año 1? de la Federación. — EzEQurBL Zamora.. — José R. González.

MARTIN REYES,

JEFE I>E LA COLUMNA DE OPERACIONES SOBRE BARQUISIMETO, A LOS

HABITANTES DE SKjriSIQl'K Y BARAGUA

La tiranía toca á su fin. La Nación cansada del Gobierno despótico de sus malos Administradores, se levanta en masa por todas partes deponiendo á los tiranos que la tenían sojuzgada. Siquisiqueiios, Pueblos, de Baragua y Carora, seguid el ejemplo de toda la provincia de Coro, que unánimemente ha sacudido el yugo ominoso de los tiranos, al mismo tiempo que lo han hecho casi todas las provincias de Venezuela. Conciudadanos todos : los tiranos no poseen más terreno que el que ocupan miserablemente, con ignominia, las plantas de sus pies, y ni aun en tan corto espacio se consideran seguros : su mala conciencia los acusa y acosa. Por

LXXVI APÉNDICE

todas partes y doquiera que miran, se les presenta á su vista el cuadro espantoso de sus crímenes, el esqueleto de Venezuela sacrifícala á su arbitrio y auroj.i..

¡Inicuos y feroces, no conocen más ley que el desenfreno de sus pasiones !

SiquÍ8Íqueños y Pueblos de Carora ! Yo os invito á que os unáis á vuestros conciudadanos y vecinos más cercanos de Cburuguara : abandonad á los tiranos que os engañan, á esos oligarcas que os balagán con fementidas promesas de felicidad que .jama * cumplen. No os dejéis alucinar, romped las cadenas que os lian forjado y cerrad vuestros oídos á los esbirros de la tiranía. A las armas ! A las armas ! compañeros, y decid con vuestros hermanos los corianos :

; Viva la República Federal !

j Vivan la* libertades públicas !

¡ Vira el valiente ciudadano Ezequikl. Zamora.

Cuartel General en Cburuguara, á 2(5 de febrero de

1850.

Martin Reyes.

Es copia fíel. — El Jefe de Estado Mayor. — José Gutiérrez.

Gobierno Federal de Caracas de primero

de agosto de 1859

PODER EJECUTIVO

Doctor José Manuel García, Prebendado doctor José Manuel Rivero, Estanislao Rendón, doctor Juan de D. Morales, Juan Crisóstomo Hurtado.

SECRETARIOS

Doctor Gonzalo Ruiz, Interior y Justicia — Doctor Jesús M. Blanco, Relaciones Exteriores — Nicolás Martínez, Hacienda — Comandante Rafael Urdaneta, Guerra y Marina — Comandante de Armas, General José Laurencio

APÉNDICE LXXVII

Silva — Ayudannte de Plaza, Capitán Miguel Moreno — Gobiernos de las Provincias — Miguel García Meza — Secretario, Manuel Larrazabal.

ler Comandante del 5 de Marzo — 2? Comandante del Batallón "Convención," Encarnación Magallanes. — 2? Comandante del Batallón "Convención," Alejo Mijares — Guarda parque, Tomás Muñoz y Avala. — Cajero, Adolfo Urdaneta. — Proveedor de recursos, Diego Antonio Alcalá. — Capellán de ejército. — Presbítero Andrés. — Jefe Municipal, Félix Bosa.

El Doctor Dubreil se presentó al Gobierno provisoria á las 9 de la noche y manifestó, que los señores Ministros de Francia é Inglaterra estaban dispuestos á reconocer el Gobierno provisorio, tan pronto como les participaran oficialmente su instalación.

Ciudadanos empleados en el Gobierno

de la Federación

Juan Jurado. — Andrés Level. — Manuel Blanco, hijo. — N. Goiticoa, Feliciano Borges. — Rafael . García, Pedro Manuel Toledo. — Guillermo Flínter. — Manuel Fariñas llevó los pliegos para hacer pronunciar La Guaira.

Ramón Landa, fué nombrado Jefe político del Cantón Petare.

Acta del 1? de agosto de 1859

En el nombre de Dios Todopoderoso.

Reunidos nosotros los ciudadanos de Caracas, con el objeto de establecer y nombrar un Gobierno Provisorio, que asegure el orden y tranquilidad pública, y preste todas las garantías que necesite la sociedad paia su con-

LXXVIII APÉNDICE

servación, bajo el imperio de la razón y de los principios que proclamamos solemnemente, declaramos:

IV El Gobierno de Venezuela será desde hoy para siempre popular y federal.

2? Reconocemos como Jefe Supremo de la Nación al ciudadano Juan C. Falcón, mientras tanto los pueblos <le la Confederado!), bajo la forma que se dieren, expresen su voluntad.

3? Nombramos para constituir el Gobierno Provisorio Provincial, mientras se obtiene la voluntad de la Provincia, á los ciudadanos :

Doctor José Manuel García. " José Manuel Rivero. Estanislao Renden. Licenciado Juan de Dios Morales. Juan CrUóstomo Hurtado.

4': Se nombra al ciudadano General José Laurencio Silva, Jefe de las Armas de la Provincia.

Dado en Caracas, á 1? de agosto de 1851), ano 1? de la Federación.

Juan de Dios Morales, Juan C. Hartado, Felipe Esteves, M. García Meza, Jesús M. Blanco, R. Urdaneta, Gonzalo A Ruiz, N. Ramírez, J. Fernández, F. Bolívar, José L. Silva, hijo, Manuel F. García, Juan de M. Guzmán, Doctor José F. Soto, B. H. de Noya, Diego A. Alcalá, Rafael Acevedo, Antonio J. Zamora, Doctor José M. García, Doctor José María Rivero, José R. Villasmil, Diego Campbell, Santos Escobar, Victoriano Soto, Tomás Sotillo, Rafael Esparza, Pedro H. Cornieles, Arístides Caballero, Félix Bosa, Andrés Verde, Manuel Larrazábal, José T. Borges, Miguel Rodríguez, Ramón A. Pina, Narciso Pacheco, José M. Monteverde, Nicolás Martínez, Pedro Requena, Miguel A. González, Fernando Baquero, Felipe Alvarez. Juan B. Hernández, Silverio Bermúdez, J. R. Olivo, J. R. Carcano, Francisco A. Amos, Domingo Esquivel, Miguel Soto, Pro. José Andró*, \V. Oleta, Ramóu Yépez, Hónralo M. de la Guardia, Ramón L. Castro, Alejandro F. Feo, Agustín Coll, Ramón Bigot, Pro. José V. Genovés, Jacinto Gutiérrez Toll, Pablo de la Guerra, Manuel R. Conde, Miguel

APÉNDICE LXXIX

Moreno, José C. Tirado, Rafael E. García, Pro. Francisco A. Pereira, José de la C. Acedo, Juan A. Pérez Bonalde, R. Col!, J. R. Revenga, Manuel Alvistur, Pedro A. Arroyo (2), Rafael Aconta, Agapito Torres, Carlos Martínez, Belisario Pereira, Martín J. Arámburu, Gerardo Márquez, Florencio Soto, Pedro Bigott, Guillermo F. Feo, Francisco Herrera (3) Pedro Ranceo, Francisco Belpino, Dionisio Flores, Agustín Garres, Tomás Fuentes, Benito Landaeta, Domingo Mota. (Siguen muchas firmas).

REPÚBLICA DE VENEZUELA

Estado Federal de Caraca*

Caracas : agosto 1? de 1S5Í).

Habitantes del Estado! Nombrados por el pueblo de Caracas para componer su Gobierno provisorio federal, cumple á nuestro deber hacer llegar á conocimiento de todos, el acto espléndido por el cual ha quedado roto para siempre el tiránico sistema central, y puestas Jas bases fundamentales de la Federación que tantos sacrificios y tantas víctimas ha costado á la República.

Conciudadanos! La tiranía ha concluido en Venezuela: la omnipotencia nacional impera, y á la sombra del pabellón federal, los pueblos entusiasmados llevarán la República al lugar que la Providencia le tiene señalado entre las naciones más civilizadas del mundo.

Viva la Federación! Viva el Pueblo Soberano! Viva el General Falcón! Viva el valiente General Ezeqüiel Zamora! Viva el General Juan Sotillo! Viva el General Pedro V. Aguado!

LXXX APÉNDICE

CUADRO

de ciudadano 3 y antiguos Jefes y oficiales que f o* marón el fjércit» del centro, en el litoral de los Cantones Guaira y Maiquetía en agosto de 1839, bajo las órdenes del General Pedro Vicente Aguado, quienes obtuvieron sus adjuntos de dicho General» do la manera siguiente :

Primeros Comandantes

José María Navarrete, Maiquetía — Manuel Vicente Bosque y Florentino Hernáudez, La Guaira. — Martín Padros y José Carlos Torres, Maiquetía. — Julián Tactyson y Godoy, Caracas.

¡Segundos Comandantes

Rafael Travieso, Lijo, La Guaira. — Pablo Blanco, Macuto.— Guillermo Quevedo, La Guaira. — Vicente Faustino Merentes, Naiguatá. — Simón Blanco, La Guaira. — Marcos Antonio Madriz, Guaraca rumbo. — Andrés Alcántara Ravelo, La Guaira.

Capitanes

Juan de Mata Torres, Macuto. — Juan Rondón, LaGuaira. — Juan Pablo Figuera, y Gabriel Piñango, Caraballeda» Juan Felipe Figuera, Santiago Gil, Natividad León y Celestino Jaque, La Guaira. — Demetrio García, Caracas. — Fernando Ruz, Maiquetía. — Juan José Montes y Magdaleno Flores, La Guaira. — Andrés Lázaro Delgado, Macuto. — José Alanés, Justo Andue¿a, Dionicio Madera y José Ignacio Hernández, La Guaira. — Vicente Hernández, Caracas.— Teodoro Herrera, Eugenio Reyes y Eduardo Marante, La Guaira. — Simón Gil, Carayaca.— Antonio Redondo, Catia. — Dionisio Tovar, Carlos Díaz y Joaquín Tinoco, La Guaira.

Tenientes

Rufino Blanco, Bernardo Madera, Felipe Santiago Montes, Juan Ramón Ramírez, Fermín Madera, Emilio Conde, Narciso Hernández, Rafael Villalobos, Gabriel Villalobos y José Francisco Sánchez, La Guaira. — José de Jesús Piñango,Caraballeda. — Valentín España, Naiguatá. — Juan Pedro Montes, La Guaira. — José Gabriel Romero y José Víctor Medina, Macuto.— José Tomás Flores, La Guaira. — José Fuenmayor, Naiguatá. — José Tomás

APÉNDICE LXXXl

González, Matilde Brito, Rafael Sabino y Ruperto Ibarra, La Guaira. — José María Rodríguez,. Gregorio Rodríguez y José María Méndez, Maiquetía.— Candelario Romero, Cátia. — José D. Arteaga, Maiquetía. — Juan Ramón Lainírez y Fermín Madera, La Guaira.

Súb-Tenien-tes

Luis José Hermoso, Valentín Sifontes é Isidro Hermoso Narvarte, Ctiraballeda. — Doroteo Aponte, Julián Domínguez y Feliciano Longa, Nai guata. — Catalino Ozas, Quintín Díaz, José Víctor Medina, Julián Alvarez y Francisco Rojas, La Guaira. — José María Blanco, Macuto. — Benigno Monasterios, Maiquetía. — Pantaleón González, Pragedes Palacios é Isaías García, Maiquetía. — Cirilo del Carmen Franco, Caraba11¿da. — Julián Colmenares, Salvador Díaz, Pedro Díaz, Juan Bello, José Antonio García, José Maitán, Andrés Lozano Delgado, José Isabel Gómez, Baldomcro Narvarte y Tomás Pereira, La Guaira. — Rufino Gedler, Mauricio Mayora (fué ascendido á Teniente) y Felipe Parra, Maiquetía. — Juan Inocencio Blanco, Macuto. — Francisco Rivero, Brígido Benítez y Marcos Centeno Madriz, La Guaira.

Dios y Federación.

El Coronel Auditor de Guerra

Ramón A. Delgado.

Gobierno Provisional de La Guaira

B. Manuel Calimán, Rafael Travieso, Manuel Vicente Vásquez, Pablo Solse, Tomás Sabino.

Este Gobierno nombró al señor B. Giusseppi, Agente Consular en Trinidad.

fcXXXH APÉNDICE

Estado de A ragua

División del General Alcántara, perteneciente al Ejército

de Aragna

General en Jefe, Francisco L. Alcántara. — Estado Mayor General : Primer Comandante, E meter o Gómez ; Segundo Jefe, primer Comandante Ceferino Ríos ; Comisario General, Comandante Luis Primero; Ayudante General,- José del Carmen C i sueros; Ayudantes de Campo, primeros Comandantes José María Gimeno y José Dolores Gutiérrez; Adjuntos, Capitanes Jesús María Ríos, Sergio Quevedo, Eladio Sarco y Jesús María Cisneros ; para Edecanes, Comandantes Federico Quintero y Miguel Parejo y Capitán Rosario Aponte.

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¡Oficio de Zamora al Comandante Bernardo Márpz

Federación Venezolana. — Estado de Coro. — Cuartel General.— Jefatura de Operaciones. — Güequito: 14 de marzo de 1859, á la una de la noche. — Ano 1? de la Federación.

Al ciudadano Com infante Militar del Puerto de Cumarebo, Bernardo Márquez.

Acabo de recibir su comunicación fecha trece del que cursa, en donde me dice que ha hecho devolver la Compañía del Capitán Goitía, y se ha incorporado con la del Capitán Jesús María Hernández.

Me ha parecido un punto acertado la medida que usted ha tomado, siempre que los enemigos sea verdad que hayan desembarcado en el Puerto de Cumarebo, pues esto me indicaría que ellos pretenderían picarme la retaguardia. ¡Si esto fuere así, es probable que se avanzarán á Cumarebo, en cuyo punto debe usted situarse para observarle sus disposiciones y cubrir ¡ni retagiftirdia, debiendo á toda costa tirotearlo y venirse en retirada, que entre

APKND1CK LXXXIII

-tanto yo vuelvo á San Juan, lugar donde están los enemigos acampados, para caerles y destrozarlos.

Confío en su valor y pericia militar para que con toda la serenidad de un buen Jefe, sepa usted engañar al enemigo con estrategias y emboscadas, mientras yo me avanzo á •darle el golpe mortal á su cuerpo principal acampado en San .Juan.

Entre tanto siga usted dándome parte de lo demás •que sepa y ocurra.

Sov de usted atento servidor,

Oficio del General Sonblette al Ministro de Guerra y Marina

República de Venezuela. — Dirección de la Guerra en Occidente.— Cuartel General en San Carlos á 2 de mayo de 1859.

.Señor ¿secretario de Estado en los Despachos de Guerra y Marina.

En marcha para esta ciudad recibí, devuelta de aquí mismo, la comunicación de usted, de 11 del mismo, en que usted me reitera la urgente necesidad de auxiliar á S .E. 4¿l General Silva1 con todo lo necesario para el mejor éxito de las operaciones de que está encargado; y debo decir á usted, para evitar las consecuencias de una esperanza frustrada, sobre esta orden, que yo no tengo nada más, para auxiliar al General Silva, que los diez mil pe^os ($ 10.000) que he recibido de Puerto Cabello, ■con los que desde hoy empiezo á racionar la fuerza que he conducido de Carabobo: y creo muy difícil que llegue al Cuartel General del General Silva ni un peso. Aquí no he encontrado sino quejas y lamentos. Xo se me auxilia ni con la ración de carne. No hay quien supla fondos, ni con la oferta de librarlos contra la Tesorería -General. He traído un escuadrón de caballería y tendré que devolverlo á Carabobo, porque los caballos ho

LXXXIV APÉNDICE

pueden continuar la fatiga, ya que no me auxilian ni; con un caballo.

El ejército está desnudo y yo no tengo ni nn vestuario. Aquí se me aguardaba con ansia para entregarme la situación de la provincia, y que yo la remediara,, como si fuera el Gobierno, ó más aún, como si fuera la. Providencia Divina.

Por separado remito á usted originales dos oficios,, uno en que se halla la renuncia del General Escobar,, y otro en que el señor Gobernador de esta provincia manifiesta que se verá precisado á renunciar, si no se le auxilia con lo necesario para atender á los gastos de ella.

El desaliento es grande, no tanto en ésta como en la provincia de Barquisiineto, y más en la de la Portuguesa, y lo considero mayor en la de Barinas, de donde nada sé. Dicen que el General Silva se movía el 25!!! Pero esto mismo lo ignoro.

No es imposible que sufra un revés el General Silva: como difíciles y arriesgadas califica su Jefe de Estado Mayo? las operaciones contra el enemigo, en la comunicación que hoy remito á usted 5 y asilo demuestra su prolongada dilación en Barinas, de donde no había salido el 24, y aún el 29 no se sabía en Guanare que hubiera salido; pues he recibido una comunicación de dicha fecha, del Comandante militar de la Portuguesa, que es muy cuidadoso, y nada me dice.

Las partidas sueltas que hay en estas provincias son varias y numerosas, y si por desgracia el General Silva sufre un revés, yo no podré contener el enemigo con 200 hombres, de Maracay, 80 de caballería, de San José de Tiznados, á pie, y los que tenga la columna del Baúl, que manda el Comandante Villapol, unida á las que allí existían.

En tal caso tendremos que defender la República en Carabobo ; pero si el Gobierno no consigue caudales para la comisaría, en cantidad bastante suficiente para atender al pago de la fueiza, esto mismo será difícil.

Sería muy conveniente que el Gobierno dispusiera que el ejército del General José María Zamora se moviera

APÉNDICE LXXXV

-con prontitud bacía La Victoria, porque es posible que -con él se decida la suerte de la República en Occidente.

Si me llegaren tropas de Carabobo me adelantaré á Araure, y si no llegaren las bastantes para presentarme siquiera con mil hombres, será, más que inútil, perjudicial, mi marcha á Araure.

Ni mi edad, ni mi salud achacosa pueden resistir una campaña como esta. No puedo soportar la marcha de cuatro horas: llego postrado. Estoy haciendo un sacrificio estéril, y sólo me consuela la esperanza de que será el último.

Soy de usted atento y seguro servidor,

Carlos tióublette.

Proclama de Linares, llamado el Generalísimo

JOSI5 ANTONIO LINARES

De los fedérale* de Xueva Granada y Venezuela y General del Ejército Federal de la Portuguesa

Soldados :

Nacido en el territorio de los libres granadinos y formado en las 'doctrinas republicanas de sus ilustrados hijos, debía á ejemplo de ellos, ofrecerme á la Libertad. Así, y teniendo presente que venezolanos y granadinos * derramaron juntos su sangre en los campos de batalla por la Independencia, conducidos por el genio del Gran Bolívar, os llamé á las armas el diez y nueve de julio <lel ano pasado de cincuenta y ocho, para rescatar los derechos de Venezuela de la más detestable tiranía. Valerosos, como dignos hijos del padre de Colombia, me jurasteis por Dios y la Federación, en los espesos y silenciosos bosques de Guanariro, ser libres 6 morir; y viva en mi memoria la acción heroica de mi compatriota el imponderable Kicaurte, os contestó como él al volar en nubes -<le pólvora en San Mateo : "perezca yo, pero sálvese la JPaíria".

LXXXVI - APÉNDICE

Soldados :

Desde entonces, sin más vestido que la corteza délos árboles, sin más armas que las púas de Guasdnasr sin más embarcaciones que el nado y sin más alimentoque las plantas de los bosques, habéis luchado con la naturaleza y. hollado bajo vuestras plantas el pecho vil de la soldadesca dictatorial. La historia registrará vuestras hazañas con las de Vigirima y Boyacá, y prontoentraréis en el templo do la Fama, orlada la frente con laureles arrancados de Los Andes, acompañados de vuestras hijas, que en señal de derechos adquiridos, derramarán A vuestros pies flores del bosque que presencióvuestros solemnes juramentos.

Soldados :

El Libertador de Colombia, el Gran Bolívar, comprendiendo que la insubordinación y crímenes del tiranoJosé Antonio Páez habían de traer la destrucción de la colosal obra de Colombia, la muerte en patíbulos y destierros de tantos campeones de la Libertad, pretendiójusticiarlo; no lo hizo, y Colombia no fué; su padre, y fundador de cinco naciones murió, y hasta hoy habíamos quedado sometidos á la oligarquía de los godos y al despotismo de tiranos y dictadores: no olvidéis las lecciones de la historia para poner á cubierto de ataques de los enemigos la Libertad y la Federación ; y desde ahora justifico mi conducta política y militar ante el ciudadano General, Jefe de Operaciones, de los Estadosde Coro y Occidente, para honra del Ejército y bien de^ vosotros.

¡ Viva la Federación !

¡Viva el Ejército Federal!

Dada en Barinas á 2(5 de junio de 1S¿"59.

Jone Antonio Linares

APÉNDICE LXXXVH

Alocución del General Jnan C. Falctin en Palmasola

Al pisar el territorio, al aparecer sobre la escena (lela revolución, siento la imprescindible necesidad de hablar & mis conciudadanos. Prefiero siempre ser conocido: que nadie se equivoque conmigo. La Patria debe además saber, por qné vengo, y lo que traigo.

No soy, á ella le consta, un militar de cuartel que hace la guerra por oficio : como tal, la guerra me inspira horror, y menosprecio el que la hace. Soy, lo que todo hombre de conciencia que cine espada, y lo que he sido, desde que Venezuela me prestó la de su libertad : un ciudadano armado, y nada más.

Que menos puedo ser un ambicioso tentado por la víbora del poder, para quien la reputación significa poco, con tal de mandar sin ella ; uno de esos hombres que prefiriendo el monótono placer del mando al honor y la fama, renuncian á un puesto en el Panteón de la historia, donde vivir con nuestros nietos, donde vivir con la edad del mundo, donde vivir siempre: uno de esos, ante cuyos ojos la Patria es nada, porque su predominio personal lo absorve todo ; que ni aun me parezco siquiera á tales monstruos,

que lo diga Venezuela entera Mis propios enemigos,

así, que lo digan también

Tampoco soy yo quien trae la guerra : ésta existe, y existe declarada por la Nación en masa contra sus opresores; tiranos que, audaces, se constituyen mandatarios, por derecho divino, y que por deber infernal, imponen á los pueblos el deber de obedecerles. Insensatos ! ¡Cómo olvidan el coraje de los venezolanos !

Sí : la cuestión no es que las leyes que hagáis sean buenas ó sean malas : la cuestión es que el derecho de haverlas, no es vuestro, sino de la mayoría; porque en las Repúblicas, corresponde á aquélla el ejercicio de todos los poderes sociales.

Hé aquí la verdadera causa de la presente revolución ; la misma de siempre : que los gobernantes empeñan una lucha temeraria con el pueblo, disputándole su soberanía : le imponen sus comisarios ; y como sería ignominioso que

LXXXVI1I APÉNDICE

el soberano se sometiese á tanta iniquidad, no quedándole otro camino, ocurre á las armas, para hacer valedera su voluntad. Tal es el secreto de nuestras perennes agitaciones. La anarquía en que vivimos, no es causa sino efecto : la causa de las causas, la causa madre, es esa : que el pueblo quiere, y no lo dejan elegir.

Las violencias eleccionarias de 40 engendraron el año de 48 y todos los que le siguí «ron después. ¿ Cómo dudar que las del Gobierno provisional de Marzo, habrían de precipitarnos nuevamente en la insurrección f Si se quería concluir con la guerra civil para siempre, debió respetarse el querer popular : la libertad eleccionaria es la paz de Venezuela.

Ved cómo escarmientan los pueblos á los que atenían contra su soberanía: apenas un ano, y eso combatiendo, ha podido durar la obr;> de Marzo, porque burló el voto de la revolución. Hubieran tenido sus conductores buena fe, y estaba conseguida la más bella ocasión de reconciliar los partidos, extinguir los odios, desarmar la venganza, y fundar una paz dura lera, libre y honrosa.

Para hoy, la Kepúbliea sería una verdad práctica, con derechos reales y positivas garantías para el ciudadano, con discusión tan libre y franca, como es franca y libre la razón del hombre. Tendríamos pacto social y no las precauciones, reticencias y ambigüedades de una bandería contra otra.

Los partidos políticos mismos, convertidos en doctrinarios, y persuadidos de que la fuerza no es palanca de este siglo, habrían confiado ya á la razón, todo lo que deben á la felicidad pública.

Pero la Patria es inmortal. Si aquella feliz oportunidad se desaprovechó, no ha de negarnos el Cielo otra, en que probemos que somos dignos de que no nos abandone todavía.

De mí, nadie puede dudar con justicia : mis palabras deben ser creídas. No he mentido cuando el interés podía seducirme. ¡ Mentiría ahora, que la verdad es mi gloria!

Venezvela tendrá elecciones libres, que es su gran-

APÉNDICE LXXXIX

de empeño, como base de la República, y con ellas, será lo que quiera ser.

Desde el veinte de Febrero, todo nos ha sido próspero; y, permitidme, compatriotas, hacer en este lugar una mención honrosa del bravo Jefe, que de una en otra victoria, ha tenido la fortuna de pasear por la República, la bandera estrellada de la Federación.

Salido Zamora de Coro, la heroica, con un puñado de valientes, atraviesa la tercera parte de nuestro territorio por entre un erizo de fuerzas enemigas, toca á las puertas de las capitales de todo el Occidente, las visita casi todas ellas, y donde quiera que tropieza con el enemigo, lo vence y lo desarma. A las trescientas leguas <le marcha, la opinión le guardaba á Harinas como premio de tanto denuedo, de habilidad tanta. Allí crea un ejército, lo organiza, lo arma, y seguro en su inexpugnable y rica base de operaciones, prueba todo lo que se puede cuando se cuenta con la opinión, y se tiene fe en los pueblos.

¡Viva el Ejército de Occidente como un modelo eterno para la posteridad ! La Patria debe también muchos recuerdos de gratitud al viejo Soldado y las lanzas orientales, que con nosotros, lidian infatigables, en favor de la causa popular.

¡ Derramemos una lágrima sobre la tumba de los valientes de ambos ejércitos, que no hayan sobrevivido á tanta gloria !

Para hoy, la revolución tiene toda su fuerza material : yo creo traerle el complemento de su autoridad moral ; ese que me han dado el favor de los pueblos, y la aceptación de los Jefes armados, que hasta ahora acaudillan el Ejército.

Con esta autoridad propóngome darle unidad y concierto á la campaña ; al propio tiempo que ahorrar sangre geaerosa y conjurar futuros peligros. Ayudadme, compatriotas, todos.

Vamos á fundar la República. Contribuid todos al triunfo nacional, y luego Venezuela dispondrá libremente de su suerte, como dueña absoluta de sí misma.

XC APÉNDICE

La sangre que ello cuesta, dejémosla caer sólo sobre los que pretendan todavía bregar con la opinión pública, poniendo á los venezolanos en el duro trance de escoger entre la esclavitud y la insurrección.

Si tal sucede, la guerra queda justificada, y la posteridad bendecirá á los que la hacemos, si fieles, fundamos la libertad de la Patria.

Juan C. Falcón.

Cuartel General, al desembarcar en la playa de Palma Sola, á 24 de julio de 1859.

Carta del General Cordero al General Ramos

Señor General Pedro E. Ramos.

Valencia. Puerto Cabello, aliosto o de 1859.

Mi estimado General y amigo :

A las 5 de la tarde de ayer llegaron á este puerto los señores Domingo Fabrega y Ee venga y poco después, López, que entró á las 7 y puso en mis manos su apreciable carta fecha de ayer, junto con las dos cartas que en copia me acompaña.

Ayer mismo entré á conferenciar con aquellos señores en unión del Jefe Municipal, acerca de los puntos principales en que debemos fijarnos para seguir adelante en nuestra misión de salvar la República, y be visto con satisfacción que estamos muy de acuerdo en el fondo de la materia, que es no inclinarnos ante el poder de ninguna facción. Disentimos solamente de lo relativo á las formas y medios que debemos escoger para este propósito, y sobre esto precisamente voy á llamar su atención con algunas observaciones que le pondrán de manifiesto las inconveniencias y el efecto funesto que pueden surgir al adoptar los medios con que aquellos señores pretenden que se puede salvar la provincia de la crisis que la ame* naza en la actualidad.

APÉNDICE XCI

Eli 08 lian asomado y sostenido el pensamiento, de que convocando los pueblos de la provincia y excitándolos & reasumir su soberanía, se puede salvar la provincia. No aceptan que para hacer esto mismo hay que romper medio á medio la constitución del Estado que se aclama, cuando nosotros aquí, para salvar esa misma constitución y conseguir la reacción de la Kepública bajo esos principios, tenemos que apartarnos de uno solo de sus artículos. En circunstancias anormales cono esta, cualesquiera que sean los medios que se adopten, quedan justificados por los fines que se pretendan conseguir y nadie nos acusaría de haber empleado aquéllos, cuando se halla salvado la sociedad y las instituciones que se ha dado el país.

Al adoptar los medios propuestos por aquellos señores, de que la provincia reasuma su soberanía, se daría un ejemplo escandaloso en el resto de la República, porque este paso tiene todo el carácter de una revolución que a tropelía el sistema constitucional, y que seguido de las demás provincias en donde se han asomado estas mismas tendencias, acabaría por anarquizar y perder el país. Sobre todo ¿ cómo piensan estos señores que con el enemigo al frente y en la condición en que se hallan nuestros pueblos, se pueden ir convocando para una nueva organización de la provincia ? Se ciegan y los embaraza la situación, sin recordar que en otras épocas, el año de 35, cuando el país se hallaba en una peor situación, y los constitucionales no contaban con los elementos que nosotros tenemos hoy, se efectuó una feliz reacción, marchando con la constitución en la mano y la fe mas decidida en el porvenir. Este es el único camino que á mi ver nos queda de salvarnos y salvar la República, y estoy seguro que este pensamiento encuentra eco en laa demás provincias del Oriente y del Occidente. Si estuviere equivocado, creo sin embargo, que siempre tendremos el tiempo necesario para iuclinarnos ante la voluntad de la República, si es que quiere regirse por otro sistema, sin apartarnos todavía de la senda de legalidad que hoy podemos trillar con ventajas y sin humillarnos ante la fuerza de una reacción facciosa que ha hallado su cuna en Morón y que es dirigida por Falcón, Valero,. Guevara, Leiceaga y otros como ellos.

XCII APÉNDICE

Lo que lia pasado en Caracas les quita á estos señores Fábrega y Revenga, toda esperanza de una reacción legítima ; pero ¿no se puede acaso también pensar que el movimiento del Coronel Casas con el hecho de proclamar á Falcón, sea más bien un paso político ó un lazo para salvar al General Castro y efectuar una reacción legítima I No es posible, me parece, que sin estar esclarecidos aún todos los acontecimientos, se pueda tomar ninguna deliberación que se aparte de los principios constitucionales, y mucho menos ninguna que en las presentes circunstancias acabe de perder el país. Yo no sé <pie presentimiento tengo, de que pronto puede efectuarse una feliz reacción, y tengo la esperanza de que en Caracas mismo la veremos aparecer grande y espléndida. Mientras tanto, debemos seguir paso á paso los sucesos y mantenernos firmes en sostén de los principios que hemos resuelto defender.

Por mis comunicaciones anteriores, verá usted que aquí hemos tomado la firme resolución de sostener los principios constitucionales, y me alegro de hallar en su última carta consignado, como suyo también, este grandioso pensamiento. Las dos copias que usted me acompaña, manifiestan claramente la impotencia y el estado de apuro en que se halla la facción, y tengo la más completa fe, de que nuestros esfuerzos sobre ella nos pueden dar el triunfo más espléndido. Con todos los -elementos que tenemos en el seno de la provincia, con 4 buques de guerra que están aquí, con el vapor Unión y 2 buques más que estoy armando en guerra, tenemos seguro el dominio del mar, y fácilmente podemos dominar también la situación y quien sabe si salvar el país. Ya he despachado comisiones á Coro, Maracaibo, Curazao y otros puntos, para prepararlos en este sentido, y pronto creo que tendremos un resultado satisfactorio. Hoy -despacho un buque á Oriente con una comisión especial cerca de Inocente, para prepararlo y para que prevenga á Ouayana y me mande la Regeneración, y juzgo que Oriente y Occidente unirán sus esfuerzos con nosotros y se abrirá ventajosamente el camno de la reacción.

Yra usted sabe también que anteayer he despachado <íl vapor Unión á La Guaira, para favorecer la trasla-

APÉNDICE XCIII

ción de cualesquiera de los supremos Magistrados que representan legítimamente el poder de la nación, y si esto, como lo creo, se puede conseguir, Garabobo seráv el asiento del Gobierno y el centro de la reacción.

Escrito hasta aquí, acaba de entrar el vapor procedente de La Guaira. El Coronel Armas y el Comandante Chataing que vienen á bordo, me traen la noticia de que el doctor Gual está encargado del Gobierno legítimo y rodeado del Coronel Casas, del Gobernador Zuloaga y del Treneral Soublette: que las fuerzas de Aguado fueron completamente rechazadas por la juventud de Caracas, con una pérdida considerable de ambas partes, y que Aguado se ha retirado á La Guaira. Mendoza está sobre él con algunas fuerzas; Aguado le propone que rendirá las armas con tal que todo se someta á las deliberaciones del Congreso. Esperamos el resultado de ésto. Todo lo demás que omito decirle, se lo comunicará á la voz el amigo Fábrega, que se ha hallado presente á la llegada del vapor y que ha oído á aquellos señores.

A Fábrega le hago un encargo secreto: conviene qus usted me los remita volando.

Soy de usted amigo de corazón.

L, de Febres Cordero.

Es copia.

Cordero.

# *

Carta del General Trías al General Falcón

44 Ciudadano General Juan C. Falcan, Jefe del Ejército Fedcral.

San Rafael de Onoto, setiembre 20 de 18.10.

Mi querido amigo :

Anoche recibí sus dos estimables, fechadas en Aranre: quedo impuesto de ellas y mañana emprenderé mi

XCIV APÉNDICE

contramarcha para ese punto, como usted me lo indica, no verificándola hoy, para dejar reponer un día más mis caballerías, harto fatigadas á consecuencia de las marchas por caminos tan fragosos.

Desde ayer muy de mañana se reunieron en San Carlos las fuerzas godas de Guanare con las que estaban en aquella plaza, y aunque siempre los traía picados muy de cerca, no pude hacerles ningún daño por la retaguardia, porque la multitud de guerrillas de que estaban poblados los bosques por donde pasaron, ninguno le disparó un fusilazo siquiera para llamarles la atención por alguna parte : tampoco quise empeñar un combate por no tener fe en la parte de mis fuerza* que se denomina Los Indios, de los cuales se me han desertado más de cuatrocientos, y lo más sensible es, que los cobardes se han llevado el armamento y las municiones que se les había puesto en manos en defensa de la causa.

Respecto á la oferta que usted le hizo al Doctor Cabrales para que yo quedase en el Estado de Barquisimeto como Jefe de las Armas, debo manifestarle que un soldado siempre cumple gustoso lo que se le ordena. Así, pues, acepto aquella oferta que usted le hizo á nuestro amigo Cabrales.

El ciudadano Coronel Márquez retorna su saludo y le ofrece su consideración y respeto.

Su amigo y compañero de corazón,

José D. Tríap.

Carta He Zamora al General Trías

Barinas: setiembre 23 de 1850.

Ciudadano General Desiderio Trías.

Mi estimado amigo y compañero: No esté con quisquillas conmigo, porque usted sabe

APÉNDICE XCV

que entre usted y yo nada hay reservado: la República entera sabe que usted es el General más sereno y despierto, como humanitario, y no necesita de que le digan valiente, como me dicen á mi; valientes son mucjioy. Sin embargo, si llego á hablar de usted, es capaz alguno de ofenderse, porque el mundo está lleno de celosos y desconocidos, y no diría más- que la verdad, porque yo h£ andado con muchos hombres arrojados al peligro; pero, en confianza, usted les excede.

Mucho cuidado á la tropa y mucho amor á los jefes y oficiales, que todos son buenos y son mis compañeros.

Su amigo,

Ezequibl Zamora.

Parte oficial He la acción de Sipisipe

Federación Venezolana. — Estado Mavor General de los Ejércitos Federales. — Número 622. — Cuartal General en Siquisique á 4 de octubre de 18.M). — Ano 1? de la Federación.

Señor Coronel Florencio Navarro.

Ayer á las cinco de la tarde, el Ejército Federal mandadvv por el Excelentísimo General en Jefe Juan O. Falcón, segó nuevos lauros en los campos de esta villa.

El día primero del presente mes, emprendimos nuestra marcha sobre este punto, desde la plaza de Barquisimeto, y después de dos días de penoso camino, cuando S. E. se encontraba media legua distante de esta población, recibió parte que el enemigo, en número de cuatro cientos cincuenta hombres, se hallaba ft una milte de distancia de Siquisique, y sinembargo que la tropa venía muy estropeada á consecuencia de una jornada de más de diez leguas y muy distante todavía del lugar en donde se recibió el parte predicho, se dio orden para que el valiente Coronel Kodulfo Calderón, con la División de su mando, avanzase al paso de trote. En seguida se ade-

XCVI APÉNDICE

lantó el General en Jefe con los oficiales de su comitiva que se encontraban bien montados, y llegó á la población en el momento mismo en que el enemigo estaba ya á la vista. Dispúsose entonces que el intrépido Coronel Faustino Pulgar, á la cabeza de ciento treinta hombres, le saliera al encuentro ínterin llegaban las fuerzas de Calderón y las demás que se habían mandado avanzar^

El Coronel Pulgar distribuyó su gente en guerrillas, las apostó en puntos ventajosos, y sostuvo con ellas un fuego vivo, hasta que cien hombres de la primera brigada de la 2n División, al mando del arrojado Comandante Manuel Bruzual, pasando en una pequeña canoa el río Tocuyo que se encontraba crecido, marcharon al trote á sos tener las guerrillas de Pulgar.

El enemigo cargó con energía y ya nuestras primeras guerrillas llevaban agotados sus pertrechos, cuando apareció Calderón con cien hombres más sobre la margen opuesta del r'o : ni su profundidad, ni so corriente impetuosa, ni la falta de trasporte pudo contenerlo : se arroja á él, seguido del intrépido General Domingo Díaz, quienes cargaron de una manera brusca á la bayoneta en compañía del Coronel Armas, poniendo en precipitada fuga al enemigo después de dos horas de un combate crudo, reñido, empeñado cuerpo á cuerpo con un valor» sin igual.

En el momento más crítico de la acción, el Ejército quedó sobrecogido de temor, al ver que el General en Jefe, cediendo al impulso de su inmenso valor, se mezclara en la pelea como un simple soldado; empero, la Providencia, que vela por la suerte de nuestras armas, lo salvó milagrosamente cuando á su lado caían sin vida nuestros compañeros.

El enemigo dejó en el campo más de cien hombres entre muertos y heridos ; en los primeros se cuentan los Comandantes Francisco González y León Tala vera, y Capitanes Juan J. Denis, Francisco Santelís y otros. Hubo también varios prisioneros, entre ellos el Comandante Nicolás Torre-lias, Jefe de las fuerzas, su hermano y otros oficiales más. Nuestras pérdidas, entre muertos y heridos, pasan de cincuenta plazas; pertenece á los últimos eldeno-

APÉNDICE XCVIt

dado Coronel Calderón que recibió una bala en el cuello causándole una herida leve.

Se han recogido hasta este momento más de ciento cincuenta fusiles del enemigo, bastantes fornituras y algún pertrecho.

Tal ha sido en resumen el resultado de la jornada de ayer.

Donde quiera que llegamos á ponernos frente á frente de los perversos enemigos de nuestras libertades, encontramos, señor, la oportunidad de recoger nuevas glorias, y de añadir un escarmiento más y nuevas vergüenzas á los tiranos de la Patria: S.m Felipe los ve huir, despavoridos al ruido sólo de nuestras pisadas; Karquisiiueto es testigo de su cobardía ; y por último, encuentran en Siquisique cavada una tumba para una gran parte de sus genízaros.

Sírvase usted comunicar este acontecimiento á todas las autoridades de su dependencia.

^Y. Cmwlo.

Orden General del día 26 de junio en Achapas

3? Se recomienda á todos los oficiales y tropas el mayor orden, moralidad, respeto á los ciudadano*, propiedades etc. y la más estricta disciplina y subordinación, castigándoles la más leve falta, sin tolerancia ni disimulo, conforme á las ordenanzas de Ejército.

4? Se previene generalmente que aquello* que se hallen en las filas generales en este Ejército y no quisieren pertenecer á él. tienen libertad para solicitar su pasaporte, si lo quieren ó para retirarse á su hogar doméstico; asegurándoles completas garantías de parto de

XCVIII APÉNDICE

lasv autoridades federales así civiles y militares; pues la Federación no quiere forzados sostenedores de la causa, ni reconoce otros enemigos que los que con armas en mano la ataquen.

El Jefe de Operaciones.

Martín Segaría. Es copia. El Ayudante de plaza,

J. M* Pérez.

Proclama del General Pedro Vicente Ainado

ütata proclama del valeroso y Benemérito General .Aguado, fue puesta por él en mis propias manos, para leerla en público á las fuerzas, en Catia de los Frailes, •el 2 de agosto de 1850, antes de principiar el combate •en esta ciudad, para salvar á los liberales déla plaza *de San Pablo.

José Miguel Torres.

PEDRO VICENTE AGUADO

De los Libertadores de Colombia ; condecorado con la Cruz de Bayacá, Estrella de Nueva Granada y Escudo del Magdalena : General de Brigada de los Ejércitos de la República , Jefe del Ejército Federal del Centro y de opera- •dones contra los enemigos de las libertades patrias.

Un puñado de valientes que se ha unido á mí, me impele á empuñar con ellos las armas para rescatar la libertad perdida, por la ambición de un hombre que sin títulos ni precedentes ha usurpado al pueblo sus derechos. Sólo la innoble ambición de ese tirano ha conducido la República al caos de desgracias en -que se encuentra sumergida, después de salvada por sus libertadores en los gloriosos campos de Ayacucho, Boyacá y

APÉNDICE XCIX

•Carabobo, que sirven de tumbas inmortales á sus restos venerandos.

Pero afortunadamente sobrevivimos algunos, aunque pocos, de esos antiguos veteranos, que sabremos sacrificarnos una vez más, por la libertad del pueblo, que proclamamos en 1810, y establecer la República genuina bajo el sistema federal, que es el vehemente deseo de los venezolanos.

Conciudadanos todos : armémosnos. Corramos al cani- )K> de batalla á salvar conmigo y mis compañeros, la patria de nuestros sacrificios, que hoy se ve al borde ■del sepulcro.

Y, j será posible que haya degenerado la raza de los que empañaron el sacro estandarte de la independencia nacional el 19 de abril?

Nó, no lo creo, Camaradas.

¡ ¡ ; A las armas ! ! ! A las armas ! ! !

Con ellas y nuestro querer realizaremos el bien de nuestra patria, que tanto tiempo há, buscamos ansiosos.

No me digáis qué es difícil, ni menos imposible, porgue el imposible es una anomalía en el vocabulario del «Gran Partido Liberal.

Conciudadanos, una palabra más. No olvidéis nun- ■ca los principios de humanidad que deben existir en el -corazón de los libres hacia sus enemigos, y de que tantas veces hemos hecho uso aun en los momentos de más peligro.

Os encargo particularmente la subordinación á vuestros Jefes y el silencio en el combate, como bases fundamentales del triunfo, porque sin subordinación no hay soldados; sin soldados no hay patria, y sin patria el hombre es un ser insignificante.

Cuartel general en Maiquetía á 31 de julio de 1850, Io de la Federación.

Pedro Vicente Aguado.

C APÉNDICE

Oficio de Zamora al Coronel Navarro

Federación venezolana. — Estados de Coro y Occidente. — Cuartel General. — Jefatura de operaciones en Campaña.— Ospino 12 de octubre de 1850. — Año 1° de la Federación.

Al ciudadano General Florencio Xararro.

He recibido su comunicación oficial fecha 10 del presente, número 243, y en contestación á ella diré: que en caso que los godos Domingo Hernández y Ramos pretendan invadir los Estados de Barqnisimeto ó Portuguesa, no cese usted de acosarlos y darles candela, pues para la fecha supongo que habrá ya regresado la fuerza que mandó usted á Barqnisimeto, como también ijabrá recibido un barril de pólvora, con veinticinco libras, que dejé al ciudadano Coronel Juan Antonio Michelena para que se los remitiera cuanto «antes.

Acóselos usted con guerrillas emboscadas, teniéndolos siempre á una vista é inspeccionando sus movimientos y dando continuos partes tanto de sus operaciones como de las de ellos.

Los Estados de Barqnisimeto y Portuguesa tienen las fuerzas suficientes para defenderse, batirlos y dejarlos escarmentados, aunque, de todos modos, pocos serán los días de vida que tendrán.

Dios y Federación,

EzKijuiEL Zamora.

Ramos encarga á Rnbíii del Ejército

Eepíiblica de Venezuela. — Jefatura de Operaciones de

Occidente. — Cuartel General en Mérida á *> de enero

de 18G0. ¿Señor Secretario de Enfado en los Denpachon de Guerra

y Marina.

Con esta fecha digo al señor Comandante José María Rubín, lo siguiente:

El estado de postración en que se halla mi salud

APÉNDICE VI

y en que he quedado después de los últimos funestos •sucesos, la necesidad en que está el Ejército de tener u su cabeza un Jefe activo, valeroso é inteligente, que le imprima movimiento y celeridad en sus opera ciónos y el prestigio y ascendiente que tan justamente ha adquirido usted en él, me han decidido pensar en usted para que se encargue del mando de las fuerzas que estén ya organizadas y que deben componer e! Ejército de Occidente, mientras se repone mi salud ó el Supremo Gobierno dispone otra cosa.

Es de imperiosa necesidad para el mejor desempeño de su empleo, que usted marche inmediatamente ó en cuanto lo permita su indisposición y el estado de cansancio y fatiga de la tropa, con todas las fuerzas existentes en esta provincia, excluyendo aquellas que necesitare el Jete de operaciones para practicar operaciones de importancia. En la provincia de Trujillo, donde usted permanecerá el tiempo que juzgue necesario para organizar y ponerse en estado de emprender operaciones con las fuerzas que usted conduzca, incorporará todas las que existen en dicha provincia bajo el mando inmediato del Comandante Perozo y todas las más que se hubiesen reunido y pudiesen reunirse, incluyendo las que, bajo las órdenes del Comandante Manuel Herrera, deben estar en marcha para el Tocuyo, donde se le ha mandado situar. Puede usted disponer de la manera que erea más conveniente al buen servicio, de las fuerzas existentes en aquel cantón y en la provincia de Barquisimeto; debiendo ponerse en comunicación con el que comanda las de Yaracuy, para obrar en combinación con él. Usted exigirá á todo¿ los Gobernadores de las expresadas provincias ya para que le presten todo género de recursos, como dinero, hombres, caballos, cuanto para que coadyuven con el prestigio de su autoridad al buen desempeño de la comisión que confiero á usted. Hoy mismo oficio á dichas autoridades en este sentido, así como también á los Jefes militares para que cooperen igualmente y den cumplimiento á las órdenes de usted. Yo permaneceré en esta capital organizando nuevas fuerzas, y tan luego como mi salud me lo permita, me trasladaré ala de Trujillo, con igual objeto, para incorporarme al resto del Ejército, donde quiera que se hallare. Puede us-

CU APÉNDICE

ted elegir, tanto del cuerpo de depósito como de los deiná» Jefes y oficiales que se encuentran en esta plaza, aquello» que por su idoneidad y la confianza que le merezcan, juzgase usted útiles para la organización de su Estado Mayor ; así como también todos los más que como agregados quisiere usted llevar para darles colocación en el Ejército de su mando, exceptuando sólo á aquellos que tengan ya efectividad en el Ejército. De todo me pasará usted una noticia para dictar mis órdenes. El señor Corone L José del K. Armas, que ha llegado á este Cuartel General, nombrado por el Poder Ejecutivo Comandante General de las caballerías, se pondrá á sus órdenes para que usted lo destine como lo creyese más conveniente. Encarezco á usted la pronta comunicación con este Cuartel General y la importancia de dejar bien cubiertas y en buen estado de defensa las fronteras de la provincia de Trujillo.

Trascrición que tengo el honor de hacer á usted para su conocimiento y demás fines.

El General,

Pedro Ramo*.

APÉNDICE Cllt

LISTA

DE LAS PERSONAS Ql'E HAN SUMINISTRADO DATOS AL AUTOR-

General Ignacio Andrade.

— José Ramón Núiiez.

— Luis Levol de Goda. — París.

— Manuel Antonio López. — Urachiche.

— Víctor Rodríguez. —Caracas.

— Germán Pérez.— Giiigüe;

Doctor Pedro María García.— Registrador Principar.

— Caracas.

Manuel Betancourt— Oficial del Registro.

Antonio Jelainbi. — Archivero del Registro. Doctor A. Frydensberg.— Encargado de la Biblioteca

Nacional y sus Adjuntos 1? y 2°

— José María González.— Caracas, (Zamorita).

— Luis Rafael Caspera. — Caracas.

— Joaquín Rodríguez Guerrero. — Caracas. Salvador Larrazábal. — Caracas. Eliodoro López. — Caracas.

— Heraclio Martín de la Guardia. — Caracas. General Jesús María Lugo. — Caracas.

— Juan Bruno Delgado. — Guanare.

— Santos Mattey. — Caracas.

— Mario Gallegos Mombrunt. — Caracas.

— Manuel Iturbe. — Caracas.

— Bernardo Márquez. — Caracas.

— Manuel Vicente de las Casas. — Caracas. Doctor Lisandro Alvarado. — Guaoare. General Ignacio de la Plaza — Caracas.

— José María García Fuentes — Caracas.

— Manuel Landaeta Rosales — Caracas.

— Jacinto R. Pachano. — Caracas.

— Juan Navarrete Romero. — Dolores.

— Leopoldo Terrero. — Caracas.

— M. J. Rincones. — Guanarito.

— Simón Ferrer. — Papelón.

CIV APÉNDICE

— Miguel Herrera. — Píritu'de Barcelona.

— Agustín liivero. — San Felipe. Señora 'Estéfana Falcón de Zamora. — Coro. <¡ enera! Maxinriano Pérez. — Valencia.

(Jarlos Hemaiz. — Cara-cas. General Luis Sagarzazu. — Caracas.

Jesús María de las Casas. Doctor Félix Quintero. — Caracas. General Francisco Batalla» — Caracas. Doctor Víctor Antonio Zerpa. General José Miguel Torres. Señores Pablo Penichez y Luis R. Morín. General Domingo Monagas. — Caraca*.

— Pablo Giusseppi Monagas. Señora de Mármol.

General Manuel Salvador Briceño. — Caracas.

— José de Jesús Paúl. — Caracas.

— Pedro Torres. — Coro. Doctor Salvador Plaza. — Caracas. General Santos Ángulo. — Barinitas.

— Domingo Castro — Caracas.

LISTA

DE LOS LIBROS, PERiOMCOS, FOLLETOS Y DOCUMENTOS CONSULTADOS

PARA ESCRIBIR ESTA OBRA

Gacetas de Venezuela, de 1840 (i 1859.

El Patriota, Redactor, Doctor Felipe Larrazábal. — 1840, 1848, 1840.

El Heraldo, J. Vicente González.— 1859 á 1860.

El Liberal J. M. de Rojas.— 1844 á 1845.

Diario de Debates. — 1854.

Diario O ficiaL— 1 859 á 1809.

"Autobiografía de Páez."

'♦Historia de Venezuela," por Baralt y Díaz.

"Biografía del Mariscal Juan C. Falcón,'* por el General Jacinto II. Pachano.

Actos de la Convención Nacional de Venezuela. — 1858 á 1859.

"Geografía de Venezuela," por Agustín Codazzi.

"Hombres Notables de Hispano-América," por Ramón Azpnrúa.

El Federalista, 1803 á 1804.

APÉNDICE OV

"Historia Contemporánea de Venezuela, Política y * Militar.— 1858 á 1886," por el General Luis, Level de

"Goda.

"Recopilación de Leyes y Decretos de Venezuela."

"Memorias de los Secretarios de Estado en los Despachos del Interior y Justicia, Hacienda y Guerra," de 1840 hasta 1860.

"Proyecto de Crédito Territorial," por Eduardo Gárate.

El Venezolano, por Antonio L. Guzmán.

Diario de Avisos, semanario de las Provincias. — 1859.

Gaceta, de Carabobo. — 1846.

"A la Nación, en sus elecciones de 1840," por Un Venezolano.

Boletín Oficial del Estado de Coro.— 1850.

Boletín Oficial del Ejército Federal de Occidente.— l&W.

El Foro, por el Doctor Luis Sanojo. — 1858 á 1859.

"Manifiesto," por el General León de Pebres Cordero.— New York, 1850.

"En defensa de la Causa Liberal," por el General An tonio Guzmán Blanco. — 1894.

"lieflexiones sobre la Ley de 10 de abril de 1834, por Fermín Toro.

"Cuestión Agrícola," por J. A. Mosquera.

"Documentos para la Historia del Libertador," por Blanco y Azpurúa. — 1876.

"The American Commonwealth," by James Bryce. —

Gall and Spurzheim, Physiognomical System. — 1815-

"Historia Patria. — Décimo Estudio-Histórico Político," por "Luis Ruiz" (Domingo A. Olavarría. — 1895.

"Vida del Mariscal Sucre," por ei Doctor L. Villanueva.

Proceso de la revolución de setiembre de 1846. (Legajos Io, 27, 3°, 4n, 57 y 07, pertenecientes al archivo del Ministerio de Guerra).

Noticias de las causas seguidas por conspiración, en 184(5. (legajo 14 del archivo del Tribunal de 1* Instancia del 4o circuito).

Archivo del Estado Mayor del General Páez, en Valencia.— 1859.

Cartas de Zamora. — Guanare. — 1859.

Disposiciones del cuartel general de Silva, en San Carlos. — Marzo y Abril de 1859.

Archivo del Gobernador de Harinas, Hipólito de la Cueva.— 1859.

Archivo del General Soublette, como Director de la guerra en Occidente. — 1859.

Archivo del Ministerio del Interior.

Cartas del Coronel Cisneros.

Archivo del Tribunal de 1* Instancia del 1er. circuito. Causa seguida al Doctor José M. García, por conspiración.

CVI APÉNDICE

Diario de las operaciones practicadas de orden del General León de Febres Cordero. — 1859.

Archivo de la Comandancia de Armas de Cárabobo.— 1846.

Expediente de la causa seguida contra Zamora, por conspiración.

Boletín Oñcial del Ejército del Sur de Occidente.

Boletín Oficial de Barquiaimeto. — 1859.

Causa criminal del Capitán Pedro V. Aguado, por conspiración.

Archivo del Concejo Municipal de Caracas.

Archivo de la Gobernación de la antigua Provincia de

Caracas.

Archivo del Estado Mayor del Ejército del Sur de Occidente. — Silva, Andrade y Jelambi.

Archivo de la Comandancia de Armas de la Provincia, de Barinas.

Archivo de la Gobernación y de la Comandancia de Armas de la Provincia de Portuguesa.

Archivo de la Gobernación de la Provincia de Cojedes,

Archivo del Estado Mayor de la Jefatura de Operaciones de los Cantones San Carlos y Tinaco.

Archivo de la Jefatura de Operaciones de los Cantones Pao y Giraldot.

Copiador de la correspondencia del Estado Mayor General del ejército permanente, con los Jefes de Operaciones.—1846. "

Diario histórico de la Columna de operaciones deG üigiie, al mando del señor General León de Febres Cordero. — 1846.

Acuerdos del Consejo de Gobierno. — 1847.

"Historia Patria" por Jacinto R. Pachano. — Artículos.

El Eco del Ejército, periódico del Ejército Federal.

" General Carlos Soublette," por el Ldo. Francisco Cobos Fuertes*

Colección de cartas, oficios y otros documentos del Ejército Federal de Occidente.

ÍNDICE

CAPITULO I

Primeros anos de Zasiora. — Programa del Partido Liberal.— El Venezolano. — La Oligarquía. — La Oposición. — Cuestión económica. — Instituto de Aranda.

CAPITULO II

Política del General Soublette. — Los liberales fundan la prensa política. — 9 de Febrero. — Elecciones de 40 á 40. — Elecciones del 46. — Asambleas Electorales. — Conferencias de Páez y Gu¿mán. — La Guerra Civil. — Noble carácter del señor Guzmán. — Kangel. — Acontecimiento de Y urna. — Ataque á Ciudad de Cura. — Kangel es derrotado y perseguido. — El General Cordero. — Valle de Mauuare. — Alzamientos. — Defensa del Gobierno. — El Gobierno persigue á los periodistas liberales. — El Doctor Larrazábal defiende la libertad de imprenta.

CAPITULO III

Situación del país. — Alzamiento de Zamora. — Guambra. — Operaciones militares dé Zamora. — Partidas del Ouarico. — Honorabilidad de Zamora. — Principios de lo» partidos populares. — Concentraciones de las facciones en San Francisco de Tisnados. — Sale Zamora de San Francisco. — Acción de Laguna de Piedra. — Zamora es derrotado. — La bandera amarilla. — Persecución á Zamora. — De Manuare á Caracas.

CVIII ÍNDICE

CAPITULO IV

tieo«rraíía de La Sierra. — Plan de campaña de Páez. — Plan de Zamora. — Impopularidad del Gobierno. — Persecución á Zamora. — De Tacasuroma á Los Bagre*. — .Arción de Los Bagres. — Asesinato de Don Andrés Fuentes. — Juicio de Cisneros.

CAPITULO V

Hombres y partidos de 184*5. — Facción de Barlovento. — Nuevo plan de Páez para perseguir á Zamora. — Marchas y contramarchas de las tropas. — Tiroteo de la Oilita. — Operaciones de Hurtado. — Opinión de Hurtado sobre la revolución. — Ocupación del Valle de Caicara. Táctica de Zamora. — Lo que valía el ganado en 1846. — Tiroteos en La Yuca y Guacamaya. — Zamora cansa é inutiliza la tuerza del Gobierno. — Desafueros de las tropas.— Nuevo plan para destruir las tropas. — Sentimientos humanitarios de Páez.

CAPITULO VI

Nuevas facciones. — Encuentro en Los Leones. — Función de armas en La Culebra. — Combate en Pagüito. — Derrota «le los liberales. — Zamora cae prisionero. — Fin de la campaña de La Sierra.

CAPITULO Vil

Proceso dcZAMORA. — El General Monagas con mu til la pena de muerte de Zamora. — Voto de Vargas en el Consejo de Gobierno. — Zamora se fuga de la cárcel de Maracay.

CAPITULO VIII

.Zamora es llamado al servicio militar. — Campana de Marácaibo. — Campaña de 49. — Zamora y Páez. — Matrimonio de Zamora.

CAPITULO IX

Revolución de Marzo. — Persecución á Zamora. — Principios de Revolución Liberal. — La Ciudad del Pueblo. — Zamora íntimo.

CAPITULO X

:20 de Febrero. — Orden general de Zamora. — Organización del Estado de Coro y programa de Gobierno. — Honores

índice cir

a Zamora. — Organización de Rentas. — La escuadrilla federal. — Servidores públicos. — Agitación de Caracas. Partidas federales. — Desmanes de las tropas centralistas.— Expedición del General Cordero. — Campaña deZamora por la Costa. — Paso del río A'aracuy. —Cordera ocupa á Coro. — El Gobernador García. — Ideas dominantes en el pueblo. — Operación militar de Cordero. — Operación militar de Zamora.— Zamora. Cordero* Páez. — Edecanes de Zamora. — Acción del Palito* — Puerto Cabello. — Pensamiento militar de Páez. — Zamora vuelve á la Costa. — Estrategia de Zamora. — Toma de San Felipe. — Moralidad de Zamora. — Proclama de* Zamora en San Felipe. — Anarquía de los centralista» del Yaracuy. — Movimientos de las Divisiones del Gobierno y del Ejército de Zamora. — El General Andrade. — De Barquiainieto a Araure. — Combate de Anuiré. Juan Antonio Michelena. — Zamora sigue á Guerilandia. — El General Sonblette, Director de la Guerra.